IO, LIONARDO DA VINCI, VIDA Y OBRA

Ramón Ramonet Riu

INTRODUCCIÓN A LA TRILOGÍA

En el año 2.019 se cumplieron quinientos años de la muerte del artista florentino Leonardo Da Vinci (1.452-1.519), pintor excepcional, y polifacético científico famoso en todo el mundo, quien se erigió en el máximo genio del Renacimiento italiano. En España, como en todas las naciones, se conmemora el año de su muerte, inaugurando  magníficas exposiciones. Yo le dedico estas páginas cuando se está inaugurando, en la Catedral de Fabrica del Vapore, de la ciudad de Milán, una memorable exposición de sus obras (hasta el 22-9-2.019). Se trata de un formato multimedia, titulada «Leonardo 3D». Se planificó como una alabanza que los milaneses quisieron recordar la gran creatividad e inventiva de Da Vinci, y las audaces evoluciones de su tan privilegiada mente, durante los dos periodos de su vida, en los que allí residió.

En España, con el mismo propósito de homenajearle, se han montado diversas exposiciones, siendo la más importante de 2.019 “Leonardo Da Vinci: Los Rostros del Genio” (Biblioteca Nacional). En Logroño, le rindieron homenaje con la exposición “Leonardo Da Vinci, el inventor”. En Málaga, otra exposición itinerante: «Leonardo da Vinci. Observa, cuestiona, experimenta». También en Manresa (centro de Cataluña), y tantas otras en toda España, y probablemente de todo el mundo, que sería largo de mencionar. En el castillo Da Vinci, actualmente muy beneficiado por el turismo, hay montada una exposición permanente de la colección de máquinas y todo tipo de maquetas, hechas a partir de los dibujos de Leonardo.

En la historia de la Humanidad, Leonardo Da Vinci es una de las pocas personas que siempre será recordada, más que muchas naciones, porque él contribuyó al bien común de las personas. Los pocos que lo han logrado, ha sido porque, más que limitarse a existir, han vivido provechosa y justamente. Leonardo merece el recuerdo de la sociedad, porque utilizó su propia mente con voracidad. Mi admirado genio toscano, logró elevar su potencial resolutivo hasta sus límites, porque lo empujó su infinita curiosidad. Fue por la multiplicidad y variedad de sus estudios, que, ya en vida, pudo ser considerado como la encarnación de la sabiduría dentro de determinados ámbitos.

Pero Leonardo Da Vinci aún logró más. Traspasó sus muchas y exquisitas obras a las generaciones futuras, después de haber tomado precauciones para no morir en el intento. Sus escritos los redactó de forma que, para leerlos, hay que utilizar un espejo. Sus pinturas, gracias a su perspicacia, no muestran lo que expresó en ellas de más íntimo. Cada pincelada suya profundiza en un mensaje, el cual no se revelará si previamente no se está en su sintonía. Leonardo fue una artista de extraordinaria visión analítica, pues para él, dibujar no se limitó a reproducir formas, sino que se esforzó en expresar sus relaciones intrínsecas. Ello explica la complejidad de sus obras narrativas.

Los finos velos que pintó sobre las frentes de sus retratadas, nos avisan, sobre todo, de que hay estar alerta para conseguir descubrir cuales misterios nos quiso revelar. El simbolismo, en las obras de arte es muy antiguo, y durante el Renacimiento (centrado en la bondad del hombre), alcanzó categoría didáctica. Ante el analfabetismo social, la Iglesia solo podía transmitir los valores cristianos mediante imágenes. Eran ingenuas, pero muy capaces de evocar una gran carga espiritual. El renombre universal de Leonardo Da Vinci, subió un peldaño más, cuando fue posible la lectura y la transmisión de su pensamiento. Él siempre supo que sus mensajes podrían ser descifrados por otros sabios de siglos futuros, pero no durante la Reforma, porque entonces la Iglesia olvidó la bondad de las personas. Al entenderlo así, descubriremos a un artista verdaderamente solitario. No obstante, tuvo un espíritu aventurero, estimulado por su gran afán de conocer, que le llevó a su obsesión por la investigación y el trabajo bien hecho. Fue así, como acumuló innumerables aportaciones culturales, dejando un legado artístico-filosófico, que traspasa tanto las mentes como los corazones.

FOTO: LEONARDO DA VINCI, MI PERSONAJE INOLVIDABLE

El quinto centenario de la muerte del muy ilustre toscano, también fue la ocasión oportuna para que el Musée du Louvre de París se reuniesen, en otoño del año 2.019, las diecisiete pinturas dispersas, que hasta entonces se habían atribuido a mi biografiado, para exponerlas junto a otras cinco acreditadas del propio museo. Los visitantes pudieron ver el famoso retrato de Da Vinci “La Gioconda” en una experiencia virtual, puesto que es la obra más célebre de Leonardo Da Vinci, y excelsa síntesis de su evolución estilística. El proyecto, titulado “Mona Lisa: Más allá del cristal” (desde 24-10-2.019 a 24-2-2.020), marca muy novedosamente el 500 aniversario de la muerte del artista más genial del Renacimiento, al ser la primera exposición de tipo futurista del gran museo parisino.

Gracias a las nuevas tecnologías se potenció el efecto de un retrato donde la modelo parece estar viva, ya que, viéndolo mediante la realidad virtual, podremos sumergirnos todavía más en un tan intrigante cuadro. Para mejor protegerlo durante la magna exposición se instaló un nuevo tipo de cristal anti-reflejos (9-10-2.019),  para lo cual estuvo tres meses sin ser expuesta en el Museo del Louvre. Los visitantes tendrán la rara oportunidad de admirar la pintura más icónica del mundo, colocándose detrás del cristal para observar el  famoso retrato, viéndola de una manera tan novedosa que parece estar viva. Se ha constatado que si “La Gioconda” se expone rodeada de muchas obras similares, los espectadores que entran en la sala y los observan todos juntos, siempre evidencian que la “Mona Lisa” es el que más atrae su atención; y sabemos el por qué. Mi biografiado creó un retrato psicológico, atemporal, que tiene efecto hipnótico. Cualquiera que pretenda escrutarlo querrá saber en qué podía estar pensando la joven modelo. Su expresión facial es a la vez inquietante e insinuante, de forma que podemos dudar de la confianza que ella parece tener en si misma.

Para mí es un deber, y también un honor, escribir sobre el mayor representante del arte renacentista, porque desde mi juventud consideré a Leonardo Da Vinci un referente, por sus numerosas aportaciones científicas de tipo mecánico. Al ir conociendo sus multidisciplinares aportaciones culturales, igualmente me cautivaron,… con la excepción de su pentagrama musical. Entonces a mí, de la pintura, me admiraban los artistas mutilados, aquellos que reproducían famosos cuadros utilizando la boca, o los dedos de sus pies. En mis jóvenes años, se empezó a popularizar la fotografía en color, aunque por aquel tiempo solamente las positivaban en París.

En esta trilogía me refiero a tiempos mucho más antiguos; exactamente, al periodo en que el retrato a pincel de una persona comenzó a cobrar importancia, pues siempre antes solo se había realizado en los temas religiosos, debiendo entrar en las iglesias para verlos. (Era una manera de hacer catequesis entre analfabetos). Después del clero y los reyes, también los nobles quisieron tener su retrato en su propia casa. No obstante, a pesar de haber sido un gran salto evolutivo en el arte pictórico, fue durante bastante tiempo, un lujo exclusivo de la alta sociedad. Tan pronto se lo pudieron pagar los ricos comerciantes, fue una innovación social en el mundo del arte. Seguro que lo dicho, actualmente costará de entender, pues la gente se ha visto fotografiada desde su infancia; pero entonces, a quien no era pintor, le resultaba carísimo tener su propio retrato con calidad fotográfica.

FOTO: “LA GIOCONDA”, EL MÁS FAMOSO RETRATO UBICUO DEL MUNDO

El Renacimiento revalorizó los logros de la Edad Media, enalteciendo el honor, el amor a las damas, la poesía, etc.. En lo referente a la religiosidad, no solamente quitó privilegios al clero, sino que situó al hombre en el centro del universo. La tierra dejó de ser su centro; siendo Leonardo quien representó el pensamiento nuclear de toda Europa. Escribir su biografía, también es homenajearlo. Leonardo sabía bien que retratar a una persona, era una forma de adularla, de forma que, a veces inconscientemente, el artista pintaba largos cuellos a las damas, para resaltar su esbeltez.

Para justificar mi devoción hacia su inagotable ingenio, capaz de explorar de todas las ciencias, resaltaré una faceta que quizá no se haya advertido. Me refiero, a la gran humanidad de Leonardo Da Vinci. La manifestó ya desde su más tierna juventud, y la expresó hasta el fin de sus días. Basta con leer la primera página de sus 576 “Aforismos” para darnos cuenta. La primera media docena de sus anotaciones están dedicados a Dios; al que consideró: “Primer móvil (…) Luz de todas las cosas (…) Principio Vital“. Sus expresiones alaban la justica divina, con la cual deseaba colaborar, mediante metáforas y figuras descriptivas, pero siempre tratando dignamente la luz, aunque fuese matizándola más de lo imaginable.

Gracias a un libro, que en mi adolescencia pude leer sobre los inventos de Leonardo, me di cuenta de que también sus obras sorprendían a las personas mayores. Así aprendí a valorar la utilidad práctica de muchos de sus artilugios (cañón cargado por la boca; la trituradora; la rueda de paletas; la sierra para la piedra; etc.). Me contagió su innata curiosidad incesante, puesto que no quiso conformarse con el conocimiento de su época. En consecuencia, yo desee imitar su constante búsqueda de nuevas posibilidades, siendo para mí como un juego. Lo primero consistió en tratar de leer sus escritos marginales mediante un espejo. Aquellos retos míos, se convirtieron en una exigencia, pues yo evité -en lo posible- ponerme límites. Así fue como, además de estudiar la Tierra, acepté el reto de investigar aspectos del universo, y en especial del planeta Marte.

En esta ocasión, quiero escribir una síntesis de los variados matices de la vida y obra de mi biografiado, empezando por recordar que, para muchos, también fue una personalidad que hoy llamaríamos excéntrica, y hasta díscola. Aun así, sería inútil intentar desmitificar al hombre de su leyenda. Lo primero que me encontré, es la contradicción entre los muchos libros que lo presentan; así como ciertas incompatibilidades de fechas de sus movimientos. Esta dificultad existe realmente, incluso al querer datar la cronológica creación de sus obras, porque viajó mucho. Tuve que confeccionar gráficos, y escrutar los datos más probables. Del resultado final, no me puedo sentir satisfecho, pues escribo justo el día que se acaba de descubrir un retrato suyo del filósofo “Maquiavelo”, que fue su amigo y eventual jefe, el cual se ignoraba que lo hubiese pintado. Fue un ministro del gobierno, para el cual  Leonardo trabajó como arquitecto e ingeniero, siguiendo sus directrices políticas. En todos los ámbitos, Da Vinci fue inventor; pero sobre todo, Leonardo, durante aquel periodo, fue un incansable jinete. Afortunadamente, le apasionaba cabalgar y siempre tuvo sus propios caballos.

Es de bien nacidos ser agradecidos, y por fin encuentro la ocasión para unirme a honrar el muy grato recuerdo del ser humano que más conscientemente desarrolló las cualidades sociales y artísticas. Mi investigación quiero que sea amena y variada, para poder disfrutar de su lectura, como quienes lo conocieron gozaron de su trato. Leonardo es un personaje inmortal, cuya figura no deja de agigantarse año tras año, ya que, además del crecer en mérito sus creaciones artísticas, a su favor tienen la gran actividad lucrativa colateral, que culturalmente, aun lo agiganta todavía más. Me refiero a los intermediarios; los agentes; los marchantes; los galeristas; los subastadores; los historiadores; los especuladores; los falsificadores; etc.. En efecto, todos ellos también “dibujan”, con sus actividades, un rostro muy controvertido del gran científico toscano, pero dentro del mercado de las obras de arte. Aunque sirven para confirmar el aprecio que la gente le sigue teniendo a Leonardo Da Vinci, a toda esa parafernalia yo la ignoraré -cuando me sea posible-,  pues solo deseo que el lector tenga la seguridad de que, al terminar de leer esta trilogía, habrá aprendido mucho del mayor sabio del mundo.

LEONARDO DA VINCI: “EL QUE QUISO SABERLO TODO”

Ahora mismo, habrá cientos de personas escribiendo, como yo, ensayos sobre mi querido Leonardo Da Vinci; pero a pesar de saber que sus biografías son ya innumerables, y traducidas a todos los idiomas, a mí no me afecta, pues, al construir tres diferentes síntesis sobre los muy variados matices de su vida y obra, probablemente seré de los pocos que, gentilmente, ofrezca mi investigación sin afán de lucro. La última biografía que se la ha dedicado, es un “best seller”, y tiene más de setecientas páginas. Claro está que dependerá del tipo de letra y los márgenes, pero puedo asegurar que son pocas para presentar, con meticulosidad, a Leonardo, el prototipo de artista-científico que revolucionó la pintura durante el Renacimiento.

Yo me comprometo a presentarlo con muchas menos, confiando en mi capacidad de síntesis. Por otra parte, desarrollar toda la producción creativa del gran genio universal, que fue Leonardo Da Vinci, sería aburrido de leer, difícil de comprender, e imposible de recordar. A pesar de mis limitaciones, confío en que, gracias a mi entusiasmo, venceré las dificultades, pues tengo el gran aliciente de aportar aspectos inéditos. Son desconocidos y sorprenderán a todos. Por otra parte, me estimulan a implicarme múltiples razones personales, tal como se comprobará en su momento.

Debe quedar claro, que escribo esta biografía por puro agradecimiento, ya que pretendo homenajear al polifacético artista que, desde mi adolescencia, me cautivó con sus sesudos ingenios. Me compenetré con él, y creo que, por su influencia directa, me convertí en estudioso autodidacta, creativo, siendo igualmente hiperactivo, aunque no actúe frenéticamente como parece ser que vivió él. Cuando siendo yo joven, me ilusionaba poder parecerme a Leonardo, no conocía ni una ínfima parte de cuanto después supe que él había realizado, gracias a su afán investigador. Tuvo una inteligencia tan compleja, que no admite comparación; y por otra parte, poseyó un encanto natural, que fascinó a cuantos le trataron.

Los autores islámicos lo presentan diferente: “Fue un varón de buen pensamiento, buenas palabras y buen comportamiento”; lo cual dice mucho más del genio, que cuanto hayan opinado sus amistades íntimas. Mi único reproche, sería lamentar su presunta lujuriosa conducta durante su juventud, aunque –caso de haber sucedido- nunca después fue repetida. Ciertamente, admito que Leonardo, de su natural, en la intimidad quizá pudo haber sido un poco amanerado. En lo referente a sus creencias religiosas, según Giorgio Vasari en su libro «Vida de los más excelentes pintores, escultores, arquitectos». (Ed. Océano; año 2.000- Barcelona): “Eran diferentes a todas las conocidas”. Leonardo argüiría (como Giordano Bruno durante su auto-defensa), que: “Averroes (siglo XII) advertía que, “para unir a los europeos, la religión y la filosofía están en esferas diferentes y por tanto pueden llegar a conclusiones distintas”.

Leonardo consiguió pintar obras sublimes, pero normalmente ocultó mucho simbolismo tras unas escenas figurativamente expresadas; lo que quiere decir, comprometidas; algo que no concibe, ni interesa, al arte moderno. Leonardo, el mejor pintor del mundo, “no dio puntada sin hilo”. Otra coincidencia entre él y yo, es que ambos dejamos de pintar; y en mi caso fue para siempre. Preferimos la creación, esperando que pueda ser útil a los demás. Es como imitar a Dios, pues siempre está creando (no se olvida ni de hacer crecer hierba en las cunetas). Leonardo exploró todos los campos, incluyendo algunas ciencias hoy desacreditadas. Nadie nace inmunizado contra las pseudo-ciencias; sucediendo que, la experimentación personal está en la base del progreso. Gracias a ello, la ciencia se auto-revisa y reescribe sistemática y periódicamente. Los científicos deben auto-inspeccionarse, porque es su razón de ser.

EL AUGE HUMANISTA DEL “RENACIMIENTO” ITALIANO

El Renacimiento significó reafirmar la confianza en uno mismo. Fue una exaltación de júbilo como corresponde a considerarse el centro del universo. No tuvieron suficiente con imaginar el mundo ubicado en un extremo de la galaxia. Al ponerse a investigar con amplitud de miras una vez superada la represión del siglo anterior, pero los relapsos que no querían someterse a los dictados de la Iglesia. Confiando todos en sus novedosos puntos de vista, fueron quemados en la hoguera de la plaza pública, para servir de escarmiento. A Giordano Bruno, por ejemplo, lo mató su terquedad, pues le dieron ocasión de retractarse y no la aprovechó. Sus jueces eran eclesiásticos, custodios de la «Verdad Única», y aplicaron la forma de mantener a los fieles dentro de la debilidad que mentalmente los caracterizaba.

En una cueva de Nag Hamani, en el desierto de Egipto se encontraros evangelios gnósticos anteriores a los conocidos, donde consta que Jesús sorprendentemente predicaba “prescindir de intermediarios al conectarse con Dios“. Los libros apócrifos (considerados ocultos) son mucho más numerosos, pero en tiempos de Leonardo la ley obligaba a destruirlos por creerlos demoniacos. Solo así los obispos conservaron el timón de los acontecimientos. remiten a los israelitas. Otros se prohibieron por incluir gigantes. El caso más lamentable fue haber prohibido el “Libro de Enoc”, que fue un fiel profeta creyente, el cual está volviendo a ser leído, porque no es tema baladí “haberse sentado con dios en el cielo”. Hoy es algo que puede ser incluso aceptado (entre comillas). San Pedro apóstol también escribió tres evangelios gnósticos, pero ninguno fue incluido entre los cuatro que conforman el Nuevo Testamento. Tenían de ser cuatro, como los elementos conocidos entonces, pero se discutió la opción y ganó el “Apocalipsis” de san Juan.

Leonardo Da Vinci sabía que, en tiempos del poder absoluto de la Iglesia, ostentar independencia intelectual era muy peligroso (en la generación siguiente, Giordano Bruno fue quemado el 17-2-1.600), pero mi biografiado no dejó de transgredir las normas, ni tuvo miedo a que el mito y la realidad se confundiesen. Me resulta familiar su guía ética y su comportamiento, porque ambos perseguimos un mismo objetivo: “El arte y la ciencia deben seguir avanzando perfectamente coordinadas, tal como es manifiesto que sucedía cuando, unidas, progresaron antes del siglo XVIII“. Al menos, hoy tenemos claro que, dejando aparte las casualidades, siempre es imprescindible la imaginación.

Leonardo Da Vinci se mostró muy íntimo en sus 576 pensamientos, recogidos con el título “Aforismos” (incluyendo alegorías, chistes, misceláneas, etc.), en cuya introducción, él mismo reconocía no ser un literato. Según informa (párrafo 273), escribió otras ciento veinte obras. Sus “Aforismos”, nos introducen en la comprensión de la cultura renacentista, presentada por una mente preclara e innovadora, aunque expresadas con la semántica de su tiempo (“¡ Oh, lector !…”). Quizá por ello, y por escribir Leonardo especularmente, sus investigaciones científicas no fueron debidamente valoradas por sus contemporáneos. Sus cuadros, sí que triunfaron, por mostrar una visualización de su maravilloso genio indiscutible. Su producción pictórica, fue reconocida como la de un maestro capaz de materializar el ideal de una belleza de turbadora sugestión.

Gracias a Leonardo, resultó evidente que, la pintura es como una poesía muda. Del Da Vinci poeta, también aprendimos que: “(…) La pintura es poesía que se ve en lugar de sentir, y la poesía es pintura que se siente en lugar de ver“. Mi muy ilustre genio, aconsejaba a sus discípulos que debían “saber ver“ lo que querían reproducir; pero los engañaba. En realidad, ver, aunque significa más que el acto de mirar, es menos que observar. En efecto, desde pequeño observó todas las cosas en  profundidad, y después, siendo mayor, las cuestionaba y experimentaba.  En su privilegiada mente, Da Vinci pensaba en la necesidad de impregnarse de “aquello subyacente”.

La historia de Leonardo ha sido dividida en diferentes periodos (para unos exegetas, seis; y para otros cinco). Yo he estudiado su formación y actividades, a partir de su llegada entre 1.466 y 1.481. Después comenzó su producción artística en la corte de Milán, gobernada por Ludovico Sforza “el Moro”, siendo su etapa más productiva (1.482-1.499). Una etapa de dieciocho años, cuando a veces  se ignora dónde estuvo Leonardo, quien probablemente padeció un hartazgo de ver tanta falsedad orbitando alrededor del poder. Varias veces debió de pensar en alejarse de aquel avispero de intrigas para gozar de la tranquilidad del huerto y la casita que poseía en Vinci. Lo retuvo su sed de crear belleza artística pero con una carga subliminal. Soportar las tempestades políticas, era el precio que debía pagar para tener el apoyo de los poderosos.

Cuando los franceses recuperaron Milán, el 15 de abril de 1.499, el propio Leonardo anotó en su cuaderno: El duque ha perdido su estado, sus bienes y su libertad, ¡y ninguna de sus obras se ha finalizado!”. Las noticias que recibía se referían a represalias de los vencedores. Se sucedían las confiscaciones de edificios y monumentos, así como también de encarcelamientos, etc.. En aquellas circunstancias prudentemente Leonardo decidió regresar a Florencia (24-4-1.500), a pesar de que allá la economía gremial estaba sumida en la bancarrota. Dicha fecha se establece teniendo en cuenta que antes de partir hacia Milán, recuperó los cincuenta florines que había depositado en su cuenta de Santa Maria la Nuova.

Al producirse el cambio de siglo, mi biografiado volvió a residir en Florencia, confiando que con el nuevo siglo XVI, alcanzaría su plenitud artística. En su ciudad entonces triunfaba un joven de veinticinco años que esculpía una “Pietá”. Se llamaba Miguel Ángel Ludovico Buonarroti. Leonardo lamentó que los hermanos Pollaiuolo ya hubiesen muerto. En cuanto a Boticelli, seguía pintando, aunque su estilo se tenía por decadente. Por entonces un testimonio escribió acerca de Leonardo:  “(…) Su vida es tan variable e irregular, que se diría que vive al día”. Por aquel entonces Leonardo intentó ordenar tanto material, pero fue incapaz, a pesar de esforzarse en ello varias semanas. Todos los escritos y cuadros que viajaron a Milán con él, fueron posteriormente enriquecidos con añadidos hasta 1.510.  Todo ello, incluyendo cuanto había anotado desde su primer despertar, era realmente una ingente y árdua labor.

Mi austero biografiado, desde que era un niño, siempre procuró conjugar la naturaleza, con las fuerzas del cuerpo humano, no separando la belleza de la utilidad, ni siquiera en sus proyectos de arquitectura, lo que en el siglo XX pasó a ser normativo. La muestra más evidente -que a buen seguro habría entusiasmado a Leonardo-, la vemos en un edificio de forma tronco-cónica invertida, que se auto-refrigera. Lo erigieron hace años, en Zimbabwe (África), copiando los montículos artificiales que forman las hormigas al construir sus nidos.

UN PRECOZ GENIO POLIFACETICO DEL RENACIMIENTO ITALIANO

La innata curiosidad, y el entusiasmo, del más célebre de los artistas científicos, le hizo emprender todo tipo de iniciativas, siempre buscando la belleza a través de la ciencia: «(…) pues la belleza de las cosas se desintegra, pero en el arte permanece inmortal». Por tal motivo dejó a la posterioridad obra gráfica y obra pictórica; pero antes que saber pintar, lo más importante es ser un excelente dibujante. Como el pequeño Leonardo dibujó todo cuanto le interesaba, con sus dotes innatas enriqueció la ciencia de su época y de las siguientes. Alcanzó precozmente la madurez de su pensamiento constructivo, lo que le dio una fuerza intelectual inmensa. Es por ello que hoy podemos afirmar que, Leonardo fue el “artista-óptimo-máximo” del periodo llamado Renacimiento (palabra tomada de un personaje imaginado por el escritor Balzac). Los artistas e intelectuales, excepto el clero, se dispusieron a superar las ideas que tenían de la Divinidad. Leonardo estuvo al corriente de las ciencias de sus predecesores, teniendo un juicio más profundo, lo que le facilitó superarlos. Tenía una superior fuerza intelectual, respecto a los demás científicos de su tiempo, solo que los otros no podían aducir pruebas.

En lo sucesivo, igual que el sol pasó a ser el centro del sistema solar, el hombre sería el verdadero responsable de cuanto le sucediese a si mismo y a su entorno. En realidad, fue entonces cuando pasó a verse como: el centro de todas las cosas; lo cual era una nueva manera de afrontar el misterio de la propia existencia. Leonardo es la figura más icónica de aquella revolución intelectual, por ser un ingenioso inventor en muchos campos del conocimiento humano. El renacimiento llegó cargado de cambios sociales: La Iglesia Católica entró en crisis con el Cisma de Occidente, y el Papado dejó el Vaticano, para vivir en Aviñón (Fr.). Pero lo más anecdótico, es recordar que, al nacer Leonardo, por fin empezaron a disminuir -en la Toscana- las terribles epidemias casi sucesivas de Peste Negra, después de un siglo.

Respecto a las artes y a las ciencias, durante el Alto Renacimiento italiano dejó numerosos monumentos arquitectónicos. En Florencia, por ejemplo, se construyó la magnífica gran cúpula de Brunelleschi; o la escultura de Miguel Ángel, en mármol blanco (4 m.), del “Rey David”, o la escultura de “Moisés”. Pero nadie como Leonardo da Vinci, encarna el ideal del Renacimiento, como persona y como artista, pues pintó varios cuadros insuperables, marcando el desarrollo intelectual, al ser excepcional y diferente. Supo crear algo completamente nuevo, pensando en el futuro; un planteamiento que lo hizo único en la historia de la humanidad. Fue un remodelador polifacético; una persona que vivió más despierto que el mejor de sus contemporáneos, y quizá también que muchos de los que aún no habrán nacido cuando la civilización occidental traspase la frontera del Cuarto Milenio. La Humanidad, finalmente está yendo hacia donde Leonardo deseó conducirlo. El nacimiento silencioso de sus logros, no evitó que la posteridad le resucite de su tumba, con expresiones llenas de afecto.

Leonardo fue un gran hombre que, surgiendo de las tinieblas de la época medieval, vivió para ser un foco de racionalidad “infiltrado” en una sociedad que le parecería, sino loca, al menos aletargada. Influyó en la ciencia de su propia época, y en las tradiciones sociales del arte. Dado que la regla de oro de todo genio es la “utilidad social“, solo lo podía legitimar el ser un adelantado al progreso. La pena es que, a pesar de sus extraordinarios dotes, recibió menos honores sociales que muchos artistas que le fueron contemporáneos. Es cierto que Leonardo Da Vinci colaboró haciendo mapas y artilugios para los aguerridos Borgia, los cuales no debieron ser muy diferentes de los Sforza o los Médici, que también lo tuvieron a su servicio, pero a mi biografiado, hay que verlo como un hombre de su tiempo.

Dejando aparte las tareas que se le impusieron, Leonardo Da Vinci fue una persona íntegra, aunque pareciese ser insensible a las calamidades de su entorno. Algún biógrafo escribió que, habiendo participado en conflictos bélicos: Prostituyó sus ideales; no obstante, la vida nos lleva, a veces, a donde no queremos ir, y él vivió en la convicción de jamás haber coartado su propia libertad, ni tampoco la de nadie, por admitir muy sinceramente que: “La unidad que anima al Supremo Censor, lo penetra todo“.

FOTO: LA TEXTURA DE SU PINCELADA ERA MUY SUPERIOR

Leonardo Da Vinci fue un artista que atendió a su propia conciencia. Dada su rebeldía artística, mi muy honorable genio, actuando como un simple artesano (que elevó de categoría el arte de pintar), pudo creerse superior a la élite de su sociedad, que en su tiempo eran los literatos y filósofos. Ellos fueron los científicos de su época, y menospreciaban a los artistas; pero gracias a Leonardo Da Vinci, después todos ya pudieron verse unidos como miembros de una misma familia. En efecto, él fue la primera persona que dio carácter intelectual a los pintores y artistas, al haber conseguido trascender muchas ideas y dogmas preexistentes. Elevó la humilde persona de un pintor, a una función básica para las investigaciones científicas. Su pincelada fue muy superior a la de los demás pintores de éxito. Nadie como Leonardo combinó mejor la intuición con la razón; o el espíritu lúdico con la más rigurosa inteligencia. En principio, su afán era de: «Lograr explicar muchas cosas, también sobre sí mismo».

TODO LE INTERESABA, PERO NADA LO SUJETABA

Desde pequeño, Leonardo Da Vinci había sido un atento observador de la vida biológica, y después, al crecerle su cerebro frontal consciente, destacó él mismo en innumerables disciplinas científicas. No por ello, dejó de cultivar su jovial sentido del humor, pues le divertía plantear juegos de palabras. Asimismo, mi biografiado sintió fascinación por los acertijos, alegorías, y pictogramas (dibujó unos doscientos), de forma que, tras la imagen de dos o más cosas, él disfrazaba ideas, quizá condicionado por su propio nombre: “León-ardo”, que convirtió en León ardiente. Era su sentido del humor, y fue en aumento, pues muchas de sus ideas ocultas, hoy se interpretan con dificultad,… a no ser que se tengan los conocimientos adecuados.

Subliminalmente, Leonardo ocultó ideas heréticas tras sus piadosas escenas. Por ejemplo: Cuando todo el mundo ignoraba cómo crecía una perla dentro de una concha, Leonardo presentó el fenómeno como un símbolo de la “concepción virginal” de María. Veremos más adelante, que algunos mensajes de sus obras, aún son un reto para cuantos investigamos sus mensajes ocultos. Todo lo aprovechó ingeniosamente para transmitir ideas no siempre ortodoxas.

Como muchos artistas, también Leonardo tenía un alma bohemia, tan extravagante como llena de inquietudes, porque fue muy humano. A mi biografiado en su juventud le gustaba gastar bromas pesadas, de forma que fue tan extraordinario como díscolo. Lo más sorprendente, es que también escribió poesías “picantes” (tan indecorosas, que yo no me atrevo a transcribirlas). Leonardo Da Vinci a sus amigos les contaba chistes (facezie). Incluso dibujó caricaturas, de gente poco agraciada, acentuando sus rasgos grotescos al máximo, así como sus pésimas dentaduras.

Para testimoniar que Da Vinci tenía muchos recursos para confraternizar con la gente, el pintor milanés Giovanni Paulo Lomazzo explicó una picardía de Leonardo, que casualmente pudo presenciar: «(…) Una vez Leonardo quiso pintar a varios campesinos riendo, elogió a los adecuados para sus fines, y tras familiarizarse con ellos, organizó una cena con amigos suyos; se sentó junto a ellos y empezó a contar las cosas más ridículas y locas; (…) Cuando se marcharon, se encerró en su aposento y los esbozó de forma tan perfecta que quien los miraron no se reían menos». El biógrafo Giorgio Vasari explicó que: «Cuando Leonardo veía una persona que tenía una cara interesante, la seguía durante todo el día para poder observarla y dibujarla con detenimiento».

En el hombre de pensamiento perseverante, y verdaderamente genial, prima su originalidad intelectual y su recto juicio. Cuando se manifiestan como prodigiosos artistas, tienen destellos emocionales, que cristalizan en una nueva creación. Dejando aparte el mérito de sus cuadros y dibujos, a mí me admiran todas las ideas de Da Vinci, aunque no comparta su “dolencia psicosomática”; lo cual es diferente a ser bisexual; un vicio, que después de generalizarse en la Grecia clásica, en casi todas partes se castigaba como delito. Al no ser mi problema, yo suscribiría la gran mayoría de sus pensamientos filosóficos;… y a la recíproca, quiero creer que Leonardo da Vinci suscribiría los míos, porque, guardando las distancias, están en su misma línea. Asimismo, mis obras padecieron el haberlas divulgado a partir del comienzo del siglo XXI, cuando las noticias falsas distorsionan, cada día más, las comunicaciones tecnológicas de las redes sociales. Da Vinci fue esa gran persona universalista que todos desearíamos poder ver personalmente,… porque sería demasiado pedir que sus ojos se fijasen en los nuestros un solo instante.

Desde muy joven, mi biografiado vivió atormentado por su pasión de mejorar o reparar las cosas que podía, y especialmente los cuadros que veía, deseando siempre aportar nuevas variantes. Al final, una de las mentes más prodigiosas de todos los tiempos, nos “retrató”: “La gente toca sin sentir, (…) mira sin ver“. Y lo escribió, porque su genialidad, la debía a la forma de percibir la realidad.Leonardo debió de emplear bastante más de un 10% del potencial mental, que normalmente la gente se admite que utiliza. A mi modo de ver, el verdadero legado de Leonardo es pedagógico: Siendo receptivo a nuevas ideas, nuestros estudiantes desarrollarán la auto motivación, básico en todo aprendizaje. El proceso creativo es un fenómeno complejo, cuyos componentes están en interacción permanente.

UN GRAN DOCENTE, Y EXCEPCIONAL CIENTÍFICO

Aquel joven toscano, que sería el futuro gran genio, fue un buen docente, porque se abría francamente ante sus alumnos. En cambio, al concentrarse para diseñar sus inventos, entonces necesitaba una atmósfera de estricta soledad. Era como si Leonardo tuviese dos caras. Una, era elocuente, amable, e incluso chistosa; y otra fue de absoluta concentración en sus estudios. Sus contemporáneos no estaban preparados para entenderlo; y en la actualidad solo vemos que debió de ser el prototipo de un humano con pensamiento científico integral, muy capaz de anticiparse al futuro. Otros quizá divagarán creyendo que encontró la forma de viajar en el tiempo y regresar con sus cuadernos llenos de notas.

Ciertamente, fue muy experto en internarse en otra dimensión, diferente de la realidad. El temperamento de aquel gran maestro de las ciencias y de las artes, según la afortunada definición del filósofo platónico Francesco Patrizi: “Leonardo encarnó “el viento fiero de la razón”. El verdadero Leonardo Da Vinci siempre tuvo un carácter amigable. Los literatos que lo trataron, y conocieron sus obras, le dedicaron expresiones como: cordial, caro, ameno socio, etc.; aunque en su madurez se mostró más reflexivo y sosegado, y también más reservado. Es bien sabido que: “Quien de verdad sabe de qué habla, no encuentra razones para elevar el tono de su voz.

Leonardo era un ser excepcional, que muy pronto reveló ser un fenómeno de las artes y de las ciencias. En la primera etapa de su vida, incluso se podría dudar de que hubiese tenido algún tiempo reservado a sí mismo. Albergaba siempre tantos proyectos en su mente, que al convivir con sus discípulos -que eran su equipo de trabajo-, les comentaría sus puntos de vista, así como todo tipo de problemas laborales, tales como la construcción de artefactos, mezclas de pinturas, etc.. En eso también fue tan experto, que,en la actualidad, aún siguen ignorando cómo pudo lograr ciertos efectos, o componer sus colores. Dada su facilidad para diseñar, también realizó muchos ingeniosos artefactos, influyendo con ellos en el desarrollo de la sociedad.

Aquel curioso impenitente, dejó un legado cultural más extenso de lo que podemos imaginar. Son inventos prácticos y realistas, que siglos después, todavía siguen siendo estudiados y reproducidos en maquetas a escala. Y todo le llegó por su afición al dibujó, ya que siempre, previamente recogió en láminas cuanto hizo. En total fueron unas siete mil páginas, reunidas en doscientos dieciocho códices, las que informan de sus diversas experimentos, entre los principales: bombas hidráulicas, mecanismos de manivela, como la máquina para mecanizar tornos, aletas para obuses de mortero, el submarino, varios autómatas, un redondo carro blindado, flotadores para caminar sobre el agua, la concentración de energía solar, el anemómetro para medir la fuerza del viento, la calculadora, la escafandra con casco, la bicicleta, los rodamientos de bolas; y anticipó cuatro siglos el cambio de marchas, con engranajes y muelles, para hacer funcionar su prototipo de automóvil.

Asímimo, empleando muelles, aire a presión, rodillos, etc., pudo mover las paletas de los molinos y los barcos…que ya dibujó ¡con doble casco!, para evitar que naufragasen si les entraba agua. Los botes auxiliares, se impulsaban con remos montados sobre ruedas laterales (el mismo modelo se usó trescientos años después en la navegación a vapor en el río Misisipi). Es más, Mi biografiado, ya hace quinientos años que profetizó que las cartas serían leídas en todo el mundo en cuestión de segundos. Obviamente, muchos de sus bocetos, remiten a tecnologías de inventos antiguos, los cuales Leonardo tan solo remodeló. Por ejemplo, el martillo hidráulico (siglo XIII), los sifones (de plomo, o cerámica), los acueductos del romano Frontino y los autómatas recreativos, pues ya fueron descritos en la antigua Grecia. La gran mayoría de sus diseños, reproducidos en color, se publicaron en el voluminoso “Atlas Ilustrado de Leonardo. Autómatas y Robots” (256 pg. Ed. Susaeta-Madrid). En Florencia están permanentemente expuestos en láminas, en el “Museo de Leonardo Da Vinci” (Ver foto de la exposición).

FOTO: “MUSEO LEONARDO” DE FLORENCIA: LA “LEONARDO-MANÍA”

Aunque es indiscutible que Leonardo, siempre ha estado en la cresta de la cultura; la realidad es, que sigue siendo mal conocido, a pesar de los muchos autores que han estudiado su vida y sus obras. Éstas me sería imposible comentarlas todas; y por otra parte, ya constan aproximaciones en las enciclopedias. En la WWW, sus cuadros se presentan relacionados por fechas, y con sus fotos al lado. A pesar de los inmensos recursos dispensados gratuitamente, por empresas como Google, tampoco dichos medios de masas podrán resolver el embrollo de información contradictoria. Por desear esclarecerlo, fue un motivo más para desear  implicarme. La «Leonardo-manía» tan solo acaba de empezar. En efecto, el personaje crece exponencialmente, y en estas páginas solo aspiro a sintetizar lo más representativo, sin olvidar nunca el contexto en que vivió.

De pasada, algo diré del “mal sueño” que me ha tocado padecer a mí, debido a que la cultura es promovida por intereses, políticos e industriales, que imponen el arte, banalizándolo. Las obras de los espíritus renacentistas, y también los posteriores, se han adulterado, vergonzosamente, para distraer a un público sin criterio, ni conciencia del daño que le hacen. La televisión (que pudo haber sido una gran herramienta cultural), soporíficamente se está limitando a promover el ocio, porque está sujeta a la economía. Así nos va. Pero no nos podemos quejar de nuestros gobernantes, porque los elige el pueblo, culturalmente medio “sedado” desde la infancia. Para mi es desolador.

LA HUELLA DEL PULGAR DE LEONARDO, REVELO SU ADN

Dos investigadores italianos, Alessandro Vezossi, y la historiadora Agnese Sabato, del Museo Ideal de Leonardo en Vinci, anunciaron, en 2.016, que encontraron un mechón de pelo atribuido al genio renacentista Leonardo Da Vinci en una colección privada en Estados Unidos. Dijo Vezossi: “Hemos descubierto y recuperado un mechón de pelo de Leonardo. Con otro resto suyo, esta extraordinaria reliquia permitirá seguir buscando su ADN. (…) «El pelo d’Este genio universal, será mostrado por primera vez en una rueda de prensa en Vinci el día 2 de mayo, día cuando se cumplirán los quinientos años de su muerte en 1.519 en Francia (…) se ilustrará con una serie de documentos que demostrarían la «antigua procedencia francesa» del cabello, y además se inaugurará la exposición «Leonardo Vive» con motivo de esa efeméride». En opinión de Sabato: «(…) el descubrimiento es el elemento que faltaba para dar concreción científica a sus investigaciones sobre los familiares del genio, quien murió sin hijos y que se encuentra sepultado en el castillo de Amboise (centro de Francia)».

También anunciaron que habían logrado encontrar descendientes vivos de Leonardo en línea indirecta, en concreto de su padre ser Piero y de su hermano Domenico: «Gracias a los análisis genéticos de los descendientes vivos, y de las sepulturas que hemos encontrado en los últimos años, ahora es posible proceder a buscar el ADN del Genio«. Según Sabato y Vezossi: “Hemos descubierto que sus raíces familiares llegan muy lejos“. Se refiere al abuelo paterno de Leonardo, llamado Antonio da Vinci, quien fue el “cabeza de familia” durante los años de su infancia. Siguiendo con Vezossi: “Antonio fue, un comerciante con intereses en Mallorca, Barcelona y el Norte de Marruecos“. En el Archivo Histórico de Protocolosde Barcelona (AHPB), y el Estatal de Prato,“hallaron pruebas de las transacciones comerciales de la familia». 

Después de dicha información, escribió J. L. Espejo: «En mis libros, “El viaje secreto de Leonardo da Vinci” y “Los mensajes ocultos de Leonardo da Vinci”, hablo repetidamente de sus “primos lejanos” en Barcelona, que debió dejar el hermano de su bisabuelo, de nombre Giovanni da Vinci, muerto en dicha ciudad en torno al año 1.406 (después de residir en ella durante cerca de cuarenta años).(…) El sello mercantil de la compañía de Frosino, de Ser Giovanni se compone de dos elementos: una cruz, y debajo, una figura con forma de gota (de agua) con la punta hacia abajo, con tres bandas inclinadas hacia la derecha ¿Acaso estas tres bandas constituyen los tres palos rojos sobre fondo amarillo del escudo de los Da Vinci? Si éste fuera el caso, podríamos pensar que el rey de Aragón, Martín el Humano, hubiera cedido este emblema a la familia como reconocimiento a su labor comercial en su reino». 

Para concluir esta introducción, anticiparé una buena noticia. Dejando a parte los documentales televisivos, existe el proyecto de rodar una película de largometraje sobre la vida y la obra de Leonardo Da Vinci, a partir de sus maravillosos cuadernos. El film estará basado en las más de siete mil doscientas páginas acerca de la persona de Leonardo Da Vinci, llenas de dibujos y anotaciones, que fueron rescatadas de los cuadernos del genio más creativo de la historia. El guión de dicha película, lo escribió el experto biógrafo Walter Isaacson, periodista y profesor de la Universidad de Tulane -editor de la revista Time, y presidente de la CNN– quien presenta en el film a Leonardo como “una figura con mil y una aristas”.

LEONARDO DA VINCI: EL POLIFACÉTICO GENIO UNIVERSAL

El obispo de Nocera, Paolo Giovio, historiador y médico, probablemente conoció a mi biografiado en Milán o en Roma. En su libro “Dialogi de Viris et Feminis Aetate Nostre Florentibus”, que compuso tras el saqueo de Roma (1527), figura un breve, pero muy interesante resumen de la vida y obras de Leonardo. Quien fuese su fuente informadora, tuvo a Leonardo por un inventor de temas visionarios, y  un genial artista polifacético. Si sus obras trascendieron, fue gracias a que siempre hacía esbozos teóricos previos de todos sus trabajos.

Leonardo vivió al final de la Edad Media, en unos años de grandes descubrimientos geográficos.  Aunque, extrañamente, no los comentó (ni tan siquiera el descubrimiento de Brasil en el 1.500), no se puede dudar de que siempre estuvo bien informado. Al menos, en su “Mapamundi”, Leonardo sí que incluyó la palabra AMÉRICA (R. H. Major “Memoir of a Mapemonde by Leonardo Da Vinci”; Ed. 1865; “Col. de Windsor” 232-b y 223-a), escrita sobre su dibujo de una gran isla en medio del océano Pacífico. El “Nuevo Mundo” fue, pues, bautizado por Leonardo antes que lo hiciese Waldsee Müller en 1507. Asimismo, hizo un mapa de la Península ibérica resaltando el enorme “Reino de Granada”, algo que pude tener relación con lo que revelo al final.

FOTO: GEÓGRAFO Y CARTÓGRAFO, DIO NOMBRE A AMÉRICA

Durante la vida de mi querido biografiado, el equilibrio de poderes, que se logró pactar entre las diferentes regiones de la Península italiana, terminó cuando Florencia tuvo que guerrear contra Nápoles y el ejército del Papa de Roma. El contexto político europeo, durante la adolescencia de Leonardo Da Vinci era muy alarmante. Posteriormente las guerras de Italia (1.489–1.560) enfrentaron al país que trataba de reivindicar los derechos de la francesa Casa de Orleans (ayudada por España, Suiza y Austria), en contra de Milán y Génova. Más adelante ampliaré el imprescindible contexto de intereses, porque entre dichas circunstancias se movió mi biografiado. Por ahora, baste decir que los Estados Pontificios intervinieron en las luchas entre Francia, aliada con Venecia, contra el ducado de Milán y la Confederación Helvética.

Metafóricamente, a Leonardo lo puedo ver como un trampolín para que la Humanidad pudiese dar un salto cualitativo hacia la evolución del pensamiento, y también como un catalizador del general entendimiento, porque incrementó, no solo el de sus contemporáneos, sino también amplió el de las generaciones posteriores. Mi querido biografiado fue el primero que utilizó el dibujo, y sus esbozos, para transmitir sus éxitos más allá de la expresión artística, dándoles un poder superior al de la palabra. Realmente él convirtió el dibujo, en un lenguaje científico. En concreto, la Médicina le debe a Da Vinci haber sido un revulsivo en materia de anatomía.

Leonardo mismo se quejaba de que: «(…) Los demás artistas representan erróneamente las musculaturas». Es chocante que, incluso en esa desagradable labor, considerase sus dibujos como “demostraciones”; pero para Leonardo tenían el mismo valor que cuando hablaba de matemáticas. Referente a la oftalmología, mantuvo su estrategia de querer “llegar al centro”, que tanto le beneficiaba al aplicarlo a su propia mente. Sus estudios sobre las interioridades del cuerpo humano, fueron empíricamente encomiables; y más en aquel tiempo cuando, los intransigentes dogmas religiosos dejaron una profunda impronta. Leonardo, consciente de su inteligencia, escribió lo siguiente: «Léeme lector, si te deleitas conmigo, porque tales cosas son contadas al mundo poquísimas veces, ya que la paciencia exigida para tal profesión, y el afán de averiguar dichas cosas desde un punto de vista nuevo, se encuentra en pocos». (BNE. Madrid II f.6r).

Al haber crecido en la Toscana rural, Leonardo quedó absolutamente maravillado con el mundo natural. De aquellos años recordó ideas que le acompañaron toda su vida, como un interés inusitado por las propiedades del agua. Leonardo estuvo fascinado por los movimientos de las aves al volar. Para sus experimentos aerodinámicos Da Vinci inventó el túnel de viento. Su referente preferido era el vuelo de los murciélagos, de los que aprendió que se ofuscan cuando más miran al sol. Para él representaron: los vicios, porque no pueden soportar la presencia de la virtud. Lo cierto es que, para lo que entonces Leonardo estudiaba, los murciélagos ofrecían un mayor potencial.

No pintaba lo que veían sus ojos, sino la percepción que tenía de aquello que quería pintar. Primero había de entender mentalmente lo que fuese que quería hacer, para poder plasmarlo en un cuadro. Todo ello no le impidió ser un vehemente defensor del poder perceptivo del ojo, pero no en el sentido de mirar, sino para analizar. En caso de ver a una persona, estuvo dotado de una psicología trans-personal, de base fisiognómica. En muchos aspectos, Leonardo debería ser considerado un precursor de la cultura visual contemporánea.

El propio Leonardo escribió su primer recuerdo de niño, fue de un sueño, desde la cuna, durante años repetido: Un ave de presa se posaba en su rostro, empujando las plumas de su cola para abrirle los labios Introdujo la cola golpeándole sus dientes. Se ha descartado que ello evocase el acto de mamar, que es la primera fuente de placer de cualquier bebé. En su inocencia, Leonardo se lo tomó como si estuviese predestinado a desplazarse por el aire, motivo por el que probablemente, siendo muy joven ya dibujó un esbozo de “tornillo aéreo”, inspirado en los escritos de Arquímedes. Consistió en dar a la tela una forma espiral, como un tornillo sin fin, con un perno sobre el eje de rotación, de modo que, girando muy rápidamente podría elevarse (antecesor del helicóptero).

Leonardo lo entendía como una analogía entre el movimiento del agua y el del aire. En prevención al fracaso, también, diseñó un rudimentario paracaídas, así como un “ala delta” de bambú. En nuestro tiempo, se ha demostrado fiable, pues voló con éxito añadiéndole unos estabilizadores. Después de ver como aquel aparato hecho de material duro podía elevar agua a un nivel superior, Leonardo lo adaptó a los molinos hidráulicos, y también lo utilizó para sacar agua de los pozos (“Codex Atlanticus”, f.26v).

LE DEDICARON NUMEROSOS ESTUDIOS CIENTÍFICOS

Basándose en el repetitivo sueño de mi biografiado, el gran psicoanalista Sigmund Freud, escribió el libro: “Un recuerdo de infancia de Leonardo Da Vinci” (1910), en el cual trató de explicar las motivaciones desarrolladoras de su genial arte, remitiéndose a cuando era un niño pequeño. Años después de haberlo publicado, Sigmund Freud confesó que había sido lo único bonito que había escrito en toda su vida. No obstante, sus explicaciones quedaron obsoletas, porque había partido de que el ave soñada, que le golpeaba los labios cuando Leonardo dormía en su cuna, había sido exactamente un buitre, lo que había permitido a Freud entroncar el simbolismo del antiguo Egipto con Leonardo.

Al demostrarse que traducción correcta era “ave rapaz”, sus argumentos se derrumbaron como un castillo de naipes. Pero Freud hizo muchas y muy buenas observaciones del carácter de aquel niño, que se habría de convertir en el orgullo de lo más selecto de toda la humanidad. De cuantas alabanzas dedicaron a Leonardo, el artista más grande en la historia del mundo, a mí me gustan las referentes a su filosofía: «El arte no es sólo bello por su estética, ni sólo perfecto en su técnica, porque también contiene una profunda idea filosófica». No quiero olvidarme de alabar su honestidad: Escribió: «Sin amor a la ciencia, nadie se dedica a unas disciplinas tan contrarias a las naturales apetencias animales (…)“.Las cualidades de un individuo, tienen tan primordial importancia en una investigación cultural, como aquellas otras que obligatoriamente se han de llevar en la “mochila”.

Fueron muchos los psicólogos atraídos por la genial personalidad de Leonardo Da Vinci, pudiendo leerse además especulativos argumentos de varios ensayistas y novelistas. Por cierto, su común denominador es no coincidir en las fechas de los viajes de Leonardo, ni en la datación de algunas de sus obras. En lugar de disuadirme de escribir, la que podría ser su “mil y una” biografía, tantas dudas, a mí me animaron a tratar de esclarecer sus viajes. Al leer la ingente documentación histórica sobre Leonardo, tuve la suerte de conocer un prolífico autor, al cual voy a remitirme, por ser de interés las nuevas líneas de investigación ha abierto. Gracias a José Luís Espejo, pude superar el ortodoxo enfoque de la vida de Leonardo Da Vinci, tradicionalmente clasificado en seis etapas, coincidentes con sus muchos traslados geográficos. Según Freud, la mayor parte de las geniales ideas “distintas” de Leonardo, fueron exclusivo fruto de su mente “neurótica”; aunque, pesar de ello, resultó ser superior a todos los demás artistas.

Ciertamente, Da Vinci tuvo una complicada personalidad múltiple, capaz de confundir a todo el mundo, pues sus conciudadanos sospechaban que era un hereje. Tal era su fama, resultándole una tan pesada losa, como aquella otra vox populi que se mereció por no llegar -a veces- a terminar los encargos que se le hicieron. Su falta de disciplina, sus contemporáneos la juzgaron peor, que las lucubraciones de su mente visionaria. La ciencia ha demostrado que la ilusión y la confianza en uno mismo favorecen las funciones superiores de la mente humana. Aquello que Leonardo quería sentir, encontró la forma de que su mente se lo mostrase. Esa es una forma de ver el mal. Cuando sus esfuerzos no eran suficientes, simplemente arrinconaba su empresa, como reconociendo que se había precipitado. En cuanto al remedio, ante todo supo entender que consistía en respirar empleando el abdomen, porque quien se sabe escuchar reconoce que alivia al sintonizar los dos hemisferios cerebrales. Sus facultades hoy tal vez habrían de estudiarse en base a la Psico-neuro-inmuno-biología.

En ocasiones, cuando era la hora en que él debía trabajar, su prodigiosa mente juvenil lo hacía entretenerse estudiando aritmética; o las evoluciones de las figuras geométricas, etc.. A Leonardo le complacía más trabajar con su equipo, que relacionarse con la “cultura de taberna”, típica de la idiosincrasia italiana, y muy especialmente de la ciudad de Florencia. El resultado fue, que todo su legado actualmente sea pagado a precio de oro, por pequeño que sea cualquiera de sus múltiples diseños. Seguramente crecerá cada año de forma exponencial, porque sus interpretaciones afloran en cuenta-gotas. Parecen ser interminables, como lo son también las etiquetas que, agotando todos los adjetivos, buscan alagarle.

El gran psicoanalista, y sus continuadores, demostraron que Leonardo padeció neurosis obsesiva, manifestándose en sus pinturas, pudiendo remontar la causa, a los conflictos externos que vivió siendo niño, y que acabarían teniendo resonancia mental. La ausencia de su madre, a partir de los cinco años, le habría causado el “complejo de Edipo”, que le inclinó a los rostros femeninos, y concretamente por unos labios sonrientes. Según dedujo Freud: “Sus abuelos fracasaron cuando intentaron suplir el afecto que Leonardo esperaba de unos padres. Resumiendo: La pérdida del amor materno, habrían influido en su juvenil homosexualidad“. No sería imposible que, entre tantas opiniones, tuviese finalmente razón la expresada por el cineasta Stanley Kubrick al escribir: “La Gioconda”sonríe, porque le está escondiendo un secreto a su amante“.

Dado que Leonardo reflejó en sus retratos el deterioro debido a los vicios, y enfermedades de las personas, es de toda lógica que, después, él mismo acaparase el interés de los médicos y psicoanalistas. Mi muy honorable toscano, trató de captar el alma de las cosas. La tarea del artista no es la de simplemente reflejar la realidad de una manera irreflexiva, sino de dar un significado y un sentimiento especial a lo que se está representado. Era su verdadero objetivo como pintor, porque decía recibir una potencia invisible procedente de su virtud espiritual. Los sabios doctores de nuestros días, basándose en ello, y en sus pinturas, le descubren defectos a Leonardo. La última enfermedad que le diagnosticaron fue estrabismo; un trastorno que se caracteriza por la desviación del alineamiento de los ojos. Según el británico profesor Tyler, se nota más en sus pinturas de “San Juan Bautista” y en “Salvator Mundi”, pues ambos pudieron representar al propio Da Vinci.

Según dicho profesor, también se advierte la misma desviación en su dibujo del “Hombre de Vitruvio”, y en su “Autorretrato”. Supuso que, el tal trastorno visual de Leonardo, le habría facilitado representar los aspectos tridimensionales de caras y objetos, así como a acentuar la profundidad de sus escenas montañosas…  ¡Y todo ello, sin estar seguro de que Leonardo Da Vinci fuese el personaje de las dichas obras! Hay que ser serios, pues es evidente que Da Vinci se esforzó en descubrir la fuerza intrínseca que penetra todas las cosas.

Leonardo es presentado como científico, artista o ingeniero, pero para él, todos los fenómenos naturales son producto de las mismas fuerzas, y se rigen por la misma ley natural. No creo que Leonardo se limitase a estudiar el átomo (si lo hubiese conocido), porque, como tantos otros, también queremos llegar a la “potencia invisible”, o virtud espiritual que, según Leonardo: “(…) Evoluciona dentro de una harmonía, y ésta está sujeta a las leyes matemáticas. (…) Tanto el ingeniero como el artista deben aprender cómo la naturaleza diseñó sus formas de acuerdo con su función y obedecer las mismas leyes.

Leonardo, fue reconocido como un precursor de la ciencia fisiognómica, pues, analizando las caricaturas que dibujó en su “Códice Urbinate” (1.495), los doctores conocían sus grotescos perfiles deformes, haciendo muecas, guardados en la colección de la “Windsor Royal Lybrary”. No cabe duda de que Leonardo se ocupó del inconsciente humano, antes de que los psicoanalistas se pusiesen de moda en Europa. Además, había expresado maravillosamente el lenguaje corporal de los personajes que retrató. Él tenía sensibilidad para transmitir el lenguaje del cuerpo, expresando las emociones internas a través de los gestos.

Sigmund Freud, el inventor del psicoanálisis, creyó que Leonardo fue un narcisista que sintió desapego por el mundo, y que, si abandonaba sus obras después de haberlas comenzado, se debía a reminiscencias del maltrato recibido de pequeño por parte de su progenitor. Éste, después de crearlo, lo había abandonado. Freud escribió una crítica de Leonardo en la cual, después de alabar su carácter, a veces de femenina ternura, dijo: “(…) Con frecuencia permanecía indiferente ante el bien y el mal, o pedía ser medido con un particular rasero. Acompañó a Cesar (Borgia), teniendo un puesto de mando en la campaña que puso a éste, el más despiadado y solapado de todos enemigos, en posesión de la Romagna. Ninguna línea de los cuadernos de Leonardo deja traslucir una crítica, o una toma de posición, frente a los sucesos de esos días“.

En cierto modo, el mejor cliente de Leonardo fue la Iglesia, católica y apostólica, cuyos defectos conoció de primera mano, y no dejó de incluir símbolos en sus cuadros, que realmente serían heréticos en el año 1.500, pero hoy son solo ideas piadosas que, gracias al cambio de mentalidad, podemos parcialmente desvelar. Un claro ejemplo del enfoque globalizador de Leonardo, es su dibujo del “Hombre de Vitruvio” (que trataré aparte), por el cual diseño, establecía eidéticamente las proporciones del cuerpo humano. Fue el canon ideal de Leonardo. A partir del “Número Áureo”, trató de vincular la arquitectura y el cuerpo humano, y lo comparó con las matemáticas y la música. En el detalle y el arte del mural se aprende sobre la historia, las proporciones, a fin de ubicar el lugar de la humanidad en el “plan global de las cosas”. Por ello, y por sus profundas reflexiones, siempre expuestas con dignidad, tanto en sus obras gráficas como pictóricas, es por lo que hoy y siempre será honrado mundialmente, y de un modo que no va a serlo nadie más.

LEONARDO DA VINCI FUE UN GENIO MUSICAL NATO

En la biografía de Leonardo Da Vinci, no se debe minimizar su pericia musical, incluyendo la construcción y mejora de muchos instrumentos. Leonardo dominó muy precozmente el uso de instrumentos musicales, empezando por la flauta pastoril. Decían de Leonardo que: “(…) Experimenta con las moscas para determinar en qué parte de su cuerpo se produce el característico zumbido que realizan al volar“. En efecto, Leonardo creyó: (…) Vanas, y plagadas de errores, las ciencias que no han nacido del experimento. (…) Las moscas tienen la voz en las alas, tú lo verás recortándolas un poco, o bien también untándolas un poco con miel de modo que nos les sea íntegramente impedido el volar y verás el sonido hecho por las alas hacerse ronco y tanto más mudará la voz de aguda a grave, cuanto más les sean impedidas las alas“.

Por haber leído a Vitruvio, mi biografiado pudo anticiparse unos trescientos años a los experimentos de Chladni (1787), puesto que Da Vinci realizó un estudio de las “vibraciones de flexión” de las tapas armónicas, gracias a haberlas cubierto con una fina capa de arena. Fue así como logró visualizar los “nodos” producidos al ser estimulada por distintos procedimientos. En el siglo I, Vitruvio explicó en un códice, la exitosa intervención de Trifón de Alejandría, quien había salvado a su ciudad de ser invadida por el enemigo, gracias a las leyes de la física.

Leonardo, de manera mucho más sencilla, tuvo éxito en sus investigaciones: Golpeando tambores, comprobó que cada golpe producido, repercutía en otro de su entorno, pudiendo ser observado por medio de poner una capa de serrín sobre su superficie. Según explicaba Leonardo: «La resonancia simpática se produce cuando unas cuerdas (sonido generador) percutidas o tañidas con el arco, excitan a través de las ondas sonoras, el sonido de otras (sonido resonador), no estimuladas directamente, sea en su fundamental o en alguno de sus armónicos superiores».

Después de analizar sus minuciosos trabajos sobre la resonancia, a la cual llamó simpatía entre cuerpos vibratorios, algunos especialista musicales dedujeron que Leonardo debió haber sido un fabricante de cuerdas para instrumentos sonoros, pues consta que, en diciembre de 1.498, el Duque de Mántua ordenó pagar once ducados a «Leonardo, el Florentino» por unas cuerdas de laúd y viola, que le había enviado desde Milán. Siglos después, algunos grandes músicos, como Mozart, supieron utilizar cuerdas simpáticas, que les proporcionaban un sonido especialmente agradable, siendo un recurso acústico, muy característico en sus composiciones para cavicornio y piano.

Con el paso de los años incluso perfeccionó el pentagrama musical, gracias a las lecciones de Franchino Gaffurio, director de la capilla de la catedral milanesa desde 1.484, y autor de varios tratados, entre ellos “Theorica Musicae” (1.492), “Practica Musicae” (1.496), etc.. Toda la información musical de Leonardo se halla sus “Cuadernos de Notas”, (hoy llamados Códices), donde constan sus estudios, observaciones, y reflexiones. Realmente, la personalidad musical de Leonardo da Vinci, es el aspecto mejor documentado desde que empezó a trabajar en el gran obrador-taller de Andrea del Verrocchio, debido a la inmensa acumulación de conocimientos adquiridos por su maestro a lo largo de los años.

El muy honorable genio, distinguió tres clases de anotaciones musicales: «(1) Las que se refieren a instrumentos y máquinas de música. (2) Las que atañen a temas relacionados con la acústica de los instrumentos, y (3) Las emanadas de otro tipo de disciplinas. Por ejemplo, la velocidad del viento en el interior de un tubo sonoro, que depende de la densidad del medio en el que se propagan las ondas: Por qué el viento veloz que pasa por el tubo hace voz aguda. El viento que pasa por un mismo tubo hará el sonido tanto más grave o agudo cuanto más tardo o veloz sea aquel viento, y esto se ve en las mutaciones que se hacen en las trompas (trompetas) o cornos sin orificios, o aún en los vientos que, produciendo sonido, penetran por las grietas de puertas y ventanas. Esto nace en el aire donde penetra la voz salida del instrumento, la cual se va dilatando más o menos según que dicho aire sea impulsado por una mayor o menor potencia».

Estudió obsesivamente, y fue un genio profundo de los detalles, que se empapó de las ciencias socialmente objetivas. En el detalle y el arte mural, podemos aprender de Leonardo sobre la historia, las proporciones, etc.; si bien, el más elevado de los oficios que lo acredita como un verdadero genio, fue su deseo de instruir a la Humanidad. En su “Hombre de Vitruvio” midió y estudió las proporciones del cuerpo humano, las cuales comparó con las matemáticas y la música. Presuntamente se dibujo a si mismo abierto de brazos y piernas, en doble posición, pero siempre dentro de un círculo, por ser el símbolo de Dios durante el Renacimiento. Está superpuesto a un cuadrado en cuya base Leonardo reposa sus pies, así como limita su lado superior por su propia cabeza, seguramente por simbolizar el estatus humano y sus limitaciones. Entre la cabeza del artista y la parte alta del círculo es interesante hacer notar que aparece un sector completamente vacío, por referirse al mundo espiritual, aquello más creativo que eleva a cada persona por encima del mundo físico.

UN GENIO RENACENTISTA, MUY PRÁCTICO

Leonardo Da Vinci, fue el arquetipo del hombre del Renacimiento, porque supo combinar muy diversas disciplinas. Como pintor, tuvo por guía maestra las directrices de la Antigüedad clásica, pero anteponiendo el dictado racional, vasto y experimentado, de la Madre Naturaleza. Escribió: «() Aunque la naturaleza comienza con la razón y termina en la experiencia, es necesario que hagamos lo contrario, es decir, comenzar con la experiencia y a partir de esto proceder a investigar la razón (…). La naturaleza es la fuente de todo conocimiento verdadero. Ella tiene su propia lógica, sus propias leyes, no tiene efecto sin causa, ni invención sin necesidad. (…) La naturaleza nunca rompe sus propias leyes. (…). La sutileza humana nunca ideará un invento más bello, más simple o más directo que la naturaleza, porque en sus inventos no falta nada, y nada es superfluo».Son frases que contienen las bases de la ciencia moderna. Este incansable investigador, no tenía miedo a cuestionar las ideas recibidas de la Iglesia, ni a pisar caminos peligrosos;… aunque él expresó ideas perseguidas, siempre tuvo mucho cuidado.

En el ámbito político, cuando la Iglesia era omnipotente, Leonardo destacó por sus ideas de regeneración del Vaticano, y no siempre lo hizo veladamente. Lo que no se puede admitir, es leer que no fue un buen creyente. Ciertamente lo fue, pero también fue un librepensador resentido, porque muchos años antes, en el sur de Francia, habían exterminado a miles de cristianos acusándolos de ser herejes cátaros. La Iglesia desencadenó una serie de nueve cruzadas exterminadoras, que en el fondo estaban buscando la ocupación de un país, por otro que era su vecino del norte. En realidad, se ordenaron por el papa Inocencio III, con la dirección militar del rey de Francia, a fin de conseguir que su país tuviese acceso al mar Mediterráneo. Lo explico en mi libro: “Virgen de Solsona, Tesoro Cátaro”.

FOTO: CASA NATAL DE  LEONARDO EN ANCHIANO

LA GESTACIÓN DEL “HOMBRE UNIVERSAL”

Leonardo no nació en Vinci (entre Pisa y Florencia), sino en de Anchiano, una aldea toscana el año 1.452. Era un regio caserío de piedra, a orillas del río Arno, a 2,5 km. de Vinci y a 30 km. de Florencia. Fue bautizado: Lionardo di Ser Piero Da Vinci. Su familia eran burgueses, según el investigador Bruschi: “La La fede battesimale di Leonardo. Ricerche in corso e altri documenti: Vinci e Anciano» (Biblioteca Leonardiana, Vinci,Su padre era el joven notario Ser Piero Fruosino di Antonio Da Vinci, de treinta años, quien nunca se casó con la madre biológica de Leonardo, llamada Caterina di Meo Lippi, una aldeana huérfana, apodada “Chatari” (1.436-1.493), quizá sirvienta de ser Piero.

El primer documento donde se la cita es el “Anonimo Gadiano” (1.540), donde se puede leer que: “(…) por parte de madre (Leonardo) era de buena sangre”. El primer testimonio escrito relativo a su persona procede de la pluma de su abuelo, ya que apuntó el nacimiento de su nieto. Sabemos con precisión que Leonardo nació al anochecer de un día de primavera. Los datos del apuntamiento natalicio, constan en la siguiente anotación del propio abuelo Antonio: “Nació mi nieto, hijo de ser Piero, mi hijo, el día 15 de abril, sábado, por la noche. Se le puso de nombre Leonardo. Lo bautizó el padre Piero di Bartolomeo da Vinci.“(Nascita di Leonardo. Florencia, Archivio di Stato. Notarile ante cosimiano, 16912, f.105v).

La documentación acredita que la saga de los Da Vinci estaba vinculada a la profesión notarial, desde el “Trecento”, y pertenecía a una clase social acomodada. Ser Guido figura como notario público en 1.339. Su hijo, ser Piero di Guido, ejerció la misma función que el padre, pero en La Signoria de Florencia, lo cual era un cargo muy relevante. En cambio, el representante de la siguiente generación, Antonio di ser Piero, que así se llamaba el abuelo de Leonardo, rompió con la tradición familiar y prefirió llevar una vida cómoda de hacendado en el pueblo Da Vinci, donde tuvo cuatro hijos. El primogénito, ser Piero “el Joven”, recuperaría la lucrativa profesión de sus antepasados.

La profesión de letrados vivió su mejor época, pues desde las décadas de la Peste Negra, los clérigos no daban abasto para negociar contratos, redactar y certificar actas notariales, etc., fue necesario recurrir cada vez más a los laicos. Los nuevos abogados se interesaron por el Derecho Romano. Debido a lo cual no es extraño que Leonardo, Macchiavello, y un largo etcétera, procedieran de familias de notarios y abogados.

Respecto al abuelo paterno de Leonardo, transcribo de J. L. Espejo: “Años más tarde, en 1.457, en el catastro Da Vinci se dice que este mismo Antonio tenía 85 años y vivía en el pueblo de Santa Croce. Era marido de Lucía, de 64 años, y tenía dos hijos: Francesco y Piero. El segundo (Piero, padre de Leonardo), de 30 años, estaba casado con Albiera, de 29. Con ellos vivía “Lionardo hijo del dicho ser Piero, no legítimo, nacido de él y de Chataria (Caterina), actualmente casada con Achattabriga di Piero del Vacca da Vinci” (Gustavo Uzielli: Ricerche intorno a L. da Vinci, Firenze, 1872) (…)“. Asimismo, José Luis Espejo escribió: “(…) se conserva el registro de Leonardo, en el año 1.472, en el gremio de pintores de Florencia (Compagnia di San Luca) (…) Allí aparece con el nombre Lionardo di Ser Piero da Vinci. Su árbol genealógico, al menos hasta la quinta generación, es ampliamente aceptado por los expertos“.

Leonardo fue criado por su madre de quince años, en el pueblo de Santa Croce, cerca Da Vinci, hasta que el pequeño Leonardo cumplió los cinco años de edad. Ambos progenitores eran solteros, pero después el joven notario -por la exigible dignidad familiar- contrajo matrimonio con una rica heredera, hija, asimismo, de un acomodado empleado público. También Caterina, probablemente por mediación del abuelo Antonio di ser Piero, fue dignamente casada con Achattabriga di Ser Piero del Vacco (motejado Buti), un calero, que extraía piedra caliza de una cantera del lugar.

Leonardo a partir de cumplir cinco años de edad, vivió con su abuelo y su tío cuando ambos llevaban una tranquila vida campestre. Es evidente que, el amor entre Caterina y el joven notario Piero, debió de disgustar al jerarca familiar, también notario, quien, para no ver ensuciado su buen nombre, les impuso casarse cada uno con otra persona, como realmente sucedió. La madre de Leonardo, comprendiendo que el padre del niño ya estaba comprometido con otra dama, solo pediría que messere Antonio le garantizase: la educación y el mantenimiento del niño, lo cual también es un hecho documentado. No estuvo lejos de la deseable reforma que hoy debería procurarse en la educación: “Hay que ofrecer una visión global, pero sin nunca descuidar lo particular“.

Leonardo por cierto en sus escritos al respecto de la educación opinó de cómo se debe proceder: “Hay que alimentar la curiosidad de los niños, motivarlos a ver lo divertido en entender el arte y la ciencia, y a pararse en esa intersección, donde nace la creatividad“. La suya fue tan grande, que desborda cualquier intento de clasificación. Por las dichas circunstancias familiares, Leonardo a partir de cumplir cinco años de edad, vivió con su abuelo y su tío cuando ambos llevaban una tranquila vida campestre, por  lo que pudo continuar recogiendo especímenes de la flora, como cuando recogía flores con su madre.

El gran genio toscano fue un hijo ilegítimo, pero legitimado, pues llevó el apellido paterno, siendo educado por su propia familia, quienes debieron esforzarse en prestarle mucha atención, dado que es lo que potencia el talento de cualquier alumno. Lo alentaron en todo lo que hacía, desde que su joven madre le cantaba canciones de cuna, puesto que desde muy joven Leonardo destacó como cantante melódico y músico. Al crecer en plena campiña toscana, había aprendido el comportamiento de los animales y de las plantas. Posteriormente, aquella afición le hizo descubrir su facilidad para dibujar la flora y fauna, así como sus peculiaridades, buscándoles analogías con las personas. Al ir creciendo Leonardo estuvo muy unido a sus apuntes, pues llevaba atados al cinturón varios pequeños cuadernos, previniendo ampliar los dibujos, por lo cual acostumbra a dejar un par de páginas en blanco.

Fue un artista al que una cámara de fotos digital le habría ahorrado muchísimo trabajo; pero si él pudiese opinar, nos diría que: “Con tal artilugio, habría perdido mucho en profundidad de comprensión“. Desde muy joven, ya debió de albergar el deseo de poner orden en los dibujos con que se había entretenido de niño; y al ser una persona adulta, se preguntaría la motivación de sus preferencias, siempre buscando la esencia de sus pensamientos. Deseó ponerlos en orden, pero era una tan ingente labor, que solo al final de su vida hizo serios intentos, aunque fueron insuficientes.

Sus primeros años de vida campestre aguijonearon la mente del pequeño Leonardo, quizá propiciando que fuese un hiperactivo “niño prodigio”, un investigador nato de la flora y la fauna del entorno donde creció, acunado por una madre que, aun siendo ella misma una niña, le adoraba. Leonardo siempre después conservó sus conocimientos, pues intimamente era un vocacional naturalista muy observador. En cierto modo, él se “enseñó” a sí mismo, tan honestamente, que actuó de una forma más humana de lo normal entre gente cultivada.

Hay que imaginarlo quieto, completamente absorto delante de un grueso árbol cuya amplia grieta le permitía verlo completamente vacío por dentro, pues, desde que tuvo uso de razón, meditó sobre lo misterioso. Por ejemplo, comprobó varias veces la gran rapidez con que nacían mosquitos de una simple piel de fruta abandonada. Aquellos minúsculos cerebros ya tenían el mismo instinto de supervivencia, y quien sabe cuántas facultades más que los animales de mayor tamaño.

Al ir creciendo en soledad, Leonardo comprobó que tenían más instinto que las demás personas, pues atendía a la Providencia de la maravillosa naturaleza con la fauna y la flora. Tales pensamientos se gestaron en la mente de un niño, cuando los demás de su edad coleccionarían banalidades. Puedo imaginar que la Entomología debió de ser su primera pasión, no descartando que tuviese su propia colección de insectos. La naturaleza es la fuente de la vida y del conocimiento más sublime; y de tal convencimiento Leonardo nos dejó muchas pruebas de haberlo mantenido, y agigantarlo en el curso de su vida.

Mi querido biografiado tuvo una tan fértil curiosidad que, desde la más tierna infancia  pudo ver que lo más simple de la naturaleza tiene un misterio capaz de ser la fuente de todo conocimiento humano. Lógicamente, al hacerse mayor muchos lo consideraron una especie de mago, porque elevó increíblemente el listón de la sabiduría que le vio crecer. También fue capaz de contagiar su forma de ser entre quienes pretendan seguir conociéndole mejor, entre los que yo me cuento.

SU “PRIMERA ETAPA” EN FLORENCIA (1.465-1.482)

En aquel tiempo, la ilegitimidad del nacimiento tenía efectos negativos para el ejercicio de ciertas actividades, así como para el desempeño de algunas profesiones y puestos públicos. Incluso se les negaba el derecho a la herencia paterna, cual fue el caso de Leonardo. Aun cuando su gran brillantez intelectual le permitió abolir otras diversas injustas barreras, la verdad es que él nunca olvidó las circunstancias de sus orígenes, porque fueron traumáticos. Leonardo durante su infancia y adolescencia estuvo siempre en un contacto directo con el mundo rural.

Hasta que empezó a trabajar, su vida transcurrió en un ir y venir de Florencia a casa de su tío en la campiña en las afueras Da Vinci. Tal experiencia sería esencial en su temperamento y su carácter. Según escribió en su juventud, su único afán sería: “Descubrir las claves del “Libro de la Naturaleza”. De mayor, dio a entender que lo habría conseguido: “Si los hombres supieran la gran perfección fisiológica de un cuerpo vivo, todos tendríamos el mayor respeto por ser la persona la obra maestra de la naturaleza“. De lo que yo deduzco, ampliando su punto de vista, que no se podría matar ni a un conejo.

Así pues, mi biografiado, hijo y nieto de notarios, no solo cambió de residir en el campo por la ciudad, sino que vivió con la nueva esposa de su padre ser Piero Da Vinci, Albiera di Giovanni Amadori, una aristócrata que lo atormentó. A sus cincuenta y cinco años de edad volvió a engendrar un hijo legítimo llamado Antonio (1.476), lo que para Leonardo significó la pérdida de la herencia paterna. Pero aquel tan solamente fue el primero de los doce que tuvo en total ser Piero Da Vinci, además de mi biografiado. La mitad de ellos fueron engendrados por su tercera esposa Margarita (+1.486), y los otros seis por la cuarta llamada Lucrecia, cuarenta años menos que ser Piero y doce años menos que Leonardo Da Vinci. Entonces sí que disfrutó de una cariñosa madrastra; pero algo pasó, pues finalmente su abuelo Antonio lo adoptó llevándoselo a vivir a su casa en el campo.

Consta en el catastro que Leonardo vivía con él cuando cumplió los diecisiete años. En edad tan crítica, seguramente coincidiría algunas veces en las calles con su verdadera madre llevando a otros bebes en sus brazos, lamentando quizá no poder acercarse a ella. Lógicamente debió de ser un período traumático para el pequeño Leonardo, así como también para su madre biológica. Todos los aspectos de su vida siguen interesando, tanto que son estudiados en cada una de sus facetas. Por otra parte,  los historiadores de cuando en cuando, hacen aportaciones de las cuales, a pesar de considerarme un aficionado, en síntesis voy a exponer solo dos, porque contradicen el modo cómo Da Vinci pudo evolucionar su hasta agigantar tanto su personalidad.

Martín Kemp, de la Universidad de Oxford, en su “Historia del Arte”, tras la búsqueda en los archivos municipales Da Vinci, divulgó de Leonardo, que al nacer su madre Caterina di Meo Lippi, ella tambén se habría quedado huérfana. En cuanto al propio Leonardo, su nombre consta en los archivos notariales de la localidad, asociado a dicha joven madre de quince años. Esta opinión contradice la expuesta por la del historiador italiano Ángelo Paractico, afincado en Hong Kong, en su libro “Leonardo, a Chinese Scholar Lost in Renaisence”, una obra que, aunque pueda parecerlo, no es de ficción en absoluto.

Presentó un “contrato de compra de mujeres con ojos hundidos y sin cejas”, como la joven y lozana campesina Caterina, que quizá  habría sido una esclava china llevada a Venecia para ser vendida. Lo apoyaba el notario F. Cianchi quien escribió que: «(…) Entonces, en la república de Florencia, a todas las mujeres orientales les afeitaban las cejas». Pero sucede, que también se las afeitaban en los países islámicos; siendo últimamente la opción más insistente, porque el código genético de Caterina era 30% árabe.

El investigador de Hong Kong, Ángelo Paratico, creyó que la niña, posteriormente rebautizada Caterina, habría sido raptada por unos mongoles. Ignorando a quienes la creyeron oriunda de Oriente Próximo, dicho autor se acercó a las conjeturas de Freud. La niña, según Paratico, atravesó Asia y Europa, siendo en Venecia donde la compró el rico florentino Vanni de Niccolo di Ser Vann, para que fuese su sirvienta, donde según unos allí la conoció el joven notario que la embarazó. Quizá le fuese incluso vendida a Ser Piero Da Vinci. Referente a la ausencia de cejas en “La Gioconda”, otros autores creyeron que fue una moda de las damas florentinas de la más alta sociedad; otros, que las cejas se borrarían al limpiar el cuadro, etc.. En mi opinión, lo más objetivo es presentarla como una laboriosa muchacha de la periferia Da Vinci, en la falda del monte Albano, y que, como única distracción, pasearía canturreando gozosamente, mientras recorría los prados de aquella zona.

Se difundió la opinión de que una anciana habría hecho una profecía a su madre acerca del futuro que aguardaba a su bebé: “(…) de mayor el niño destruiría todo cuanto amase”. Leonardo, siendo adolescente padeció discriminación entre sus compañeros. Se dio cuenta al tener su primera discusión callejera con otros chicos. Ni tan solo hay que creer que supiesen lo que significaba la palabra bastardo, pero para Leonardo sería un motivo de más para preguntarlo, hasta que alguien se lo explicaría. Más contundente sería escuchar, por parte de alguna persona: “¡Hijo de cien padres!, refiriéndose a él. Mi biografiado, atando cabos, conoció las circunstancias de ambas bodas de sus progenitores después de su nacimiento, concluyendo que era un hijo ilegítimo.

Aquellos hechos influyeron notablemente en la formación del carácter del mayor genio de la humanidad. La desazón de mi querido Maestro  aumentaría progresivamente. Leonardo encontró razones suficientes para que su preclara mente, traumatizada, desarrollase defensas que mantuvo a lo largo de su vida, a fin de que ningún inocente sufriese una vergüenza semejante por su culpa: El bien, la verdad y la justicia -de la que tanto presumían sus ancestros-, serían su básica norma de conducta. Fue un defensor a ultranza de la verdad en el mundo: Así como el hierro se oxida por falta de uso, así la inactividad destruye el intelecto. La verdad de las cosas es el nutriente principal de los intelectos superiores».

Presuntamente, su profesión de fe pudo haber sido: Ser reservado, sin ser antisocial; ser altivo, sin ser prepotente, y hacer lo necesario para empatizar con la humanidad. Todo podría conseguirlo, dando buenos ejemplos, e invitando a imitarle, también a quienes viviesen en el futuro; porque Leonardo tenía confianza en que, al fin, se valoraría más la autenticidad. Al considerarlo “el mayor genio de la humanidad”, puedo añadir que lo fue en todos los sentidos. Razonemos: Sin electricidad ¿Qué habría conseguido cualquier otro, he hubiese nacido después de Leonardo? Mi experiencia -de hoy mismo- me dice que sin enchufar el PC ni tan solo tenemos asistencia médica. (Acompañé a mi esposa al ambulatorio (S.S.), y por lo dicho, hemos perdido toda la mañana).

SU COMPLETA EDUCACIÓN EN EL SENO FAMILIAR

Leonardo vivió, y fue educado, por su padre en Florencia, después de haberse casado con Albiera de Giovanni Amadori, hija de aristócratas que atormentó a Leonardo. En su declaración de impuestos del año 1.457, messere Antonio declaró que su nieto Leonardo de doce años, vivía con él en Florencia, con lo cual escondió una indignidad. Así pues, mi biografiado, hijo y nieto de notarios, no solo cambió de residir en el campo por la ciudad, sino que fue apartado de su si madre verdadera para vivir finalmente con su abuelo.

Los primeros años de su existencia debieron de transcurrir a caballo entre tres hogares: El humilde hogar materno, después otro con su padre y finalmente con su abuelo e hijos, en plena campiña. Su casa de Florencia, hasta ser derruida, tenía una placa reconociendo que Leonardo había vivido allí, cerca de La Signoria, sede del gobierno (que Cósimo II convirtió en “Galeria Uffizi”). Doce años después de nacer Leonardo, su madre biológica (Caterina) engendró otros cuatro varones y una niña (según Gustavo Uzielli: “Ricerche Intorno a L. Da Vinci”, Firenze”, 1.872).

El desinterés de mi biografiado hacia su madre, hizo que se refiriese a ella como “la Caterina”, mientras que es patente el respeto que tuvo a su padre, al que llamaba “Ser Piero, mi padre“. Los apuntes del futuro artista, filósofo, matemático e investigador científico, revelan que durante su juventud mantuvo una relación algo distante con su madre biológica, intercambiando cartas solo muy eventualmente. Los mismos escritos de su puño y letra nos revelan que mantenía una conexión mucho más estrecha con su padre; cuya muerte lamentó profundamente, a pesar de que se habría casado otras cuatro veces, siendo padre legítimo de nueve hijos y dos hijas.

Leonardo tuvo afecto a la tercera mujer de su padre, Lucrezia Guglielmo Cortigiani, y se evidencia en una nota en donde se dirige a ella como:“-Querida y dulce madre“. El delicado espíritu Leonardo Da Vinci emana a través de los comentarios y consejos que él mismo dejó escritos en sus notas. Una muestra: Toma agua de rosas frescas y humedécete con ella las manos, y luego toma una flor de lavanda y frótala entre las manos. Te hará bien«..

De aquellos tan desagradables antecedentes familiares, Leonardo aprendió mucho; tanto, que al hacerse mayor, estaba destinado a ser el sabio más ilustre de la ciencia moderna, así como del simbolismo en el arte pictórico. No me cabe duda de que siempre la educación en valores es, y siempre será, la idónea para avanzar equilibradamente cualquier sociedad. Leonardo siempre mantuvo su premisa de alcanzar la máxima claridad con la mayor concreción, imitando a la Naturaleza; a pesar de lo cual fue un incomprendido, pero él nunca perdió “su centro”.

Así lo escribió: “Toda acción natural se realiza por el camino más corto. (Man. G.F.744). A pesar de sus fracasos se mantuvo inconformista, por lo cual su forma de congeniar la ciencia y el arte con una inquebrantable convicción, lo presenta único. Son dos capacidades que nacieron y progresaron juntas; y tienen mucho futuro, si damos crédito a los misteriosos “Círculos de las cosechas”, pues unos vórtices de plasma “dibujan” artísticas formas didácticas que, a mi modo de ver, evocan lo tridimensional.

En 1.465, coincidiendo con la muerte de su abuelo, Leonardo pasó a residir en Florencia, ya que su padre quiso que ejerciese como aprendiz con el maestro Antonio Pollaiolo. Cuando aquel joven aldeano llegó a la gran urbe de Florencia, había decenas de talleres de arte y otras tantas asociaciones gremiales. A pesar de que la concentración allí de todo tipo de artistas había disminuido, respecto a la primera mitad del siglo XV, se dio cuenta de que aquel clima favorecía la creación y la imaginación, lo cual entusiasmó al joven Da Vinci. Aquella capital le parecería insuperable, haciendo que sus maravillados ojos azules brillasen como quien se siente predestinado.

En 1.466 su madre adoptiva acababa de fallecer. Al poco tiempo Leonardo se encontró con una madastra que solo tenía quince años de edad. Entonces pasó a vivir cerca de la Plaza de la Signoria de Florencia, pues su abuelo Antonio había traspasado el año anterior, a pesar de tener solo quince años más que Leonardo. De pequeño había estado de visita en aquella casa, y la solución para no tenerlo descontrolado fue ponerlo a trabajar. Aunque Leonardo tenía una caligrafía notarial, ser Piero tuvo la sensatez de permitirle ser aprendiz en un taller de arte, logrando proporcionarle el mejor maestro para ampliar su formación como pintor, además de otras diversas artes, Leonardo consiguió que su padre lo recomendase a Verrocchio, entonces el gran artesano multidisciplinar de toda Florencia.

El padre de Leonardo, ser Piero, en 1.466 además de ser notario y amigo de Verrocchio (al que eventualmente formalizaba sus contratos) acordó con él que le daría lecciones cobrándole la manutención y a cambio dormiría con los chicos en el taller. Era lo habitual cuando el joven no tenía una formación previa. El maestro, y gran pintor, reconoció enseguida el gran talento del adolescente dibujando, aunque desde el primer momento quedó claro que el aprendiz Leonardo debería esforzarse mucho más. Con el tiempo Leonardo pudo afirmar: “(…) Es un alumno pobre, el que no supera a su maestro“.

Pero, dejando aparte que en aquel taller-escuela de Verrocchio, siempre realizaban reparaciones de muy diversas materias, lo que ahora interesa destacar es el hecho de que, mientras todos los de su edad estaban perdiendo el tiempo jugueteando, Leonardo ya tenía la obsesión por inventar instrumentos musicales. Puedo anticipar que, después conocer las contribuciones y aportaciones de Leonardo, todos los músicos se impresionarán; y cuanto más entendidos sean, más lo alabarán. Investigó sobre la física del sonido desde su origen, así como las condiciones del medio para su propagación. Obviamente, en su sedienta inquietud, Da Vinci estableció la relación de los cuerpos sonoros con su tamaño; siempre procurando mejorar las posibilidades sonoras de cada instrumento musical, pues supo que la intensidad del viento es determinante.

Íntimamente sentía un calor en su pecho, nunca antes experimentado. En realidad, la actividad artística local entonces estaba en declive, primando la mediocridad. Los artistas aspiraban tan solo a realizar buenas copias del periodo Quattrocentista; o sea, la imitación de los numerosos maestros de la primera mitad de aquel siglo. Posteriormente Leonardo trabajó como aprendiz en el taller-obrador del polifacético artista Andrea del Verrocchio (1.435-1.488), también en Florencia, gracias a que era cliente de su padre el notario ser Piero, empleado en La Signoria, cuando gobernaba Cosme “el Viejo”.

El famoso maestro Andrea del Verrocchio, ante un pupilo tan apuesto, angelical y artísticamente prometedor, reconoció los trazos delicados, y expresivos gestos en los dibujos de su dossier. Creyó que Leonardo, siendo tan buen dibujante, podría aportar algo a las artes. Al admitirlo Verrocchio fue profético, porque ya sabemos cómo su oficio en pocos años lo catapultó, llegando a ser un valor pujante en la pintura. En aquel tan espacioso taller, Leonardo trabajó de aprendiz, según se documenta también en una denuncia.

EL MAESTRO VERROCCHIO LE ENSEÑÓ CUANTO PUDO

Leonardo, en sus nuevas obras, encerró todo el espíritu del Renacimiento. Era uno de los obradores de arte más prestigiosos, bajo el magisterio del citado ecléctico artista de mucho renombre. Su maestro Andrea del Verrocchio era pintor, pero además, escultor, orfebre, herrero y fundidor. Bajo su supervisión, Leonardo aprendió todo tipo de manipulaciones para una excelente formación multidisciplinar, pues aquel tumultuoso taller era muy parecido a una fábrica. Allí pudo vibrar, sintiéndose parte de la energía de sus compañeros y admirando la pasión de su maestro.

Los artistas de entonces no pertenecían a una casta especial, sino que eran tan sólo artesanos. En realidad, producían también cosas prácticas como en un taller; por todo lo cual, resultó ser donde Leonardo más aprendió a ser experto en todo, además de practicar habilidosamente los patrones estilísticos, pudiendo exteriorizar su furia creativa. Lo demostró cuando realizaba todo tipo de obras artísticas, aunque también arreglaba artilugios para uso utilitario, así como además, aprendió a dibujar el alzado de planos.

La formación artística y técnica, adquirida en el taller de Verrocchio, fue determinante para Leonardo, el futuro gran científico, y el mejor técnico en arte pictórico que trabajó magistralmente temáticas muy variadas. Asimismo, fue un dibujante de prodigiosa exactitud, y a pesar de todo, hay que proclamar fuerte y claro que, después de su etapa de aprendiz, cuando aprendió a esculpir el mármol, y fundir en bronce, nunca se dedicó exclusivamente a las artes. En 1.472, a los veinte años de edad, Leonardo fue admitido en el Gremio de Pintores de Florencia, hecho que le permitió independizarse profesionalmente (aunque después de cuatro años, siguió apareciendo como ayudante del maestro Andrea del Verrocchio).

Entró en la llamada la “Compagnia di San Luca”, una corporación a la que se afiliaban los profesionales del ramo. En ese registro se lee: “Lionardo di ser Piero da Vinci, dipintore18. Iscrizione alla Compagnia dei pittor“i. (Florencia, Archivio di Stato. Accademia del disegno 1f.11v). Después de constar en el “Libro Rosso del Debitori e Creditori” de Florencia, Leonardo se encontró en un medio dominado por la competencia y las rivalidades artísticas (la búsqueda de contratos, la obsesión de los plazos en entrega de las obras), un mundo, en el cual Leonardo nunca consiguió encajar, porque aprendió que: “No hay peor enemigo que el orgullo y el egoísmo“. Las circunstancias a veces no están por encima de la personalidad de quien tiene a la sabiduría por mejor amiga.

FOTO: LEONARDO INMORTALIZADO COMO “REY DAVID”

Leonardo, a los catorce años, era un joven sano, bastante alto para su edad. Podemos admirar su juvenil esbeltez, pues posó como modelo para la escultura de Andrea del Verrocchio, del bíblico joven “Rey David”, fundida en bronce, para la ciudad de Florencia. Leonardo colaboró activamente en las obras de Verrocchio, y éste influyó en más en Da Vinci, que su socio Andrea de Cione. Ambos eligieron a Leonardo para hacer un molde en yeso (125 cm. de altura), del bíblico “Rey David” (1.466). La peculiar belleza del joven Leonardo, se confirma en el Museo Weimar, pues el “Estudio de una Cabeza” es una copia exacta de la dicha escultura en bronce del Museo Nacional de Florencia. Como mejor se advierte, es comparando ambos estilos, pues Verrocchio pintaba con escasa vitalidad, y Leonardo, siendo un aprendiz, lo hizo magistralmente; como puede apreciarse en el rostro del ángel arrodillado de la izquierda (Academia de Florencia). Algunos opinan –yo no- que también pintó la figura del joven Jesús.

Al mismo tiempo que mi biografiado aprendía todas las artes en aquel prestigioso taller, donde trabajó sin interrupción durante diez años, eventualmente también posaba para esculturas, como la de “Tobías”, entre tres arcángeles. La dicha escultura,en bronce, del “Rey David”, lo representa exactamente. El título, no se debe confundir con la escultura más famosa del bíblico personaje, esculpido en mármol blanco por el también florentino Miguel Ángel Buonarrotti (1.475-1.564). Éste  -que fue su rival-, lo presentó gigantesco, desnudo, dispuesto para la batalla, y cuya peligrosidad evidencia su mano derecha, desmesuradamente grande. Así se pretendía atemorizar a los enemigos de Florencia. Allí conservan cinco esculturas del joven “Rey David” originales (copias muchas más), pues Donatello ya había esculpido otras dos de tamaño normal. Posteriormente se esculpió la tan discutida de Miguel Ángel Buonarrotti, que mide más de cuatro metros, y cuyo original está hoy en la Galería de la Academia.

En la ciudad de Florencia exponen las más diversas obras de arte en sus calles y plazas, entre esculturas y edificios monumentales, pues es como un museo al aire libre. En su centro histórico se descubren lugares insospechados; y si se penetra en la capilla de los Médici hay tanta decoración, que se lamenta no encontrar algún espacio vacío (Horror Vaccui). Ni el techo deja de sorprender con su madera labrada y todo pintado de oro. No quiero reprimir mi entusiasmo al reconocer el gozo que me produce viajar a Florencia. Seguro que muchos lectores ya habrán notado que tengo afán de síntesis, pero voy a prodigarme aconsejando que la monumental ciudad sea visitada llevando la “mochila” con la adecuada información, para mejor asimilar lo que van a ver. Los Médici fueron expulsados de Florencia, aunque después de morir Leonardo pudieron retomar su gobierno el año 1.530, ayudados por el Papa y por el Emperador. Florencia, la “Cuna del Humanismo”, llegó a ser la capital de toda Italia entre 1.865 y 1.671.

FOTO: EL “REY DAVID” ESTABA DE MODA EN FLORENCIA

Unas pinceladas de cultura florentina, o toscana, revelarán que, antes, durante, y después de Leonardo, aquella floreciente ciudad reunió a los principales revolucionarios de la lingüística (Dante, Petrarca, Macchiavello). En pintura, sucedió que el estilo Románico, que precisaba gruesos contornos de color negro, Leonardo los varió por una fina línea, que acabo diluida por su efecto difuminador (sfumato) del contorno. Aquel ingrediente nuevo, consiguió dotar a las pinturas de una “atmósfera”, además de alterar el valor de los colores.

En “La Gioconda” de Leonardo, las mejillas y la barbilla incluyen, además, unas zonas claro-oscuras, por lo cual la cara aparece más realista y misteriosa. Su efecto dramático es el resultado de la unidad de elementos opuestos de luz y oscuridad. Leonardo proporcionó una “atmósfera” profunda a la pintura florentina, que nunca antes había tenido. Lo consiguió, gracias al perfecto dominio de la dialéctica, referente a la unidad de los opuestos, como la que se expresa mediante la luz y las sombras. En sus extraordinarias pinturas, los objetos, y las personas representadas, parecen surgir de la oscuridad.

La pintura renacentista fue un verdadero milagro artístico, que incorporó ciencias antiguas (matemáticas, geometría, etc.), para desarrollar la perspectiva. En Pompeya y Herculano se puede ver burdamente en escenas decorativas, pero con Leonardo alcanzó su plenitud. Mi biografiado, presentó el espacio natural con una nueva dimensión, primero en reposo y después en movimiento. Sus hallazgos pictóricos y científicos evolucionaron en paralelo hasta converger en algún punto de sus investigaciones sobre el mundo y los conocimientos científicos; todo lo cual, le permitió dominar luces y sombras, así como la representación dinámica del espacio. Con tal idea en mente comenzaba sus cuadros, incluyendo los retratos.

Escribió mi biografiado: ““(esa) ciencia tiene la misma relación con la naturaleza Divina, que sus obras con la Naturaleza, y por eso ha de reverenciarse”.. Todo gran  genio embellece los movimientos del mundo y de quienes lo habitan, pues cumple la misión de elevar los conocimientos de la Humanidad. A mí, particularmente, me estimuló a escribir esta trilogía, porque en realidad, Da Vinci pasó por el mundo sembrando “semillas” del esfuerzo intelectual que florecen en las almas fértiles y honestas.

FOTO: ATALANTE “CARA DE ÁNGEL” EN “BAUTISMO DE JESÚS”

En el cuadro de Verrocchio “El Bautismo de Jesús”, el modelo para pintar el rostro del ángel fue el niño Atalante Migliorotti (1.466–1.532), nacido también de una relación ilegítima, el cual tenía unos doce años cuando entró a trabajar en el espacioso, y ajetreado, taller del polifacético Andrea del Verrocchio. Era un pequeño aprendiz, que se complacía, más de la cuenta, viendo como pintaba Leonardo, catorce años mayor que él. Mi querido biografiado estaba contento con su atención, porque empatizaba con su joven admirador de pelo rubio, y facciones de querubín, que le sirvió de modelo cuando pintó como el ángel en éxtasis. Se trata de aquel cuadro que el prestigioso pintor-jefe Verrocchio admitió que su espiritualidad se reflejaba mejor que en el ángel pintado por él mismo. Leonardo se acostumbró a que Atalante lo acompañase a todas partes, como si fuese su sombra.

Cierto día, el irascible dueño del taller, quizá un poco bebido, pretendió atemorizar a Atalante gritándole para que dejase de mirar a Leonardo. La reacción de Atalante fue esconderse detrás de Leonardo, quien en vano trató de poner calma. Entonces ya tenía veinticinco años y sus anchas espaldas le daban aspecto de hombre fuerte a pesar de su femineidad. Incapaz de apaciguar el ataque de celos de Verrocchio, Leonardo aún debió contenerse cuando escuchó que lo acusaba de infanticida. A pesar de que, pasado un rato, Verrocchio, más calmado, lamentó con vehemencia haberse pasado de la raya, Leonardo, inflexiblemente, decidió dejar su taller. Se excusó explicando que: “(…) después de diez años de ser aprendizaje, había llegado el momento de buscarse la vida en otra parte”;… y Atalante se fue con Leonardo, porque se negó a abandonarle. Aquel niño, que después de morir su madre, vivió muchos años al lado de su maestro, al crecer se convirtió en un buen mozo, fuerte y atractivo, siendo considerado, por algunos biógrafos de Leonardo: el gran amor de su juventud. Posteriormente, fue un aplicado alumno de Leonardo, quien también le enseñó el arte de “tañer la lira”. Amaban el canto, teniendo ocasión de lucirse en público.

La última fase de un alumno aprendiz de pintor, consistía en que, el maestro Verrocchio les esbozaba las figuras principales de una escena y los aprendices la rellenaban con colores. Pasado un tiempo, eran aptos para pintar los detalles y figuras secundarias. Aquel ambiente, junto con las experiencias de su niñez, y el resentimiento contra las normas sociales, fueron los cimientos de la posterior genialidad de Leonardo. Por otra parte, tampoco habría llegado tan alto, de no haberse matriculado en la Academia de San Lucas; y lo demuestra el hecho de que, reconociéndolo así, Leonardo, décadas después, aún se volvió a matricular para seguir aprendiendo. Desde su llegada a la mágica ciudad de Florencia, Leonardo tuvo muy claro que su única ambición era alcanzar sus propias metas artísticas. Pero esa fue tan solo una de las patas de su éxito, porque a lo largo de su vida también destacó en el mundo de la farándula.

SU CONSTANTE FIDELIDAD A LAS ARTES ESCÉNICAS

A quien no entienda la importancia del teatro en la vida de Leonardo Da Vinci, le recordaré que se la ha definido como: La madre de todas las artes creativas. Es lo que veía, cotidianamente, el pequeño Leonardo en las calles de Florencia. Era una fórmula de publicidad, organizada por iniciativa del duque Pedro “el Gotoso” (1.469), quien quiso hacerse querer por sus conciudadanos a toda costa. Tal era el ambiente en el que se desenvolvió socialmente Leonardo,…quien no se perdió detalle, precisamente por ser entonces muy joven. En dicho festivo ambiente, a Da Vinci le parecía estar aprendiendo en una universidad de las bellas artes al aire libre. Así fue como, en aquel emporio cultural que era Florencia, famosa en toda Europa, fue curtiéndose, en todos los sentidos, aquel apolíneo y emprendedor joven, que al cabo de los años sería un polifacético artista, inventor y filósofo, además de productor de grandes espectáculos. En aquella etapa, su propia persona, casi llegó a ser tan digna de admiración, dentro de su ambiente, como después lo serían sus excelsas obras.

A sus veinte años Leonardo se había ganando el general aprecio de sus conciudadanos, porque a tan temprana edad no había personas tan reflexivas como él. Entonces le admiraban por demostrar madurez, hasta el punto de solicitarle su opinión en asuntos que requerían mucho juicio. Por otra parte, sus traumáticas primeras vivencias, también nos ayudan hoy a entender el por qué tantas de sus pinturas presentan figuras maternas y escenas tiernas de la infancia. Leonardo comprendía que: La verdadera belleza estaba dentro de su propio corazón y la pintaba fielmente, con rostro sereno y angelical.

Décadas después, reminiscencias de sus traumas infantiles, le motivaron para averiguar el mecanismo de los fetos en el vientre materno; así como, por otra parte, justifican sus recelos de adulto para comentar su vida privada. Finalmente, por lo que vivió, experimentó, y por sus muy geniales ideas, no solo fue un analista del pensamiento materno, sino también de la ciencia psíquica; porque, al entender que las fronteras se las pone cada uno en su mente, escribió: Todas nuestras ideas tienen origen en nuestras percepciones.

Hizo un estudio a fondo de la óptica, con el fin de comprender la naturaleza de la luz, y por consiguiente, también de la sombra, con la intención de aplicar a sus pinturas un conocimiento científico. Hizo lo mismo con la anatomía, y los embriones humanos, con el fin de tener una mejor comprensión del cuerpo de la mujer. Actualmente aquellos originales, y seiscientos más, pertenecen a la “Royal Collection Trust/Her Majesty Queen Elizabeth”, los cuales en gran parte yo pude admirar en una exposición, justamente en la gran sala del Palacio Viejo de Florencia, La Signoria, pues excepcionalmente viajan para ser expuestos en museos extranjeros. Leonardo Da Vinci fue un autodidacta, pero muy adelantado a su época. Tanto es asi, que se lo ha considerado el primer científico moderno (una de sus biografías fue titulada asi).

La realidad es que mantuvo una gran variedad de pasiones altruistas, como si su obra fuese realizada por muchos científicos diferentes, aunque siempre partiendo de las eternas preguntas,… a las que mi biografiado añadía: ¿Cuál es la causa, y como serán sus efectos? Gracias a su mente calidoscópica (o poliédrica) Leonardo fue  pionero en el estudio de muchas materias, así como ya lo son el diseño mismo de sus páginas porque las anotaciones al lado de sus dibujos también deben ser valoradas como una gran novedad.

En lo referente a sus pinturas, al igual que su maestro, Leonardo utilizaba la nueva técnica de pintar al óleo, que se practicó en seguida en Florencia después de desarrollarse en los Países Bajos. Según mi biografiado consideró, la pintura era: Una “ciencia divina” porque incluía a todas las demás. Debió de disfrutar enormemente al descubrir que la pintura al óleo proporcionaba una mayor variedad de colores. La pintura al óleo se utilizaría más tarde en todo el sur de Europa, pero en aquel momento, constituía una gran novedad, y Leonardo la practicó inmediatamente, porque tenía mucho mayor impacto visual que la pintar con témpera al huevo.

LAS PRIMERAS OBRAS DE ARTE DE LEONARDO

El primero dibujo hecho por Leonardo, del que se tiene noticia, fue “Paesaggio”, cuando tenía veintiún años (5-8-1.473), siendo lógico que hubiese hecho muchos otros de la flora y la fauna del entorno del valle del río Arno que le vio crecer. Los más antiguos apuntes conservados de Leonardo también son del mismo año, y cotidianamente los actualizaba, siendo redactados, en su mayor parte, utilizando escritura llamada “en espejo”. “Paesaggio” fue analizado por Eike Schmidt, director del museo “Galería de los Uffizi”, quien manifestó: Se ha descubierto que Leonardo era ambidiestro. Dicho museo -que se adaptó al Palazzo de la Signoria, iniciado en 1.298-, estaba destinada a alojar la sede del gobierno; donde hoy se atesoran unas 4.500 obras de arte. De su extensión diré que se comunica con el Palazzo de La Signoria, desde antes de pasar por encima del Puente Rialto,y el secreto Coridor Vasariano, de un kilómetro de largo. Fue construido por Cósimo de Médici (1.519–1.574; primer Gran Duque de Toscana, y segundo de Florencia, el cual no se debe confundir con Cosme I, fundador de la dinastía). Lo construyó, con motivo de la boda de su hijo Francisco, pues, desde su palacio, les permitió trasladarse hasta otro palacio en la orilla opuesta del río, sin ser vistos.

FOTO: DIBUJOS NOSTÁLGICOS DE SU JUVENTUD

Volviendo al primer dibujo de Leonardo Da Vinci, lo hizo al empezar a trabajar con Verrocchio, en 1.468, y durante una década, pintó “Adán y Eva” (o “el Pecado Original”). Aunque se perdió, se conoce su diseño, porque fue escogido para decorar el real blasón heráldico de Portugal. Leonardo dibujó, sobre todo, bocetos de cuadros, decoración de tapices, caricaturas y otros gestos de las expresiones faciales, disecciones de animales, estudios de aerodinámica, anatomía, arquitectura, astronomía, botánica, escultura, física, geología, geografía, hidráulica, ingeniería, mecánica, zoología, etc., pero siempre fundiendo el arte y la ciencia en una cosmología individual.

En cuanto a su primer cuadro en solitario, fue “La Virgen del Clavel” (1.476, Museo de Múnich), debiendo quedar muy satisfecho, porque le impulsó a abrir su propio estudio (“botegga”), siendo cuando se registró en la “Compañía de Pintores de Florencia”. Es evidente que a sus veinticuatro años ya creía mucho en sí mismo. Lo inauguró el año siguiente para ejercer como artista independiente. Nunca llegó a tener un taller como sus rivales contemporáneos, lo cual a la gente con se cruzaba por la calle les provocaba unas sonrisitas que a él le fastidiaban. Nuestro futuro genio dedujo que: Si tenía un poderoso protector, podría desarrollar mejor sus habilidades.

Como artesano pintor (era la categoría real de los artistas de entonces), Leonardo Da Vinci había tratado en vano de establecerse por su cuenta, sin perder su amistad con Andrea del Verrocchio. Por apuros económicos, en 1.472 se vio obligado a trabajar de camarero. Verrocchio acogió de nuevo a Atalante, debiendo reconocer que era un muy laborioso sirviente, llegado a trabajar duro en lo que fuese. Leonardo no hubiera podido alimentarle, y él mismo sobrevivió porque practicaba un régimen vegetariano, según escribió en una carta dirigida a Giuliano de Médici.

También lo creyó así el florentino Andrea Corsali, quien comparó los hábitos alimenticios del Maestro, con los practicados en la India por los pueblos de Gujarat (publicada en Florencia en 1.518, y luego por Giovanni Battista Ramusio: “Delle Navigationi et Viaggi: Venezia”, Giunti, 1.550). Toda su vida le interesó saber las principales necesidades del cuerpo humano, y desde muy joven estudió metódicamente los productos de la huerta, debido a lo cual, Da Vinci se había convertido en un estricto higienista,… aunque las referencias parezcan desmentirlo.

LEONARDO RESTAURADOR… DE ESTÓMAGOS

Después de cerrar su estudio de pintura, Leonardo optó por buscar trabajo. Por entonces, andaba obcecado en el arte culinario, y acostumbraba a llevar sus apuntes de recetas de cocina bajo el brazo. Al fin, su inquietud la compartió con un cocinero, con el cual, gracias a la aportación económica de su padre messer Piero, pudieron asociarse. Leonardo, entonces fue co-propietario de una taberna donde servían comidas. Da Vinci, para probar fortuna haciendo evolucionar la gastronomía tradicional (incluyendo los panetone -Pañetan-, inventados por entonces en Milán), logró convencer a su amigo y pintor Sandro Botticelli (Alessandro di Mariani dei Filipepi, 1.445-1.510), con quien se habían conocido en el taller de Pollaiuolo (antes de trabajar en el taller de Verrocchio).

Por ser Leonardo, tan emprendedor como inquieto, en la aventura de querer ser “restauradores de estómagos”, su taberna tuvo que cerrarla después de pasados solo tres años. En mi opinión, su fracaso fue debido a la enfermedad que contrajo la bella Simonetta Cattanei Vespucci, gran amiga del pintor Botticelli, quien lamentó tanto su muerte, que se hundió moralmente. Formaban un grupo de amigos, a los que ella probablemente haría reír con sus comentarios. Por ejemplo, a Leonardo lo halagaría por lo viril que se veía su imagen en bronce del “Rey David”, hecha cuando solo tenía catorce años, pero que ya le había garantizado su “inmortalidad”. Sin duda que, con su belleza y su encanto, Simonetta había llenado la taberna  de numerosos clientes, con categoría semejante a la de su rico marido. Todos ellos formaban un grupo muy bien hermanado, al estilo de los italianos.

Algunos biógrafos han puesto en duda que se asociasen a un cocinero para abrir un negocio, pero hay que tener en cuenta la escasez de encargos artísticos debido a las decenas de artesanos florentinos que, entre ellos,  entonces se hacían muy agresiva competencia. La novedad de la comida frugal, que actualmente es llamada vegetariana, era una debilidad de Leonardo, por conocer las plantas, debido a  haberse criado en el campo.           

Por cierto, escribió en rima dieciséis versos que tituló “Norma de Salud”. Al parecer en 1.515 la salud deteriorada le llevó a acentuar su frugalidad, consolidando su fama de excéntrico. Hoy se quiere obtener de la «naturaleza pura» los recursos naturales para  degradar los plásticos, e incluso conseguir hacerlos comestibles. Leonardo nunca habría podido imaginar microbios alimentándose de productos tóxicos -como logró Frances H. Arnold, Premio Nobel de Química 2.018-, porque en su tiempo los plásticos y los microscopios no existían.

Quizá el fracaso de su taberna, fuese debido a ofrecer los primeros “menús” de la historia, porque en realidad eran dietas. Tampoco debió agradar a los clientes leer un cartel donde se prohibían las conductas indecorosas. Sin duda se sintieron observados. Aquel negocia habría fracasado antes, de no haber sido por las amistades que arrastraba su socio Sandro Botticelli. En su “Nouvelle Cuisine”, cocinaron insectos comestibles, por lo cual se les recriminó que utilizasen ingredientes peligrosos. Durante los dos primeros años, Leonardo inventó unos asadores automáticos, y un prototipo de trituradora de ajos, y verduras (los menos informados creyeron que trituraba ranas, porque tal nombre aparecía en el rotulo de la taberna). Para limpiar los suelos, utilizó un gran cepillo giratorio, para mover el cual, Leonardo construyó una pequeña noria que, al mismo tiempo, vertía agua sobre las baldosas. Otros inventos suyos necesitaban funcionar con tracción animal; pero sucedía que, al escaparse alguno y vagar suelto, inesperadamente las bestias aparecían en su comedor. Después del cierre del establecimiento, cada socio se fue por su lado, siendo cuando Botticelli pasó a beneficiarse del mecenazgo de los Médici en 1.475, trabajando artesanalmente, a su servicio, durante quince años.

FOTO: “LA PRIMAVERA”, SIMONETTA CATANEI VESPUCCI

A la joven y bella Simonetta Cattanei Vespucci, todo el mundo habrá visto en algún cuadro, pues fue la musa y modelo de varios pintores. Simonetta, fue una bella genovesa que pasó a residir en Florencia, donde se casó con Matteo Vespucci. Al resultar elegida como representante de la belleza local, fue símbolo de “La Giostra”. Dentro de aquel festivo ambiente, ella fue la personificación del amor, para la idiosincrasia de los florentinos. En este sentido, también penetró en la mente de Leonardo, pues estuvo fascinado por sus muy artísticos y complicados peinados. Otras veces, él pintó recogido su largo cabello color castaño, cayendo sobre los hombros de la bella Simonetta. Su influjo se puede detectar en el retrato de la, físicamente poco agraciada, “Madonna Benois”.

Durante las fiestas de “La Giostra”, Giuliano de Médici, el protector de Leonardo y hermano del duque, demostró con euforia estar platónicamente enamorado de Simonetta, cosa que nadie ignoraba,… incluyendo a su marido Matteo Vespucci -que cada vez soportaba peor su fama de “cornudo”-, por lo cual ya habían surgido desavenencias entre ambas familias. Leonardo lo lamentaba, porque se llevaba bien con todos ellos, debiendo permanecer al margen. Simonetta  a veces posó como modelo para el pintor Botticelli, sucediendo que aún la volvió a pintar -después de haber muerto ella de tuberculosis-, porque recibió el encargo de Giuliano de Médici para que su amor platónico fuese el personaje central  -completamente desnuda-, de “El Nacimiento de Venus”, o “Venus y Marte”. Posteriormente Sandro Botticelli, por nostalgia, la siguió incluyendo como personaje central de otros lienzos suyos, como “La Primavera”, hoy en la Galeria de los Uffizi. Con la obra citada, Sandro, bajo un disfraz mitológico, universalizó a Simonetta, en una escena floral muy nítida y de espirituales líneas. Ella también había sido su amor platónico.

El estilo elegante y técnica simple de Sandro Botticelli, cautivaron a sus contemporáneos. Pero, obsérvese su fea pincelada, en comparación con “La Gioconda” de Leonardo Da Vinci. Simonetta, murió tuberculosa (finales de 1.477), antes de llegar a cumplirse un año de su elección como Reina de la Belleza,… cuando a Sandro Botticelli aún le faltaba pintar más de la mitad del cuadro encargado. Hay que suponer la pena con que el joven terminó de pintar los personajes laterales (como el Mercurio, en el extremo izquierdo). No obstante, la siguió pintando en sus cuadros posteriores, como la “Virgen y el Niño”. Leonardo era particularmente devoto de Nuestra Señora, cuyo símbolo entendió como «la personificación del Amor y de la naturaleza, maestra de todos los maestros».  Llamarla “Virgen María”, fue un eufemismos que los cátaros herejes del Sur de Francia se permitieron para poder salvar sus vidas.

Ciertamente, además de Botticelli y “el Moro” (pero sobre todo su hermano), Simonetta había sido querida por muchísimas personas de ambos sexos de Florencia y ciudades vecinas, incluyendo aquellas que discreparon de su forma de vestir o de peinarse. Era única, pues siendo moda que las mujeres ensancharan su frente, afeitándose la parte delantera de la cabeza, Simonetta, al contrario, siempre se presentó muy bien peinada. Hasta demasiado; pues lucía complicados trenzados donde se enfilaban perlas y corales, lo cual, sí que debió de agradar a Leonardo, pues los recogió, con gran meticulosidad, en sus bocetos cuando tenía unos veinte años de edad. (El peinado de Simonetta aquí yo lo pongo junto damas retratadas por Leonardo).

LEONARDO PASÓ DOS MESES ENCARCELADO

Durante su juventud, Leonardo vistió túnicas atrevidamente cortas, luciendo una melena larga y bien cuidada. Debió tener un aspecto imponente aunque quizá frívolo, motivo por el cual, él y otros tres jóvenes más suscitaron envidias de otros, de forma que en 1.476 fueron inculpados por sodomía. Las acusaciones de esta naturaleza eran anónimas y escritas sobre papel, siendo comúnmente llamadas tamburazioni. En Florencia se vivía en un ambiente liberal, y más aún los artistas jóvenes. Su maestro Andrea del Verrocchio (de cuyo taller había salido aquel mismo año), era un homosexual que vivía bajo el mismo techo que una docena de sus jóvenes discípulos, tanto de día como de noche; no obstante, entre los florentinos del siglo XIV era socialmente bien aceptado. Entonces ya había una doble moral en Florencia, y aunque no hacían las distinciones sobre la sexualidad que hacemos hoy, la sodomía era considerada por el prepotente clero: un signo demoníaco. Incluso la palabra «florenzer» en alemán significó «homosexual», constatándose que otros prestigiosos artistas eran, cuando menos, bisexuales (Miquel Ángel, Donatello, Sandro Botticelli, y Benvenuto Cellini, etc.).

A los malhechores de todo tipo se les denunciaba a través de un buzón instalado en la plaza de La Signoria, que se llamaban “Bocas de la Verdad”; de forma que cualquiera podía manifestarse incluso contra aquel que odiaba. Pudo tratarse de una denuncia para desacreditar a la familia Médici, denigrando a uno de sus familiares. Una acusación contra varios jóvenes, fue presentada en el juzgado el día (4-4-1.476), a punto de cumplir Leonardo los veinticuatro años. Como no había pruebas, la vista se pospuso hasta el día 7 de junio, cuando, al comparecer los acusados, todos se declararon inocentes.

Todavía se hizo otra denuncia sobre lo mismos hechos  (7-6-1.477), recusando a las mismas personas. Al cabo de dos meses se celebró otra vista, aunque se evitó pronunciar un fallo, pues hubieran podido ser condenados a la hoguera. La definitiva vista del juicio se hizo dos días después, y al no comparecer el acusador, Jacobo Saltarelli, un chico de diecisiete años, que ejercía de prostituta masculina, se retiraron todos los cargos. Los acusados quedaron exonerados de culpa y cargo, constando que aquel juicio en nada afectaría a su honor y su buen nombre. Se trataba de un delito grave, penado con la muerte, aunque tan sólo estuvieron encarcelados durante dos meses. Un amigo a su servicio llamado Paolo fue condenado al exilio por una semejante acusación.

Faltan documentos para afirmar que los aprendices de uno y otro taller: el de orfebrería de Pollaiuolo, y el taller multisciplinar de Verrochio en aquel tiempo mantuvieron mucha competencia, incluso mientras era la hora de comer separados unos de los otros en plena calle. Eran laboralmente rivales, sospechándose que la acusación a los aprendices de Verrocchio pudo además haber tenido un trasfondo político, siendo este último el que finalmente lograse, por voluntad de los Médici, que aquella ignominiosa acusación fuese desestimada.

En el curso de las sesiones en la sala de los juzgados, asistieron como público numerosos artistas florentinos, por el renombre que tenía el pintor y escultor Andrea del Verrocchio. Cualquiera que fuese la sentencia, era previsible que sentara jurisprudencia. Uno de sus compañeros detenidos estaba emparentado con la familia Médici gobernantes, si bien en las actas constaba solamente su nombre de pila, sin dirección ni otros datos. Posteriormente se supo que se llamaba Lionardo de Tornabuoni, el mismo apellido de la madre de Lorenzo de Médici, quien rigió el destino de Florencia (1.471-1.492), suponiéndose que fue el motivo por el que salieron todos los acusados de la prisión preventiva. Por el dicho parentesco, aquel juicio fue popularmente muy comentado.

Cuando los tres encapuchados, jueces de la sala, expresaron que los jóvenes acusados quedaban libres, podemos imaginar la explosión de júbilo de los familiares y amigos de los acusados, tantas veces expectantes y frustrados, esperando en la misma sala de vistas el veredicto final del juicio. En cambio, Leonardo -que había entrado cabizbajo y modestamente vestido-, ni sabiéndose libre varió su semblante avergonzado; pudiendo deducirse, al verlo, que habría preferido ser castigado. Las jóvenes damas de la sala habían suspirado profundamente al oír que quedaba en libertad. Habían sentido piedad por el gallardo y apuesto Leonardo, al cual veían, extrañadas, que siguiese igual de deprimido. Leonardo da Vinci albergaba dudas morales, y se notó en sus obras tan pronto se reincorporó al taller de Andrea del Verrocchio, pues acusaba inestabilidad artística, tanta como para no poder acabar sus obras. Con los años, aquella conducta se cronificó; y siguió igual, cuando nada le sujetaba, pero todo le interesaba.

Leonardo quedó avergonzado, y temió que para sus familiares hubiese significado una deshonra. Habían olvidado que su autoritario y narcisista padre Ser Piero tenía fama de mujeriego. Todo aquello sumió al futuro “Homo Universalis”, en una crisis que le produjo el suficiente dolor psicológico para que, durante el resto de su vida, se mostrase reacio a trabajar para quien sospechaba que era autoritario. Tal vez Leonardo hubiese deseado ser castigado, para que se borrase la sensación de pecado que lo equiparaba a un animal (el “Ego” es la sombra del “Yo”). En el fondo lo que deseaba era jamás volver a tener deseos impuros y lujuriosos, a pesar de amar tanto la belleza y a la naturaleza. Era una contradicción, pero no podía ser el artista que deseaba ser, si no lograba librarse de la mundana carnalidad que envilecía los espíritus. Su penosa experiencia le demostró que quien tiene por objetivo el placer, se hunde en el mar del dolor.

DIFERENCIAS ENTRE LEONARDO Y BOTTICELLI

Todos los comienzos son difíciles, y después de un ta gran escándalo sexual, mucho más. La juventud le ayudaba a mantener activo su taller, pero el Maestro era afable y convincente, y más que un obrador de artistas era un espacio de animada tertulia, o mejor dicho, un foro de debate vecinal, siendo gracias a sus contactos que logró seguir trabajando. El primer contrato importante de Leonardo se firmó el día 10 de enero de 1.478. Los temas sociales abundaban en talleres y tertulias, pero interesaba a todos el artista también de nombre Leonardo. Era un gran sabio y artista local que tenía seducidos a todos los florentinos. Se lo consideraba el primer gran sabio del Renacimiento, siendo un hunanista atlético y encantador, tanto de trato como por su elegantes aspecto.

Leonardo Bautista Alberti era un genial artista multidisciplinar. Tenía sesenta años de edad, siendo el referente y maestro de Andrea del Verrocchio, quien años antes había sido detenido por haber causado la muerte de un ciudadano accidentalmente. También Sandro Botticelli había confraternizado con un discípulo que fue condenado por sodomía en 1.473. El caso es, que aquel tocayo florentino Leonardo se fijó muy especialmente, porque después cultivó las mismas virtudes. Lo imitó devotamente, quizá  por ser -como mi biografiado- también un hijo ilegítimo (natural).

A fuerza de reflexionar, la capacidad creadora de Leonardo se recuperó del traumático episodio carcelario. Sus esfuerzos resultarían estériles sin conquistar su mente a fin de  llegar a triunfar en algo. Un pintor  recoge la belleza como si se fuese un sacerdote con su cáliz, ya que se trata de extraer del propio corazón la joya diamantina que es sabiduría, para despertar en el alma el “Sumo Bien”. Leonardo siempre se consideró él mismo como parte de la naturaleza, y obviamente quería verse como una bella parte del paisaje. Sandro Botticelli se distinguió de Leonardo por ser más religioso que él, pues entonces al genio de los pinceles vivía sumido en sus obras con verdadero espíritu científico.

Me he extendido en dar referencias de Botticelli porque también tuvo relación con Verrocchio al postularse para pintar “Las Seis Virtudes”, un cuadro que fue realizado por los hermanos Pollaiuolo, y también otro titulado “Fortitude” (Museo Uffici), que acabó subcontratado a Botticelli. Algo comparten Leonardo y Botticelli, aunque quizá sea un bulo: Ambos aparecen como miembros de la orden secreta «Priorato de Sión» (P.S.). Botticelli, según consta en los registros, habría llegado a ser Gran Maestre general de dicha organización, y para mayor embrollo se explica que, al fallecer, Leonardo da Vinci los habría sustituido en el cargo, lo cual se duda mucho,… yo el primero.

Andrea del Verrochio estuvo trabajando en un pequeño pueblo de la provincia llamado Pisto, donde casualmente Da Vinci tenía familia, y hacia donde partió tan pronto quedo libre. Allí su maestro había ganado un concurso en 1.476, para labrar un cenotafio en la catedral, y no se ha de olvidar que Leonardo, que era la su mano derecha, siempre fue su colabrorador. También en San Genaro, localidad cerca de Pisto, se ha descubierto la escultura de terracota (antaño policromada) hecha por Leonardo, la cual siempre antes se había atribuido a su maestro.

Entre las numerosas virtudes de Leonardo, en mi opinión destacan su tolerancia y el ser con todos muy respetuoso. Además, por sus innumerables recursos prácticos y por su bello arte pictórico, a Leonardo se le quería por su empatía, tanto para con sus empleados como para la gente con la que trató. Poeta del crecimiento personal, Leonardo da Vinci fue un altruista nato, aunque quizá leyó bastante más de las tres «Religiones del Libro» de lo que hoy nos podemos imaginar. Por mi parte, no seré repetitivo remitiéndome a los sabios de la Antigüedad, ya que sintió por algunos autores clásicos sincera devoción. Se ejercitó en adquirir sabiduría para elevar los conocimientos de su tiempo, pero sobre todo, trató sinceramente de entender tanto el cuerpo como el alma, así como la razón de ser de su propia existencia. Concretando su idea del alma humana, Leonardo escribió. «Sea lo que fuere el alma, siempre es algo divino, asi pues, dejadla habitar en sus obras donde podrá sentirse a gusto».

Pasado el escándalo, Leonardo se encontró con su padre, quien le aseguró que siempre lo había creído inocente. Aun así, le aconsejó que dejase aquellas amistades, algo a que entonces Leonardo no se sentía preparado: ¿Qué me quedaría? Para su sorpresa, su padre le comunicó que ya llevaba un año de viudo de su esposa Francesca, motivo por el cual él pronto se casaría de nuevo con Margarita, una joven conocida de Leonardo. Ser Piero deseaba tener hijos, ya que ni Francesca ni su anterior esposa se los habían dado. Después de nacer Leonardo, su padre se casó varias veces más, logrando tener otro hijo, al que llamó Piero. Leonardo, entonces ya tenía veinticinco años de edad y comprendió aquel afán de procrear, lo que él ignoraba, era que su padre nunca se sintió obligado a dejarle nada en herencia. En aquel momento Da Vinci recordó, sin comentarlo, que entretanto, su pobre madre -que se había quedado viuda del violento marido Accattabriga-, ella sola debía ser capaz de mantener a varios hijos,.. que eran sus hermanastros.

LEONARDO DA VINCI DESCUBRIÓ SU ESTILO

El padastro de Leonardo tenía el oficio de fundidor, por lo que al niño, que entonces era Leonardo, le interesó aquel arte. Deseando emularlo, su primera experiencia laboral debió tenerla en el taller del prestigioso orfebre del los hermanos Pollaiuolo, ubicado en la misma calle que el del prestigioso Andrea del Verroccio. Ambos maestros artesanos tenían unos treinta años de edad cuando Leonardo comenzó su aprendizaje, primero con uno y después con otro.

Un hermano de Antonio Pollaiuolo (su padre era pollero) se llamaba Piero y era pintor, se hizo pronto amigo de Leonardo da Vinci. No hay que dudar de que inmediatamente le contagió su mucho más delicada forma de entender el arte, porque traspasó su inquietud artística al que vendría a ser el gran genio de los pinceles, y posteriormente el primero y más grande de los científicos. Por aquellos años todavía no habían nacido los, después también famosos, Miguel Ángel y Rafael.

Leonardo tomo las primeras nociones de la importancia de pintar cadáveres diseccionados para conocer la anatomía humana, del pintor Pollaiuolo. Dejó buena prueba de sus dotes de observación al pintar Pollaiulo su «Batalla de los hombres desnudos». Fueron aquellas experiencias, asi como las del florentino Antonio Benivieni, las que recogió en sus apuntes Leonardo cuando, en 1.489, ya tenía 36 años de edad. Todo lo comentó en sus descripciones, quedando recogidas en su escrito: «De la Figura Humana» (2 de abril de 1.489). Es de entonces que Leonardo dejó constancia de que a su modo de ver: «La sede del espíritu es el sentido común». Leonardo, fue un idealista pintor-filósofo, pues basó su arte en el conocimiento profundo, después de él llamado «científico», dado que deseando enriquecerlo, incluyó conocimientos de disciplinas subordinadas como, además de la anatomía, la óptica.

EL PRIMER ESTABLECIMIENTO DE LEONARDO DA VINCI EN FLORENCIA

Como era emprendedor, después de trabajar con Verrocchio, Leonardo en 1.477 pidió fondos a su padre para abrir su propio estudio (bottega), costándole mucho tener cierto renombre, debido a existir una dura competencia local. Aquí hay que hacer una distinción semántica, pues su obrador era mitad estudio y mitad tienda, y todo junto de reducidas dimensiones. Nada que ver con el local (estudiolo), que años más tarde tuvo Leonardo en Milán.

Leonardo colaboró con Verrocchio siempre que se lo solicitaba. Los encargos no llegaban después de dejar al prestigioso maestro de forma que las dificultades se le acumularon. Entre sus varias formas de trabajar, Da Vinci acudía cuando Verrocchio se lo solicitaba para ayudarlo. Pasados cinco años de la vergonzosa acusación de homosexualidad, mi biografiado se lamentaba por no haber recibido ningún encargo importante en Florencia. Aunque en realidad si se le hizo uno de gran categoría en fecha 10 de enero de 1.478. Incluso contrato varios ayudantes.

Entonces en el grupo de Leonardo entró un florentino huérfana llamado Paolo di Leonardo, porque en aquella época era tradición que se adoptase en nombre del maestro. Paolo era el menor de varios hermanos y al cabo de un año se vio envuelto en un caso de perversión sexual por tener malas compañías, siendo expulsado de Florencia. Entonces ya hacia dos años que Leonardo pasó por el mismo calvario. Los que admiraban su talentoso proceder decidieron recomendarle, por lo cual recibió un encargo de la Signoria. sede del gobierno de la ciudad. Debía realizar un retablo para una capilla del Palazzo Vecchio. Para su preparación le anticiparon veinticinco florines.

Cuando supo que su amigo el pintor Piero de Pollaiuolo, había rechazado aquel prestigioso encargo, también Leonardo se negó a realizarlo. No tuvo en cuenta ni el dinero ni el descrédito, puesto que seria el primero de sus repetidos incumplimientos de contratos, lo cuales después constarían en su curriculum vitae. Aquella obra, aprovechando el cartón preparatorio que realizo Leonardo, tuvo que ser acabada por Filipino Lippi en 1.480. Verrochi entonces trabajaba en la ciudad de Venecia en una escultura ecuestre, del mismo tipo que años después Leonardo tuvo la oportunidad de hacer otra de gigantesca en la corte de los Sforza de Milán. Sforza significa esforzado, y Leonardo parece que quiso estar a la altura del apodo de su mecenas en la corte-fortaleza. Era un regente generoso pero imprevisible.

En realidad no era el legítimo heredero, sino que con la excusa de protegerlo, lo mantuvo encarcelado desde que tenía diez años de edad. Se llamaba Gian Galeazzo, que heredó el ducado al morir asesinado su padre Galeazzo Maria. El niño tenía la misma edad de Leonardo y, por lo que fuese, ambos confraternizaron. Una vez fue admitido entre los cortesanos del regente duque Ludovico, Da Vinci mantuvo una sincera amistad con el heredero legítimo, a pesar de mantenerlo en cierto modo prisionero «para protegerlo». La verdad es que, hasta que no mandó envenenarlo, Ludovico no fue realmente duque, por más que siempre había actuado como tal.

Leonardo da Vinci habría conocido a Ludovico «el Moro» cuando éste, en misión de cariz político, visitó la corte de Florencia diez años antes de presentase Leonardo en Milán como músico. Aquella visita terminó muy mal pues, después de los discursos de bienvenida y los festejos, se produjo un gran incendio ( 21-3-1.428) en la llamada «Venida del Espíritu Santo». Habían criticado que se hubiese celebrado un gran banquete siendo tiempo de Cuaresma. El pánico de la población hizo que todos recordasen a Ludovico «el Moro» , y Leonardo parece evidente que más que nadie, ya que quizá lo vió como una posibilidad de que le brindase su acceso al mundo artístico, tal como realmente sucedió una década más tarde.

Leonardo, en su modesto taller contó con la colaboración de un artesano metalúrgico hasta entonces independiente, el cual tenía gran categoría haciendo trabajos para Verrocchio. Se llamaba Tomaso Masini, pero fue más conocido por su apodo Geroastro, o Zoroastro, en recuero de Zaratustra, el famoso mago persa de la antigüedad. Los florentinos lo creyeron un alquimista, y él se vestía de modo exhibicionista para no defraudarles. Leonardo pasaba de las habladurías, aunque para contrarrestar la opinión popular se refería el como Maestro Tomaso. Lo tenía en gran estima, no solo por su pericia artesanal trabajando los metales, sino que incluso le agradaba como filósofo. Entretanto, dejaban que la gente creyese que ambos fabricaban «bombas de humo» para las guerras entre navíos. Aquella amistad duró veinticinco años, pues primero lo contrató para su primer taller, y de nuevo cuando abrió una nueva bottega en Milán.

Zoroastro fue utilizado por Leonardo para distraer a la corte de Milán, porque acordaron que le presentaría como profeta, lo que nunca se habría atrevido a hacer en su tierra. En la corte del norte una fórmula de humor que estaba de moda era entrar en éxtasis y pronunciar frases que debían ser descifradas. Por ejemplo, decía Zoroastro: «Los hombres iran tan deprisa como la más rápida de las criaturas gracias a las estrellas». Entonces el público asistente debía demostrar su sagacidad para adivinarlo, hasta que Leonardo les ofrecía la solución, la cual venía dada porque las espuelas de los jinetes tenían forma de estrella. Leonardo cultivó su afición a los acertijos y chistes, incluso mejor si eran «picantes».

Contrastando con el provechoso entendimiento que el genial toscano tuvo con Zoroastro, Leonardo tuvo un ayudante de profesión forjador metalúrgico que le hacía los marcos, con el cual mantuvo una insoportable relación años después, cuando colaboraron laboralmente. Era de origen alemán y, como Zoroastro, él tampoco era pintor. Se llamaba Giulio y lo acogió en su casa el mes de marzo de 1.493. En una habitación se montó su propio taller secreto, trabajando para otros clientes. Su excusa fue que Leonardo no le daba lo que el genial Maestro no le podía conceder. Aquel huraño personaje, en venganza, tuvo la desfachatez de acusar a Caterina que vivía con Leonardo, de ser una mujer cántara y hasta de ser una bruja curandera. Era imperdonable, y más si, como parece, pudo tratarse de la propia madre de Leonardo.

La casualidad quiso que un semejante problema se repitiese, pues otro alemán llamado Giovanni, hizo enfadare a mi biografiado por fabricar y vender espejos sin informarle (3-8-1.504). Por entonces el muy honorable sabio estaba estudiando los rayos solares que se reflejaban en el espejo. Los llamó «espejos de fuego», motivo por el cual quizá públicamente lo veían llevar unas gafas azules. Leonardo se quejó de ambos ante Giuliano, el hermano del Papa, el cual intervino en mala hora, ya que la investigación resolvió que las acusaciones de que leonardo realizaba prácticas esotéricas, no iban desencaminadas.

Una vez estuvo zanjado el asunto del alemán, Leonardo acompañó a León X a Bolonia el mes de octubre de 1.515, para entrevistarse con el rey Francisco I a fin de consolidar una gran alianza entre los cristianos. Leonardo y los demás del séquito papal se embarcaron en el puerto de Citavecchia . Entraron a Florencia (30-11-1.515) bajo un engalanado arco triunfal, tal como vemos dibujado en un cuaderno de Leonardo. Entones también realizó un proyecto para restaurar la fachada de San Lorenzo. El Pontífice aprovechó la estancia para celebrar un concilio que duró una semana. A mediados de diciembre continuaron su viaje hasta Bolonia.

LEONARDO FUE NINGUNEADO EN SUS AÑOS JÓVENES

Hacia 1.478 comenzó a explorar caminos propios, por ejemplo, la relación de dependencia entre movimiento y narrativa, así como las posibilidades del claroscuro a la hora de pintar un tema dramático. Leonardo tuvo la clave para los efectos de iluminación llamado “claroscuro”, su técnica para combinar luces y sombras. Por otra parte, afinando la dicha aplicación, Leonardo también desarrolló un estilo libre, tanto para los dibujos como para pinturas, con el cual consiguió dotar de movimiento a sus figuras. Él lo aplicó novedosamente en su “Virgen de las Rocas” (1.483-85), siendo una nueva manera de tratar el predominio de la naturaleza sobre las montañas exóticas. Estaba pintando la «Virgen de las Rocas» cuando sucedió un eclipse en Milán (16-3-1.485), entonces era habitual creerlos un mal presagio. Leonardo no olvidaba que en Florencia él había sobrevivido a un brote de peste (1.479), aunque había durado pocas semanas. Dos años después del eclipse de Milán, la peste Bbubónica afectó a su ciudad adoptiva durante tres largos años.

Da Vinci casi siempre fue autodidacta, siguiendo tan solo un enfoque empírico que priorizaba la experiencia y la observación directa. Fue un innovador nato, que copió del mundo natural, gracias a lo cual dotó a sus pinturas de una poética que no sería ajena ni al interés de los científicos. Fue quien empleó la técnica del sfumato, cuyo método detalló en un “Tratado de las Luces y Sombras”, distinguiendo aquello que es claridad, de lo que es lustre, en un estilo que fue llamado “leonardesco”. Como dicen los expertos: «Leonardo Da Vinci Trabajó la calidad, la cantidad, el modo y la forma, y separadas en: primitivas, reflejadas y derivadas».

Al faltarle una buena formación en latín, los investigadores posteriores lo ningunearon, pues ignoraron, por ejemplo, que Leonardo se interesó por calcular la solidez de las vigas, estudiando, desde formulaciones matemáticas sobre la flexión, hasta definir leyes -aunque imperfectas- en relación a la elasticidad, en el caso de tratarse de vigas diferentes. Su interés por las matemáticas, tenía como objetivo: «Comprender el orden del mundo, siendo lo que nos debe importar. Se vive con el ansia de aprender siempre, pero no es solamente conocimiento, hay que valorar su propósito». Leonardo buscaba el canon que le ayudara a entender las leyes cósmicas; aquellas que, a través de las proporciones, gobiernan todo lo visible e invisible.

La alternancia cíclica de la historia también hace evidente que: el orden surge del “periodo del caos”. Caos, que, según Alexandre Deulofeu, en su “Matemática de la Historia” (1.934), socialmente lo sufrimos ya. Una semejante idea, Leonardo ya expresó en el meollo de su obra “La Gioconda”. El péndulo tiene el movimiento contrario, de manera que: «Debajo de una realidad, aparentemente tranquila y asentada, existen fuerzas que pueden irrumpir en cualquier momento«. Esta idea, de doble sentido, retrata los tiempos turbulentos de la Italia en la que Leonardo había nacido, así como las tribulaciones que siguieron, pues, los gobernantes laicos y católicos conspiraban unos contra otros constantemente.

El genial toscano, como todos, tuvo su “vida secreta” (no la pública, ni la íntima), que le hacía guardar todo tipo de objetos y vestidos. Giorgio Vasari lo explicó, aunque probablemente exagerándolo. Cuenta que el joven Leonardo lucía: «(…) un gorro hecho de serpientes, la más extraña y extravagante invención que jamás se pueda imaginar; o un monstruo que realizó Leonardo poniéndolo sobre una rueda de madera, como venganza a un amigo de su padre que le había pedido que hiciera una pintura de ella. (…) Para estos casos, tenía en una habitación con multitud de animales, utilizándolos para componer sus apuntes y dibujos. Pero en aquella estancia apestaba el hedor de los animales muertos, Leonardo no lo olía, por el gran amor que tenía por el arte». Su afición por este tipo de metamorfosis, le llevó incluso a realizarlas, en vivo, experimentando con animales.

Según Giorgio Vasari: «(Leonardo) con mezcla de plata, sujetó a la espalda de otro lagarto vivo, que era rarísimo, escamas arrancadas a otros lagartos. Lo encontró en el viñedo de Belvedere. Las escamas temblaban al moverse cuando caminaba, proporcionándole (además) ojos, cuernos y barba, domesticándolo y teniéndolo en una cajita, y todos los amigos a los que lo mostraba salían huyendo de miedo». Lo cierto es que, mi muy querido personaje inolvidable, rechazó la soberbia de los sabios, anclados en los conocimientos antiguos. Solo tomó lo que le pareció razonable, pues le parecía insuperable aquella frase de Sócrates: «Conócete a ti mismo». No los ignoró, pero lejos del atavismo, Da Vinci los superó. En su modus vivendi de artista pluridisciplinar, se catapultó porque supo aprovechar las ventajas de una época extraordinaria.

SU BÚSQUEDA DE “LO ABSOLUTO”

Da Vinci estuvo fascinado por las ideas de “lo absoluto” y “lo universal”; pero en realidad, hasta que colaboró con el fraile Pacioli, sus conocimientos de matemáticas fueron solamente prácticos, con las limitaciones propias de los “abacistas” de su tiempo. Lo suplió con sus muy audaces conocimientos del cuerpo humano, porque nunca olvidaba que incluso la gestación sigue ciclos fijos (la femenina: nueve meses; la de la especie asina, etc.). Claro que, su mayor mérito se lo proporcionó el descubrimiento de la perspectiva. La aplicó con sutil precisión, al dibujar los planos semi-cenitales de paisajes y proyectos, así como en la aplicación de mecánica y la geometría euclidiana. Su podría decir, que Leonardo poseyó la innata capacidad de transformar los objetos tridimensionales, dibujándolos sobre una superficie plana, con cuyo descubrimiento, abrió la pintura a una nueva Era. Lo dejó claro: (...) Es la reina de todas las ciencias, comunicando el conocimiento a todas las generaciones del mundo (…) El pintor producirá imágenes de poco mérito si toma las obras de otros como guía“.

La perspectiva lineal fue abandonada, sustituyéndola la aérea, con un “punto de fuga”, lo cual, en sus más famosos cuadros, le permitió representar mucho mejor el fondo panorámico del horizonte. Quizá también, su nivel de física fuese limitado, a pesar de ser la figura más fascinante del Renacimiento, porque al dibujar con un nuevo sistema de representación gráfica, prefirió su perspectiva, a la geométrica de los “Quattrocentistas”, a los cuales superó. Observemos sus maravillosos cuadros, siempre con la osadía de buscar el máximo perfeccionismo, pues todo lo observaba con su intransigente ojo crítico: Los ojos son las ventanas del cuerpo humano, y a través de ellos, el alma contempla y goza de la belleza del mundo.

En cuanto a la ciencia química, destacaré su perfeccionamiento del alambique. Dos de sus colaboradores, Francesco Rustichi y Zoroastro de Peretola, tuvieron fama de alquimistas, comentando sus experiencias con su Maestro. Es lo que explica que Leonardo también dispusiese de herramientas adecuadas en su laboratorio pre-farmacéutico, dado que algunas fórmulas nos alivian, empezando por el bicarbonato sódico, mientras que otras nos sorprenden, como el calentamiento del mercurio.

Entre sus posesiones se le encontraron dos tratados de alquimia, porque él, más que nadie, vivía para la experimentación. Da Vinci fue capaz de entender, que la verdadera Gran Obra se realiza en el propio interior, así como comprendió que la vida “iba en serio”. Además, en las Cortes donde trabajó, tales conocimientos estaban “de moda”, y se exigían a cualquiera tenido por sabio. No obstante, íntimamente Leonardo abominó de la transmutación de los metales y la astrología, a no ser en un sentido figurado. Escribió: Vale más una pequeña certeza que un gran engaño. (…) Médicos y alquimia no son de fiar. (“Aforismos”: 29 y 62 respectivamente). No obstante, Leonardo aprovechó ciertos aspectos de la alquimia. En su búsqueda del “conocimiento completo”, redactó fórmulas químicas con substancias muy poco conocidas por sus contemporáneos. El muy honorable toscano, también en dicho campo de experimentación, fue más que talentoso. Su prudencia le hizo escribir: ¡Oh, investigadores del movimiento perpetuo, (…) idos en compañía de los inventores de la fabricación del oro. “Aforismos” (299).

GIORGIO VASARI CONOCIÓ MAL A LEONARDO

Giorgio Vasari, el primer biógrafo de los artistas italianos (que alcanzó una gran fama al servicio del duque Cósimo II), al presentar a Leonardo treinta años después de su muerte, opinó que el gran genio florentino: trabajaba poco. Lo cual no es verdad, pero trascendió la escasa capacidad de trabajo de Leonardo Da Vinci, cuando lo cierto es que, paradójicamente, fue el más trabajador de los mortales. A Leonardo lo que le sucedía, es que estaba constantemente iniciando nuevos proyectos, y descuidaba otros ya comenzados. Por otra parte, Da Vinci fue muy perfeccionista y autocrítico con sus propias obras, por lo cual algunas quedaron incompletas.

Yo abomino de la dicha opinión de Giorgio Vasari, pues el tiempo ha demostrado que mi biografiado, cuya absorbente personalidad produce estupefacción, dejó una tan ingente, como diversas fueron sus aportaciones en múltiples campos del saber. Su excelsitud no deja dudas de que era un emprendedor nato, desarrollando siempre sus trabajos, con gran perfección técnica y artística. Es bien sabido que las opiniones de Vasari no siempre fueron fidedignas. Además, dejando aparte su demostrado subjetivismo, muchas veces pecó de parcialidad. Como lo prueba la “Segunda Edición” de su libro “Vidas… ”, pues tuvo que eliminar una frase que ponía en duda la religiosidad de Leonardo Da Vinci.

Giovanni Paolo Lomazzo, conoció personalmente a Giovanni Francesco de Melzi, heredero de Leonardo, quien, gentilmente, le permitió examinar la producción vinciana, en su poder. Gracias a ello, tenemos algunas noticias sobre ciertos ejemplares hoy perdidos. Del insigne y genial maestro, son muy interesantes los comentarios registrados en sus obras: “Trattato dell’Arte della Pittura” (1.584), “Idea del Tempio della Pittura” (1.590), y “Della Forma delle Muse” (1.591). El primero de los citados, se formó ordenando un montón de páginas sueltas encontradas después de su muerte. Se publicaron en el siglo XVII, siendo suficientes para considerar a Leonardo tan científico, sino más, que los que se han escrito con letras de oro ellas páginas de la Historia.

En realidad, Leonardo siempre pensó más en la ciencia que en el arte,… pero tenía de comer cada día. El hábito de Da Vinci, de iniciar proyectos y no acabarlos, la explicó él mismo cuando aconsejaba a sus discípulos: No perdáis el tiempo en algo que no os interese. Lo cual coincide exactamente con mi propia opinión, pues yo podría hacer una lista larguísima de los hábitos que reprocharía a las multitudes, si creyese que les iba a servir de algo.

Técnicamente, al Leonardo pintor, también se le debe valorar que desarrollase nuevas técnicas, , como el sfumato y el claroscuro. Referente a la primera, el historiador del arte Ernest H. Gombrich, afirmó que era: «La famosa invención de Leonardo». Consiste en difuminar el perfilado de los contornos, lográndose una mayor profundidad y más realismo pues logra fusionar las personas con la naturaleza que las circunda. El propio Leonardo la definió: «Sin líneas, o bordes«; y habría podido añadir: Resultando un efecto casi tridimensional, dado que su meta era trascender la realidad visible. Las investigaciones de Da Vinci, le decidieron a presentar sus obras pictóricas sin el perfilado contorno de los pintores del arte románico. En sus muchos viajes por Italia difundió ambas técnicas, influyendo en los jóvenes pintores, a los que invitaba a ejercer un proceso creativo intuitivo. Leonardo dejó muy claras las ventajas de aplicar los principios de la complejidad, para oponerse al caos con la incertidumbre.

FOTO: VARIAS IMÁGENES DE LEONARDO DA VINCI

Referente al aspecto de Leonardo, en plena potencia física, concuerda con lo escrito por Giorgio Vasari (1.511-1.574) en su libro: “Vida de los más prestigiosos pintores de Florencia”; después de alabar su genialidad, lo describió: «El esplendor de su aire, pues era bellísimo, hacía desaparecer toda tristeza. Era alto, rubio, de ojos azules, y tan fuerte que podía enderezar una herradura con su mano derecha, y repeler cualquier agresión (…)». Leonardo Da Vinci en su edad adulta, sabemos que pudo haber parecido un árbitro de la elegancia y de los buenos modales; pero es que además, Leonardo, siendo de porte alto y atlético, parecería un artista de los que en la segunda mitad del siglo XX triunfaron en el cine interpretando escultóricos galanes.

Según consta en la biografía “Anónimo Gaddiano” (1.540): «Leonardo Da Vinci era una persona bien parecida, proporcionado, gracioso y con buena planta. (…) Tenía una bonita cabellera, que le llegaba hasta la mitad del pecho, con rizos y bien peinada. Vestía una túnica rosa, que solo le llegaba hasta las rodillas a pesar de que era moda llevarla larga (…). Por otra parte, según R. Monti (1966): Leonardo tenía una lucidez sobrehumana. (…) De Leonardo emanaba una serenidad olímpica; (…) quienes lo conocieron atestiguaron que su apasionada humanidad quedó reflejada en sus actos. Con sus dotes de persuasión sabía inclinar a los demás a sus deseos».

Ciertamente, existen diversos testimonios de su innata amabilidad, locuacidad y capacidad oratoria, pues conservó su carácter abierto, de forma que empatizaba con cualquiera. La realidaddominante a lo largo del día no es la realidad objetiva. Quien se lo proponga, puede ser el propio escultor de su mente. El sabio rey Salomón lo dejó escrito: «(…) las religiones que adormecen. La monotonía de los ritos produce sueño, pero la persona espiritual puede trascenderlos notando en ello una liberación porque el espíritu triste, seca los huesos». Leonardo fue un hombre muy erudito que al leer la Biblia, habría valorado la frase de Salomón cuando afirmó que: “Un espíritu triste seca los huesos (…)“.

Es evidente que mi biografiado lo meditó, porque descubrió más cosas que nadie, lo cual es propio de la persona espiritual porque, siendo más responsable se asumen las consecuencias de los propios actos. No podemos dudar de que cuando Dios concedió el raciocinio y el intelecto a los humanos, incluyó la obligación de usarlos en su propio beneficio. Con razón mi biografiado escribió: «Miserables mortales, abrid los ojos». Con ello pretendió abrir las conciencias porque pudiesen calibrar sus intenciones. Si a todo ello se considera que recurrió a la persona de «el Precursor», es muy probable que Leonardo fuese un neo-sanjuanista.

Por lo dicho, y por otras opiniones semejantes, hay que suponer que Da Vinci enamoraba a todos con su sola presencia, pues además de ser un hombre afable y virtuoso, no hay mayor atractivo que manifestar el gobierno de uno mismo al expresar sus pensamientos con rigor. Probablemente heredó sus magníficos genes de su padre, dado que se casó cuatro veces, y aunque ser Piero tuvo once hijos, el único que heredó legalmente fue el llamado Antonio. Referente a la opinión de Leonardo sobre la paternidad, la transmitió con meridiana claridad, al responder epistolarmente a su hermano, cuando éste le comunicó haber sido padre. Le contestó así:»Te felicitas por haber engendrado a un enemigo vigilante, que volcará toda su energía en alcanzar una libertad a la que solo accederá a tu muerte».

Es decir, que no le vio ningún beneficio al hecho de procrear. Su verdadera riqueza, aquella de la que el mundo se benefició, fue su dominio de una muy vasta creación multidisciplinar. Para conseguirlo, la gran ventaja que tuvo Leonardo sobre el resto de los mortales, también debió de ser su inquebrantable salud de hierro, así como su entusiasmo y vigorosidad en todo cuanto emprendía. En la pintura, como en la escultura (artes que él reconoció dominar por igual), reveló su preferencia por la vivacidad de los gestos, superando lo que había conseguido su maestro Andrea del Verrocchio.

El lenguaje del cuerpo, según el inmortal genio toscano: «Es el movimiento, seguido del aliento. Lo cual debió de aprenderlo por extraer sus temas directamente del natural». Fue un innovador, que se concentraba en la búsqueda de la expresividad física de las formas que pintó y esculpió. Con el paso del tiempo, Leonardo, de entre los artistas, no solo fue influyente, sino también muy plagiado, pues verdaderamente él iluminó el intelecto del mundo en que vivió. A pesar de ello, sus geniales obras de arte tan solo las realizó como un medio para poder continuar sus estudios científico-filosóficos, única meta de su existencia.

LOS MÉDICI, LOS MECENAS MÁS RICOS DE FLORENCIA

Gracias al generoso mecenazgo de Lorenzo de Pier-Francesco de Médici, alias “el Magnífico” (1.449-1.492), se encauzó en Europa el humanismo. Florencia se situó en la cima del pensamiento filosófico, al haber puesto el Duque su inmensa fortuna familiar al servicio de las artes, la ciencia y la literatura. Lo hizo posible, su iniciativa de utilizar las artes como propaganda; no obstante, sería ingenuo creer que llegó a ser el mecenas, por excelencia, por altruismo, ya que, en el fondo, toda la dinastía de los Médici pretendió inmortalizarse a través del mecenazgo y la banca. Dicha línea de actuación, los Médici la seguían desde Juan de Bicci (+1.429), por lo que, hasta morir Lorenzo, poseyeron filiales comerciales en Nápoles, Roma y Venecia; así como en otras partes de Europa, siendo Barcelona el puerto más interesante después del revulsivo descubrimiento de América.

El arte del Renacimiento italiano, tuvo su origen en la combinación de elementos flamencos, con reminiscencias del arte clásico. Al mantener, los florentinos, relaciones con Flandes -que era el otro gran centro de las artes en Europa-, la rica familia de los Médici, a través de sus bancos en muchos países, hizo cada vez más poderosa la ciudad de Florencia a nivel europeo, hasta convertirse en una metrópoli de altas finanzas. Las relaciones de Leonardo con los todopoderosos duques Médici, de Florencia probablemente debieron de remontarse a cuando Leonardo, en la cárcel, se relacionó con un compañero aprendiz, familiar de Lorenzo de Médici. Leonardo, sabiendo el descrédito que arrastraba por su encarcelamiento, ya no esperaba respuesta a su misiva, después de tanto tiempo. La sorpresa de ver atendida por el duque su solicitud de un encargo, tuvo que asociarla a la recomendación de su amigo Botticelli (empleado desde 1.475).

Lorenzo esperaba la ocasión para ofrecer el talento de los artistas florentinos a los gobernantes que le eran vecinos, de forma que Verrocchio trabajó para los hermanos; Pollaiulo para los romanos y Leonardo fue cedido a los milaneses. A pesar de ser Lorenzo “el Magnífico” banquero, comerciante, mecenas y señor “de facto” de Florencia, era una persona culta, refinada, de maneras sencillas que vivió con sobriedad, procurando no suscitar envidias a los demás. A Leonardo tales virtudes le interesaron mucho, pues incluso la historia informa de que aquel talante era característico de aquella familia, de modo que también lo heredaron sus descendientes, empezando por sus tres hijos.

Su esposa fue Clarisa Orsini, de las más poderosas y aristocráticas familias locales, con la que tuvo siete hijos, uno de los cuales fue Sumo Pontífice. Lorenzo de Médici se había casado con muy gran pompa, seguida de espectáculos populares, un torneo y un banquete, para obsequiar a sus súbditos. Leonardo debió de esforzarse mucho para agradar al mayor mecenas del arte del Renacimiento, el duque Lorenzo “el Magnífico”. Consiguió que confiase en él, y le encargó pintar un cuadro para el altar de la capilla de san Bernardo (llamada de la Dominación), situada en el “Palacio del Pueblo” (La Signoria de Florencia). Era la misma sede del gobierno, donde su estimado padre había trabajado de notario. Leonardo debió sentirse eufórico cuando firmó las condiciones estipuladas para realizar la dicha obra: (…) con ornamentación, calidad, modo y forma, y por el precio y demás conceptos, según y cómo se declarará por los operarios de dicho palacio. (Contrato firmado el 10-1-1.478 en Florencia, Archivio di Stato. Signori e Collegi, Deliberazioni in forza di ordinaria autorità, 94). Aquel año, el aprendiz Leonardo alcanzó la maestría.

Se equivoca quien crea que fue Lorenzo “el Magnífico” quien construyó, y decoró, el centro de la ciudad de Florencia, tal como todavía hoy podemos admirarlo, pues, en realidad fue el gran duque Cosme II, nacido el mismo año que murió Leonardo. Posteriormente, el Ducado lo regentaron una serie de políticos mediocres, que arruinaron a los mecenas y a sus bancos, porque “el Magnífico”, a partir de un momento dado, se había entregado en cuerpo y alma a sus tareas de magnánimo humanista, que caracterizó aquel periodo coyuntural. En efecto, el Humanismo, que se gestó fuera de las universidades, se apoyaba en los clásicos griegos y romanos, pero rechazando su dialéctica. Los dos instrumentos socializadores fueron, la biblioteca y la imprenta; de forma que, aquella corriente intelectual, se contagió como un virus, y al llegar a las matemáticas sería la gran “Revolución Humanista”. Pero a Lorenzo “el Magnífico”, pronto le cayó encima otra revolución que no esperaba.

“IL BELLO”, Y SIMONETTA, LA “REINA DE LA BELLEZA”

Previamente, a mediados de la década de 1.470, se había vivido una relativa paz, y estabilidad, tanto para Lorenzo como en toda Florencia. La riqueza de los Médici, y su papel en la creación de la “Liga de 1.474”, quedó reflejada en las citadas fiestas, que fueron como una “primavera” política. Alcanzó su ápice, en una apropiación popular de la antigua tradición que identificó a Florencia como una mujer hermosa, floreciendo como una flor. La asociación entre Florencia y la floración, se remonta a discusiones medievales sobre los orígenes del nombre de la ciudad, construida en el sitio de un prado lleno de flores floridas. El mito de la “Florencia Florida”, o “floral”, se hizo imparable. En 1296, la nueva catedral, de la nueva Florencia, fue oficialmente llamada Santa María de las Flores.

FOTO: ALGUNOS PERSONAJES AMIGOS DE LEONARDO

Desde que Leonardo empezó a trabajar, como artesano, para Lorenzo, Da Vinci, había confraternizado con su hermano Giuliano “Il Bello”. Le gustaba verlo pelear en las lizas, porque se presentaba cabalgando sobre un engalanado corcel, y protegido con una brillante coraza. En ciertos torneos, su reluciente armadura “de fiesta”, estaba ostentosamente adornada con resplandecientes piedras preciosas. Giuliano, organizó un certamen de belleza, para homenajear a la bellísima joven Simonetta Cattanei Vespucci (1.453-1.476), casada con el rico comerciante florentino Marco Vespucio (pariente del navegante, y gran explorador, Américo Vespucio), de quien, ella, al casarse, tomó su nombre. En su honor, “el Bello” peleó en un torneo, en la plaza de La Santa Croce (28-1-1.475). Durante aquella festiva justa, Leonardo disfrutó, observando los alardes caballerescos de su noble amigo.

Las fiestas terminaron con un sonado concurso de belleza; y, tal como se esperaba, ganó Simonetta (de veintidós años de edad). Se la proclamó: “el prototipo ideal de mujer florentina, y reina de la belleza”. Tal distinción -casi de diosa-, no solamente complació al hermano del duque Lorenzo, sino a Sandro Botticelli, quien también la amaba en secreto (era su musa, y la pintaba). Leonardo Da Vinci, durante aquellos años era del mismo grupo de amigos. Ella estaba casada, pero siempre fue una mujer que enamoraba, por su simpatía, modales, esbeltez y angelical rostro de ojos azules, así como su larga cabellera rubia. Simonetta, sobresalía de entre todas las aspirantes que se presentaron al concurso en la ciudad de Florencia. Sin embargo, a ella, Leonardo jamás la pintó. Con su amable trato, Simonetta tenía a todos los florentinos enamorados, siendo la encarnación del orgullo de los toscanos. Todos vieron en su belleza y gracia, la supremacía cultural de su ciudad, ya fuese como floral «Donna Fiorenza«, o cual, una estrella rutilante del firmamento.

Simonetta Cattanei Vespucci, fue oficialmente reconocida representante ideal de la ciudad. Después de recibirlos tributos habituales a su belleza, castidad y nobleza, asistió mu engalanada de primavera en varios actos públicos. Definitivamente, la bellísima Simonetta, que había enamorado a hombres y mujeres, resultó ser capaz de soldar el orgullo y la gloria de Florencia, con la reputación personal del duque Lorenzo. Políticamente, Lorenzo se esforzó para que ella representase: las evidentes mejoras que la ciudad había alcanzado gracias a su magnánima beneficencia. El duque en persona, compuso poesías loando su belleza; siendo su oda, la más recordada de aquel evento. El duque Lorenzo utilizó su «Sonetos a Simonetta» para remodelar su propia imagen, a la luz de los desastrosos eventos de 1478-1480, y  para crear una visión de armonía cívica.

Simonetta había fallecido tuberculosa, a los veintitrés años, cuando más estaba siendo solicitada como modelo por varios pintores, quienes, después de muchos años, todavía la seguían pintando. Mientras vivió, alegró la vida de miles de sus conciudadanos. De su entierro también se escribió mucho, pues la esposa de un comerciante, acabó erigiéndose como la representante icónica de la Florencia. Botticelli consiguió inmortalizarla en sus cuadros para el gozo de todas las generaciones.

Al describir el impacto social por la muerte de Simonetta, el duque se retrató a sí mismo, no como el poderoso hermano mayor de su «amante», Giuliano (a quien nunca menciona); al contrario, se presentó como un ciudadano más de los muchos que fueron conmovidos por la muerte de una tan bella, virtuosa y amada (591-592). Él afirmó que, al escribir su ‘Soneto a Simonetta», su deseo era solo de «acompañar» los escritos de aquellos que ya habían ejercitado sus talentos literarios al loarla. Se iniciaba una nueva «Edad de Oro», abriéndose con el triunfo de Simonetta Cattanei, convertida, en efecto, en la «estrella» y musa de la poesía florentina, que arde cada vez más en la Toscana Laurentiana.

La descripción del funeral de Simonetta Lorenzo de Médici lo utilizó para loar la unidad florentina. Lorenzo describe el evento enfatizando el hecho de que el cuerpo de Simonetta fue llevado descubierto hasta su tumba -en la iglesia de Ognissanti-, así como el impacto que el desfile fúnebre causó en sus emocionados conciudadanos Lorenzo afirmó. El cuerpo de Simonetta conmovió hasta hacer llorar a todos aquellos que consiguieron verla. (…) Los que la conocieron -continúa- quedaron impresionados por su aún mayor belleza en la muerte. Las obsequias de Simonetta, se convirtieron en el punto focal de lo que Lorenzo llamó: ‘Dolore molto universale e comune’.

Lorenzo se presentaba como el «portavoz» desinteresado del dolor de la ciudad, motivado: No por una «privata e grande passione», sino por el deseo de conmemorar ‘uno dolore e compasión che molti e molti altri mosse nella città nostra«. Pero Simonetta inspiró a muchos otros, entre ellos a Giovani (hermano de Lorenzo “el Magnífico”), pues, aunque estaba casado, se había enamorado de ella, hasta el punto de dajar escrito que, en caso de morir, debía ser enterrado a los pies del sarcófago de Simonetta.

La “Oda a Simonetta”, del poeta Poliziano, nació de la necesidad de alardear de la política y cultura de Lorenzo “el Magnífico”, de quien era secretario. Era un pseudo-cortesano, muy erudito, que la escribió para reflejar que Lorenzo había sido el creador de una ciudad artísticamente próspera. En su obra transformó a Simonetta en la encarnación de la Florencia ideal, y Botticielli parece que pintó descriptivamente lo que glosó Poliziano, pero entrando en detalles: Sus ojos (de Simonetta) brillan con el fuego de las antorchas de Cupido (I.44,1-2). La naturaleza alegre de Simonetta es tal, que la dulce serenidad de sus ojos calman el aire a su alrededor(…)  Ella se ilumina con «un sì dolce e vago riso» que podría mover montañas, o detener el sol en sus pistas (I.50.2); y en todas partes la sensualidad ingrávida de sus movimientos“. (Revista «Poliziano 1.976b: 131).

Otros poetas, como Sardi, la glosaron con mayor realismo, pues Simonetta dejaba de ser la ‘Donna Fiorenza”, o la “Estrella de Venus”, habría sido una mujer adúltera, cuya muerte fue el resultado directo de haber traicionado a su esposo. Por lo visto, Sardi supo que existió algún tipo de «relación» entre Alfonso de Aragón y Simonetta. Se remitió a los poemas que Luigi Pulci y Francesco Nursio Timideo dirigieron al heredero napolitano cuando Simonetta murió, pero ellos no escribieron nada de la naturaleza de la supuesta conexión. Esto significa que el trabajo de Sardi es la única fuente sobreviviente, prevaleciendo los iníciales tributos a la bella Simonetta, incluida su castidad. Sus elogios quedaron recogidos en poemas, íntimamente conectados con el contexto histórico de mediados de la década de 1.470, de grandes logros artísticos. Los florentinos de entonces, fueron beneficiarios de calma social; pero tan solo era una frágil apariencia de paz. La situación política provocó un “matarile” en Florencia, llamada la “Conjura de los Pazzi”, cuando Simonetta ya había fallecido.

CONJURA DE LOS PAZZI, UN INTENTO DE MAGNICIDIO EN FLORENCIA

Florencia entonces era una de las ciudades más grandes de Europa, siendo reconocida el núcleo del movimiento renacentista. Leonardo vivió allí cuando era una ruidosa y ajetreada ciudad de cuarenta mil habitantes, con una tumultuosa, y a veces peligrosa vida nocturna, así como por gestarse revoluciones sociales. Fueron tiempos realmente convulsos, cuando la unidad de Italia aún quedaba muy lejos. Las correrías del joven Leonardo, entonces fueron tan numerosas, como sus facetas creativas. Su fértil mente, y libertad de pensamiento, propio del espíritu renacentista, lo estaban convirtiendo en un artista irrepetible.

En el siglo XV Italia era un lugar especialmente violento, y en ninguna parte fue más terrible que en la república de Florencia, donde dinastías mercantes rivales luchaban contra ciudades-estado vecinas. En noviembre de 1.474, se fundó una liga entre Florencia, Milán y Venecia, gracias a cuya estabilidad, Lorenzo  de Médici se dedicó de lleno a la vida cultural. Así, entre los años 1.472-1.475, el duque alcanzó una vasta reputación como experto coleccionista de arte antiguo. Con tal de poder exhibirlo, compró un gran jardín (donde hoy está la Piazza San Marco), a fin de llenarlo de esculturas de Miguel Ángel, quien, en el dicho espacio, aprendió su oficio desde muy joven, trabajaba para el duque. La calma social se mantuvo entre 1.475 y 1.477, gracias a que Lorenzo de Médici tenía un don especial para la «gestión de imágenes». Pero aquellos años también fueron un caldo de cultivo para tensiones entre los florentinos, que terminó con la “Conjura de los Pazzi” en la misa de Pascua en la catedral de Florencia, Santa María del Fiore (26-4-1.478).

Dicha conspiración política estalló cuando los banqueros de la competencia, apoyados por el pontífice Sixto IV, se confabularon, argumentando que los Médici les restringían su expansión. (Es extraño, pues en 1.471 el Sumo Pontífice había confirmado los beneficios bancarios de los Médici, si bien tres años después los traspasó a sus rivales de la familia Pazzi). Lorenzo de Médici salvó su vida porque su íntimo amigo y colaborador Francesco Nori lo cubrió con su cuerpo. A su hermano muy Giuliano. llamado “el Bello”, que era un año menor y muy bue amigo de Leonardo, no tuvo quien le librase de recibir diecinueve puñaladas. Fue un magnicidio; un intento de golpe de Estado a escala de la gran capital toscana. Además del Papa, estuvieron implicados tres príncipes de la Iglesia, de alto rango: un cardenal y un arzobispo; a los cuales ayudaron otros eclesiásticos.

Por otra parte, se previno una fuerza armada, que esperaba, en la plaza del Duomo, a que dos sacerdotes asesinasen al oficiante de la misa, justo en el momento culminante de la misa cuando el oficiante levantó la sagrada Hostia. Los confabulados fueron: Bandini Baroncelli y los sacerdotes Antonio Maffei y Stefano Bagnone, debido a que un veterano hombre de armas escogido, se negó a realizar un acto criminal tan execrable.

No se puede comprender bien la figura titánica de Leonardo Da Vinci, sin tener en cuenta la globalización de su pensamiento, pues evolucionó desde indagar el oculto mecanismo de las cosas, para luego ocuparse de su organización, y acabar analizando la energía que las penetraba. Tanto si lo notamos como si no, es obvio que la energía cósmica todo lo alimente. En Florencia había una Academia Platónica donde se enseñaba la búsqueda de la iluminación, a través de la perfección. Aquello tuvo resonancia en algún órgano de la mente del futuro gran genio toscano, puesto que siempre había entendido el universo como un ser vivo en movimiento; y tan palpitante, como los seres que crea incesantemente nuestro mundo. Da Vinci se propuso ser escultor, también de su propia mente, mediante un riguroso aprendizaje. Sabía bien que el cerebro puede ser educado incrementado su potencial, es decir, aumentando su funcionamiento, lo cual repercute en aportar al experimentador grandes beneficios estructurales. Del cerebro humano, siempre se ha dicho: Úsalo, o piérdelo”.

FOTO: EXPERIMENTARLO TODO… Y LO MÁS POSIBLE

Recordemos que Leonardo, de no haber nacido ilegítimo, no habría podido eludir la tradición familiar de ser también un notario. Aunque no fue a la escuela, el pequeño Da Vinci debió de recibir una buena educación por parte de su abuelo, y de su padre. Ellos y su tío Antonio, le enseñaron latín y griego, idiomas que eran la base de la enseñanza tradicional. La frustración del joven Leonardo por no poder estudiar en la Academia de Florencia, le hizo valorar prematuramente que los estudios son un lujo, algo que muchos hoy pueden morir sin haberse dado cuenta. Para Leonardo, era indignante que un hijo bastardo del alcalde fuese arcipreste y secretario del Papa; quien, por cierto, en el Vaticano nombró cardenales que, como mi biografiado, habían nacido ilegítimamente. 

Paradójicamente, tanta injusticia social en él, lejos de desanimarle, obró el efecto contrario. Leonardo no pudo desempeñar una profesión respetable, siendo algo que nunca digirió del todo. Tan pronto pudo, proyectó la creación de un centro cultural en Milán  (Vinciniana), pero décadas después, aquella ilusión se vio frustrada. Él mismo había elegido su logo, consistente en dibujos geométricos enlazados, en cuyo centro había la inscripción: «Academia Leonardo Da Vinci», facilitándole su trazado los «diseños de nudos», habitualmente en forma de Mazzocchio (al que yo llamé Onutoro, por haberle ampliado su utilidad de simple salvavida, o neumático).

La publicación de obras impresas era un invento maravilloso y muy útil que se expandió primero en Italia (en vida de Leonardo ya había cientos de miles de libros), y después a toda Europa. Empezó a utilizarse en Venecia, donde Leonardo hizo imprimir su logo,  intercalando “ACHA. LE. VI” en su diseño de 1.490, dada  la facilidad de los logotipos móviles que -procedentes de Alemania- se llamaron Imprenta.

El hecho de que su ortografía fuese caótica (pues mezclaba el italiano con el latín, y ciertos dialectos locales), demuestra que su instrucción no estuvo exenta de lagunas. Sin embargo, tales limitaciones nunca obstaculizaron (y en cambio sí que alimentaron) su ansia de conocimientos. Ciertamente, no tuvo un profesor titulado para enseñarle las cuatro ciencias más importantes de su tiempo: Aritmética, Geometría, Astronomía y Música; no obstante, después de aprenderlas por libre, se encargó de clasificar sus inventos en tres categorías: Aire, Agua y Tierra.

Cualquiera, con un título universitario, que se hubiese cruzado por la calle con Leonardo, pudo creerse lógicamente muy superior a él, aunque hoy es evidente que se habría equivocado. Fue un diamante en bruto, y en su madurez fue capaz de reconocer, humildemente: «El máximo gozo está en tratar de enriquecer a los demás mediante la difusión del propio legado. Tan solo el hecho de haberlo intentado, ya nos hace sentir satisfechos». Yo así lo confirmo. Su alta conciencia, y gran ambición, fueron causa de su extraordinario genio artístico, siendo lo primero que apreciaron sus conciudadanos.

FOTO: SU BIOGRAFÍA SEGÚN GIORGIO VASARI, Y OBRAS DE DA VINCI

Seguramente, Leonardo y Atalante no asistiesen a misa, y saldrían a la calle alarmados al oír el griterío, pues en todo el núcleo antiguo de Florencia yacían heridos durante la revuelta. De hecho, fracasó, y fue porque cada varón también llevaba su espada, y una daga, colgadas de su cinturón, adornos habituales en los trajes de fiesta. Leonardo y Atalante, vieron gente llevando en sus brazos a personas ensangrentadas, y ellos mismos ayudaron a cuantos pudieron, hasta que al discípulo se le revolvieron las tripas, y tuvo que retirarse. No así Leonardo, que, sacando su cuaderno, se dedicó durante horas a dibujar las horribles muecas de aquellos que habían pasado a mejor vida.

Como nadie ignoraba que Leonardo y Atalante normalmente no asistía a la iglesia, la gente, cuando llegó el momento de buscar a los culpables, y puesto que lo veían trabajar los días festivos, los creyeron herejes dualista, siendo motivo de que aquellas habladurías zarandeasen la muy bien centrada mente de Da Vinci. En efecto, le afectó en aquel espacio común, donde se congenia la personalidad humana y responsable, con el “súper yo”, que todos tenemos como fiscalizador juicioso.

La represión inmediata fue violentísima, pues fueron asesinados en pocas horas unos cincuenta conspiradores. Al día siguiente, a ochenta insurrectos muertos, para escarmiento, los expusieron ahorcados. Algunos ajusticiados, al cabo de un tiempo, además desenterraron sus cadáveres, para tirarlos al río Arno. El asesino, Bernardo Brandini Baroncelli, fue localizado en Constantinopla. Lograron detenerlo, siendo trasladado a Florencia, donde fue condenado a ser colgado de una ventana del Palazzo del Bargello, hasta su muerte. Este castigo ejemplar, tuvo lugar en diciembre de 1.479. Su rostro horrible, fue dibujado por Leonardo con detalle, y además describió su colorística vestimenta desde una perspectiva “fotoperiodística”. Por suerte, Leonardo tan solo padeció las consecuencias colaterales del conflicto de intereses entre el Vaticano y sus aliados, que se enfrentaron contra Florencia y los suyos.

Para mayor embrollo, en 1.478 Sixto IV había excomulgado a Lorenzo de Médici por haber promovido una tan cruel venganza. Por otra parte, la “Conjura de los Pazzi” tuvo un impacto muy duradero en la ciudad. El pontífice Sixto IV y el rey Fernando I de Nápoles (que habían estado involucrados en la trama), declararon la guerra a Florencia. Ha sido en nuestro siglo cuando Marcello Simonetta, profesor de Historia y Literatura del Renacimiento, de la Universidad de Wensleyand (Connetica-EUA), descubrió que el instigador fue realmente Federico de Montefeltro, duque de Urbino, pues habría implicado al Papa y a Francisco de Aragón, rey de Nápoles. Lorenzo salió indemne, y el Papa se tuvo que conformar con permanecer en el anonimato de la autoría, durante los siguientes quinientos años.

En Florencia durante un año y medio, lógicamente  todo fue desastroso para Lorenzo. Primero, fue abandonado por sus aliados, por la decisión del Papa de excomulgarlo y poner toda su ciudad bajo un veredicto. Lorenzo “el Magnífico” respondió con un espectacular golpe de estado: Se reunió con cuarenta ciudadanos destacados, y les informó que había decidido irse a la mañana siguiente a Nápoles, entregándose a sus enemigos para terminar la guerra (5-12-1.479). Era un riesgo calculado, pues Lorenzo confiaba en que las negociaciones le serían satisfactorias, de forma que, cuando regresó a Toscana (marzo de 1.480), fue muy aclamado.

Según el historiador Francesco Guicciardini: Lorenzo no solo salió relativamente indemne de estos años peligrosos, sino que, en realidad, logró reforzar su autoridad en Florencia. Justamente aquel año 1.480 Leonardo escribió en el «Código Atlántico» acerca de como liberar prisioneros de las cárceles, y en otro escrito desarrolló un mecanismo para «abrir una prisión desde dentro«. Eran sus apuntes de cuando personalmente habría estado encarcelado en 1.476.

FOTO: LA FLORENCIA RENACENTISTA (IDEALIZACIÓN)

En vida de Leonardo la ciudad de Florencia mantuvo todo su prestigio de república comercial y financiera, gracias a tener una moneda fuerte y estar regida por poderosos gremios, los cuales estuvieron dominados por los diversos mecenas. Éstos elegían, de entre los siete distintos gremios locales, a un mandatario máximo, llamado Gonfalonieri, que lo sería a perpetuidad. Por debajo de él había ocho cargos ejecutivos (Priori) y ejercían desde su despacho en el ayuntamiento, llamado La Signoria, con sede en el Palazzo Vecchio. Tales asociaciones de trabajadores prohibían aceptar como miembros a los hijos ilegítimos. Sintiéndose afectado, Da Vinci no ocultó su pena: «Aunque yo no pueda citar autores (eruditos en general) como ellos (…) Las prendas de las que alardean no se deben a su esfuerzo, sino al de otros, y ni siquiera me conceden a mí mostrar las propias».

En realidad, Leonardo Da Vinci nunca fue debidamente comprendido por sus contemporáneos. En cambio, en los siglos siguientes fue considerado el paradigma del «Homo «Universalis» (como el «Hombre de Vitruvio», que él mismo dibujó), porque fue el sabio renacentista más versado en todos los ámbitos del conocimiento. Acerca del Renacimiento italiano, Jacob Burckhard (1.800) escribió un interesante punto de vista: Fue una Edad de Oro” para los hijos bastardos. Pensaba en los del Papa Alejando VI; pero de entre los muchos parásitos, como positivo, hay que incluir a Leonardo Da Vinci.

Por haber creado incansablemente, Leonardo Da Vinci se erigió sin saberlo, en un globalizador, al ser el mayor artífice de uno de los periodos de la historia con más avances tecnológicos. Los rasgos que lo definen son: Rechazo a la autoridad y la afirmación por la experiencia; pues según escribió: «Están plagadas de errores aquellas ciencias que no hayan nacido de la experimentación, madre de toda certidumbre. (…) Muchos piensan que es razonable culparme, alegando que mis pruebas se oponen a la autoridad de ciertos hombres, celebrada en la más alta reverencia por sus juicios inexpertos, sin considerar que mis obras son el tema de la experiencia pura y simple, que es la amante de verdad. Estas reglas son suficientes para que se pueda diferenciar la verdad de lo falso –y esto ayuda a los hombres a mirar sólo las cosas que son posibles y con la debida moderación– y que no se envuelva uno en la ignorancia, una cosa que no puede tener buen resultado, por lo que, por desesperación, uno se entrega a la melancolía». Recomiendo al lector hacer un recorrido urbano por los sitios que conoció Leonardo en Florencia, ciudad donde, en el Palazzo Vecchio, en 2019 hubo una exposición titulada: «Leonardo da Vinci y Florencia. Páginas escogidas del “Codex Atlanticus», prestadas por la Biblioteca Ambrosiana de Milán.

CON HONESTO ESFUERZO, LLEGARÍA AL FONDO DE SU MENTE

Leonardo Da Vinci no fue un hombre de letras, pero era depositario de un innato ingenio superlativo, y tuvo a su favor que, al emprender un estudio, era realmente paciente y perfeccionista. Para Leonardo, existía una unión eterna entre la ciencia, la técnica, la filosofía y el arte. Hay un aspecto poco conocido de su obsesión por la óptica, que estudió a fondo, con el fin de comprender la naturaleza de la luz y de las sombras, tratando siempre de aplicar un conocimiento científico a sus pinturas. Según el sabio criterio del polifacético artista florentino: No debía existir separación entre el arte y la ciencia», como no la hubo en el curso de sus principales investigaciones acerca de temas muy variados. En realidad, Da Vinci, como si fuese un profeta de las ciencias, aunó todas las etapas del saber: La Ética con la Zoología, la Física con la Astronomía y la Estética con la Ingeniería; por lo que, dejando aparte de que tuvo, a veces, una mente dispersa, no se le puede considerar un autor fácil (y menos, de traducirlo fielmente). Además, es obvio que Leonardo despreció las normas de la retórica, y hasta de la gramática.

LA PRUEBA DE QUE LEONARDO ERA ZURDO

Probablemente Da Vinci fue ambidiestro, pero con seguridad era zurdo. La prueba está en que sombreaba sus dibujos y también sus cuadros, desde arriba izquierda en dirección hacia abajo derecha. A veces escribió como los orientales, de derecha a izquierda. Aunque quizá lo hiciese porque, al ser zurdo, le era más natural escribir de derecha a izquierda por aumentar su velocidad con la pluma, y no emborronar el papel con la tinta negra. Pasó estrecheces económicas varias veces y en sus notas de la edad madura se nos revela haber tenido una gran variedad de intereses; y hasta de supuestas preocupaciones, como las listas de compras, o por el dinero prestado.

Cecilia Frosini, historiadora del arte, analizó caligráficamente dos frases escritas de su puño y letra; una en el verso y otra en el reverso. La primera fue escrita de derecha a izquierda. Como la segunda la escribió de izquierda a derecha, deduciendo que: «Leonardo nació zurdo, pero fue reeducado en el uso de la mano derecha desde su infancia. Probablemente escribiese más cómodamente con la mano izquierda, de forma que desplazaba su pluma de derecha a izquierda». Es decir, como los orientales, cuyas filosofías Leonardo conocía bien. El libro que escribió Sigmund Freud trató de explicar que: «El más famoso de los zurdos de la historia, habría substituido el sexo por el afán de saber». Después de repasar varias opiniones, parece ser que Leonardo padeció trastornos neuróticos, pero ¿acaso alguien no padece alguno?

Da Vinci superó la carcomida gremialización de la Edad Media, al entender que todas las disciplinas estaban en sintonía, asumiendo que su tarea era la de: intentar descubrir las conexiones internas entre ellas. Su espíritu inquieto, no le permitió parar nunca. El gran genio toscano podía investigar durante largas jornadas, aun sabiendo que no le reportaría ningún beneficio económico. Vivió en un periodo histórico cuando en su ciudad se produjo una audaz renovación artística y social. En Florencia su máximo icono, es la gran bóveda de Filipo Brunelleschi, inspirada en la gran cúpula del “Panteón” de Roma. Brunelleschi hizo un alarde con su innovador método (aún se sigue investigando), pues la construyó sin armazón de madera (cimbra).

Aquella colorística catedral, había sido consagrada décadas antes de que Leonardo naciese, con idea de que fuese una “maquina” para controlar el paso del tiempo. Por la abertura circular, además de agua, entraba el “lumen” que era referirse a los rayos que calientan, iluminando las fechas escritas en las baldosas del suelo. Posteriormente el nombre de sol (exclusivamente divino), eclipsó el de “lumen”. En aquel tiempo era muy importante establecer la hora con precisión, y en la decoración interior se nota. Además, pusieron un reloj convencional, grandioso, sobre la puerta de acceso al templo.

El Duomo, aunque era visible desde todas partes de Florencia, mientras Leonardo fue aprendiz, el óculo todavía estaba sin cubrir con la transparente “linterna”, que hoy podemos vez coronada con una esfera metálica (2 m. de diámetro). No es la misma que hay actualmente, porque la original la partió un rayo el 17 de enero de 1.600. Fue un alarde técnico, que precisó muchos andamios superpuestos, y mucha fuerza, para concluir tan vertiginosa tarea con éxito. Leonardo y Verrocchio debieron trabajar muy duro para emplazarla tan alta en 1.472. Otro icono de la Florencia renacentista, son los relieves de las puertas de bronce del Baptisterio, comparables a las de las puertas de la catedral de Milán. Era muy evidente que, en aquel periodo, los artistas crecían desarrollando sus habilidades, mientras decrecían los gremios.

La concepción del mundo de Leonardo, fue esencialmente materialista y científica. Escribió: «Sólo la observación nos lleva a la comprensión. (…) todo nuestro conocimiento tiene su origen en la percepción». Fue muy valiente, pues la religión combatía la realidad cotidiana como “obra del diablo”, y todos debían avergonzarse de su propio cuerpo físico. Nuestro incansable investigador nunca tuvo miedo a cuestionarse las ideas de la Iglesia, ni a pisar caminos peligrosos. Él buscaba la Verdad, independiente del peligro que representaba. Se liberó de los cánones, estereotipos medievales, y convencionalismos a sabiendas de que habían sido aceptados por sus contemporáneos.

Toda su vida, Leonardo se vio impulsado por una curiosidad insaciable, guiándole en muchas direcciones. Él desarrolló una dialéctica filosófica, en la cual, la voluntad la consideró “energía de vida”. Lo cual, resume el significado de su propia existencia, ya que alcanzó mucho más de lo que podrían lograr varias vidas normales. Su espíritu inquisitivo no le permitió relajarse ni por un momento, pues para ello ya tendría trabajos creativos de baja intensidad, como lo fue, dedicarse, eventualmente, a montar espectáculos para las fiestas de sus mecenas.

Leonardo, en su primera etapa florentina, pintó sus obras maestras: “La Anunciación” (1.473-1.474), el “Bautismo de Cristo” en colaboración con Verrocchio (1.475-1.476), la “Virgen de la Flor” (1.475-1.476), el “Retrato de Ginevra de Benci” (1.476-1.478), la “Madonna Benois” (1.479-1.480), y la “Adoración de los Reyes Magos” (1.478; Galería de los Uffizi), que dejó sin terminar. Para ésta última, el contrato dice así: «Leonardo di ser Piero da Vinci se ha comprometido a pintar un retablo para el altar mayor con fecha de marzo de 1.481, el cual deberá ser terminado dentro de 24 meses o, todo lo más, 30 meses. En el caso de que no lo hubiese terminado, perderá cuanto hubiese hecho y nosotros (la comunidad monacal) quedaremos libres de todo compromiso y en condiciones de hacer lo que nos plazca». (Archivio di Stato. Corporazioni religiose soppresse dal governo francese, 1.40, 3, f. 74r). A pesar de su gesto de adhesión a la citada corporación, continuó su relación con el artista florentino Andrea del Verrocchio.

Trabajó a su manera, aunque tuviese que incumplir los contratos firmados. No obstante, Da Vinci obró con la mayor cautela, pues había aprendido a ser discreto desde muy joven…y de mala manera. Socialmente, hoy no creo vivir mucho mejor, porque, desnaturalizados, confundimos la ciencia con miles de manifestaciones callejeras de adolescentes manipulados por intereses políticos… e incluso particulares. Hoy, una sola persona, para conseguir sus intereses, puede hacer divulgar miles de millones de mensajes publicitarios, los cuales -aunque se sepa que son engañosos- triunfan debido a interpretarse de forma lúdica. Y para colmo, son cada vez más efectivos, gracias a los medios de comunicación de masas subvencionados. He aquí, por lo que yo sufro viendo “degenerar” la cultura, la política, etc.. Se debería reflexionar el motivo por el cual la cultura en las campañas políticas, raramente se menciona.

Corría el año 1.487 cuando Leonardo se postuló, y defendió personalmente, su proyecto de cubrir el crucero de la catedral con una torre encima de la cúpula con una maqueta a escala. Ésta sería subvencionada por el Departamento de Obras, cuyos administradores acabaron de pagarle el año siguiente. La decisión se demoró tres años, y el tribunal falló a favor de otro artesano; pero después de tanto tiempo, un cerebro en perpetua ebullición como era el de Leonardo, lógicamente ya había perdido su inicial interés cuando en 1.490 le devolvieron su maqueta. El tema que entonces le atraía enormemente era la construcción de un templete de ladrillo, cubierto de mármoles, decorado con azulejos historiados y -quizás por iniciativa de mi biografiado- se incluyó un cuarto de baño con calefacción. Se decoraba el pabellón de la duquesa de Milán en el castillo de los Sforza que tenía planta circular, siendo hoy considerado el primer proyecto arquitectónico del inmortal toscano. Lo habitó el duque de Milán después que se casó, en 1.489, con la nieta del rey de Nápoles, llamada Isabel de Aragón, cuando en aquel reino del sur de Italia entonces se hablaba español.

UNA PRIVILEGIADA MENTE MULTIDISCIPLINAR

Leonardo Da Vinci, aun siendo un hombre guapo y muy apuesto, era como los demás, pero supo gestinonar, con gran esfuerzo convertirse en depositario de un talento sobrehumano que le hizo merecedor que la posteridad le reconociese “Hombre Universal“. Por lo demás, él procuró pintar a personas que le motivaran y no a los duques, papas, reyes y altos dignatarios que solo tuviesen poder. Cuando podía renunciaba, quizá porque les captaba algo negativo. Un retratista amigo mío me comentó que, al pintar la cara de algunas personas, les veía un aura de color rojo. Leonardo también pudo tener ese don, pues sintió interés por las supersticiones. Incluso creyó en la predestinación. Sin duda tuvo una mente anafiláctica, pues tanto buscó el principio de la vida y la residencia del alma en su cuerpo, como quiso saber la dimensión del sol, o el motivo de las manchas de la luna.

Su aptitud más que ética o religiosa, fue muy científica, porque entendió que la vida es una condensación de energía capaz de sublimarse, si se medita sinceramente sobre uno mismo. La entendió como una oportunidad para colaborar con el bienestar general, dado que todos somos uno. Su ansia de humanista, intentó entender la naturaleza unida a poderes y genios ocultos en pleno bosque -tal como explicó Estabón de las tribus celtas y sus rituales-. Aquellas ideas, tan naturistas, hicieron mella en Leonardo, debido a las experiencias acumuladas durante sus primeros años de jugar, casi en soledad, en la bella campiña toscana.

Su talento prematuro, le impulsó a iniciar su propia biblioteca en 1.480, dada la necesidad de complementar lo aprendido con un mayor estimulo visual. Llegó a juntar un total de doscientos quince libros, cuyos títulos son conocidos porque los mencionó en los inventarios. En la relación que él mismo escribió de su fondo, no hay ningún apunte sobre literatura de ocio o esparcimiento, pues su disponibilidad no le inquietaba, indicando que tuvieron para él un carácter accesorio y coyuntural. Bien al contrario de aquellas obras a las que tuvo dificultades para acceder, especialmente los manuscritos. En tales casos, anotaba el nombre de quien poseía el libro de su interés, casi siempre bibliotecas.

La repetición de nombres de escogidos autores (Pitágoras, Aristóteles, Arquímedes, Vitruvio, Witelo, etc.), citados varias veces por Da Vinci, indican, desde el punto de vista temático, la influencia que ejercieron en él. Los consultó sobre: geometría, aritmética, proporciones, pesos y medidas, etc.. Después de descubrirse, en el siglo XIX, sus inéditos artículos, por muchos años dispersos, se convirtieron en un revulsivo intelectual, motivo por el cual reconocieron a Leonardo haber sido uno de los precursores de la ciencia moderna, como los tan reputados científicos: Galileo, Copérnico, Ambroise Paré, Newton, Geofroy Saint Hilaire, e incluso del mismo Darwin. La potente capacidad de raciocinio de mi biografiado, quedó recogida en un “corpus” inmenso, en el cual se incluyeron todo tipo de temas, sin excluir algunos de puramente lúdicos (o “Infinite Pazzie”). Ciertamente, mi muy honorable biografiado, ni viviendo varias vidas consecutivas, habría completado todas las tareas que le habría gustado realizar.

FOTO: LOS LIBROS DE SU BIBLIOTECA PARTICULAR

Dejó expresadas sus ideas en la recopilación titulada “Tratado de la Pintura” (134), que empezó a redactar en 1.506, concretando: «Si la vivienda de alguien no tiene orden, tampoco lo tendrá su alma». El mes de mayo de 1.506 recibió permiso de la Signoría para trasladarse a Milán. Le habían hecho firmar que, en caso de no regresar al cabo de tres meses, le multarían con 150 florines, avalándolo su propio banquero. Entonces debió dejar depositados en un monasterio de Florencia una ingente cantidad de sus obras de todo tipo, como notas, estudios, experimentos, sus reflexiones y teorías que debieron ser ordenadas y analizadas para demostrar que la escritura de Leonardo y sus dibujos estuvieron conectados. Al reunir las páginas encontradas de su “Tratado de la Pintura”, en un volumen (publicado en 1.651), Leonardo fue reconocido unánimemente un gran sabio, llegando con sus ideas tanto o más alto que como artista y pintor.

Leonardo relacionó la “magia” de la expresión musical con la esencia de la filosofía, porque la descubrió en autores greco-latinos. Leyó las obras de Pitágoras, quien, durante dos décadas, había estudiado los intervalos musicales en Egipto. Los citados sabios, como los hindúes que escribieron en sánscrito, le enseñaron que el sonido es un portal físico; deduciendo, Leonardo, que incluso los cuerpos del firmamento producirían alguna frecuencia  en relación con la sílaba “Om”. Desde que Pitágoras las difundió en  Europa, los sabios entendieron que: no solo las médicinas curan los cuerpos, sino que, según Leonardo, además la música también curaba: «El estado de ánimo de una persona es recogido mediante el arte, porque hay que incluir pasiones del alma (…)». Alma, que por cierto, él creyó, como los egipcios, que se alimenta por el vapor etéreo de la sangre. No cabe duda de que dio plena libertad a sus ideas. Fue un librepensador,también en materia religiosa, al dejar sus comentarios sobre la Santa Biblia, cuando ya era un “cuarentón”. Leonardo no publicó nada, por una humildad auto-impuesta, y por sus ansias de superación. Estaba en otra onda, y convencido de que a las personas se las debe juzgar por sus hechos.

Leonardo se consideró, por encima de todo, un inventor que no se limitaba a lo mundano, sino que también experimentaba en sí mismo, explorando, la relación del equilibrio entre los dos hemisferios cerebrales, dado que nuestro mundo está organizado de manera que el izquierdo -lógico y analítico- supera la actividad del derecho –intuitivo, sensual y creativo. Escribió otros trucos para experimentar con nuestros sentidos. El siguiente es tan sencillo que nadie puede evitar probarlo: «Cruza el dedo índice por debajo del dedo medio, de forma que puedas tocar al mismo tiempo con las yemas de dichos dedos, y entonces todo lo redondo te parecerá ser doble». En su forma de visualizar imágenes interiores, sugirió: «Mira la luz de la vela y contempla su belleza. Cierra los ojos y vuelve a mirarla. Lo que ves ahora antes no existía, y lo que existía ahora ya no está». Su amor al mundo exterior y al propio universo mental, lo hacía ser muy cuidadoso en recoger anotaciones de todo tipo. Siempre llevaba un cuaderno (así lo aconsejó siempre) para recoger observaciones y hacer dibujos, en lo cual fue realmente muy prolífico.

LEONARDO, UN HOMBRE ALTAMENTE ESPIRITUAL

Mi biografiado, gracias a ser objetivo en sus diseños, y minucioso en todos sus diferentes proyectos, la posterioridad pudo conocer, no solo el progreso de sus conocimientos, sino también la evolución de su propia personalidad, que sin duda fue arrolladora. Aunque no lo parezca, mostró poco interés por la política, así como por la fe católica; lo cual es extraño, porque pintó piadosas obras con vírgenes y santos, pues trabajó mucho para los religiosos. Consideraba respetuosamente todas las religiones, pero él no dejó de verlas cual una atadura; y hasta una muleta, porque lo dejaban todo en manos del mito, sin apoyo real. La concepción virginal -tema central del cristianismo-, lo encontró calcado a los ritos de Osiris, de hace 3.500 años en Egipto, de donde pasó a Grecia , siendo allí Dionisio (Baco).

Alejandro Magno, tampoco se conformó con menos. De no triunfar el cristianismo en Roma (s. IV) hoy se adoraría al iraní dios Mitra; que, obviamente, tuvo las mismas peculiaridades divinas de los cánones antes citados. No obstante, Leonardo Da Vinci pudo dilucidar el valor simbólico de una campana, por ejemplo, como objeto ritual: Después de haber sido bendecida por el sacerdote, dispersaba el humo del incienso sobre los fieles, ahuyentando todo tipo de malos espíritus…Y, además, atraía al templo a cuantos feligreses, estando lejos, oían su tañido. Claro que respetó todas las creencias, pero tuvo por seguro que: “(…) Cada persona es inmortal por su esencia; así como que: A la divinidad no se llega por atajos, como las religiones y las sectas. Éstas, serían: opciones que se deben tener lejos, tanto como las alabanzas“,… a no ser que se necesite un sueldo.

A Leonardo se lo ha considerado, erróneamente, refractario a las religiones, a pesar de que trató con las más altas jerarquías eclesiásticas; pero una cosa es la religión, y otra diferente la divinidad. Creyó en Jesús como la “Voz de Dios”, que habría transmitido al mundo una visión escatológica de la vida. La “Buena Nueva” (Evangelio) prometía un final/principio feliz, tal como opinaron los librepensadores cátaros que fueron sus ancestros, quienes creyeron que Jesucristo era “la Puerta” hacia Dios,… al que Leonardo llamaba “Principio Vital”. Su punto de vista, después de mucho meditarlo, fue verter su fe en el profundo potencial de la naturaleza humana. Tuvo muy claro, que la Iglesia se había sometido al poder temporal de los políticos y mandatarios. Eso constituye un escándalo, nada ejemplar, y había estudiado que siempre antes había acabado muy mal.

Dado que Leonardo vivió los conflictos que sutilmente reportaba, hay que hacer un poco de historia de cuanto le afectó socialmente. Pero antes diré que la Florencia medicea, la que durante el Renacimiento fue independentista, debió soportar el yugo de estar sometida a la Corona de Aragón (España), acogiendo guarniciones militares extranjeras en sus dominios. La “hispanofobia” comenzó en Italia, como oposición a la Corona de Aragón cuando dominaron Nápoles y las “Dos Sicilias”. Siguió aumentando bajo el papado del valenciano Rodrigo Borgia; y después continuó bajo Julio II, que antes de ser Papa de Roma, había estudiado en el monasterio de Santa María de Ripoll. El futuro Julio II, siendo cardenal, ostentó el beneficio de ser mandatario del monasterio de Santa María de Montserrat, (a 40 km. de Barcelona), sin nunca haberlo visitado. Era una basílica, cuya imagen de la Virgen y el Niño, de color negro, era conocida en la Italia del año 1.483, desde Milán hasta Nápoles.

APUNTES HISTÓRICOS DE FLORENCIA

Comercialmente, la ciudad de Florencia era el centro de la industria textil, pues exportaron a toda Europa a través del puerto de Pisa. Lo malo fue, que entre ambas ciudades no siempre hubo buen entendimiento. Inicialmente, la base de su riqueza fue la industria de la lana, pero la cambiaron por la de la seda cuando vieron que en los Países Bajos los imitaban. Al nacer Leonardo, la moneda de Florencia era tan fuerte, que su “florín de oro” se convirtió en el patrón monetario de todo el mundo occidental. A todo ello, hay que sumarle que, entre los siglos XIV y XV en que vivió Leonardo, Florencia desarrolló uno de los periodos más brillantes del intelecto europeo, siendo de toda lógica que, España y Francia, compitiesen por su hegemonía. Las familias de grandes industriales lograron ser el centro del mundo económico de la época, precisamente por la férrea competencia que mantuvieron entre ellas. Sobresalió la familia de los Médici, por ser los más ricos, y no por ser nobles, ni violentos, ni fuertes; aunque ciertamente vieron a dos de sus miembros nombrados Sumo Pontífice del Vaticano.

La historia de la Iglesia Católico-Romana, había pasado dos siglos de penosos conflictos. Los Papas,en el siglo XII se habían enfrentado al Sacro Imperio Romano Germánico, por disputarse el derecho de nombrar a los obispos. Tales investiduras representaban afirmar la supremacía del poder del clero, por encima del poder civil del emperador germánico y sus sucesores. Tales disputas verbales, acabaron en conflictos armados. En el campo de batalla se esclarecieron las ideas, y las apaciguó –eventualmente- el Concordato de Worms (siglo XII); pero aflorarían de nuevo, y provocaron el llamado metafóricamente “el Destierro de Babilonia”, cuando, por miedo a ser asesinados, los pontífices se negaron a residir en el Vaticano.

Es el período conocido como Cisma de Occidente, porque sus palacios estuvieron en las ciudades de Pisa (Italia), Aviñón (Francia) y hasta en Peñíscola (España), residencia, ésta, del último papa Benedicto XIII (1.328-1.422) apodado “Papa Luna”, por sus ideas parecidas a las que tenían los librepensadores. Precisamente, él fue único que había sido elegido por el cónclave cardenalicio, y nunca quiso dimitir. Vivía muy tranquilo a sus noventa años de edad, por lo que en 1.423 los antipapas simultáneos fueron tres. Intentaron terminar con las duplicidades convocando el Concilio de Basilea, y otro posterior celebrado en Florencia en 1.453 (cuando Leonardo tenía un año de edad).

Florencia era entonces la gran capital del cristianismo, aunque en vano intentaron reunificar las iglesias de Occidente y Oriente. El día más esperado, fue cuando el obispo de Roma recibió al patriarca de Constantinopla, que llegó a Florencia acompañado de un pomposo séquito de cardenales. Lamentablemente, los enfrentamientos solo se calmaron al sentirse, todos ellos, amenazados por el sultán Mohamed II, conquistador de Constantinopla. Entonces Florencia se consagró como la capital europea del humanismo.

Estas serían las referencias históricas que estudió Leonardo, aunque en su mente dominaron aquellas otras que causaron la gran matanza de miles de bautizados de Occitania (Sur de Francia). Éstas todavía condicionaron más sus obras, porque entre ellos se encontraban sus antepasados, emigrantes librepensadores, que habían encontrado la paz residiendo en Vinci (Italia). Los cátaros seguían una espiritual búsqueda interior (gnosis) que es como buscar la sabiduría en el propio corazón. Por tales directrices se explica que Leonardo desease entender el mundo, para llegar a comprenderse a sí mismo. La auto-inspección no consistiría, pues, en aprender (natural, en las buenas personas), sino en experimentar, al modo de los místicos religiosos desde antes de Jesucristo.

Al redactar Leonardo sus aportaciones, todavía no pudo beneficiarse del invento llamado criptografía. Fue desarrollada en el año 1.500, por un abad alemán llamado Johannes Trithemius (+ en Wurzburg en 1.516). Éste, en una carta a un amigo, le advertía contra la atonía mental, causada por la falta de directrices claras en el campo espiritual. Obviamente, le obligaron a renunciar a su cargo de abad superior del convento, siendo posteriormente acusado de estar poseído por el diablo. Pero aquellas ideas habían tenido el mayor éxito entre los cátaros, llegando a defenderlas veladamente Leonardo. Yo poseo un catecismo del siglo XIX, que es un compendio del editado en 1.851 por el Abad Fleury. Se nota que no es plenamente católico, por el fatalismo de las ideas cátaras que incluye, por ejemplo: Hay que soportar el estado de pobreza con que Dios nos puso en el mundo (Artículo IX;  pg. 53).

Las creencias de Da Vinci, nunca llegaron a tanto, pero en el campo espiritual clamó también contra la atonía mental. Le interesó muchísimo, por más que siguen difuminadas entre el resto de sus numerosas aportaciones científicas. Jamás ninguna persona acaparó tanto saber enciclopédico, abarcando las más diversas disciplinas. Da Vinci, fue estricto al estudiar cosas de la vida, llegando a las escatológicas, por asociación con la naturaleza, si bien por lo general, tan solo fue recordado en el campo de las artes. Sucedió que, aun cuando él formuló muchas leyes científicas, nunca desarrolló sus ideas sistemáticamente.

UN RESENTIDO FILÓSOFO HUMANISTA

En estas páginas yo sintetizo sus circunstancias y dosifico sus estudios en materia científica, porque, siendo una tan larga relación, aburriría presentarlas adecuadamente. Me estoy refiriendo a un perfil poliédrico, y a una mente revolviéndose en todas direcciones del saber humano; pero es que, incluso físicamente, también viajó mucho. Leonardo tuvo una mente verdaderamente enciclopédica, por lo cual ha sido el prototipo de los hombres del Renacimiento, que combinaban las artes con lo científico. Siendo un sabio de perspicaz sagacidad, fue además: filósofo, filólogo, diplomático, y tantas otras cosas, que lo interesante es que se caracterizó por procurar realizarlo todo con increíble perfección. Por ello, además de cabalgar y trabajar, se ha escrito que casi no descansó ni para sentarse en la mesa a comer.

Yo redescubrí al verdadero filósofo, y gran intelectual que fue Leonardo, en mi edad adulta justamente después de haber escrito mis varios libros sobre las nueve cruzadas de exterminio, de la muy culturizada civilización de Occitana, en el Sur de Francia, durante la Edad Media. Miles de cristianos murieron masacrados indiscriminadamente, tan solo por ser librepensadores respecto a lo que informan los Evangelios canónicos. Desde que en el siglo  III se escribió el “Evangelio de San Juan” (tres generaciones desde la muerte de Jesucristo), y se institucionalizó la Navidad, por haber escrito que Jesús era “Hijo de Dios”, se aplicó la lente al dicho “Evangelio”, siendo con el que se guiaron para leer todos los otros tres autorizados.

De sus pictogramas, y pistas en clave, no se limito a escribir al reves incluso su propio nombre, sino que sus discipulos sabían que bastaba leer el texto o las palabras clave simplemente al reves. En cuanto a las que vemos escondidas en sus pinturas, escribiré sobre ello al analizar sus obras. Pero puedo anticipar que no fue tanto un exquisito pintor de arte, como un comunicador de cosas que, hasta hace unas décadas, todavía se ignoraban. Leonardo escribió: «Dices, oh pintor, que adoran tu arte. No te atribuyas semejante virtud. No adoran tus pinturas, sino las cosas que en ellas representas».

Los “Padres de la Iglesia” ignoraron muchos otros escritos del mismo periodo bíblico, llamándolos gnósticos, y prohibiendo su lectura. Gnóstico, significa: preocupación por conocer el propio interior; y quizá por ello decían que la Filosofía (Sofía) se inseminó a sí misma. En el “Evangelio de Felipe”, se lee que: La gnosis (conocimiento, sin el cual no hay salvación) es el Padre, y Sofía (la Sabiduría y la Verdad), es la madre. De ahí que los cátaros tuviesen muy en cuenta el protagonismo de las mujeres. Jesús ya tuvo dos criterios diferentes a la hora de predicar, reservando las más esotéricas para sus discípulos más sagaces, pues no todos los que le seguían estaban preparados para sentirse iguales a las siempre vejadas féminas.

Leonardo Da Vinci, con gran peligro, recogió la simbología de las creencias de los occitanos (que los supervivientes mantuvieron forzosamente oculta), y las incluyó, veladamente, en sus cuadros de máxima perfección técnica. Por ello, Leonardo fue ocultista, mago del hermetismo, alquimista del alma humana, cabalista, y afín a las creencias de los llamados herejes,…entre los cuales se incluían sus antepasados. No fue ateo en absoluto, todo lo contrario; pero sí fue librepensador y agnóstico. Sus creencias se remontaban la los tiempos pre cristianos. Leonardo, siendo un idealista, como era, supo transmitirlas; pues además de que tenía medios para ello, también tuvo motivos, dado que había conocido íntimamente a muchos cardenales, y hasta pontífices, indignos.

LEONARDO, EN SU “DIARIO”, INFORMÓ ACERCA DE UNA CUEVA

El genio más creativo de la historia escribió, en el “Codex Atlanticus”, un relato fabuloso: “Diario de Siria” (1.484), siendo una de las escasas notas privadas que nos dejó de su intimidad. Hay que admitir que vivió un periodo que en su recuerdo permaneció como si hubiese sido una ensoñación. Fue todo lo contrario a un cataclismo, pero igualmente le puso en contacto con lo más grande de la naturaleza. Probablemente, vivió una inmersión espiritual en un lugar, paradójicamente tenido por común, para quienes habitan a su alrededor. Leonardo Da Vinci, para quienes le conocieron, también daría la sensación de ser una persona excelente, como muchos otros. Para mí, en cambio, al conocerlo mejor y asimilar sus continuas sorpresas, al cabo de las décadas sigue siendo una gran fuente de inspiración, a pesar de haber vivido una decena de años menos que yo, al día de hoy. Para aquel gran venerador de la naturaleza, el principal escenario de la Humanidad fueron las cuevas y las cavernas, a las cuales él pudo presentarlas cual símbolos del útero de la gran Diosa-Madre-Tierra. En sintonía con los humanos de la prehistoria, tales antros los apreció más, cuando sus entradas se abrían de cara al sur y a media falda de las montañas. La que penetró Leonardo Da Vinci, la llamó “La Boca del Diablo” en el cuento que escribió cuando reapareció después de una larga ausencia documental.

Según explicó, estando él en una montaña (que no especificó): “(…) Después de haber recorrido una distancia entre rocas sombrías, llegué a la entrada de una gran caverna. (…) Dos emociones contrarias surgieron en mí: miedo y deseo. Miedo a la amenazante caverna, y deseo de ver si había cosas maravillosas en ella. (…)“. Su curiosidad le hizo arriesgarse a entrar, a pesar su prudente reticencia inicial. Ya en su interior, descubrió unos fósiles marinos, que le revelaron su extraordinaria antigüedad, pudiendo cuestionarse las explicaciones acerca de La Creación bíblica. Aquel inesperado descubrimiento, le hizo aflorar unos puntos de vista muy subversivos respecto a la religión, ya que se acercaban mucho al materialismo. Algo extraño le habría pasado a Leonardo, desahogándose al escribir un relato, tan fabuloso, que es increíble. Da Vinci era capaz de emocionase, y se desahogó literariamente. No hay obra gráfica, ni cuadro, sin un recuerdo capaz de haberlo sugerido. Leonardo experimentó un sentimiento íntimo, que aquilató su mentalidad. Sin duda realizó ignorados viajes muy largos, de los cuales regresó más dinamizado, en muchos sentidos; y se le noto, especialmente, en su inspiración pictórica.

Posteriormente, dicho relato los críticos creyeron que transcurrió en los alrededores del monte Tauro. No obstante, su descripción geográfica no encaja con los accidentes del entorno del dicho monte de Turquía. Así lo creyó J. L. Espejo, por ser muy buen conocedor de la geografía alrededor del monte Canigó (emblemático en Cataluña). Realmente, dicho entorno geográfico, tiene unas peculiaridades más afines a las descritas por Leonardo. Su “Diario de Siria” algunos autores ya lo habían etiquetado de fantástico; mientras que otros, creyeron que había sido muy real, y que Leonardo debió visitar incluso el más lejano monte Ararat bíblico. Tal confusión fue posible, por mencionar la población de “Noet” (que se parece a Noé); no obstante en la catalana ribera del río Tet, existe una población llamada “Noedes”.

En mi opinión, dicho relato del viaje de Leonardo Da Vinci, fue simbólico. Al ser poseedor de un pensamiento equilibrado (como está bien comprobado), además de un recto juicio y originalidad, no hay peligro de que a Da Vinci se lo etiquete de vulgar soñador. Leonardo creyó necesaria una renovación religioso-filosófica; aunque sabía que, en aquel tiempo, era imposible. Utilizando estratagemas, trataba de reivindicar una fe cristiana más plena, como la de sus ancestros; así como, por otra parte, recordar los errores dogmáticos. No fue su único escrito fabuloso, y como siempre, él exigió cierto esfuerzo de interpretación, por lo cual presentó obras con carácter simbólico,… precisamente porque tuvo bien equilibradas sus peculiaridades personales. Yo no dudo de que su inventiva siempre fuese enriquecedora.

Otra cosa diferente, es reconocer que, por su exceso de energía, algunas veces se permitió expresarse “jugando”. Nadie, en toda la historia, ha acumulado tantos conocimientos enciclopédicos, de las más variadas disciplinas. Da Vinci, estudió -y rechazó- el esoterismo y las ciencias herméticas, aunque cultivó el expresarse mediante símbolos, incluyéndolos en sus obras artísticas, con objeto de reflejar alguna información poco dogmática. De no hacerlo así, su pensamiento podría haberlo llevado a la hoguera, como les sucedió a tantos otros, por su falta de discreción. En aquellos siglos, comentar la Biblia era muy peligroso; pues, incluso un siglo más tarde, la inquisición aún acalló a Galileo Galilei con amenazas. Muy a desgana, confesó: El mundo no es el centro del universo,…  ¡pero se mueve! .

LEONARDO DA VINCI FUE UN JOVIAL “ESPÍRITU LIBRE”

El seráfico artista no debió nada a sus contemporáneos, pero sí a la inquietud que existía en Florencia por las creencias anteriores al cristianismo. En sus cuadros Leonardo tuvo la costumbre de abigarrar metáforas y alegorías, porque perseguía exponer una estrategia. Era la moda de aquel tiempo y se remontaba a cuando el duque Cosme I de Médici aprovechó el atractivo cultural al darse cuenta de que podía llegar a ser un arma política. Acertó al encontrar la manera de que Florencia tuviese un lugar de honor en el mapa político, y además como gobernante elevó su listón cultural. Los mandatarios vecinos en vano intentaron imitarle embelleciendo sus respectivas ciudades, pues nunca alcanzarían el esplendor de Florencia, cuyo encanto lo debe casi todo al gran mecenas Cosme I, oficialmente Pater Patriae.

El interés por todo lo referente a Egipto comenzó en Florencia en 1.460, justo el día que un monje entregó a Cosme I “el Viejo” un fajo de documentos y libros, entre los cuales encontró un tratado egipcio sobre hermetismo, donde estaban escritas las ultimas elucubraciones del egipcio Hermes Trimegisto (tres veces sabio). El duque, ordenó al traductor Máximo, que dejase de traducir a Platón para concentrarse en proporcionarle una copia de la “Hermética” lo antes posible, a fin de que él pudiese estudiarla. Tales fueron las inquietudes culturales (cuando Leonardo aún no tenía veinte años), las cuales, al hacerse mayor le interesaron más que a los demás intelectuales europeos. La simbología que en aquellos escritos se descubrió, identificaba a la diosa Isis y su hijo Horus, con la Virgen María y el Niño; lo cual fue el referente de las doctrinas gnósticas. Éstos, en definitiva, quisieron prescindir de los obispos cristianos, por el simple y eterno hecho de buscar a Dios dentro de sí mismos. San Pablo también aconsejó: Descubrir el “ser de luz” que existe en el interior de cada persona. Eso, mi encantador biografiado, lo retuvo siempre en su mente. Como era espiritual y creyente, pudo ofrecernos la alegoría: (Hay que )ver la luz con esperanza, y a la naturaleza como una fuente.

Actualmente podemos entender que Da Vinci también en eso tuvo mucha razón, porque miles de pensadores han constatado que el fin de toda vida, está en conseguir el triunfo de la luz sobre las tinieblas. A quien no lo entienda así, ningún viento le podrá ser jamás favorable, pues sin conquistar la propia mente, todos los esfuerzos resultarán estériles. Si es cierto que la virtud está en el “justo centro”, también lo es que “avanza por un lado”. El remedio a los males adquiridos está en cada uno, y repercuten en la salud. Leonardo, viendo que la mejor Médicina está en evitar los mundanos deseos, metafóricamente lo explicó así: «La luz verticalmente viene de arriba. Quien pinte con luz inversa a lo natural, podría no reconocer a un amigo suyo». Por ello, y por ser honesto, resaltaba el poder de las sombras, viéndolas tan importantes como el perfil del personaje retratado. El valor de la luz solar ya se había “predicado” antes, por ejemplo, el mallorquín Ramón Llull, pero Da Vinci lo destacó en sus cuadros, como por ejemplo “La Sagrada Familia”. Con este mismo tema por base, el gran arquitecto Antonio Gaudí -que conoció las obras de los citados en el siglo XX-, diseñó el templo expiatorio de la Sagrada Familia, de Barcelona, todavía no terminado. El hecho cierto, de que en la naturaleza subyace una geometría superior, igualmente se esforzó en demostrarlo el gran arquitecto catalán en todos sus célebres edificios, y especialmente en la fachada del templo de la Sagrada Familia, como ya demostré con fotos -que todavía se ignoran a nivel popular-, si no leyeron mi libro en la WWW. (Como “cerraron” sucesivamente mis tres servidores , ahora solo existe mi antiguo video en Youtube).

Hoy es bien sabido que existieron evangelios más antiguos que los cuatro que conformaron la Biblia. Varios de ellos, ya apoyaron ideas no aceptadas por la Iglesia. A pesar de ello, en el “Evangelio de san Mateo”, que predicó en Egipto, él asoció algunas ideas, nacidas a orillas del Nilo, aplicándolas al nacimiento de Jesús. El papa Rodrigo Borgia, sabía cuáles eran los orígenes de sus ortodoxos rituales, pues incluso decoró sus estancias del Vaticano con escenas egipcias. Después de todo, remitían a la adoración de “la Luz del Mundo”. En la plaza mayor delante de la gran basílica de San Pedro del Vaticano, sigue en pie el obelisco egipcio que está coronado con una cruz. También pueden verse símbolos egipcios en la catedral de la ciudad de Siena; y es que fue una moda que salpicó toda la ciudad de Roma renacentista.

Lo peor fue que, los cátaros del Sur de Francia, realmente querían descubrir aquella “Luz” en su propio interior, recogiendo muchos aspectos de la imprescindible iniciación pagana. Ellos no rogaron directamente a Dios, y Leonardo Da Vinci tampoco, como demuestra su íntima plegaria: «Que el Señor, Luz de todas las cosas, quiera iluminarme, para que ya trate dignamente a la luz (…)». No se refería a sus pinturas, sino a todos sus actos cotidianos. Al fin y al cabo, todos buscaban explicar la Creación, por la evangélica frase del Creador: ¡Que se haga la Luz! El sol, no solo crea vida física, sino que siembra ideas; y lo mejor es que ilumina y esclarece el alma. Leonardo procuró tener una mayor conciencia, por creer que ello debe ser el objetivo más noble de la evolución humana.

Con tales antecedentes en la mente, creció Leonardo con altruista nobleza, y tan pronto pudo, escondió subliminalmente simbolismo herético en algunas de sus muy piadosas pinturas. Para rescatar las antiguas creencias pre-cristianas, se fundó en Florencia la gran “Biblioteca Mediacea”, que fue la primera de Europa abierta al público. Por otra parte, es sabido que los Médici eran todos unos duques admiradores de la filosofía de Platón, y de ahí que Leonardo Da Vinci estuviese influido por cierta corriente herética.

Además, en Florencia existía una prestigiosa institución, llamada Academia Platónica, que contribuyó a elevar el intelecto de los florentinos. Por algo fue considerada la Capital del Humanismo, pues al nacer Leonardo ya existía una escuela de traductores, quienes tuvieron la misión de conectar con los delegados comerciales en el extranjero a fin de comprar todo tipo de textos. Así mismo, había un tráfico de libros; por ejemplo, cuando en 1.490 Juan Laskaris desde Grecia trajo doscientos libros. La Biblioteca Pontificia de Aviñón, al dejar de ser la sede papal de se vendió. Por otra parte, en beneficio de la Biblioteca del Vaticano, también se dispersó la de Bizancio, la cual era tan enorme como la de Alejandría, en Egipto.

En fin, desde Florencia se enviaron expediciones a Oriente Próximo para adquirir libros. Así fue como nació la “Biblioteca Laurenziana” junto a la catedral de San Lorenzo de Florencia. Allí se estudiaban las disciplinas artísticas (casi extinguidas) de los clásicos griegos y romanos de la Antigüedad, no debiendo extrañar que fuesen los estudios de preferencia para Leonardo Da Vinci. Es así como se explica que él fuese un avanzado en las disciplinas artísticas, y a la vez un revulsivo para todas ellas. Ignoro si a sus veinte años ya lo dejarían entrar solo en las bibliotecas, o si necesitó que lo acompañase algún familiar, pero aquel estudioso joven, intelectualmente tan inquieto, debió de encontrar alguna forma de consultar tan interesantes volúmenes bibliográficos.

DE SABIO “ENCICLOPÉDICO”, A GENIO UNIVERSAL

Mi muy honorable biografiado, entre otras muchas disciplinas, fue al mismo tiempo: pintor, científico y filósofo. En esta última, incluyó credos de otras religiones. Probablemente, lo aprendió de los rabinos judíos, a través de las obras del cordobés Averroes, un sabio que superó todos los conocimientos anteriores a su nacimiento, incluyendo una nueva concepción del universo, puesto que propuso nuevos modelos planetarios. Leonardo, al haber sido educado entre muy doctos familiares, su privilegiada mente dispuso de volúmenes para poder consultar.

Es innegable que los aprovechó, porque cuando pudo explorar el mundo directamente, se convirtió en un adelantado a su tiempo. El gran genio toscano, además de filósofo y metafísico, también fue un genio en medicina forense, así como abrió nuevos cauces en el ámbito científico. Lo ayudó el hecho de que su abuelo tenía libros como herramientas de trabajo; muchos heredados por su padre, incluyendo las obras de varios sabios islamistas. La escuela de traductores de Toledo, de Sevilla, Astorga o Tarazona, fueron correas de trasmisión para que el resto de Europa tuviese acceso a las ideas de los clásicos, gracias a que, desde finales del siglo X, el papel ya era utilizado en Córdoba.

Así pues, insisto en que el pequeño Leonardo, sin moverse de casa, pudo utilizar antiguos códices, incluso para aprender a leer y escribir; de forma que absorbería, como una esponja, las obras de Aristóteles muy prematuramente. Sin saberlo, se benefició de las penosas vicisitudes que tuvieron de superar los árabes que, a partir del siglo XI, fueron a rescatar tales escritos en la lejana Siria y Alejandría. Una prueba más de que los italianos las conocieron, la ofrece el poeta florentino Dante Alighieri quien, al escribir su “Divina Comedia”, se basó en pasajes del “Libro de la Escala”.

El ejemplo más evidente, de que Leonardo conoció aquella globalización de las ideas, fue el hecho de que desease crear unas alas para volar como los pájaros. Tanto aquella teoría, como su puesta en práctica, eran del siglo IX, cuando el matemático andalusí Abbas Ibn Firnasox, debido a su intrepidez, resultó herido al intentar su primer vuelo. A pesar de su insistencia en la observación, Leonardo no era un vulgar empírico. Escribió: “Quienes se enamoran de la práctica sin la teoría, son como los pilotos sin timón ni brújula, que nunca podrán saber a dónde van. La práctica debe basarse siempre en una teoría sólida, de la cual la perspectiva es la guía y la puerta, y sin ella nada puede hacerse con perfección en cualquier clase de pintura“.

Leonardo dejó de realizar su heterogénea labor didáctica, como tenía por costumbre, cuando, inoportunamente, se rompió equilibrio natural de cada día. Fue debido a que, un discípulo suyo, estaba obsesionado con la explicación de Leonardo de: “cómo una persona podría volar como las aves“. Todos sabían que Leonardo estudiaba astronomía, y también realizaba experimentos sobre el vuelo de las aves, con objeto de que, los humanos, pudiesen copiarles su técnica. Sus discípulos, aunque inicialmente lo dudaron, después, Giovanni Antonio Boltraffio (1.490-1.495), que era forzudo, quedó convencido de que, un hombre también podría volar, si su musculatura se adaptaba a las leyes de la resistencia del aire. Leonardo, el creador idealista, estuvo tan obsesionado con el vuelo de los pájaros, como para comprar aves enjauladas, con el único propósito de verlas volar al devolverles la libertad. Lógicamente, dedicaría mucho tiempo estudiando la posibilidad de construir, con madera, máquinas voladoras, y dicho discípulo voluntariamente lo ayudaba en montar un prototipo.

Giovanni Antonio Boltraffio, merece ser presentado, porque había sufrido un grave accidente, que entristeció mucho a Leonardo. Como pintor, copió de Leonardo las expresiones de sus personajes, de expresión ambigua (peinado con rizos sueltos enmarcando su rostro), y ataviarlos según la moda renacentista. Su obra más conocida es el cuadro “Tavola Lucana” (que comentaré en la “Segunda Parte”), pero adviértase que su “Narciso”, un óleo sobre lienzo (Nat. Gal. de Londres), fue pintado para plasmar la fugacidad de la belleza y el paso del tiempo, lo cual le afectaba íntimamente. Sucedió que Da Vinci, a partir del juvenil entusiasmo de su discípulo Boltraffio para construir un artilugio volador, Leonardo accedió a construir una espiral de madera (a modo de tornillo de Arquímedes), hecho con tela, todo ello bien ensamblado y reforzado.

Leonardo, para no defraudarle y canalizar su ilusión, se entregó tanto a la tarea de carpintero, que ambos incluso a veces se olvidaban de comer y de dormir. La impaciencia del discípulo, chocaba con las reflexiones de su maestro, ya que, ante todo, quería tenerlo todo súper controlado; incluyendo un paracaídas: “La paciencia sirve como protección contra los errores, igual que lo hace la ropa frente el frío. Porque si te pones más ropa a medida que aumenta el frío, este no tendrá poder para lastimarte. Entonces, de igual forma, debes tener paciencia cuando te encuentres con grandes errores, y serán incapaces de irritar tu mente“. Su discípulo no pudo esperar tanto, y, dado que tenía toda la fe del mundo puesta en la sabiduría de su sabio maestro, un día sin que nadie lo esperase, furtivamente se aventuró a intentar probar aquella vetusta máquina llamada “Tornillo mecánico”.

Su experiencia le costó a Giovanni Antonio Boltraffio romperse varias costillas, además de sufrir problemas de locomoción de por vida. Leonardo le tranquilizaba, asegurándole que aprovecharían el fallo para, gracias al valor por él demostrado, mejorar el prototipo, a fin de sentar las bases para que otros lograsen volar. Le dijo, para cuando volviese a intentarlo: “Una vez que hayas probado a volar, siempre caminarás por la tierra con los ojos mirando al cielo, porque allí habrás estado, y allí siempre anhelarás regresar“. Leonardo estaba seguro de que podría salir mejor, ensayando con unas alas semejantes a la de los murciélagos. En efecto, con el paso de los siglos, volar es posible; y, lo que parecía ser la idea de un ilusionista, nos obliga a alabar su visionaria predicción, más que profética.

DA VINCI: UN GENIO AL CUAL YO QUISE PARECERME

Al admirar los dibujos y la filosofía del muy erudito Leonardo, fructificaron en mí sus ideas mucho antes de que me admirasen sus cuadros. Aunque, en tan temprana edad, se me diluyeron entre las filosofías de otros, su influencia la sentí siempre latente. Ahora me sumo al homenaje al gran genio universal, principal icono del “Segundo Renacimiento”, puesto que ya fue iniciado el año 1.300, fruto de otro islámico del siglo XII, de cariz matemático-geométrico. En realidad, se debería hablar del “Renacimiento del Renacimiento”, que fue un proceso trascendental para la humanidad, pues consistió en crear normas sociales y artísticas completamente nuevas. Ello fue posible cuando la herencia india, y la árabe, fertilizaron el mundo espiritual europeo. En Italia, antes que en otros países, precozmente recogieron, y explotaron, tres grandes inventos de origen chino: la imprenta, la pólvora y la brújula, que pasaron a Europa a través de la Península ibérica.

En Italia fructificaron aquellas novedosas ideas, aunque, más que un renacimiento del pasado, representó impulsarse hacia el futuro. Así lo entendió Leonardo Da Vinci. Con sus aportaciones, y las del pisano Galileo Galilei en el siglo XVI, al fin pudo dejar de verse la Tierra ocupando el centro del universo. Solo las personas más espirituales y sabias convertían ciertos recursos cósmicos en utilidad práctica, tal como procuró evidenciar en el dibujo de “el Hombre de Vitruvio” (1.490). En el “Corpus Hermeticum XII” se lee: «El mundo es la imagen de un dios mayor (…)». En efecto, sus dibujos también son un ejemplo de su afán por entroncar las bellas artes con las ciencias.

Según su psicología personal, era capaz de explicar el mundo con medida y proporción, al incluir todos los conocimientos en una visión integradora. Se pasó toda su vida conjugando principios matemáticos con el arte y la ciencia, hasta que ya era instintivo, sin apenas esfuerzo.  Leonardo proclamaba: Las matemáticas son inseparables de la física (…) El cuerpo, con su simetría, es la “quintaesencia” de la belleza y depósito de la perfección divina“. Leonardo dibujó trayectorias parabólicas, como las que después descubrió Galileo Galilei, precursoras, a pequeña escala, de las Leyes de Newton, que llevan el pomposo nombre de Ley Universal de la Gravitación.

El arte multidisciplinar de Leonardo Da Vinci es técnicamente perfecto, y estéticamente muy bello; pero es que, además, contiene muchos conocimientos de otras disciplinas, por no citar conceptos filosóficos. Sabía que al ser obras tan profundas, podían haberle llevado a la hoguera,… si, paradójicamente, la sociedad hubiese sido más culta. Los pilares que sustentan el firmamento de la ciencia, insistió en que son las matemáticas: «Ninguna investigación humana es científica, a menos que utilice las matemáticas para su exposición y demostración». Era algo inaudito para la gran mayoría de ciudadanos, quienes, al ser analfabetos, para salvar sus almas contemplaban extasiados las escenas bíblicas pintadas para decorar el interior de las iglesias, siendo allí donde Leonardo tuvo el acierto de esconder sus creencias más íntimas, del mismo modo que los «frailes con espada» dejaron su arte en las más duraderas bóvedas góticas.

En Italia, el arte de imprimir comenzó en Venecia, pasando rápidamente a Florencia.  Allí estaba Leonardo, entre 1.504 y 1.505, cuando hizo imprimir varias obras que escribió en Milán en colaboración con el matemático fraile Pacioli. Éste había llegado a Milán a finales de 1.495, y al año siguiente trabajaba junto a Leonardo por cuenta del duque de Milán, qe cargó con los gastos de la publicación en 1.492 “la Divina Proporción”. No se puede dudar de que Ludovico Sforza fue el mayor de los mecenas, pues también costeó los gastos de una “Academia” sobre perspectiva, mecánica y arquitectura, hasta que en 1.499,  el ducado le fue arrebatado.

Las primeras bibliotecas fueron para uso y disfrute de los nobles; pero también para los ricos comerciantes burgueses que los dominaban. Los libros lujosos, inicialmente se distinguieron en que sus hojas estaban escritas por ambos lados (apistógrafos). En cuanto a la encuadernación, en el siglo XIV, se hacía con piel de becerro, hilos concéntricos y florones en el centro. Cuando la demanda fue mayor, se exigieron unas cubiertas más lujosas, y se aumentó su calidad, haciéndose decoraciones con esmaltes, metales, placas de marfil, e incluso piedras preciosas. Encuadernar tan ricos volúmenes, es muy probable que Leonardo también lo aprendiese en el taller de Verrocchio, porque dominó aquella técnica. Escribió: «El aprendizaje es lo único que la mente nunca agota, nunca teme y nunca se arrepiente. (…) El aprendizaje adquirido en la juventud, detiene el mal de la vejez; y si entiendes que la vejez tiene sabiduría para proporcionarte comida, te comportarás tan joven, que a tu vejez no le faltará alimento. (…)La adquisición del conocimiento siempre es útil para el intelecto, ya que puede expulsar cosas inútiles, reteniendo lo bueno».

El joven Da Vinci es innegable que poseyó una habilidad innata para filosofar. Pero sobre todo estaba muy bien dotado para dibujar, lo cual utilizó para plasmar sus reflexiones sobre el mundo natural. Ya siendo adolescente, se dio cuenta de su don natural y le parecía absolutamente mágico. Con un interés sin límite, y su imaginación desbordante, Leonardo da Vinci suplió su falta de estudios con sus sorprendentes dotes de observación y su inquisitiva mirada. Mi estimado biografiado, fue un humanista, cuya infinita curiosidad solo puede ser comparada con su faceta de polifacético inventor. Él era capaz de considerarlo todo en profundidad, y a la vez; ya fuese como pintor, físico, naturalista, etc., porque fue una persona muy completa, al mismo tiempo que un ejemplo perfecto de polimatía.

Al haber cabalgado por territorios ignotos, supo que en su mente prodigiosa había un vacío que le era preciso llenar. Imaginémoslo como si fuese un marco, o un anillo, donde la tejedora va configurando el espacio interior, resultando que, mentalmente, será el punto de síntesis que crecerá conectando el mundo interior con el exterior. La figura más básica de la geometría es el círculo, y desde la prehistoria viene teniendo un simbolismo cambiante para diferentes personas; pero para mi admirado personaje, y para mí, es símbolo de creatividad. Es un “marco” providencial, el cual deberemos rellenar por obligación. Los mimbres, para tejer tan íntimo espacio mental, tendrán los dos diseños triangulares como la “Estrella de David”, enlazados, y superpuestos, incluyendo un espacio central que, bien proporcionado, simboliza el canal por donde fluye lo creativo. Pero, yendo más allá, en la explicación del propuesto esquema geométrico, el verdadero espacio mental es tubular, sin principio ni fin.

FOTO:EL “MAZZOCCHIO”, Y LA “ESTRELLA DE DAVID”

No perdiendo su centro, Leonardo Da Vinci pudo realizarse a sí mismo, y su creatividad no conoció límites, teniendo de todas las cosas una visión vanguardista. No le importó que fuese sobre la alquimia, o las normas protocolarias de la corte de turno. Ninguna de sus obras pictóricas carece de significación profunda, y más adelante revelaré mis propias aportaciones que lo confirmarán. Obviamente, el genial toscano tuvo su propio método personal, y un estilocaracterístico que pocas veces descuidó aplicar a obras similares. No solo pintó lo que veía, sino que dejó constancia de lo que pensaba; dando prioridad a la voluntad de comprender la complejidad de la vida y del mundo en todas sus formas.

Así pues, primero habrá que comprender su mente, para entender lo que pintó en sus obras, que tienen el Así pues, primero habrá que comprender su mente, para entender lo que pintó en sus obras, que tienen el soporte de su profunda conexión con la naturaleza. “Tratado de Pintura” (inédito hasta 1.680), por el cual fue reconocido como el creador de la moderna ilustración científica,… aunque los pintase Nicolás Poussín. Esta obra es un manual para pintores, también llamada «MS A«. Tuvo en total 114 folios, de los cuales conocemos menos de la mitad. En cuanto a las luces y las sombras, difiere de lo que había aprendido en Florencia. Al fin, reconoció los efectos de las pareidolias, cuya versión moderna es el «Test de Roshar«. Según Da Vinci argumentó: «(…) Los objetos debían reconocerse en su forma y estructura para representarlos por medio de una minuciosa observación de la manera más exacta«. Con tal criterio, lo fundamental de su método didáctico era dibujarlo todo previamente.

Entendió como básico el valor del triángulo equilátero, por encima del pitagórico triángulo rectángulo. Al estudiar el hinduismo, relacionó los dos ojos de una cara, con la señal en la frente que en India identifican con el “Tercer Ojo”. No podemos descartar que Leonardo, diseccionando cerebros, buscase (la glándula Pineal, con forma de piña, como la sostenida por “inseminadores” Anunnaki mesopotámicos) el punto central asimétrico debajo de los hemisferios cerebrales. Debió indagar justo donde, mediante un canal de comunicación, se reciben los reflejos exteriores. Creyó que en el centro de la frente se oculta una “puerta” a un nivel de tras-consciencia “estado de iluminación), la cual, el resto de población, desde la consciencia, ni la imaginamos.

Pues bien, quizá Leonardo no lo pudiese dilucidar, pero se comportó como si hubiese “tenido la llave”. El valor asignado a cada mimbre de un cesto, tiene su correspondiente en la ética humana;…y yo me atrevo a exponer mis equivalencias básicas, porque creo que para mi admirado personaje, probablemente fueron las mismas. En el primer triángulo de la “Estrella de David” -cuyas líneas se unen por sus extremos-: la honestidad-el método-el orden. Son valores tan básicos, que ninguno puede fallar; pero si del segundo triángulo complementario, fallase tan solo uno, nada hay de más sabio que abandonar la labor emprendida,…como Leonardo muchas veces se vio obligado a hacer.

Traumatizado por lo que protagonizó a sus quince años, Leonardo siendo un joven maduro, permaneció soltero, y en su edad adulta clamó contra el sexo, e incluso lo rechazó, escribiendo en 1.510: “(…) repugnante acto del coito y las partes del cuerpo que intervienen en el poseen tal fealdad (…)“ (Freud, “ob. cit.”, 2.010, pg. 1.4). Quizá lo expresó porque, quien tiene por objetivo el placer, es vox populi que se hundirá en un mar de dolor. Creo que, por lo general, Leonardo debió de vivir sin grandes dificultades, pues siempre hay solución para las personas con sentido común, cordura y discreción, sin necesidad de ser genios. Al Hombre Universal, que fue Leonardo, no le preocupó demasiado el dinero, o tener vacaciones, y ni tan siquiera alcanzar la gloria. La sabiduría del alma consiste en despreciar riquezas. Está claro que es el supremo bien, y con tal don se consigue renunciar a la ambición.

Como estamos viendo en todas partes, al integrar lo racional con lo analógico, podemos entender que Leonardo nos dejó un rico legado de “acción retardada”. Yo capté su onda, y divulgué altruistamente mis frutos tanto como pude, pero sin atosigarme lo más mínimo. Por ejemplo, desarrollé sus bocetos sobre la figura geométrica que él bautizó “Mazzocchio”, y la rebauticé “Onutoro” (por Nut, diosa egipcia del equilibrio), al entender que sus beneficios pueden ser también mentales (ramonetriu/onutoro.html). Tal poliedro (con diseño de flotador “salva-vidas”), lo presentó Leonardo en varios bocetos, siendo el que cuesta más de interpretar; aunque él tan solo estudió la dicha figura geométrica (de 256 lados y otros tantos vértices, así como 512 aristas) para crear un prototipo para ser utilizado como un casco de batalla. La utilidad futura de su “Mazzocchio” fue convertirse en neumático, imprescindible en todo el mundo. Leonardo sólo lo pudo ver utilizado en forma de gorro, con el que los soldados se cubrían sus cabezas, ya que absorbe los más duros impactos. Matemáticamente, la resultante también es cero; pues realmente distribuye la fuerza del impacto por toda su superficie, mejor que otros cascos.

NO QUISO COMPROMETER A NADIE, NI COMPROMETERSE

Mi admirado personaje, Leonardo Da Vinci, el artista total, siempre procuró ser libre, por lo cual yo no puedo creer que fuese miembro de sociedades secretas, ni “gran maestre” de grupos esotéricos de realización colectiva, ni tan siquiera del llamado “Colegio de la Luz”, tal como se difundió. Lamento desilusionar a los lectores afiliados a alguna secta, pero el Sabio por excelencia, no fue de ese tipo de personas. Aunque amaba el compromiso, lo ejerció para consigo mismo. Su virtud fue sentirse poseedor de la “divina libertad”, y también compartió la creencia de que: «El alma sobrevive a la muerte del cuerpo».

Un iniciado cualquiera, se reconoce portador de la suficiente trascendencia para abrirse al conocimiento absoluto, mientras que Leonardo buscaba continuamente perfeccionar la belleza de todo tipo. Ni remotamente quiso comprometer a nadie; y menos aún, verse comprometido por otros. Si no se puede entender eso, será inútil que insista. Otra cosa es, que, viviendo en Milán, visitase ciertas logias para estar mejor informado. Entonces las organizaciones hermetistas vivieron su periodo más dulce, porque había gente muy resentida con el clero. Leonardo no renunció a la espiritualidad, basada en humanos valores, a pesar de ser él un científico que trataba de hechos.

El Papa Borgia se preocupó mucho de la arquitectura militar, motivo por el cual su hijo Cesar reclutó a Leonardo. En el año 1.500 encargó el pasadizo elevado que une el vaticano con la Mole Adriana (Santangelo) por donde el Papa corría a refugiarse secretamente, y con garantías, pues es un corredor amurallado. Todavía es recordado como «Pasaje de Alejandro VI». El Santo Padre, era realmente un padre biológico, pero de santo, tenía poco. Sus hijos heredaban, y después de los Borgia “catalanes” (en realidad eran de Gandía-Valencia), se dictaron nuevas normas para evitarlo. La explicación es que, todas las sociedades quieren tener afiliados a los más famosos sabios. Leonardo Da Vinci, insisto, se negó veladamente a aceptar las verdades absolutas que las religiones y las sectas imponían. Por otra parte, quien se envalentonaba defendiendo ideas poco canónicas, se jugaba la vida; por lo cual Leonardo fue un ejemplo de discreción acerca de asuntos íntimos. En realidad, el simbolismo impregna todas las obras del genial toscano, paradigma del Renacimiento, por añorar aquellos siglos cuando los maniqueos tuvieron para con el sexo femenino una relación de igualdad.

En tiempos de Leonardo no se permitieron tradiciones alternativas que dignificasen a las mujeres. Es por ello que las alusiones encubiertas pintadas por Leonardo no son icónicas; son un manifiesto de su forma de pensar, superando la razón de aquellas bellas obras que admiramos. Necesitó siempre saber “el por qué” de las cosas, incluso al meditar sobre el soporte que el cuerpo físico concede a cada alma; algo que solo se atreven a estudiar los más iluminados de entre los mortales.

Veamos como la resolvió: «Las oportunidades de la vida están en la creación por parte del alma, la elección por parte del cuerpo y la experimentación, siendo lo que nos aporta el máximo placer». Después de dejar símbolos camuflados en sus cuadros, se quedaría bien satisfecho en su opinión de que: «Todo es relativo, y todo está en cada parte, y viceversa». Leonardo, a pesar de ser el mejor técnico de los pinceles, para él fue más placentero resolver problemas de composición. Su planteamiento de cada dibujo siempre era muy estudiado, tanto que, como no espabilemos para entenderlo, resultará que se habrá llevado muchas de sus secretas ideas a la tumba. Yo, al haber resuelto algunas, me voy a esforzar para darlas a conocer.

LEONARDO DA VINCI, CAPITÁN DEL EJÉRCITO PONTIFICIO

En Florencia, Leonardo coincidió con su paisano, el erudito Niccolo Macchiavello, enviado del temido Cesar Borgia. Al ser el hijo favorito de Alejandro VI, Cesar Borgia era cardenal. A pesar de concederle absoluta licencia para sus desmanes en el Vaticano, a Cesar no le bastaba con llevar una escandalosa vida libertina entre paredes, donde vivió rodeado de prostitutas y todo tipo de pervertidos. Al comenzar su carrera política, Cesar asesinó a su hermano, y también a su cuñado, pues vivió con total falta de escrúpulos. Asimismo, militarmente actuó con una crueldad extrema y era un verdadero dictador. Los cónsules de Florencia, temiendo que atacase su ciudad, se pusieron de acuerdo con el diplomático florentino Niccolo Macchiavello. Juntos tomaron la decisión de delegar a Leonardo Da Vinci, a pesar –o precisamente- por su carácter pacífico, al saber que Cesar Borgia admiraba su genialidad. Leonardo, altruistamente, lo visitó para sonsacarle sus futuros planes. Si lograba apaciguar a Cesar, disimulando ser un emisario de buena voluntad, quizá el hijo del Sumo Pontífice no atacase Florencia.

A pesar de ser un joven de trato difícil, Leonardo consiguió ganarse la confianza del hijo del Papa, quien apreció las aptitudes de Da Vinci. Aunque actuaba como espia, Leonardo fue presentado como ingeniero, avalándolo Maquiavelo. Sorprendentemente, Cesar Borgia decidió enrolarlo como arquitecto e ingeniero militar el verano del año 1.502, con graduación de capitan, y con la misión de revisar las fortificaciones de los Estados Pontificios. Al conocer  la total falta de escrúpulos de Cesar, comprendió que no le aceptaría su negativa. Entendió Da Vinci que no tenía alternativa, por lo cual acepto erolarse.

En mi opinión, colaborando con Cesar Borgia en la campaña del Norte de Italia, mi admirado genio se equivocó al cooperar con el intransigente Cesar durante ocho largos meses. El hijo del Papa Borgia  era entonces el verdadero “amo de Roma”, en cuya persona se combinaban: su inaudita voracidad, con su determinación “de hierro”. Fue un líder militar con gran éxito, pero se mantuvo en el poder por su crueldad y su astucia.Se ha dicho que fue un éxito de Leonardo poder trabajar para Cesar, pero hay que verlo como una víctima, pues de momento diariamente emprendía marchas interminables con las tropas. Además, en poco tiempo tuvo problemas de visión, debido a una montura para gafas -o soporte óptico- que en mala hora decidió llevarlo consigo de campaña.Toda su vida, Da Vinci fue prolífico en crearse oportunidades, ofreciendo sus servicios a los mecenas y poderosos mandatarios. Leonardo prefirió trabajar para quienes deseaban acabar con el oscurantismo del saber escolástico de su época, pero ya vemos que hizo excepciones.

El pontífice Alejandro VI -Rodrigo Borgia- tuvo cuatro hijos con Vanneza Cattanei (+1.515), siendo Cesar y Lucrecia los únicos que fueron recordados. La mansión conocida como Casa dei Borgia, en el entorno de la Isola di Sant Bartolomeo, en realidad era la casa de Vannezza Giovanna Cattanei (Recuérdese el apellido porque volverá a citarse). Cesar nació el año 1.476, y su hermana Lucrecia cuatro años después. Cesar a sus diecisiete años ya era cardenal sin haber sido sacerdote, aunque se cansó de la vida lujuriosa de palacio y en 1.498 se quiso despojar de «la púrpura». para capitanear la guerra contra los franceses de Luís XII cuando invadieron Italia. Siendo capitán general de las tropas pontificias consiguió tomar Milán, y luego decidió castigar a las príncipes que se mostraron rebeldes a la soberanía papal. Su plan era convertir la Romagna en un «principado» sumiso después de lograr aplastar a los independentistas, en cuya empresa Leonardo Da Vinci colaboró activamente, actuando a las órdenes del astuto ministro Maquiavelo. Florencia se salvó de la ira de Cesar, pagando un millonario tributo al muy joven y voraz caudillo.

Cesar Borgia era un guapo joven -de la edad de Leonardo-, que siguió la consigna de su santo padre de unificar Italia, que entonces estaba en guerra con Pisa. Su ambición insaciable, no toleraba ninguna oposición; y en lo personal, era taciturno, silencioso y antipático. Llegó incluso a ordenar el asesinato de su hermano Juan, el primogénito, que en España ostentaba el título de duque de Gandía (Valencia) por sentir celos de Lucrecia, hermana de ambos y también a su cuñado. César Borgia, en Roma, era el verdadero dueño y señor de aquella antigua capital imperial, por ser hijo del papa Alejandro VI, y hermano de Lucrecia Borgia (1.481-1.519). Ésta, a la cual Leonardo debió conocer bien, tuvo una vida muy interesante.

Primero Lucrecia estuvo casada con Giovanni Sforza, duque de Pesaro (en Lombardía; sobrino de Ludovico “el Moro”). Después, su padre, el Papa, la casó con Alfonso de Aragón (hijo de Alfonso II, rey de Nápoles). Y en terceras nupcias, la casó con Alfonso d’Este, duque de Ferrara, donde tenían una artística fortaleza (también lo era de Bisceglie, y el de Modena, vinculado a la Corona de Aragón). A Cesar Borgia le resultó fácil manipular la política a través de su bella hermana Lucrecia. Ésta arrastró muy mala fama, pero tras su último enlace, fue una liberación de la esclavitud, a que su familia la tenía sometida. Siempre se consideró “invelicísima”, primero a las órdenes de su padre el Papa que exigía fabulosas dotes a sus maridos que cada uno murió asesinado . Cuantos la conocieron siendo -por tercera vez- una duquesa viuda, por igual dieron de ella las más exquisitas referencias, en todos los sentidos, hasta que falleció, pasados diecisiete años. A la muerte de su esposo Hércules d’Este

Leonardo siempre receló de Cesar Borgia, cuyo padre le había nombrado capitán general de los ejércitos pontificios. Rodrigo Borgia, -Sumo Pontífice Alejandro VI-, era oriundo de Gandía (Valencia). Antes de ser elegido fue canónigo de la catedral de Barcelona y obispo de Gerona. Rodrigo (1.431+1.503) acompañó entonces al Vaticano a su tio valenciano Calixto III, que fue elegido Papa 1.455. Por mediación del rey español Alfonso “el Magnánimo”, a su muerte lo sucedió (1.492). Ambos pontífices, fueron enterrados en la capilla de Santa María de Montserrat, de la Iglesia de la Corona de Aragón, en Roma.

Rodrigo y Cesar Borgia, padre e hijo –cardenal en 1.456-, eran personajes excéntricos y crueles, comenzando por decir que habían celebrado corridas de toros. Rodrigo Borgia ejerció de cardenal mucho antes de ser sacerdote; y al serlo, personalmente lidió seis toros (15-2-1.492), haciendo vallar una vía pública. Su hijo Cesar Borgia, según explicó Niccolo Macchiavello, habría intentado unificar la Península italiana por todos los medios (bélicos, apuñalar por la espalda, uso de venenos, etc.) A Cesar, no le bastaría con conquistar La Romagna, y se infiltró en parte de Italia central, con ayuda del rey de Francia. Como era de esperar, las tropas francesas invadieron Roma, y el Vaticano, en diciembre de 1.494. Alejandro VI Borgia, fue apodado Príncipe del Renacimiento, por demostrar su apoyo y gran sensibilidad por las artes. También ordeno restaurar castillos, como Sant’Angelo, y las murallas del puerto de Ostia, pero sobre todo hizo restaurar las murallas del Vaticano en 1.492. Revitalizo la biblioteca de la Universidad de Roma, la cual decidió que los ciudadanos pudiesen beneficiarse de ella.

Todo lo que hizo de bueno se olvidó, y después de doce años de pontificado en régimen absolutista, debió refugiarse en el cercano castillo circular de Sant’Angelo,, huyendo por el largo pasadizo fortificado que une ambos lugares a cielo abierto. Cesar, aunque había sido encarcelado, se escapó, refugiándose en Navarra (norte de España), gobernada por su cuñado el rey, a cuyo servició guerreó hasta que lo mataron.

FOTO: MAPA DE SUS PRINCIPALES DESPLAZAMIENTOS EN ITALIA

Cuando Leonardo cumplió cuarenta y dos años, se descubrió América por Cristóbal Colón. No obstante, el año 1.492 sería recordado por Leonardo, porque murió su protector Lorenzo de Médici, causando grandes trastornos en la república de Florencia. En un más amplio contexto histórico, el año en que Leonardo nació, fue cuando los turcos conquistaron Bizancio, considerado el fin de la Edad Media. Da Vinci, al final de sus días, también tuvo el disgusto de saber que Roma había sido saqueada por las tropas del rey Carlos V. Leonardo, un año antes de morir, recibió la noticia de la muerte de Massimiliano, en quien había recaído el gobierno del Milán.

Concentrándome en el año 1.500, hay que decir que Leonardo contribuyó al esplendor de todos los festejos y actos públicos organizados para celebrar la entreda victoriosa del rey Luís de Francia en Milán a finales del mes de abril. En agradecimiento a sus muchos servicios, cuando Leonardo tenía cincuenta y cinco años de edad, el gobernador Charles de Amboise comunicó por escrito al tesorero ducal entre otras concesiones que otorgaba en propiedad un viñedo que incluía un manantial de agua: “… A nuestro querido y bien amado Leonardo Da Vinci”. A partir e entonces el gran genio florentino dejó sentir el peso de su influencia en todos los actos culturales.

Asimismo, a Leonardo se le concedieron rentas por las cuotas que los franceses recibían por el transito naval de los canales milesanos. Dado que los heredó su sirviente, es evidente que Leonardo las había disfrutado hasta el día de su traspaso en su mansión cercana al castillo de Amboise, en el centro de Francia. Por aquellos años recordaré que Italia estuvo repartida incluso con el reino de España, por el “Tratado de Granada”. Es más, después de estabilizar el país, el rey Fernando II, de Habsburgo, pasó a residir en Barcelona.

El poderoso Gonfalonieri de la Signoria de Florencia expidió un salvoconducto (18-8-1.502), en el cual se especifican las funciones que desarrollaría Leonardo Da Vinci. Debía examinar, e intervenir, en las obras de fortificación de los dominios papales, especialmenteen Romaña y sus alrededores: «Ordenamos y mandamos que el portador del mismo, nuestro excelente y bien amado familiar, arquitecto e ingeniero general, Leonardo Vinci, al que hemos encargado la inspección de las plazas y fortalezas de nuestros estados, se le preste la ayuda que se requiera en cada caso, o la que, a su juicio, estime necesaria (…). Belgioioso (Milán), Archivio Melzi d’Eril. Lettera patente di Cesare Borgia a Leonardo da Vinci)». Posteriormente se fortificarían en forma de estrella (Vauban). Cesar planeaba conquistar las regiones, rebeldes, por lo que encargó a Macchiavello reclutar, conducir y avituallar a las milicias populares (entonces los ejércitos aún se improvisaban).

La gran sutileza con la que posteriormente actuó Macchiavello, logró involucrar aún más a Leonardo, quien, quizá sin saberlo, espiaría a Cesar Borgia desde el día que éste lo contrató. Oficialmente, Leonardo lució galones de capitán, con la misión de detectar los puntos débiles de cada fortaleza, antes de sus ataques. La novedad al dibujar sus planos de la orografía del terreno, fue increíblemente exacta. Los presentaba sobre el papel, de forma que parecían fotos cenitales de poblaciones amuralladas, con los accidentes más relevantes de su entorno, como si las hubiese obtenido de un satélite de la NASA. Asimismo, inspeccionaba los lugares mejor provistos de agua y más seguros, idóneos para acampar el ejército asaltante, del cual Da Vinci formaba parte. En aquellas campañas militares, Leonardo incluso pudo haber sido un “espía doble”.

MACCHIAVELLO Y “IL VALENTINO”, HIJO DEL PAPA ALEJANDRO VI

Aprovechando que Cesar “Il Valentino” era un joven muy batallador, él y su padre el papa Borgia, quisieron crear un nuevo Estado en la provincia Romaña (desde el golfo de Génova, a Riminí), a fin de oponerse mejor a la presencia de los franceses. Su colaborador necesario fue Niccolo Macchiavello, nacido en Florencia en 1.469, quien acabó ejerciendo de embajador, porque conocía los oscuros resortes que mueven la política, siendo un gran maestro en asuntos diplomáticos. Él tenía fuertes motivos para opinar que: No había otro líder más capaz que Cesar para unificar toda la Península italiana. Por ser un muy hábil hombre ministro, tuvo bajo sus órdenes a Leonardo, desde que se planeó la ocupación de la Romagna (capital Bolonia).

Niccolo Macchiavello y Leonardo, se trasladaron a Piombino residiendo en la corte de Lagopo IV Apiani. Al convivir ocho meses con el famoso escritor (su jefe), Leonardo debió de “ensuciarse”, pero a su vez el genio toscano también lo influenció. Se llevaron bien, porque Da Vinci incluso lo retrató, lo cual equivale a homenajear a una persona. El dicho retrato ha sido recientemente descubierto en 2.019, siendo de toda lógica que existiese, pues Leonardo estuvo agradecido a Macchiavello. Saberse escuchar mutuamente, representó para ambos abrirse a nuevas perspectivas sociológicas; y más, cuando se sentían protegidos por las más altas autoridades por las cuales ambos trabajaban… Maquiavelo era el cerebro en la sombra de Cesar Borgia a pesar de sus diferentes modos de pensar, pues para el hijo del Sumo Pontífice: “Las palabras no sirven de nada”. Lo contrario pensaban Leonardo y Maquiavelo y confiaban en su capacidad de “Comer sabiduría”: (…) que lleva al soberano bien. (Aforismo nº 86). El porvenir no podía serle adverso a Leonardo.

Al leer a Maquiavelo yo descubro mucha de la inspiración de Leonardo; solamente hay que adaptar las principales directrices del revolucionario resentido porlítico; (por ejemplo: El fin justifica los medios”; (…) La política es el arte de mentir; (…). Lo que cuenta son los resultados; etc.), las cuales actualmente se enmascaran con eufemismos (tergiversar, desinformar, etc.). A pesar de aquella influencia, Leonardo mantuvo un talento útil, lo que significa que iría adornado con valores, que son buenas costumbres bien consolidadas. Conjugar talento con altruismo, abre las puertas de la sabiduría, hija de la experiencia. Reproduzco su explicación: «Dirán que no soy un hombre de letras; que no puedo expresar bien lo que deseo tratar. Pero ellos no saben que mis cosas han de ser tomadas -más que por las palabras ajenas- de la experiencia, que es la madre de quien bien escribe, y como tal la tomo como maestra, y en todos los casos la alegraré (…) La experiencia no se equivoca. Solo tus juicios se equivocan al esperar de ella lo que no está en su poder».

Las tropas papales tomaron Pisa, y entre los grandes militares estaba el capitán Leonardo Da Vinci, que hacía proyectos hidrográficos en los valles lombardos y el lago Iseo. Al conseguir conquistar aquel puerto de mar, gracias a la ayuda del rey Luís XII de Francia, Cesar Borgia debió creerse Julio Cesar cuando “pasó el río Rubicón”, un riachuelo que riega aquella misma zona, pero desembocando en el mar Adriático. El hijo del Papa fue duque de la Romaña y también del Valentinois (de donde le vino su apodo “Il Valentino”). Leonardo Da Vinci logró ganarse su mayor aprecio después de efectuar muy extenuantes trabajos. Se le había encargado intervenir arquitectónicamente en veinte fortificaciones militares, incluido el Forte Sangallo.

Leonardo trabajó muy duro, especialmente en Rimini, un castillo de mucha altura (semejante a un nido de águilas), en la orilla del mar Adriático. Leonardo tenía la misión de inspeccionar, y modernizar, los baluartes en las fortalezas de los territorios conquistados. Debía evitar que los cañones no destrozasen tanto las murallas, por lo que las dotó de esquinas, a fin de ofrecer menos superficie de impacto. Posteriormente se fortificarían en forma de estrella (Vauban). Fue una labor de titanes, y la llevó a cabo supervisando todos los rincones, a pesar de ser un suelo muy accidentado, incluso antes de removerlo.

Bolonia se rindió inmediatamente, pero el motivo de que mi biografiado regresase al Vaticano fue porque Cesar enfermó el mes de febrero de 1.503. Allí encontraron al pontífice Alejandro VI también enfermo (+ en agosto). En Roma Leonardo estuvo pocos días, pues partió hacia Florencia, donde liquidó su cuenta en fecha 14 -6-1.503. El político Nicolás Maquiavelo también regresó la república de Florencia, la cual quedó muy perjudicada. El pontífice Borgia y su hijo -el experto envenenador Cesar-, a pesar de estar sobreprotegidos, ellos también fueron envenenados cuando se daban un opíparo banquete. Aunque Cesar se curó, tuvo que refugiarse en España donde murió a los treinta años de edad combatiendo como mercenario.

La oportuna muerte de su padre, el pontífice, acabó con las aspiraciones de Cesar Borgia, por lo cual los florentinos enviaron a Roma a su ministro Niccolo Macchiavello, a fin de que escrutase qué pasaría entonces con Florencia. Sucedió que, toda la Península italiana, quedó bajo la hegemonía del rey de España, durante los tres siglos siguientes. La Iglesia también padeció contratiempos. El Papa Pio III, sucesor del papa Borgia, solo gobernó la Iglesia unos pocos meses, pero tuvo el gran mérito de haber forzado a los cardenales a prohibir que los clérigos se casasen, por la bochornosa conducta del pontífice valenciano que arruinó la Iglesia.

Le sucedió Julio II, un francés favorecido por su rey. Siendo cardenal estuvo muy unido a Cataluña, por ser mandatario del monasterio benedictino de Santa María de Montserrat (ubicado a 40 km. de Barcelona). Asimismo, había estudiado a los arabistas en el monasterio de Ripoll (al norte de Cataluña). Su principal tarea, como Sumo Pontífice, fue desmontar el falso imperio de los Borgia. Metafóricamente, lo hizo derribar “piedra a piedra”. Cesar en vano había tratado de huir, pues lograron detenerlo después de varios meses. Estaba herido, pero vivió, aunque quedó muy mal. Julio II lo envió prisionero a España, donde murió después de pasar mucho tiempo encerrado en una mazmorra.

Los cardenales de Florencia, para evitar ser también excomulgados, asistieron al concilio del Papa Julio II, confirmándole que serían sus aliados en la confederación llamada Santa Alianza, junto con Inglaterra y el emperador de Austria (los españoles se les unieron más tarde). Todos juntos, y cientos de mercedarios, derrotaron a Francia y a la república de Florencia. La Península italiana quedó ensangrentada hasta que, en 1.511, empezaron a calmarse los ánimos después de la rendición de Venecia.

A finales del año 1.511 los soldados mercedarios suizos de la Santa Liga (cuando Francia y el Vaticano se aliaron contra los venecianos y milaneses) destruyeron una ciudad a dieciséis kilómetros de Milán. Leonardo debió de estar de paso, ya que pudo dibujar cuanto veía en unos papeles de color granate. Al lado de aquellos horrorosos bocetos él mismo anotó que estaban sucediendo: «(…) el día dieciséis de diciembre a las diez y media de la mañana». Posteriormente, las tropas suizas incendiaron Milán en veinte ocasiones entre el dieciséis y el dieciocho de diciembre de 1.512.

El definitivo enfrentamiento bélico tuvo lugar el domingo de Pascua, venciendo el general Gastón de Foix, aunque en la batalla para defender Milán el vencedor perdió su vida. No obstante, por acuerdos entre las partes en fecha veintinueve de diciembre de 1.512 el hijo de Ludovico, llamado Massimiliano Sforza, entró triunfante en Milán. Después de aquel contratiempo, de Leonardo no se tiene noticia alguna durante todo aquel año. Como Leonardo Da Vinci no podría negar que había colaborado con los invasores, en prevención él y sus colaboradores una vez más debieron de salir apresuradamente, porque nada bueno podían esperar si los Sforza recuperaban su trono.

Ante dichas ausencias repetidas de Leonardo, para resolver su actividad de entonces estarían sus notas, en las cuales se refiere a menudo a Vaprio d’ Adda, una localidad ubicada a orillas del río Adda. Allí tenía su amigo Girolano la «Villa Melzi», que con razón se ha considerado una especie de refugio, o retiro, para el genio toscano que entonces ya tenía sesenta y un años de edad. Trabajaba restaurando aquella gran mansión, y pintaba cuadros en sus muros, mientras los soldados estaban destruyendo la población de Trezzo (15-1-1.513), a solo unos kilómetros lejos. No hizo allí cuanto tenía planeado, pues había proyectado un jardín, en parte colgado prácticamente encima del río, pues pasa a muy pocos metros de aquel hoy magnificado gran palacio.

LEONARDO DEBIÓ DE INFLUIR EN LA MENTE DE MAQUIAVELO

Política y socialmente, Leonardo se curtió, después de tantos meses de trabajar con el filósofo y estadista Macchiavello, porque le envalentonó, contagiándole su afán de acabar con el oscurantismo dogmático de la Iglesia. Niccolo Macchiavello aún no escribía libros cuando conoció a Leonardo, pero una década después de la muerte del genio toscano, alcanzó muy gran prestigio con una obra titulada “El Príncipe” (1.513), en cuyas páginas reflexionó sobre la política. Su jefe Cesar Borgia le había servido (sin saberlo) de modelo, y por otra parte, su relación con Leonardo le ayudaría iluminándolo. Desde la divulgación de la obra, fue una verdadera guía para todos los poderosos del mundo (desde Carlos V a Luís XIV; o desde Napoleón a Hitler). Había muchos motivos para que la Iglesia, en 1.559, lo incluyese en su “Índice de libros prohibidos”. Nicolas Maquiavelo contaba con la clemencia de los Médici, vencedores en 1.512, y su campaña militar no le acarreó consecuencias; aunque fue detenido y torturado (colgándolo y dejándolo caer seis veces al suelo). Sobrevivió, y acabó siendo amnistiado.

El mérito de Maquiavelo fue el haber sido el primero que apartó la religión de los asuntos de gobierno de masas. Su novedosa y muy buena gran idea, fue tan lógica como desestabilizadora para los católicos. El nuevo pontífice Julio II, al escuchar a Nicolas Maquiavelo en el Vaticano, resolvió drásticamente, todos los problemas de sus predecesores: Les demostró “tener mano dura”, amenazando a todos sus opositores con declararlos enemigos de la Iglesia, después de lo cual, todos serían víctimas de su excomunión.

Para entender la dureza de las sanciones de aquel periodo, recordaré que había visto quemar en la hoguera de la plaza mayor de Florencia (1.492), al fraile dominico Girolano Savonarola, (Ferrara, 1.452), un auténtico integracionista, a pesar de que nunca se había opuesto a los Cuatro Evangelios, ni tampoco nunca clamó contra la Iglesia. Su error fue creer que todos los florentinos estaban ya cansados de las extravagancias de los muy ricos Médici. Había predicado –y eventualmente conseguido-, que, sus conciudadanos creasen en Florencia una república. El tribunal que lo condenó estaba presidido por el cardenal Francesc Remolins, de Lérida (España). Lo que no se le pudo negar Savonarola, fue haber profetizado, con éxito, la invasión de ejércitos extranjeros, pues los franceses dominaron Florencia al cabo de poco tiempo.

LA “ALEGORÍA DEL ESPEJO SOLAR” DE LEONARDO

El genial Leonardo Da Vinci, tenía una debilidad que todos conocían: Fue un gran admirador del sabio griego Arquímedes. Para convencerlo de que se incorporase a su campaña, César le prometió regalarle dos volúmenes manuscritos (que había robado): “Arquímedes”, del Obispo de Padua, y otro de Borgo Santo Sepolcro. A Leonardo quizá no le importó, porque creo que quiso ser un “alter ego” de Arquímedes, de quien perfeccionó muchas ideas, reutilizándolas siempre que tuvo ocasión.

Una prueba consta en el “Código Arundel”, donde escribió debajo de un dibujo de un espejo cóncavo: Este es un espejo de fuego (Nicholl, p. 540). Fue una afición que ya le conocíamos, por haber puntualizado el biógrafo Vasari, que los espejos fueron “una de sus locuras”. El excelso artista del Renacimiento, había quedado fascinado por: cómo se había podido incendiar la flota romana atacante, concentrando los rayos solares, de cientos de escudos cóncavos, sobre sus navíos.

Sobre el poder de la luz solar, Leonardo dibujó su “Alegoría del Espejo Solar”, para lo cual contrató los servicios de un tal Juan de los Espejos: Se ve a un hombre, sentado en el suelo, que sostiene un gran espejo circular, cóncavo, con el cual dirige reflejos de rayos solares hacia media docena de animales diferentes que se están peleando. Para tranquilizar a dichos irracionales, utiliza el brillo de su espejo circular, cóncavo. Es una alegoría en la que representó la lucha entre el Bien y el Mal. Leonardo insistió mucho en investigar la realidad de aquella genialidad de Arquímedes, de modo que, después, pudo argumentar sus propias ideas sobre unas estructuras parabólicas, a las que llamó “Espejos de Fuego”, probablemente con objeto de perfeccionar una bomba de vapor de agua. Escribió: «La luz es fuente de Saber y nos lleva a la Virtud» El dualismo entre el bien (luz concentrada), y el mal (la pelea bestial), están disimulados, pero resultan evidentes: Leonardo, manipulador de la Luz, quiere evitar el Mal, iluminando a los que se pelean. Son ideas gnósticas, preferidas por los dualistas neo-cátaros.

No dudemos que Leonardo puso la máxima probidad en cualquier tipo de trabajo; dejando aparte el hecho lógico de desear ver progresar sus proyectos. Estudiando sobre el mapa la extensión del muy extenso terreno que estuvo obligado a recorrer, zigzagueando por la geografía del Norte de Italia, podemos entender que nadie soportaría tan duras tareas, de no ser porque le gustaba cabalgar. Afortunadamente, Da Vinci no solo era un excelente jinete, sino que él mismo adiestraba a sus nobles brutos, considerándolos símbolos de energía y potencia. Según Giorgio Vasari: «Leonardo siempre mantuvo sirvientes y caballos (…) Los caballos le causaban un gran placer (…) llegó a poseer un establo (…) Siempre mostró gran afecto y respeto por cualquier animal».

Paradójicamente, cada vez que mi biografiado intentó hacer esculturas ecuestres monumentales, se vio frustrado. En efecto, además del famoso monumento para los Sforza, en el mismo Milán se le presentó una segunda oportunidad. Aquel proyecto lo entusiasmaba, tanto como si le hubiesen representado en bronce a él mismo. El mariscal de Milán, Gian Giacomo Trivulzio, antiguo amigo de los Sforza, en 1.504 redactó un testamento destinando 4.000 ducados para que a su muerte, se iniciase la construcción de un monumento sepulcral ecuestre en la basílica de San Nazaro Maggiore. Era un trabajo muy lucrativo e ilusionante modelar una escultura como «el Coloso», y por sus antecedentes la encargaron a Leonardo, motivo por el cual regresó a Milán en 1.506.

Estaba ilusionado con aquel proyecto, seguro de que, como siempre decía:»Si la fortuna te viene de frente, agarrala por los pelos porque por detrás es calva». En su obsesión, se pasaba los días haciendo bocetos de cada parte de un caballo de batalla, la cual figura sobremontaría un arco de mármol historiado. También trabajó concienzudamente para no exagerar los costes;… pero todo fue en vano, porque no llegó a realizarse. El homenajeado Gian Giacomo Trivulzio aún seguía vivo pocos meses antes de que falleciese Leonardo.

Sin embargo, el agotamiento también redujo su portentosa buena salud “de hierro”. Era el precio que debió pagar para disfrutar de la estabilidad social y disponer de medios para sus investigaciones. De su actividad de entonces, Leonardo llenó sus cuadernos con múltiples observaciones, cartas, croquis de trabajo, incluyendo apuntes de libros consultados en las diversas bibliotecas que iba conociendo, pues aprovechaba todos cuantos estímulos mentales le gustaban. Se le reprochó que se hubiese gastado seis sueldos en que le leyeran la “buenaventura” (“De Chiromantia da Milano”, de Charles Nichol; p. 292, publicado en “El Vuelo de la Mente”; Ed. Taurus-Madrid 2.005), aunque debió de estudiarla para poder desacreditarla. Por el mismo motivo adquirió dos volúmenes sobre alquimia.

LEONARDO IDOLATRÓ A LA “MONA LISA”

Parece evidente que su marido le habría pedido a Da Vinci, que pasase a visitarlos previamente a su domicilio, para que ambos se conociesen, a fin de “romper el hielo”. El día acordado, mientras el marido y el genial retratista la esperaban en el salón de su casa, estuvieron hablando relajadamente, quizá recordando a los demás pintores florentinos y sus circunstancias. Por entonces, Verrocchio ya había muerto (en 1.488), y Botticelli estaba enfermo. El pintor de moda era Miguel Ángel, pero él no era específicamente un retratista. Súbitamente, cuando aquella conversación a Leonardo ya casi le producía sopor, en el salón hizo su aparición una lozana joven. A Da Vinci le costó creer que fuese Doña Lisa Gherardini; pero, en efecto, era la esposa del Giocondo. Leonardo quedó deslumbrado, por no decir aturdido, porque pudo ver en su rostro las facciones puras que siempre había llevado impresas en su corazón.

Se levantó, y lo primero que comprobó fue que, aquella copia terrenal de la diosa que todos llevamos en nuestro interior, era casi tan alta como él. Al besarle la mano, ya estaba convencido de que era la mujer más proporcionada que habían visto sus muy inquisitivos ojos. Íntimamente, a Leonardo incluso le habría gustado postrarse a sus pies,… o besar la orla de su vestido; y todo ello sin que él hubiese articulado ni una sola palabra. Doña Lisa Gherardini se limitó a sonreírle modosamente, pero de un modo subyugador que nunca después Leonardo Da Vinci pudo olvidar aquellos labios. Tan iluminada estaba su mente de cálida luz, que pasado un rato Leonardo todavía seguía en silencio, haciendo como si escuchase al afortunadísimo marido. Ni la más voluptuosa y zalamera de las mujeres le habría alterado tanto sus sentidos.

Los sentimientos humanos no son siempre simples, pudiendo, a veces, reír y llorar al mismo tiempo. Son una expresión compleja de la condición humana, por ser muy profunda. Experimentamos una combinación agridulce de sentimientos, dotando de una peculiar belleza a la vida, cuando se nos despierta alguna reacción emocional. Si esto llega a producirse, ya no se podrá olvidar jamás. En las posteriores ocasiones que se encontraron Leonardo y Doña Lisa, el silencio fue la tónica de su platónica relación. Eran dos almas que parecía que amasen la quietud con igual intensidad. Ella callaba también por respeto… o quizá por su vacuidad; y Leonardo, por su concentración habitual, sabiendo que debía reprimirse. Intentaba repetirse que: las pasiones se adormecen cuando no hay un” montaje” que las sustente, pero le resultaba verdaderamente difícil.

Después de acordar los días para realizar las sesiones del posado, al fin comenzaron, aparentando un fingido distanciamiento. En cierto modo, el silencio les permitía a ambos comunicarse mientras la retrataba. En la estancia tan solo se oía deslizarse el lápiz primero, y seguidamente el pincel sobre la tabla. Entonces, Leonardo Da Vinci recordaría un verso de Macchiavello, oportunísimos en aquella ocasión: «Me quemo, y la quemadura no se ve fuera». A Doña Lisa, su complicidad con el artista le daba un brillo especial a sus ojos; el cual efecto Leonardo se esmeraba en captar. La iluminación es un complemento del todo imprescindible, en una sonrisa verdadera. Pero es inexacto escribir que la famosa “no sonrisa” de “La Gioconda” expresaba, no solo la alegría de Florencia, sino la de todo el periodo renacentista.

DOÑA LISA GHERARDINI DEL GIOCONDO, LA  MONA LISA

Después de retratar a Cecilia, la bella amante de “el Moro”, pasó un período de quince años en el cual Leonardo tan solo pintó a Ginebra Benzi, siendo Doña Lisa  la tercera. Es decir, en tan largo periodo solo hizo retratos de tres mujeres, lo cual parece ser muy poca experiencia para alcanzar tanta fama como pintor retratista. Leonardo, tan solo encontró a su musa inspiradora en la Mona Lisa, siendo su gozo compartido por aquella joven señora. La placidez de su rostro revelaba cierta pasión invisible, tan peligrosa como las fuerzas de la naturaleza salvaje. Aunque previamente su marido la informó de que, Da Vinci, era el único gran retratista del verdadero “estilo florentino”, ella, intuitivamente, supo  reconocer al hombre que encarnaba al “sabio ancestral” que cada persona lleva dentro de sí misma, la mayoría de las veces sin llegar a descubrirlo. Leonardo escribió, quizá recordando aquellas sesiones de posado: “(…) Si la libertad te es querida, ojalá no descubras nunca que mi rostro es la cárcel del amor».

Al regresar a sus aposentos, Leonardo reflexionó que no tenía más remedio que dejar de encontrase con Doña Lisa. Su mutua fascinación, solo la pudieron disfrutar un par de sesiones, porque Leonardo recibió la orden del todopoderoso Cesar Borgia de viajar lejos. Debía reincorporarse a la milicia para realizar trabajos en la ciudad de Faenza, en plena canícula (el “ferragosto”).

Leonardo había intentado, en vano, retrasar su partida, pero bastó recordarle que, meses antes había firmado: Contribuir para ser acortada la guerra. Fue un argumento definitivo, muy por encima de su forma de pensar: «Los hombres luchan en guerras y destruyen todo lo que los rodea. La tierra debería abrirse y tragárselos (…) Un humano promedio mira sin ver, escucha sin oír, toca sin sentir, come sin probar, se mueve sin conciencia física, respira sin percibir fragancia y habla sin pensar«.

Después de ser capitán del ejército de Cesar Bogia durante tres años, Leonardo, estando en Urbino a finales de julio de 1.502, le habría gustado que Cesar le llevase con él a Milán, porque debía pasar por Piombino, en la costa mediterránea, donde actualmente es puerto de embarque de los transbordadores a la isla de Elba. En cambio le ordenaron dirigirse a las tierras orientales de la península, donde constantemente estaba de gira trepitante (Pesaro, Rimini, Casena, etc.). Estuvo en Pavia (18-8-1.502) donde le expidieron un ampuloso salvoconducto para que pudiese inspeccionar todas: “(…) plazas y fortalezas a nuestro bien amado y excelso arquitecto e ingeniro general Lionardo Da Vinci”, quedando los demás ingenieros subordinados a sus órdenes.

Al fin les compensó porque diariamente quedaban sorprendido su ingenio, como cuando, debiendo improvisar un puente para que la tropa cruzase un rio de veinticuatro pasos de anchura, Leonardo hizo cortar árboles y, con troncos -todos de seis pasos de longitud-, les diseñó el cómo debían de ensamblarlos mediante unas muescas que encajaban.

A comienzos del mes de marzo Leonardo decidió regresar a su querida Florencia. Maquiavelo se licenció igualmente, i en la misma ciudad tuvo influencia sobre Leonardo, pero entonces en el terreno laboral, porque dicho amigo político lo recomendó a la sede del gobierno de Florencia. Lo malo del encargo fue que debían trabajar en la mismo gran salón con el pintor Miguel Ángel, uno a cada lado de los muy nobles muros. Se especificaba por contrato que ambos debían hacer las figuras de tamaño natural. Eran dos escenas bélicas de medidas enormes.

Ambos geniales pintores allí fraguaron una competencia muy encarnizada, pero ninguno terminó su obra. A Miguel ángel lo seleccionados para trasladarse al Vaticano y pintar la famosa Capilla Sixtina. Leonardo se sintió muy defraudado de no formar parte del selecto grupo de artistas escogidos, y se vio obligado a aceptar el encargo del monasterio Santo Donato de Escopeto, una población cerca de Florencia. El tema era «La Adoración de los Magos». Leonardo se comprometió a aportar los materiales y terminarlo en treinta meses. Lamentablemente, la efervescente mente de Leonardo Da Vinci se distrajo en mil cosas, sucediendo que solo pudo recibir de regalo unas jarras de vino. Paradójicamente, incluso inacabado aquel cuadro impresionó a sus convecinos, y sigue siendo muy alabado en la actualidad.

Por suerte para mi biografiado, al quedar eventualmente libre de sus obligaciones militares con “Il Valentino”, Leonardo en Florencia buscaba dónde invertir el dinero ganado. Al final, compró una finca en Fiesole. Eran unas tierras de labor, con una extensión de media hectárea, rodeadas de olivos y árboles frutales, pues tenía decidido establecerse en esa región. Aún le sobró dinero, puesto que concedió un préstamo al miniaturista, y pintor, Gabriello di Vante, popularmente conocido como Attavante degli Attavanti. Tenemos una nota de mi biografiado, a efectos contables: «Recordatorio. El día 8 de abril de 1.503, yo Leonardo da Vinci, presté a Vante, iluminador, 4 ducados de oro en oro. Se los llevó Salai en mano. Dijo que me los devolvería en el espacio de 40 días». (“Codex Arundel”, f. 229v, en la British Library-Londres).

Por fin, antes del verano, tuvo lugar su esperado reencuentro con Doña Lisa Gherardini, para reanudar el posado artístico. Había meditado mucho como ultimar el retrato, y se sentía eufórico, y más el día en que ella posó de nuevo para él. Mona Lisa era muy casta, no obstante, fue capaz de deslumbrarlo, y hasta subyugarlo, con su personalidad, pues había sabido respetar, e interpretar, sus silencios. Leonardo haría lo imposible para inmortalizar su natural y serena belleza. Justamente en tal convicción está el secreto de la obra cumbre de Leonardo,… que jamás le ha sido discutida.

Previamente a la sesión de posado, Leonardo había arreglado la estancia, para que la joven creyese estar pisando el tocador de una princesa. Aquella sensación de reencontrarse, fue tan placentera, que ambos sabían que era recíproca. Pero, tampoco duró, porque la vida de Da Vinci era trepidante y de nuevo debieron despedirse. Cuesta creer que entonces fuese coherente con lo que había escrito: «Me gustan los que se ríen de la adversidad; puesto que por aquel entonces, por el motivo que fuese, también escribió: “(…) las promesas engañan, el tiempo decepciona, la muerte burla los cuidados; las ansiedades de la vida son nada (…)“.

Partió con la seguridad de que llegaría un día cuando él lograría captar, y plasmar en un cuadro, la esencia de una mujer como nadie antes había conseguido utilizando los pinceles. Era la modelo ideal, tan joven que, viéndola, se diría que la envejeció adrede. En aquel retrato mi biografiado nos revela las dimensiones filosófica, esotérica, teológica y religiosa que lo invadían. Retratar aquella dama, debió de constituir para él, una especie de “testamento vital” de la mejor etapa de su madurez artística. Pero tendría que esperar ocho meses hasta su regreso, pues entonces no tuvo más remedio que hacer su equipaje. Leonardo pidió sinceramente disculpas y se despidió, por obligación, sin ocultar su pena… que disfrazó de temor: ««Así como el coraje pone en peligro la vida, el miedo la protege».

Leonardo, el 14-6-1.503 estaba aún en Florencia, donde retiró de su cuenta bancaria cincuenta florines de oro. El 21 de junio, se halla en las proximidades de Pisa, trabajando en el desvío del río Arno; y un mes más tarde, volvió a visitar la evolución de los trabajos. Se comprende que, dada su movilidad, sea muy difícil detallar sus desplazamientos. Sus periodos depresivos, Leonardo los resolvía entregándose al trabajo en cuerpo y alma, terminando cada día agotado. Sabía de que hablaba cuando dijo: Nuestra mente abandonada a si misma, nos engaña (…) Nada engaña más que el propio juicio“.

.Por entonces, la frustración que Da Vinci arrastraba era enorme, siendo el ingeniero hidráulico responsable del enorme proyecto de desviar el curso del serpenteante río Arno, mediante la construcción de un canal que va desde Pisa a Livorno, se ganó el ser considerado precursor de la Topografía moderna. Aunque al fin, aquella obra resultó militarmente ineficaz, sí que sería muy beneficiosa en tiempos de paz. Caso de que Leonardo no hubiese obedecido inmediatamente aquella orden de “Il Valentino”, le podía haber costado la vida. Por otra parte, Leonardo estaba deseoso de poder demostrar que era capaz de ingeniarse todo tipo de artilugios de guerra. No se podía dejar escapar aquella gran oportunidad: «Al final, la satisfacción está en gozar de las obras propias bien hechas».

FOTO: “LA GIOCONDA”, El CUADRO MÁS FAMOSO DEL MUNDO

Innumerables suposiciones se siguen escribiendo tanto sobre Leonardo, como de sus muchas obras pictóricas, especialmente centradas en analizar sus mejores cuadros. Concretamente, de “La Gioconda” escribió R. A. Sentí, en su libro “El Robo de La Sonrisa”: (La Mona Lisa) “abandonó el Louvre siendo una obra de arte, y volvió convertida en un icono. Es la diana de un vasto abanico de opiniones contradictorias: algunos detectaron crueldad en su sonrisa, considerándola propia de la mujer despiadada que esclaviza a los hombres, mientras que, por el contrario, otros se han sentido deslumbrados por su encanto y por su dulzura». Hay media docena de firmes candidatas para la identificación de esa modelo de “diosa submarina”, que es como la definió Kenneth Clark “Leonardo…” (Cambridge, 1939). Después de quinientos años, dicho cuadro de la joven dama “Madonna” Lisa, sigue siendo el centro de muchos debates especulativos acerca de su verdadera personalidad. En efecto, es imposible demostrar quién era, y cuando la pintó.

En cualquier caso, es el retrato de la mujer con peor salud de la Historia del Arte. Le han diagnosticado hipotiroidismo, sífilis, párkinson, ictus, exceso de colesterol, alopecia, síndrome “de Tourene”, sífilis, etc.; y en la actualidad aún se le siguen asociando enfermedades. Como avisé más arriba, al tan famoso retrato de “La Gioconda”, lo comento en la “2ª Parte”, dado que su identidad, sus copias, y su “no sonrisa”, al ser una expresion congelada, han hecho correr ríos de tinta. Tal misterio puede resumirse en dos partes: La identidad de la modelo; y el por qué de su fantasmagorica sonrisa. La historia de un probable romance, entre el pintor y la retratada, siempre fue motivo de inspiración para los investigadores. Últimamente la defendió la alemana Maike Vogt-Luessen “Who Is Mona Lisa?” (2.004); pero como siempre, se procura jugar con conjeturas. Anticipo que se la ha reproducido en todo tipo de soportes plásticos, y musicalmente también le han estado dedicando cientos de canciones.

“SEGUNDA ETAPA” FLORENTINA DE DA VINCI

Leonardo partió de Mántua con su equipo y se fueron a Venecia, y de allí habrían de regresar a Florencia donde hacía ya dieciocho años que Leonardo estaba ausente. Llegaron allí el mes de abril, cuando su fama le precedía, pero el ambiente artístico de antaño se había marchitado con el declive de los Médici. Leonardo con sus colaboradores fueron acogidos entre los monjes del convento de la “Santísima Annunciata”, uno de los templos más ricos de la capital que, por mediación de su notario, el padre de Leonardo, le encargaron el tema “La Virgen con el Niño y santa Ana”, donde el Niño aparece jugando con un cordero. Tuvo un gran éxito a nivel popular, pues del mismo tema hizo varias copias a los largo de una década, suprimiendo detalles colaterales.

Entonces comprobó que el nuevo escultor de moda era Miguel Ángel, un hombre de duras facciones de boxeador, que vestía descuidadamente y tenía muy mal genio. Por suerte para Leonardo, los monjes del convento de la Santissima Annunziata, le encargaron a hacer un boceto del cuadro: “Santa Ana, la Virgen, el Niño y San Juanito” (también llamado: “La Virgen y el Niño, con Santa Ana y San Juan Bautista”). Algunos de sus descoloridos cartones de los bocetos previos, estan expuestos en los más prestigiosos museos del mundo (sucede con muchos otros temas de mi biografiado). Después de que aquella obra estuvo terminada, provocó tal admiración, que se lo agradecieron, reconociéndolo cual un ídolo de masas. Según G. Vasari: (… ): Da Vinci (…) Hombres y mujeres, jóvenes y viejos, acudían a observarlo como si estuvieran participando en un gran festival. Después, el genio del Renacimiento quizá volvió a viajar (o bien, había colmado su ambición) pues dejó de pintar. Se explica que, se retiró del mundo para vivir eventualmente en un convento.

Reclamo la mejor atención del lector acerca del supuesto “enclaustramiento”,  por ser lo más contrario al criterio súper-independiente de mi biografiado; pues, si hubiese deseado soledad, se habría retirado a un espacio abierto y natural. Además, siempre estuvo en desacuerdo con las enseñanzas monacales, con la única excepción del matemático fraile Pacioli su amigo y colabroador. El monje Piero Novellara, en una carta (3-4-1.501), relató los motivos, con ocasión de responder a la duquesa de Mántua, afirmó, refiriéndose a Leonardo, que: «Sus estudios matemáticos lo han alejado de la pintura. (…) La vida de Leonardo es tan variable e irregular, que se diría que vive al día. (…) Dedica buena parte de su tiempo a la geometría y no muestra afición alguna por el pincel».

Hoy yo tengo motivos para sospechar que alguien -que tuvo autoridad sobre Leonardo-, de alguna forma les habría pedido que lo excusasen, como realmente sucedió. Ciertamente, mi biografiado estaría ocupado realizando gestiones, o en otras  investigaciones;… pero probablemente lejos de Italia. No soy el primero que defiende que Leonardo hizo varios viajes al extranjero, pero solo me atrevo a tomar en consideración los que le llevaron al Sur de los Pirineos, porque yo los puedo complementar.

Aunque hoy sean algo exigible, las perspectivas incluidas en las panorámicas de sus dibujos, a los conciudadanos de Leonardo Da Vinci les debieron de parecer “ciencia ficción”. Fue el inventor y el mayor dominador de la perspectiva,… y lo siguió siendo durante años. Gracias a su genialidad artística -la más culturalmente titánica de la historia- quedó científicamente establecido, por vez primera, que el mundo está lleno de creatividad y que es extremadamente complicado. Da Vinci, también fascinó por ser, él mismo, interdisciplinario y complejo… además de profundo. Escribió: «El Inefable está con, y en nosotros, en cuanto vemos y percibimos y aún más allá de nuestras percepciones». Todo estaría auto-regulado y auto-conectado, quedando escrito en las cuarenta páginas de su volumen titulado “Codex Froster”. Es admirable un dibujo suyo de cómo una figura geométrica se transforma en otra diferente. El mayor atractivo de mi biografiado, sobre todo fue intelectual, puesto que indujo a comportarse como él, a quienes nunca cultivaron el deseo de la excelencia. Es semejante a la “Ley del péndulo”: Primero lo rechazaron, defraudándole,…pero luego lo imitaron.

Leonardo Da Vinci identificó no uno, sino tres diferentes tipos de perspectivas,…, lo cual, gracias a él, significó una revelación, transformando el arte europeo para siempre. Sus proyectos superaron a todos los existentes, porque además de que incluyó montañas en las panorámicas (recordemos que subió al Monte Rosa, entre Italia y Francia), siempre dibujó perspectivas con gran precisión. Aquel recurso también lo aplicó cuando trabajó en el secado de las marismas, y en la canalización de aguas, dotándolas de compuertas automáticas que se abrían mediante contrapesos, etc., teniendo en cuenta los cambios de nivel debido a las mareas. Aunque para Leonardo el agua, básicamente, era la fuerza motriz de toda la naturaleza, siempre comparó los ríos y sus afluentes, con las venas de un cuerpo humano. La “sangre de la tierra”, que era como los llamaba, pues le gustaba  comparar la corriente de un río con el flujo de la sangre. Incluso ideó una fórmula para teñir los cabellos, escribiendo que: «También los rizos recordaban el discurrir de las aguas bravas».

Al pintar  ríos y lagos en sus diversas  obras, nos dio a entender que sentía debilidad por los cursos de agua, incluyendo los lagos que las mantienen estancadas. Quizá ello justifique que Leonardo trabajase diez años -de diferentes formas-, para construir un gran canal navegable. En su proyecto inicial presentó, novedosamente, el uso de compuertas complementarias para nivelar las aguas del río. Escribió: “Lo haré atajar por Serravalle para verter aguas en el lago”. Fechó sus planos y mapas entre 1.503 y 1.504, pero no pasó de ser un sueño, debido a que nunca se pudo imaginar obtener la energía de un motor de combustión.

Leonardo no renunció a ninguna de sus capacidades. Fue un arquitecto y un ingeniero que planeó y realizó largos túneles atravesando altas montañas, y también supo conectar ríos mediante canales. Fue por sus obras de entonces que Leonardo, a mi modo de ver, merecería que se le otorgase otro record: Fue la persona que más veces subió y bajó de su caballo, cuando entre Milán y Venecia se tardaba más de una semana de cabalgar diariamente, o sea, lo mismo que para viajar a Florencia. Aquellas obras suyas domesticaron el paisaje del Norte de Italia; y no solo aun permanecen, sino que nos alegran la vista. Pero lo mejor lo planeó muchos años después, casi en el centro geográfico de Francia. En efecto, allí Leonardo diseñó el sueño del griego Pericles (400 aC.) de construir una “ciudad ideal”.

«EL ARTE DE LA NATURALEZA, Y LA NATURALEZA DEL ARTE»

Algunas biografías sobre Da Vinci se escribieron para proclamar -ya desde su título- que: «Leonardo da Vinci fue el creador de la metodología científica» (M. White; N.Y. Saint Martin’s Press 2.000). En realidad, sus contribuciones científicas tan numerosas sobrepasan el interés popular, pero no se puede ignorar que fue mi biografiado quien inventó la geometría proyectista, el día que logró que una imagen tridimensional «flotase» sobre un plano bidimensional. Lo ejecutó con éxito en una obra pictórica titulada «Dragón», donde se mostraba al dicho animal luchando contra otro (D)ragon. Una obra que solo es conocida por haberla comentado su amigo Francesco De Melzi en sus escritos, pues actualmente se ignora su paradero.

Leonardo fue un científico y a la vez un artista de los pinceles,y quien por primera vez unió las matemáticas a sus diseños artísticos, aunque jamás hizo alarde de ello en sus escritos. Quizá un día se encuentre algún comentario al respecto, pues la verdad es que solo se ha podido conocer una tercera parte de ellos. Pintar con base matemática, o sea, ayudándose de los números y de la geometría, me hace evocar la famosa secuencia numérica llamada «de Fibonacci», cuya tabla de valores comunes están asociados a la «sección áurea». En su cuadro «La Anunciación», pintado cuando todavía era aprendiz de Varrocchio, Leonardo se acercó mucho al las proporciones del rectángulo áureo.

Según los actuales académicos, sería el mayor genio jamás conocido, dado que demostró tener suprema eficacia en cuantos trabajos emprendió. Todo cuanto hizo fue fruto de su trascendental talento, puesto que no daba nada por sentado. Según el biógrafo Giorgio Vasari:“(Leonardo da Vinci) no se conformaba con ningún tipo de religión, y se consideraba a sí mismo más un filósofo, que cristiano». Comentario éste, que Vasari suprimió en la 2ª Edición de su biografía). Mi biografiado enseñaba a sus alumnos  que buscasen siempre la conexión entre todas las cosas. Perseguir la unidad: No aprendais unos de otros, sino fijarse en la naturaleza (…). Él personalmente, jamás dejó de llevar atado al cinto su bloc de notas, porque según les decía: «Hacer bocetos te hará más observador».

Los florentinos instruidos -él incluido-, tuvieron muy presente en su memoria a otro genial Leonardo, celebre matemático cuando mi biografiado era muy joven. Le llamaban Leonardo «el Pisano», autor de «El Libro del Abaco» (o «Abaci»), publicado en 1.202. Era un sabio muy reconocido siempre después en Italia, porque descubrió una serie numérica que elevó las matemáticas muy por encima del nivel que las había encontrado. Reconociendo su valía, Leonardo le dedicó un capítulo (número 13),… protagonizado por conejos. No era ninguna broma, pues pretendió demostrar que la naturaleza se reproduce bajo un patrón numérico dado. Una vez lo hubo verificado, su conclusión fue que en el trasfondo de todo estaba el mágico número 1.618. «(…) Esa ciencia tiene la misma relación con la naturaleza divina, que sus obras con las de la naturaleza, y por eso ha de reverenciarse». Afirmaciones como esas, harían aconsejar al teólogo Tomás de Aquino: «huir de las matemáticas».

Da Vinci, filósofo de la naturaleza, a la que deseó adaptarse, estaba convencido de llegar a encontrar en la geometría las claves de la misma, sin dejar de reconocer que:La Naturaleza tiene abundantes razones que están fuera de la experiencia. Todo lo había realizado gracias a su innato interés intemporal, pero había llegado la hora de superar los dictados del corazón y atacar los problemas con mentalidad científica. Así hay que comprender que escribiese: Que no me lea quien no sea matemático, porque yo lo soy siempre en mis principios. Es decir, Leonardo prefirió perderse en las espesuras del saber, yendo más allá de las normas de su tiempo,… y éste, al fin, le dio la razón.

Su mente, fieramente inquisitiva, se revolvía en todas direcciones en busca de problemas; de modo que, uno vez había resuelto uno, disminuía su interés y buscaba otro. Su inagotable sed de conocimientos le hizo imaginar una cosmovisión, según la cual la tierra era un ser humano que actuaba como lazo de unión entre el macro y el microcosmos. Él pudo mirar a cada persona, como si fuese una síntesis de la aritmética en la materia. Yo puedo sospechar que mi biografiado, a veces, para relajarse  y pasarlo súper bien, en sus desplazamientos se imaginó estar cabalgar sobre un rayo de luz solar.

SUS INTENTOS DE CONTINUAR PINTANDO A DOÑA LISA

En Florencia, Leonardo suponía que, acabados algunos trámites, pronto se pondría de acuerdo con Madonna Lisa para poder seguir retratándola. Al poder reanudar las sesiones de posado, Leonardo y Doña Lisa parecían estar de acuerdo en que: Añorar un pasado mejor, quizá les condenase a tener un futuro peor; pues ya se ha visto que sucede incluso cuando se trata de grandes naciones. Se prometieron que, a pesar de las interrupciones, ellos continuarían la tarea emprendida de pintarle el retrato encargado. Así fue como, intermitentemente, pudieron reencontrarse con la excusa de realizar “posados”-que duraban varias horas-, al menos durante cuatro años. Quizá, Leonardo tuvo impedimentos que no pudo eludir, como la muerte de su padre que trataré más adelante.

Al llegar el día acordado para la entrega del tan famoso retrato, parece ser que no se llevó a cabo. Sea como fuere, Leonardo Da Vinci quedó tan satisfecho que, sin saberlo ella, había realizado una copia para sí mismo. Se desconoce el motivo del por qué no lo entregó. ¿Tal vez, el celoso marido no quiso pagar por pintar a su esposa “La Gioconda”? Aunque está dentro de lo probable que el propio Leonardo retrasase la entrega, quizá argumentando que aún le faltaba perfeccionar algunos detalles. Es un retrato de señora que nunca tuvo cejas.

Al concluir los posados, Mona Lisa tendría ya unos veintiocho años de edad, aunque había cambiado muy poco; en cambio Leonardo entonces tenía un aire más majestuoso. Todavía era un hombre muy apuesto, y de aspecto sereno, que se mantuvo con gran entereza hasta el último día que Doña Lisa Gherardini posó para él. Entre ambos personajes había existido una vibración invisible, únicamente manifestada por el incremento de una emanación calórica, que casi llegaba a sonrojarlos. Leonardo pensaría: “Allí donde hay más sensibilidad, es más fuerte el martirio”.

Finalmente, solo faltaba añadir al retrato las cejas y las pestañas, pero Leonardo no lo hizo nunca, de forma que, siendo tan ostensible, nadie pusiese en duda que la obra no estaba terminada. Por si le exigían que lo entregase, Leonardo lo copió fielmente, aunque con materiales más baratos, aprovechando para alterar las montañas del fondo de la panorámica. También sus discípulos realizaron copias, a las cuales Leonardo dio las últimas pinceladas. Analizando su calidad, se ha comprobado que el enigma se centra solo en dos cuadros de “La Gioconda”, siendo la original la del Museo del Prado de Madrid. El otro cuadro, aquel que Leonardo repasó hasta el fin de su vida, y quiso llevarlo siempre consigo donde quiera que fuese (Florencia, Milán, Roma, y Francia), terminaría colgado en el palacio del rey francés, cerca de donde Leonardo había residido.

Lo ideal hubiera sido poder pintar el cuadro sin interrupciones, pero varias veces los compromisos lo retuvieron, frustrándose aquel anhelo. Sucedió, por ejemplo, al ser informado de que su padre, Ser Piero Da Vinci, estaba muy grave, lo cual conmovió profundamente a Leonardo (1-7-1.504). Cuando llegó a su lecho mortuorio, ya no pudo comunicarse con él; pero además, notó un ambiente enrarecido los días que estuvo a su lado, especialmente en los familiares que se movían a su alrededor, pues sus hermanastros, y respectivas esposas,entonces  guardaban un silencio glacial.

En una nota, Leonardo redactó el hecho luctuoso en un estilo que recuerda la prosa propia de la profesión paterna: El día 9 de julio de 1.504, miércoles, a las 7 horas, murió Piero da Vinci, notario en el Palacio del Podestà, mi padre, a las 7 horas. Tenía 80 años de edad, dejó diez hijos varones y dos hijas. (“British Library”-Londres, “Codex Arundel” f.272r). Llama la atención su parquedad en esta noticia de tipo afectivo, dada su grafomanía en otros escritos. En un folio aislado se lee el borrador de una carta suya, sin fechar, la cual Leonardo quizá nunca envió: “Queridísimo padre: El último día del pasado mes recibí la carta que me escribiste, la cual me ha causado alegría y tristeza al mismo tiempo: alegría por cuanto que en ella me comunicabas que te encontrabas bien de salud, de lo cual doy gracias a Dios; pero también sentí tristeza al conocer tus problemas”. (Biblioteca Ambrosiana de Milán, “Codex Atlanticus”, f. 62v-178v).

Después de haber fallecido su progenitor y haberle dado cristiana sepultura, Leonardo se reunió de nuevo con sus numerosos familiares, quienes le expusieron crudamente que, siendo él un hijo ilegítimo, no podía aspirar a nada de la herencia. Leonardo, escrutando las formas con que se lo expresaron, entendió haber sido expulsado de aquella familia, y al salir de la casa de su difunto padre, quizá desease no volver a verlos. Sólo su tío Francesco había permanecido siempre en silencio. No lo advirtió entonces, pero sí lo comprendió años más tarde.

Al Finalizar el mes de noviembre del año 1.504 Leonardo estaba de nuevo en Florencia. Él mismo anotó en su cuaderno una nota, en vertical, junto a un cuadrado y un círculo: “En la noche de san Andrés concluí la cuadratura de un círculo, cuando la luz,  la noche y el papel en que escribía llegaron a su fin”.

LUCUBRACIONES SOBRE EL PARADERO DE LEONARDO

La siguiente información fue publicada en el libro de J. L. Espejo: “(…) El último cobro del llamado Fresco de Anghiari, tuvo lugar a finales del julio de 1.504; el 3 de agosto de 1.504 llega a su taller Jacobo el Alemán; y el 9 de agosto extrae 10 ducados de la hucha. Poco después, Leonardo ya no estaba allí. Charles Nicholl escribió: “Y mientras se desarrollaba este monumental fiasco en las llanuras pisanas (el fracaso del desvío del Arno), en el que (Leonardo) tenía su parte de culpa, ¿dónde estaba Leonardo? Fuera de la ciudad, seguramente” (página 432). No volvemos a saber de él hasta el 20 de octubre de 1.504, en que Leonardo reside en el castillo de Piombino, que se debió fortificar. El 1 de noviembre de 1.504 “hace la demostración” al señor del lugar (Jacopo de Appiano)”.

Tal vez Leonardo, sirviendo a las órdenes del ejército pontificio, también pudo haber visto el castillo de Salses, de forma personal y directa. Había sido edificado en 1.497, por orden de Fernando II “el Católico”, rey de España. El dibujo de Leonardo es de finales de 1.504. Dado que, al reconstruirlo, le añadieron mejoras (como las rampas en las murallas, etc.), el dibujo de Leonardo difiere del actual castillo de Salses, en muchos detalles. Da Vinci dibujó un “esquema idealizado”, de lo que debe ser una fortificación “a lo Salses”, adelantándose a los arquitectos italianos en la edificación de fortalezas. 

Américo Vespucio, según J. L. Espejo:(…) En abril de 1.505, obtuvo la nacionalidad española (en las mismas fechas en que Fernando Yáñez se incorporó al equipo de Leonardo). Por su parte, Jean Paul Richter, el compilador de las escrituras de Leonardo (“The Noteworks of Leonardo Da Vinci”), incluyó el siguiente párrafo: “Il Vespucio mi vol dare un libro di geometria” (Br. M. 1.32 b). Y afirma: “(…) Americo Vespucio, a quien Leonardo conocía (…). Es decir, el hallazgo reciente del retrato de Leonardo al, ya anciano, Américo Vespucio, cuando  el navegante florentino residía en España, hace evidente que ambos mantuvieron contacto personal.

Al regresar Leonardo a Florencia, según J. L. Espejo: (…) En abril de 1.505, Da Vinci efectúa un pago de cinco florines de oro a Ferrando Spagnolo. Éste era, en realidad, Fernando Yáñez de la Almedina, (el Ferrando Spagnolo, al que alude Leonardo), el cual pintó algunas obras de estética “leonardiana”, también en Barcelona. (…) Allí Leonardo pudo dibujar el retrato de Americo Vespucio, al servicio de la Corte a fines del 1.504, para preparar una expedición en busca del paso del Sudoeste.

EL REGRESO A SU QUERIDA FLORENCIA

Al regresar a Florencia después de dos años de ser capitán en la milicia pontificia, Leonardo, por fin recibió un importante encargo artístico. Debería realizar un gran mural de tema bélico, en la sala del Maggior Consiglio en el Palazzo Vecchio. Para ello incluso se le confiaron las llaves de la llamada “Sala del Papa”, situada en el claustro de Santa María Novella, y también se le habilitó un aposento contiguo. Era un espacio magnífico, donde Leonardo pudo desplegar el enorme cartón en el cual tendría que esquematizar la gran victoria de los florentinos cerca de Arezo, en 1.440, sobre los milaneses en “La Batalla de Anghiari”.

En un documento expedido (4-5-1.504), siendo canciller de La Signoria, Niccolo Macchiavello (cat.15), se fijaron los plazos de ejecución de la dicha obra: “Es sabido (…) que hace unos meses Leonardo di ser Piero da Vinci, ciudadano florentino, se ha comprometido a pintar una superficie rectangular de la Sala del Gran Consejo. Como haya sido comenzada ya tal pintura sobre un cartón por el citado Leonardo, y haya percibido por ese concepto 35 florines de oro, los magníficos señores (los representantes de la autoridad) desean que tal obra sea llevada a término lo más pronto posible, y que le sea abonado al citado Leonardo en ciertas ocasiones alguna suma de dinero (…) y determinaron que el dicho Leonardo deberá haber concluido por completo de pintar el dicho cartón y llevarlo al máximo grado de perfección dentro del próximo mes de febrero de 1.505”. (Archivio di Stato. Signori e Collegi. Deliberazioni in forza di ordinari autorità, Florencia, 106, f.40r).

FOTO: LOS GRANDES MURALES PERDIDOS DE LEONARDO

Da Vinci se había vuelto a inscribir en el Gremio de San Lucas para prepararse mejor antes de pintar dicho mural de tema bélico enorme (7 x 17m.). Lo empezó mientras, en la pared opuesta del lujoso Palazzo Vecchio, trabajaba su gran rival Miguel Ángel pintando otro tema bélico de las mismas dimensiones. Los dos titanes de las artes del Alto Renacimiento parece ser que se habrían conocido personalmente el año 1.501, al firmar sendos contratos con La Signoría para pintar, uno frente al otro, los dos muros del gran Salón de los Quinientos, en la sede del gobierno de Florencia. Miguel Ángel pintó “La Batalla de Cascina”, mientras en la pared de enfrente Leonardo Da Vinci comenzó a preparar los cartones con los bocetosdel tema “La Batalla de Anghiari”. Su pintura representaba una maraña de caballos musculosos y guerreros, entrelazados en el vigoroso fulgor del combate; una escena que Leonardo logró diseñar con inigualable maestría.

Aquel encargo le hizo desarrollar una muy intensa actividad, entregándose al trabajo con gran ardor. Se lee en sus “Aforismos” que su técnica, con anterioridad le había dado óptimos resultados. No hay talento sin esfuerzo; pero en aquella ocasión se arriesgó al pintar: (…) sobre una gruesa lámina de cobre, cubierta de esmalte blanco y pintada con otro de color, y cocerla al horno, será tanto, y aún más, resistentes las pinturas como si fuesen de piedra. Leonardo allí cometió el gran error de no ensayar previamente su nueva técnica, consistente en exponerlo todo al fuego. Su fracaso se debió también a un factor imprevisible, como fue un imponderable fenómeno atmosférico acontecido mientras daba las primeras pinceladas de color a su obra.

Se han publicado varias explicaciones diferentes del por qué no le resultó bien: Cuando llegó el día de traspasar la huella del cartón a la superficie, a través de los agujeritos, Leonardo no aplicó la técnica tradicional para todo mural “al fresco”, sino que probó una pintura a la encáustica. Para otros, sería debido a que: Sus pinturas “al huevo” se licuaban al aplicarles fuego.

Afortunadamente el mismo Leonardo lo explicó así: El día 6 de junio de 1.505, viernes, al toque de las 1.3 horas, empecé a dar el color en Palacio. Tan pronto como dejé el pincel, el tiempo se estropeó y en ese instante sonó la campana que convocaba a los hombres ante el tribunal. El cartón se rompió, el agua se vertió y se quebró el recipiente que la contenía. En un momento empeoró el tiempo y llovió torrencialmente hasta bien entrada la tarde. El resto del día se quedó como si fuese de noche. (Codex Madrid II- BNE, Mss. 8936-f.1r). Aunque nunca concluyó aquel tema, pudo ser conocido a través de la copia que pintó el célebre holandés Pedro Pablo Rubens, en cuya obra se nota que Leonardo lo influyó notablemente.

Tiempo después, la opinión del artista Giorgio Vasari (en su libro, donde recogió las biografías de artistas florentinos), tampoco favoreció a Leonardo. Vasari, había acabado de pintar la cúpula del Duomo de Florencia por su parte interior; y como Leonardo ya había muerto, probablemente Vasari -el pintor metido a biógrafo- con sus comentarios, quiso devolver algún elogio que le habría hecho Miguel Ángel. Vasari escribió: “(Mi) mejor alabanza, debo concedérsela a Miguel Ángel, al ser el verdadero triunfador en todas las artes”. Yo reconozco el mérito de Vasari, porque en aquellas escenas del interior de la cúpula, por primera vez Jesucristo dejó de ser terrible, para convertirse en el benefactor de la Humanidad. Pero no le puedo disculpar a Vasari el haber omitido que Leonardo, además, fue un muy genio en innumerables materias científicas importantes. Al final, lo que debemos retener es que: Miguel Ángel pintó todo cuanto los clérigos deseaban, y con todo detalle; mientras que Leonardo, fue un rebelde; un espíritu libre que pintó lo que le dio la real gana –aunque veladamente-, superando el servil culto a la tradición dogmática.

LOS PRIMEROS VIAJES DE LEONARDO A MILÁN (1.482-1.499)

La preclara mente de Leonardo reflexionó que, en la ciudad de Florencia se habían padecido muy sangrientos episodios. Por otra parte, después de dejar el taller de Verrocchio tampoco le había ido nada bien. Fue así como decidió que, si tenía ocasión, probaría mejor suerte en Milán. Le obligó a espabilar, el hecho de que Lorenzo “el Magnífico”, no respondiese a sus apremios para cobrar cuanto le adeudaba por las pinturas realizadas. Kenneth Clark, en su libro “Leonardo da Vinci”, opinó al respecto: “(…) Tampoco nos extraña que Lorenzo “el Magnífico”, le permitiese abandonar Florencia, ya que, si bien era un mecenas entendido en literatura, se interesaba poco por el arte: ninguna de las grandes composiciones pictóricas de su tiempo se debe a un encargo suyo”.

Leonardo estaba cansado de vivir con estrecheces, pero más aún le dolió saber en 1.481, que no estaba entre los artistas florentinos escogidos para desplazarse a Roma, con objeto de pintar los frescos de la Capilla Sixtina, tal como el pontífice Sixto IV había solicitado a La Signoria.  Lorenzo de Médici no incluyó a Leonardo, en la lista de los grandes pintores conocidos suyos, por creerlo demasiado joven. De hecho, el futuro genio toscano, por entonces tenía poca experiencia, ya que, a lo sumo, solo podía mostrar seis obras propias

En las grandes urbes de aquel tiempo, los talleres, y también entre los simples ciudadanos, era costumbre que se formasen agrupaciones. En lo referente a la cultura, incluso tenían “brigadas”, que actuaban como bandas locales. En la ciudad de Siena, por ejemplo, aun recuerdan aquellas antiguas rivalidades, compitiendo anualmente en una brutal carrera de caballos (“Il Palio”). En toda la ciudad, las familias ricas demostraban arquitectónicamente su poder, elevando altísimas torres; y en Florencia todavía perviven, lúdicamente, dos grandes facciones polarizadas en “Rojos” y “Azules”. La idiosincrasia, hizo que Lorenzo “el Magnífico” (+1.492) de Florencia, nieto de Cosme “el Viejo”, rivalizase en esplendor con la corte del duque de Milán.

La Signoria de Florencia, a fin de homenajear a Ludovico María Sforza (1.450-1.466; usurpador, al que le gustaba ser motejado “el Moro”), organizó una comisión gubernamental de la cual formó parte su artesano y músico Leonardo. Fue así como mi biografiado encontró la oportunidad de presentarse en la rica Corte del norte, llevando al duque regente un regalo hecho por el propio Da Vinci. Lo acompañaba, entre otros, su joven amigo Atalante de Migliarotti, y el alquimista Piero Francesco de Santo Miniato. Leonardo solo tenía treinta y dos años, aunque se sentía heredero del espíritu trovadoresco del Sur de Francia, por lo cual, después de mucho ejercitarse con su inseparable amigo Atalante, sabían cantar a duo divinamente. Quienes les delegaron sabían que gustarían, porque ya los habían escuchado.

A comienzos del año 1.482 actuó como músico y cantante para tocar instrumentos nuevos. Leonardo tocaba habitualmente el laud, pero en la corte de Milán se estrenó con una «viola de brazo», especialmente diseñada de siete cuerdas, que fue el instrumento antecesor del actual violín. También cantó empleando un lenguaje poético, pero a la vez con matices muy populares. Otra faceta de Leonardo fue la de desarrollar pasatiempos en las reuniones sociales. Le gustaba hacer pensar a su público, de forma que nos han llegado escritos unos 154 criptogramas, o acertijos, que él mismo escribió en la misma hoja por las dos caras (Colección Windsor). En realidad reunió muchos más, pues otros cincuenta se reparten entre varios de sus escritos. Hay que tener en cuenta que tal vez deseaba complacer al duque regente «el Moro», quien todos sabían que era diestro en los pasatiempos ingeniosos.

Partió de Florencia lleno de ambiciones, para trabajar en la corte de Ludovico «el Moro» de Milán (1.485). Aqui yo, para no dejar sueltas opiniones que merecen consideración, apostillaré que Leonardo pudo haber viajado a Milán (está dentro de lo probable) al existir a un acuerdo entre dos ducados vecinos, para planificar una colaboración técnica. Por aquel entonces el tema más popular entre los milaneses era el proyecto de fortificación del río Po, cuyo puerto les permitiría alcanzar el mar Mediterráneo y comerciar hasta más lejos. Su importancia posteriormente aún aumentó exponencialmente cuando, al cabo de pocos años, se podía buscar fortuna navegando hasta el Nuevo Mundo. Sin llegar a tanto, los milaneses previamente tenían necesidad de disponer de un arsenal y de maquinaria pesada. Leonardo se ofreció para ayudarlos, de modo que dibujó (MSB de París), por ejemplo, un carro acorazado (ya en 1.487), como un medio sustitivo de los temidos elefantes. Tambiéninventó una carretilla de mano, con bolitas cayendo entre sus ruedas giratorias, que fue idóneo para medir las distancias (dibujos en el Museo Británico).

Tal vez fuesen varios los intereses que hicieron enviar aquella comitiva, lo que importa es que Leonardo Da Vinci formó parte de ella. Salieron de Florencia en la segunda mitad del mes de abril de 1.482, puesto que en Milán firmó un contrato aquel mismo mes. Volviendo a cuando participaron en un concurso musical en la Corte de Milán, Leonardo y su alumno Atalante, de solo dieciséis años, hay que decir que entre su público se encontraban muchos consejeros, y genios en diversas artes, así como la nobleza y sus séquitos. Ante el más selecto auditorio de Milán, los dos jóvenes, Leonardo y Atlante, comenzaron a cantar muy suavemente una melodía y, poco a poco, el ritmo fue in crescendo, pero esporádicamente incluían unos sugerentes silencios.

Aquella canción era, en cierto modo “saltarina”, cuyas estrofas siguieron evolucionando hasta que el clímax ya parecía insuperable. Al llegar al éxtasis interpretativo, los dos músicos, súbitamente se callaron. Después siguió un prolongado silencio;…también entre el auditorio, a pesar de ser bien evidente que los intérpretes habían concluido. Seguidamente Leonardo cantó su repertorio, recitando sus propios poemas. Como un trovador más, se acompañaba unas veces con la lira, y otras con su laúd. Las cuerdas de dichos instrumentos harmónicos, al ser delicadamente pulsadas, emocionaron a la selecta audiencia del protocolario acto festivo. En fin; todas sus melódicas canciones fueron muy aplaudidas.

El regalo que entregó, en señal de alianza de sus vecinos florentinos, era justamente la lujosa lira con la cual Leonardo se había acompañado. Dicho instrumento musical, estaba decorado con láminas de plata por Da Vinci, quien, al disponer del multi-disciplinar apoyo del taller de Verrocchio, la dotó de una resonancia perfecta. En el dibujo de aquella lira, hecho por él mismo, sorprende saber que tuvo forma de cráneo de caballo, y veinticuatro cuerdas tensadas sobre un diapasón. Ludovico, quien se había deleitado al escucharle mientras cantaban homofóbicamente madrigales y motetes, quedó contentísimo con tan original como lujoso instrumento. Inspiradamente, Ludovico anunció organizar un futuro gran torneo de cantores; convencido de que, nadie en Milán podría superar el magistral repertorio con que les deleitó Leonardo da Vinci, con su voz maravillosamente timbrada. La competición se celebraría en el curso de las próximas fiestas de carnaval.

A partir de aquel contacto inicial, Leonardo, después de escuchar al duque regente, empezó a pensar seriamente en cómo dejar Florencia, donde el artista Miguel Ángel Buonarrotti, desde muy joven era considerado un protegido de la familia de Lorenzo “el Magnífico”, con quienes incluso compartía gusto artístico. En su mente abierta, Leonardo vio que aquella podía ser la oportunidad providencial, por lo cual, al poco tiempo de haber regresado a Florencia, escribió solicitando ser inscrito para participar en el programado concurso musical. Había tomado la decisión de trasladarse a vivir en Milán, por dudar que su trabajo pudiese prosperar si permanecía en Florencia. Era una idónea oportunidad. De no haber sido porque Leonardo en Florencia, había sido el centro del sonado escándalo sexual, quizá habría permanecido allí trabajando bien a gusto, pero las circunstancias le empujaron a Milán. Aparte de que le haría olvidar su pasado, era una ciudad mucho más rica y liberal y, por ende, más dinámica.

En el “Anónimo Gaddiano” se incluye la noticia del viaje de Leonardo a Milán. Según se lee: “Después de haber sido investido Ludovico Sforza regente del ducado de Milán, en su corte se anunció una gran fiesta, incluyendo conciertos y concursos”. Muchas ciudades quisieron estar presentes. Lorenzo de Médici, de Florencia, deseando demostrar su mayor poder cultural, eligió como su óptimo representante al joven Leonardo Da Vinci, de quien está claro que ya debían tener la mejor opinión. Según otros historiadores, Ludovico Sforza habría solicitado a los florentinos: Un representante, de gran talla, impregnado de la cultura humanista. Leonardo se habría ofrecido voluntario a Lorenzo de Médici, siendo designado, a pesar de que, por su juventud, debieron suponerle limitaciones.

Leonardo siempre fue un comedido aventurero, dispuesto a correr riesgos controlados. En todo fue selectivo, pues, dejando aparte a sus amistades, salvo excepciones, no ofreció sus servicios por debajo de los duques, el Sumo Pontífice, o el rey de Francia. Es más; de haber sido posible, habría trabajado para al mismísimo sultán del Imperio Otomano. Ya explicaré más adelante cómo, al cabo de los años, realmente Leonardo lo intentó.

Gracias a la música, fue como, paradójicamente, se gestó el destino universal de Leonardo;… y gracias también al haber estado encarcelado, durante dos meses, con sus compañeros de trabajo. ¡El diablo también se equivoca!. Para pasar unos tan deprimentes días, aquel grupo de amigos tan solo tuvieron en común el canto y la música, que son la mejor terapia antidepresiva. También intercambiaron ideas, muchas de ellas triviales; no obstante Leonardo, siendo experto en construir instrumentos musicales, ya se imaginaría cómo le gustaría que fuese su lira.  En un boceto de su viola organista, vemos que estudió la posibilidad de realizar un arpa, con veinticuatro cuerdas de igual longitud, lo cual recuerda al del clavicordio actual, del que es un precedente. La duplicación de las cuerdas, son para compensar la pérdida de fricción, pero los “arcos” de Leonardo eran siempre de “ida y vuelta”. Construyó un arco que giraba unidireccionalmente, sin detenerse.

Dado que mi biografiado sentía pasión por la fuerza y la humildad de los caballos, el talentoso toscano estudió como aprovechar el ángulo (la curvatura) que forma su hocico con el pecho de cualquier equino, llegando a diseñar una muy original arpa. El dibujo hecho por Leonardo, de un artilugio con la forma adecuada, existe, pero sigue siendo confundido con un molde metálico para una cabeza de caballo. Cuando se conoce a Leonardo, y se sabe que el caballo era su animal “totémico”, se comprende que no puede ser verdad que hiciese tal molde. Yo no lo creería, ni en el caso de que hubiese escrito la palabra “molde” para confundir.

FOTO: UN ARPA EN FORMA DE CABEZA DE CABALLO

Por los muy numerosos bocetos de cabezas de caballos que Leonardo realizó, sabemos que le gustaba presentarlos con la boca abierta, y aquel supuesto molde no lo permitiría. Y si realmente lo fuese, le serviría para fundir la forma de un arpa. Exteriormente el diseño presenta nudos metálicos, imprescindibles para poder atar las cuerdas, así como las placas decorativas de recubrimiento. Sabemos que, por fuera del arpa, estuvo forrada con láminas de plata. Como no podía ser de otra forma, para su receptor, fue un exquisito regalo. También lo creería así, quien encargó, y pagó su construcción. Lo cierto, es que quiso quedar bien con el duque regente de Milán, que con ella engrosó su tesoro. Todos sabían que Ludovico Sforza no aceptaba baratijas. De no estar seguros que le agradaría aquel regalo, nunca se lo habrían enviado. Para Da Vinci, su percepción de las cosas era muy superior a la de sus contemporáneos, lo que le hacía complacerse en complicados retos de construcción gracias a su desbordante imaginación.

¿Cómo pudo Leonardo construir algo tan caro, útil y bonito, para que Lorenzo de Médici, confiase tanto en la habilidad de Leonardo? Es bien evidente que, para el mayor mecenas de Florencia: Fue el mejor regalo para representar a su ciudad y a su propia persona. Quizá la información sobre la pericia del genial Leonardo, fue conocida por Lorenzo “el Magnífico», a través de su joven pariente, con quien Leonardo había pasado dos meses en prisión, escuchando las explicaciones instrumentales de Da Vinci. Es evidente, que la pericia musical de Da Vinci, la apoyó Andrea del Verrocchio, quien en definitiva, fue el responsable que asumió el compromiso de su fabricación. Otra posibilidad, pudo haber sido que, el gran Lorenzo de Médici, hubiese pedido previamente consejo a Verrocchio.

No hay talento sin resultados, y éstos complacerían tanto al Duque, que, no solo envió la muy rica y original arpa, sino también a su diseñador. Por supuesto que, previamente Lorenzo de Médici, personalmente, habría escuchado cantar el repertorio que Leonardo interpretaría, en nombre de los florentinos, en la vecina corte del norte. Por todo ello, he comenzado exponiendo el destino universal de Leonardo; el cual, siendo muy joven, ya supo cómo se pueden sacar ventajas de las desgracias: Manteniendo la creatividad con el mayor entusiasmo. Para él fue un juego. Tenía una forma simple de resolver problemas muy complejos.

Leonardo también dibujó un clavicémbalo, con tapa armónica, cuerdas y teclas. Para mejorar la sonoridad, duplicó las cuerdas de cada nota, por lo que, cada cuerda superior doble, tiene su puente clavijero con una abertura en la parte inferior. Las violas de brazo, con cuerdas dobles, no fueron de uso común. Es muy posible que Leonardo, la construyese para aumentar su dinámica de gran sonoridad (con maggior tuba e più sonora di voce), siendo el único que la supo tocar (che único era in sonare). Su interés se centró en la viola de brazo, que él mismo solía tañer, pero al saber también tocar un teclado, fue, con sus capacidades polifónicas, lo que le llevó a producir la viola organista, a fin de aunar sus respectivas dotes musicales. Al igual que tantas otras de sus invenciones, la viola organista, no llegó nunca a ser realizada por Leonardo, aunque, con el paso del tiempo, su tan genial invento sería de absoluta necesidad, en el contexto del progresivo devenir musical organológico.

Por unos párrafos de Vasari («Vite… «, y en “El Práctico»), sabemos que Leonardo había construido una lira, que llamó “viola da braccio”, hecha de maderas muy finas y seis cuerdas. La viola de mi biografiado, estuvo dotada de una mayor sonoridad y tenía una forma poco usual: Leonardo llevó aquél instrumento que él mismo había fabricado con sus manos, (recubierto) de plata, en gran parte con forma de una cabeza de caballo, cosa extraña y nueva, para que la armonía fuera de mayor tuba (?), y más sonora de voz. La utilización de animales y monstruos, era normal en la orfebrería renacentista, y el maestro Verrocchio la practicó, profusamente. Refiriéndose al “Mausoleo de Pedro y Juan de Médici”, realizado en 1.474, fue: «Uno de los ejemplos más preciosos del arte decorativo florentino, obra de platería y piedras preciosas, sin figuras ni símbolos religiosos. Vasari («Vida de… «) dice que Leonardo: “(…) antes había realizado un vaso, o cáliz”.

El propio Leonardo sentía una gran fascinación por composiciones llenas de animales, de follaje y de otras extravagancias, a las que contribuían su gran fantasía y creatividad, y también la pluralidad de sus conocimientos. La creación de seres fabulosos, que superaban a la propia naturaleza, según se afirma en el «Paragone», Leonardo reiteradamente dijo: “(…) Si quieres hacer que parezca natural un animal fingido por ti, digamos que sea una serpiente, toma para la cabeza la de un mastín o sabueso y para los ojos los de una gata, y para las orejas las de un puerco espín, y para la nariz la de un lebrel, y pestañas de león y sienes de gallo viejo, cuello de tortuga (… )”.

FOTO: EXPERTO EN INSTRUMENTOS MUSICALES

DA VINCI, AL SERVICIO DE LUDOVICO MARÍA SFORZA “El MORO”

Sus biógrafos todavía especulan acerca del motivo oculto del dicho viaje. Otros historiadores, para explicar su larga relación de Leonardo con Ludovico, sospecharon que, su presentación en Milán, fue una oportunidad para infiltrar a Leonardo, con un camuflaje idóneo, para espiar en aquella corte norteña. En aquel siglo la ciudad de Milán, siendo más pequeña que Florencia, en cambio era más política, militarista, abierta y académica. Eran tiempos de traiciones y de alianzas, cuando unos espiaban a otros, tanto como podían. Ante semejante embrollo, yo me inclino a pensar que ambas hipótesis son congeniables. Pero para Da Vinci, el palacio de Milán y el cultivado joven duque regente, y su hermano, a los cuales, mi muy querido personaje inolvidable, ya había conocido, serían idóneos para que pudiese hacer realidad sus ambiciones.

Después de pasado un tiempo desde su regreso a Florencia, Leonardo Da Vinci remitió su “curriculum vitae” a Ludovico Sforza, de Milán, ofreciéndose a trabajar para él. Leonardo pagó a un amanuense especializado, para que le redactase un laudatio de presentación. Del mismo, existe el borrador de diez párrafos (“Codex Atlanticus”; f.10:2r), donde se relacionan las múltiples habilidades de Leonardo Da Vinci, exagerando sus conocimientos, especialmente los de ingeniería. Los antecedentes del desplazamiento se pueden leer en el borrador que se conserva de su famosa epístola, en la que relaciona las múltiples funciones, y varios tipos de trabajos, que Leonardo se ofreció a realizar. Destacó su condición de ingeniero militar, y sus recursos inventivos, tanto bélicos como civiles, con la seguridad de que sintonizarían con los intereses del gobernante: Escultor, arquitecto, ingeniero, inventor, capaz de construir puentes portátiles, y todo tipo de máquinas de guerra, incluyendo buques acorazados, y por fin, también era buen pintor.

El documento concluía así: “(…) Yo puedo realizar esculturas de mármol, bronce y arcilla. Igualmente en pintura puedo hacer cualquier cosa tan bien como el mejor, sea quien sea (…) También puedo llevar a cabo la escultura del caballo de bronce, obra que proporcionará gloria inmortal y eterno honor a la feliz memoria del señor, vuestro padre, y a la ínclita casa de los Sforza (…) Estoy a su disponibilidad para hacer una presentación de algunos de sus artificios y logros en el lugar que se le indique”. Incluso prometía al Duque que, en caso de darle trabajo, Leonardo “le confiaría sus secretos”.

Son muchos los genios que sufren perversiones de sus juicios, a los cuales, a pesar de su talento, se los etiqueta de visionarios. El dilema del receptor de tal curriculum, inicialmente debió pensar que lo habría enviado algún excéntrico. Si se hubiese ofrecido para encargos inocentes, Ludovico habría pensado: -¡Que en su cuerpo lo lleve!; pero Leonardo Da Vinci se le ofreció para solucionar problemas reales, de gran magnitud, que estaban de acuerdo con las ideas de aquella sociedad. Leonardo deseaba trabajar en Milán, y de no haber sido una necesidad acuciante, él había sido el primero de auto-criticar  el “curriculum”. Aunque al ofrecer sus servicios fue un oportunista, hoy no se puede dudar de su privilegiada salud mental.

Obsérvese que lo de menos fue ofrecerse como pintor, arte que vocacionalmente dominaba, aunque él apostilló que era: “capaz de pintar tan bien como el que más“. No ignoraba que, un ingeniero, un arquitecto, o un músico, cobraban un sueldo mucho mayor y eran más respetado que el de cualquier artesano pintor. Es interesante remarcar, que no se había postulado para satisfacer su gusto artístico, sino que apeló a su interés más práctico, o sea las artes mecánicas, más importantes en aquellos tiempos convulsos.

El genial artista quería promocionarse, y el mejor modo era viajar a la floreciente ciudad comercial, más burguesa que Florencia, y mucho más pragmática. Milán entonces tenía 130.000 habitantes (18.000 casas), pero no tenía río, sino solo dos riachuelos algo alejados de las dos murallas; entre ambas formaban un círculo, confluyendo ambos en el castillo. La falta de agua mantenía a Milán en desventaja con otras grandes ciudades italianas que, como Venecia y Florencia, habían podido desarrollarse normalmente.

A Milán la empobrecieron las frecuentes guerras con países extranjeros (España, Francia y Austria), de los cuales debió soportar fuertes cargas económicas. Para situar debidamente a Leonardo, el mayor genio del Renacimiento, en la Corte de Milán, hay que conocer las circunstancias que convergieron. Los ancestros de la familia Sforza, eran una dinastía de soldados mercenarios, llamados “condotieros”. Cuando murió asesinado el gobernador Galeazzo, había heredado el ducado su hermana Simonetta Sforza, madre del verdadero niño heredero. Al gobernar la duquesa, ella misma encargó a Leonardo el retablo de “San Bernardo”, para la capilla de su Palazzo.

CuandoSimonetta Sforza también fue asesinada, todos los milaneses sospechaban que lo habría orquestado Ludovico. Leonardo también opinaría que el regente, al fin encontró la oportunidad de aislar a su imberbe y débil sobrino adolescente, Gian Galeazzo (1.476 -1.494). Aunque entonces la honestidad de Leonardo fue puesta a prueba, debió aceptar- como todo el mundo-, que “el Moro” se convirtiese en duque regente, siendo el epítome de todo lo que es torcido y depravado. A favor del desalmado, hay que reconocer no obstante, que, con su inteligente gestión, benefició al ducado de Lombardía. Leonardo, después de superar los trámites, pasó a formar parte de los prestigiosos artistas, y todo tipo de sabios, contratados por Ludovico Sforza. Sabiendo lo que sabía también mi biografiado procuró  hacerse digno de la inicial confianza de “el Moro”, quien solo tenía un año más que Leonardo.

EL CONCURSO MUSICAL GANADO POR LEONARDO

Pero, lejos de intrigas palaciegas, creo que el astuto Leonardo, con sabio discernimiento, habría forzando su destino, como sigue: Viajó de nuevo a Milán antes de las fiestas de carnaval, en el curso de las cuales se celebró el tan esperado concurso de música y poesía, en cuya competición Leonardo quedó entre los seis finalistas. Entonces su actuación debió de limitarse a melodías, acompañadas del laúd, que, al ser delicadamente interpretadas, emocionaron a la selecta audiencia. Estaba compuesta, tanto por genios de las artes, como por la nobleza y sus séquitos. Un enorme aplauso obsequió su inicial pieza tradicional, obligatoria.

La segunda parte, fueron interpretaciones libres, o de improvisación; siendo entonces cuando todos sucumbieron, sin reservas, a la aquilatada destreza musical del genial toscano. Seguidamente, siguió tocando la “viola organista”, o “viola a tasti”, el instrumento preferido por Leonardo cuando cantaba. Dado que dominó perfectamente el órgano, el clavicordio y el clavicémbalo, aunó las técnicas del arco y el teclado, para producir un nuevo y revolucionario instrumento que, en sus manos, sonaba con mucha mayor posibilidad de modulación expresiva. Su siguiente interpretación musical, sonó como la más excelsa de las “oraciones” jamás expresadas por unos labios, pues les evocó reminiscencias del hechizo orientalista. Una vez concluida su actuación, el primero en aplaudir, puesto de pie, fue el propio Duque.

La primera actuación pública de Leonardo Da Vinci, en Milán, se considera que fue aquel concurso musical, siendo paradójico que lo consiguiese mediante un, sorprendente y muy lujoso instrumento, que había sido ingeniado por él durante los dos meses que lo encarcelaron. En la recepción posterior, Ludovico, que era poeta -como quedó demostrado cuando leyó la oda funeraria de la bellísima Simonetta Cattanei Vespucci-, habló con Leonardo sobre música, porque era bien sabido que también le interesaba. Su conversación con Leonardo impresionó al gran duque regente, en especial cuando le reveló su proyecto de construir un órgano portátil de fuelle continuo (“Codex Madrid-II”, f.76 de la Bib. Nac.). Sería como: “(…) un compendio de buena ejecución artesanal“. Como organólogo, a Leonardo le preocupó la producción de aire continuo a presión; el órgano “di carta”; la centrifugación; los idiófonos; el órgano de agua; el automatismo de los fuelles de cuña lastrados; los membráfonos; los autómatas; etc.. Como Ludovico no podía entender las explicaciones de Leonardo, ejerció de anfitrión, y le presentó al músico holandés Josquin des Pres, quien, siendo el más célebre compositor musical de la época, frecuentaba aquella lujosa corte de los Sforza de Milán.

El músico, después de escuchar las explicaciones de Leonardo, empatizó con él. Cuando Ludovico los dejó solos, Leonardo se sorprendió de que el holandés le hablase de la elegancia con la que, solitaria, e inspiradamente, él había logrado superar el restringido carácter musical medieval. Era justamente lo mismo que intentaba hacer Da Vinci, quien había leído el “Tratado de la Música” del erudito benedictino Guido d’Arezzo (1.025). Había seguido sus ideas de hacer evolucionar la polifonía, mediante el empleo de harmonías básicas. Leonardo, y el músico holandés, acabarían mostrándose ambos de acuerdo con la opinión de san Isidoro de Sevilla, cuando escribió: Un conocimiento perfecto es imposible sin la música, ya que nada existe sin ella (…), y los mismos astros giran a su alrededor de esa harmonía.

Leonardo, después de estudiar las teorías de Pitágoras, sobre la harmonía del cosmos, tenía óptima base para combinar la música con las matemáticas, que era lo que estaba más interesaba: El universo mismo ha sido organizado con cierta harmonía sonora, y los mismos cielos giran alrededor de ella. Téngase en cuenta que, siempre hasta entonces, la música, además de ser un planteamiento sonoro, era un arte que dialogaba con la alquimia y con el misterio; tanto era como la magia, que permitía unir socialmente; traspasar fronteras; incluso podía curar. La entendían como una “comunio”, muy capaz de establecer relación con lo sobrenatural, siendo ideas comunes entre los gnósticos paganos, que ansiaban el estado místico de la iluminación.

INSTRUMENTOS MUSICALES INVENTADOS POR DA VINCI

En cierto modo, Leonardo estuvo a la altura de Josquin des Pres, pues le comentó cómo inventó ingeniosos instrumentos musicales harmónicos, así como también mejoró otros ya existentes, como la viola organista y el laúd. En su viola de teclas, puso a contribución todo tipo de ingenios, como: mecanismos de relojería, engranajes, ejes, mecanismos conversores y multiplicadores del movimiento, articulaciones, resortes, poleas, rodillos. El biógrafo Carlo Vence, escribió acerca de la larga estancia de Leonardo en Milán, a partir de su participación en el dicho concurso, que fue determinante en su vida. Lo paradójico es que, para Vence, también fuese el aspecto menos documentado durante los diecisiete años que Leonardo residió en Milán. Es como si quisiese advertirnos, de que: todo el colorístico capítulo que se refiere al éxito musical de Leonardo, no hubiese sucedido. La conexión inicial, como quiera que fuese, la historia confirma que fue muy efectiva.

La sorpresa del Ludovico “el Moro”, no fue reconocerlo ganador, sino que, Leonardo, con su absorbente personalidad,le comunicó que ya era oficialmente su empleado. En efecto, había solicitado, mediante una misiva, trabajar a su servicio, y le había sido concedido por el mismo medio. Aquella conexión inicial fue realmente muy efectiva. Después de que Ludovico le coronase con laureles, y le hiciese entrega de una bolsa de monedas de oro, todas las celebridades, y nobles allí reunidos, pasaron a felicitarle, porque sintieron que le debían algo que ignoraban de sí mismos. Para los miembros de aquella Corte, aquello fue el reconocimiento que el duque regente tenía un nuevo favorito, destinado a engrosar las filas del resto de historiadores, poetas, literatos, filólogos, genealogistas, etc..

Antes de dejar aquellos aposentos del castillo-palacio, Da Vinci aun escucharía el requerimiento de que, el duque regente quería verlo el día siguiente. Se alegró, porque, mientras esperase audiencia, de nuevo tendría ocasión de volver a ver una ingente cantidad de cuadros, esculturas, cerámicas y demás riquísima decoración. Es indudable que, tanta suntuosidad, interesaría enormemente a un artista polifacético de su talla; y después de todo, ya era amigo del gran gobernante… que lo había coronado entre aplausos. Lo que ignoraba Leonardo, era que en aquella corte lo recibirían con reservas, porque sus ideas se asociaban a las de Vitruvio (siglo I). Éste, en su libro “De la Arquitectura”, la había relacionado con las dimensiones del cuerpo humano. Por ejemplo: en una catedral, el ábside sería la cabeza, etc..Recordemos que, en el Norte de Italia, se vivían unos años de fuerte represión religiosa.

LEONARDO ANTE UN COMITÉ DE SABIOS, ASESORES CORTESANOS

Al día siguiente, Leonado Da Vinci, se calzó sus mejores zapatos, de relucientes hebillas. Sus bien proporcionadas piernas las enfundó en unos ajustados “leotardos” (como los que vuelven a estar de moda). Su abrigo de terciopelo azul oscuro -a juego con su emplumado gorro con cinta roja-, terminaba por encima de sus rodillas. Aquella estudiada vestimenta, le daba un aire de nobleza,pues él sabía que: “(…) A la gente, inicialmente, se la juzga por su aspecto. Es por ello que, al cabo de unos años, Leonardo Da Vinci en las reuniones oficiales se vistió de blanco para “dar el pego”. Pero por aquel entonces mi biografiado solo tenía treinta años, y ya ofrecía una muy noble prestancia.

Cuando aquel día, los milaneses veían a Leonardo dirigirse al Castillo Sforzese, les impresionaría verlo, porque, además de elegante, hay que imaginárselo con una impecable presencia física (comparable a la del actor Rock Hudson, en sus más elegantes interpretaciones de juventud). Leonardo era realmente muy atractivo, con unos ojos azules y un cabello rubio rizado, que le caía sobre los hombros, enmarcando su rostro de agradables líneas. Entonces ya lucía un fino bigote y una perilla, por lo que ya habría causado admiración, sin necesidad de vestir tan ricos ropajes. Caminaba por las calles de Milán, seguro de que se dirigía a entrevistarse con quien le podría mejorar su destino.

Tuvo plena conciencia de ello, al encontrarse ante la puerta del palacio, porque desde los guardias a los funcionarios, con los que habló, lo trataron con la deferencia debida a los grandes personajes. El genial toscano ya intuía que aquel día sería presentado oficialmente en la Corte. Debió esperar a ser llamado, antes de acceder a la gran sala de audiencias del duque, pues el gran mecenas estaba acompañado de muy ilustres personajes, así como de prestigiosos artistas en diversas materias. Cuando Leonardo Da Vinci accedió a la sala del trono, ya estaba muy concurrida. Avanzó erguido, con expresión serena y relajada, saludando a todos aquellos que se cruzaban con él, inclinando suavemente su cabeza, siendo cortésmente correspondido.

El duque, después de haberlo presentado, despidió a la gran mayoría de los asistentes, siendo cuando Leonardo quedó con Ludovico y sus principales asesores, quienes le hicieron preguntas, a veces comprometidas ante el gran mecenas de Milán.  Aquellas charlas pretendían garantizar su capacidad y fiabilidad. Leonardo superó las pruebas diversas, incluyendo sus aptitudes como ingeniero; pues le sería encargado diseñar un canal entre Milán y el río Adda. Eran unas importantísimas obras, en el curso de las cuales, Da vinci habría de sorprenderles con unas compuertas de su invención (esclusas), para permitir navegar remontando el gran desnivel de las aguas fluviales. Ya entonces se dieron cuenta de que aquella persona, en lenguaje coloquial: “servía tanto para un roto, como para un descosido”.

En Milán Leonardo en su academia-taller dispuso de un espacio que incluso tenía un reservado para poder aislarse, siguiendo la moda la cultura humanista, entre los periodos Quattrocento y Cinquecento. Empezaron a tenerlo los clérigos, pero al fin todos los que tenían dinero quisieron disponer de una cámara de íntimo recogimiento, reservada para el desarrollo de las actividades intelectuales. Básicamente, incluían una mesa, un atril (badalone) y un pupitre, siendo donde Leonardo se dio por entero a sus experimentos, pues no permitía que sus bocetos -con prototipos de diversas máquinas-, fuesen divulgados.

El joven y genial toscano que a partir de ahora presentaré, llevó  una “doble vida”, por el hecho de que por una pàrte era un científico nato, y en cambio socialmente fue un encantador artista de la Corte, integrándose a la vida palaciega. Tanto fue así, que muchas veces se vio agobiado en su tarea de organizador de actos y celebraciones festivas. Una labor descomunal, que desempeñó con éxito, porque tuvo el instinto de agruparse,… del cual yo carezco.

En 1.495 Ludovico Sforza, además de hacer decorar a Leonardo los Camerini, de su palaciego Castello Sforzesco, también le encargó pintar un mural, donde posaba Ludovico junto con toda su familia, en la pared del refectorio de la capilla. Lo más agradable para Leonardo, debió de ser que, en aquella Corte se vivían tiempos festivos, dada la garantía que significaba tener una paz acordada con su pariente el emperador Maximiliano, el más poderoso de Occidente. Lo malo fue, que la firmó sin el conocimiento de la “Liga”, que había arrojado a las tropas francesas de Italia. A la larga lo pagaría.

Ludovico siempre jugó a su antojo con todo el mundo, y su insana alegría no se la quitaba nadie. Cuando murió su esposa Beatriz, guardó el mínimo luto, pues, al no tener ya que disimular delante de sus cortesanos, agasajaba descaradamente a su bella amante Lucrecia Crivella. Leonardo, y su equipo de colaboradores especializados, vivieron tiempos felices en aquella lujuriosa Corte, donde todo era diversión y placer. Placer que, por cierto, se contagió al resto de la ciudad de Milán, e incluso a toda Lombardía, ya que, según las crónicas, parecía estar habitada por gente eufórica.

Al observar el mapa de Italia, en vida de Leonardo, puede parecer un mosaico; pero para ver que políticamente había mejorado, solo hay que compararlo con el muy complejo puzle, de diminutos Estados, del año 1.300. A pesar de tanta agitación social, durante su vida Leonardo Da Vinci, por su temple altamente filosófico, fue un ejemplo irrepetible del espíritu del “Cincuecento Lombardo”, creado por él, al pintar “La Gioconda”. Su obra excelentísima, fue cual “puente de unión” entre el dicho espíritu artístico, y el anterior del “Quattrocento”, siendo Leonardo su máximo exponente, y el más fecundo, del arte renacentista italiano. Pero primero tuvo que desecar una laguna de su mecenas, y restaurar la Vila Sforzesca, ubicada cerca de Vigevano.

POLIFACÉTICO, E INAGOTABLE ARTISTA

Mi encantador biografiado era un joven ambicioso que trató de progresar al servicio del Duque, quien, en realidad, fue un advenedizo rico, pero también un rastrero usurpador del poder, que gobernaba con puño de hierro. En el mundo de los poderosos Sforza de Milán, “el Moro” pagó a expertos genealogistas para elaborar una lista familiar cronológica de sus ancestros, a fin de que hiciesen remontar su ascendencia a un dios, y no a un simple aristócrata. En 1.494, el regente Ludovico María Sforza “el Moro”, fue de pleno derecho Duque de Milán, porque murió asesinado el joven Gian Galeazo, amigo de Leonardo. Para fortalecer su trono, se alió con el rey de Francia que reclamaba sus derechos sobre el reino de Nápoles.

A su alrededor, el duque regente veía que la alegría era el tono dominante; pero es que todos sus súbditos veían que se construían palacios, se celebraban fiestas, y la gente se rodeaba de cosas hermosas. Leonardo procuró cautivar a su nuevo patrón, probando su eficiencia en construir nuevos tipos de fortificaciones y máquinas militares. La maravillosa mente de Leonardo inventó sin cesar, por tener una clarividente intuición, y seguir audaces estrategias. Cuando más adelante contó con más recursos económicos, su genio parecía insaciable. Por ejemplo, durante la mañana inventaba una excavadora, y por la tarde una máquina para cargar y transportar los materiales extraídos, etc..

Con su vigorosidad y alegre carácter, Leonardo en la corte de Milán, alternó los encargos del Duque, con su habilidad para montarle espectáculos teatrales. Fue en esa etapa, cuando mi biografiado descubrió los mundanos placeres, entre los cuales él y sus colaboradores vivieron muy a gusto (carpe diem), siendo conscientes de su suerte. Entre aquel grupo de jóvenes, además de pintar, llevaban una frenética actividad (eran un “troupe” profesional), organizando fiestas y espectáculos fastuosos, de los que Leonardo fue escenógrafo y, ocasionalmente, también recitaba, cantaba y–aunque nos falten los testigos-, es evidente que también bailaba.

Mi biografiado dejó escrito: Si es posible hay que hacer reír incluso a los muertos. Era muy buen músico, y tuvo tan gran sentido del ritmo, por lo que sospecho que, si siendo joven hubiese escuchado música de “Salsa” cubana, no habría tardado en marcar los mismos pasos que ahora vemos, pero sin contornearse, pues los bailes de su época no lo tuvieron previsto. Leonardo no se cortó ni un pelo, porque contó con dinero abundante…Y cuando dispuso de suficiente presupuesto, se las ingenió para construir un escenario giratorio.

En la cidad de Milán Leonardo volvió a encontrar muchas ocasiones para organizar eventos en el mundo de la farándula. Escribió al respecto un testimonio presencial llamado Paolo Giovio: “(…) Él (Leonardo) era el árbitro de la elegancia y el portentoso inventor de todos aquellos espectáculos teatrales”. En unas notas que Leonardo escribió sobre su obra “Orfeo”, interpretado por un actor de pelo rizado. Varías veces se refirió a la montaña, evidenciando que a lo largo de su vida le fascinó: “(…) Al abrirse la montaña (…) aparece Plutón en su morada (…) Orfeo es atacado por lasFurias”.

Da Vinci, en la corte de adopción mi biografiado alargó su jornada laboral en muchas horas, pues al mismo tiempo que estudiaba y diseñaba, ejercía de regio maestro de ceremonias. Ello no le molestaba, sino todo lo contrario, tenía buena escusa para divertirse haciendo ingeniosas improvisaciones, a base de manipular la luz de las antorchas,manipulando elementos utilizados por los alquimistas, hasta llegar a sorprenderlos a ellos mismos. El viejo sueño de “convertir el plomo en oro”, Leonardo lo consiguió, pero no con la Alquimia, sino con el agua: canalizándola para abastecer las fuentes y hasta piscinas. Los efectos especiales eran el meollo de sus espectáculos, puesto que jugaba alterando el curso del agua; tiñéndolas; creado algún arco iris;etc..

Al cabo de un tiempo, Leonardo, en Milán, también abrió una academia de pintura, pues el genial toscano podía realizar distintas tareas a la vez, y siempre con un increíble vigor. Una persona práctica, tiene escasas dudas al tener que actuar. Prácticamente, bastaba verlo moverse; y por ende, gozaba enseñando a sus discípulos. Leonardo, lo primero que admiró de Verrocchio, fue comprobar que era un racional emprendedor. Igualmente, Leonardo quiso tener su propio obrador. Aunque realizó aquel intermitente sueño, siempre le duraba poco.

La normativa gremial ordenaba que los discípulos fuesen alimentados, y hospedados. En el caso de los aprendices más aventajados -que solían tener unos veinte años-, aspiraban a que su maestro les diese confianza, para pintar sobre los bocetos que les había preparado, con excepción del rostro. Existe un testimonio de dicha costumbre, recogida por su paisano y amigo Agostino De Vespucci, con quien se relacionaron cotidianamente cuando era el secretario de Maquiavelo. Dijo que estaba leyendo que, cierto pintor solo pintaba cabezas y dejaba el cuerpo incompleto. La anotación al margen, dice: Lo mismo que hace Leonardo Da Vinci en todas sus pinturas, por ejemplo, en el rostro de la Lisa del Giocondo, y en la de Santa Ana, la madre de la Virgen María. Vespucci, sabía que Leonardo, entonces, estaba pintando dos cabezas (en la alpina “Villa Melzi”), y no pudo reprimir su duda de que las terminase.

Mi muy honorable toscano dio la mayor importancia a concederse pausas durante el trabajo, porque permiten reflexionar mejor sobre los objetivos propuestos. Su prodigiosa mente, en cualquier empresa intelectual, las interpretaba cual “oasis reparadores”. El genial maestrotoscano, tuvo muchos trucos para afrontar, óptimamente, la gran cantidad de trabajo, empezando por realizarlos de forma intermitente y divertida.  Por supuesto, Leonardo repasaba, además, las obras de sus ayudantes, dándoles siempre los últimas pinceladas. Sus discípulos eran mano de obra barata, que pintaban sin apenas margen de error, dejándole a Leonardo mucho tiempo para otros trabajos. La diferencia de precio entre las obras de Leonardo y las de sus discípulos y ayudantes, se establecía  al contratar los encargos. Existe una nota detallada del año 1.492, cuando tenía muchos discípulos adolescentes trabajando en su tienda-taller (bottega) de Milán, pero, aunque estaban  a su servicio, no les daba todavía permiso para poder pintar.

Para el gran duque, Leonardo ejerció diversas especialidades: escultor, poeta, físico, matemático, geómetra, y pintor con calidad fotográfica. Asimismo, durante casi dos décadas, realizó estudios innovadores, con un entusiasmo casi obsesivo, sobre: anatomía, fósiles, pájaros, corazón, máquinas voladoras, óptica, botánica, geología y corrientes de agua. Agua, que Leonardo presentó tal como era él mismo: Una criatura sin calma (“Codex Arundel”). Pero sabía bien como domesticarla; y no lo logró por ser un eminente topógrafo, sino que diseñó (y supervisó la construcción) un lujoso cuarto de baño para la duquesa. Y sin embargo, Leonardo cobraba como los demás artesanos empleados. Su fortuna, al fin cambió. Fue cuando Ludovico le implicó en la construcción de la fortaleza de Casalmaggiore. Simplemente, fue la esperada señal de que ya merecía su confianza.

ARQUITECTO E INGENIERO MILITAR Y CIVIL

Leonardo culminó su ambición creativa cuando ejerció de arquitecto e ingeniero militar, asombrando a todos con sus creaciones para la guerra, lo que representa su más gran contradicción. Téngase en cuenta, que Leonardo vivió en un ambiente social donde el miedo a la guerra, y a sus funestas consecuencias, era la conversación habitual de todos días y todos sus conciudadanos, por lo cual, es lógico que, nuestro “hombre universal”, proyectase artilugios bélicos, que nos han llegado incluidos en sus muy diversos “Cuadernos de Notas”. Lamentablemente, la mayoría de sus inventos de entonces, estuvieron enfocados a ganar batallas militares, siendo capaz de diseñar muy diversas armas (bombas fragmentarias, fusiles de repetición y las balas cónicas, otras armas químicas y máscaras antigás por si variaba la dirección del viento, etc.). Todo para defender su ciudad de adopción, de la cual se decía que: «Vivió y murió por la espada».

El muy honorable Leonardo investigó todo lo referente a las armas de su época, la composición de los explosivos y un cañón de gran potencia. También hizo construir catapultas de ocho brazos. Asimismo, trescientos años antes de la ametralladora, Leonardo inventó una, tan rudimentaria, que se parecía a los tubos de un órgano musical…pero disparaba varios proyectiles al mismo tiempo. Durante un tiempo, diseñó yelmos para caballos, donde volcó su fantástica inspiración, puesto que, como ya dije,  fueron su animal preferido.

Leonardo vivió su mayor gozo trabajando en Milán, cuando el Duque le designó para que asesorase a los arquitectos de las construcciones religiosas. De entonces son sus bocetos para construir una grúa móvil que, gigantesca y aparatosa, pero que hacía lo mismo que hacen las que vemos hoy en cualquier edificio en construcción. Era como si Leonardo, con su gran capacidad de trabajo, pretendiese vivir varias vidas a la vez;… y aún le quedó tiempo para reunirse con sus amigos: Luca Pacioli, Girolamo de Melzi y Marco Antonio delle Torre (de los “Torre” de Padua), de forma que mantenían con frecuencia un enriquecedor cambio de pareceres. En la Corte de Milán Leonardo hizo amistad con el fraile matemático Lucca Pacioli en 1.496. Gracias a éste, Leonardo profundizó en las matemáticas, cuando ambos estaban bajo el mecenazgo del Duque. Da Vinci le había ayudado a concluir su célebre “Tratado de la Divina Proporción” (Ed. 1.509), ilustrado por Leonardo con sesenta ilustraciones poliédricas, las cuales  no debieron ser suficientes para reconocerlo co-autor.

Lucca Pacioli felicitó públicamente al genial pintor sobre todo por los gestos de las caras, así como el movimiento del cuerpo de cada apóstol, realmente acertado, cuando escucharon al Jesús decir: «Uno de vosotros me traicionará» (Mateo, 26: 21-22).El cuadro panorámico tiene un sustrato matemático encomiable, pues ambos colaboraron en el estudio de la «Divina Proporción», después de cuya publicación, los pilares del conocimiento geométrico de Leonardo quedaron muy bien reafirmados. Al presentar Pacioli su libro (donde corrigió una mala traducción de la palabra campana, del libro de Euclides titulado “Elementos”), además de su agradecimiento a Fibonacci (Leonardo de Pisa), agradeció públicamente la colaboración de Leonardo Da Vinci, ensalzó sus magníficos dibujos de todo tipo de sólidos poliédricos, etc., refiriéndose especialmente a su escena pintada al fresco la «Última Cena», debido al gran impacto recibido al admirar los personajes incluido en la mesa de la cena eucarística..

En aquel tiempo Da Vinci se instruía sobre Astrología, Cosmogonía, etc.. con el aristócrata Girolamo De Melzí, intercambiando conocimientos. De Melzi era un hidalgo rural milanés que antes de ejercer de ingeniero, restaurador de las murallas de Milán, había sido capitán de la milicia a las órdenes del rey Luís XII. Girolano había puesto sus esperanzas en que Leonardo le enseñase ciencias ocultas, ya que se decía que las habría aprendido en un supuesto viaje a Oriente. Ahí hubo un malentendido; pues, mientras Leonardo se informaba de las posibilidades de la Astrología, como verdadera ciencia empírica, había escrito alabando el sentido de la vista: «Por ellos (los ojos), se ha medido la altura y la magnitud de las estrellas (…) predecir las cosas futuras (…)«.

Es decir, en ese aspecto Leonardo defraudó a su amigo, pues le aseguró que:«Tales estudios merecen el desprecio de todas las personas de bien, dado que su eficacia tan solo era atribuible a la capacidad de cada persona para ser sugestionada (…) Falaz astrología judiciaria, (…) perdonemos a los que explotan a los tontos: Viven de ella«. A pesar de desengañar a Girolamo, Leonardo hay que reconocer que hizo una excelente amistad con él, cuya gran mansión palaciega, la Villa Melzi, en Valle d’Adda, junto al río del mismo nombre- pasaría largas temporqadas. Leonardo obviamente les decoró las principales paredes con murales piadosos, y a lo largo de los años lo visitó varias veces.

LA INVESTIGACIÓN DE J. L. ESPEJO FONT

El historiador José Luís Espejo Font, se esforzó por esclarecer la relación de Leonardo con la familia de su gran amigo Francesco De Melzi, aportando muy novedosas referencias  complementarias, tan bien consolidadas, que ya no sería honrado ignorarlas. Al incluirlas en esta trilogía, estimularé a que otros consulten sus muy serias investigaciones, enriquecidas con notas marginales, y considerando todas las alternativas posibles. Por ejemplo, explica la relación de la familia Melcior, con la de los Melzi, se remontaría a 1.240, cuando tuvo lugar la caída del castillo cátaro de Montsegur (hoy francés), donde los antes llamados Melcior, estuvieron entre los últimos nobles defensores. Al salir con vida, después de su rendición participaron en la conquista de Valencia. Dos siglos más tarde, aparece en los registros un Juan Melcior, siendo secretario de Alfonso V de Aragón, conquistador de Nápoles. La muy plausible hipótesis de dicho historiador catalán, nos descubre que, aquella familia milanesa descendía de emigrantes oriundos el norte de Cataluña, quienes, por cuestiones religiosas, se establecieron en  Italia.

J. L. Espejo postula que: Sin un poderoso padrino, Leonardo Da Vinci no habría podido introducirse en tantas Cortes donde está documentado. Girolamo De Melzi, siendo amigo de Leonardo, presuntamente le habrían avalado, haciendo posible su meteórica proyección, permitiéndole moverse entre las más altas esferas de poder. El dicho historiador (cuya lectura recomiendo), se basó en la dedicatoria a Francesco De Melzi, d’Erill (un pueblo del norte de la provincia de Lérida), escrita por Giuseppe Bossi en: “Il Cenacolo di Leonardo Da Vinci”, donde consta: (…) La protección a un divino pintor; que, por el adjetivo calificativo, pudo haberse referido a Leonardo Da Vinci. En el “Anónimo Gaddiano” (1.540), una de las fuentes más antiguas de la vida de Leonardo, está escrito que mi biografiado estuvo dos veces en Francia: «La primera estancia tuvo lugar en 1.504«. Pero añadiendo, además, que:«después del País galo, viajó aotros lugares”. A todo ello me referiré en la “Tercera Parte” de esta trilogía.

Antes de seguir, me disculparé por no citar las fuentes ni los contactos de Leonardo,  cuando no sea imprescindible. En mi opinión ello cansa, o distrae al lector cuando está absorto siguiendo el hilo de la trama, o el discurso que esté leyendo. Otros autores se encargan de hacerlo, y a ellos me remito, por ejemplo Charles Nicoll, quien al final de su muy voluminoso libro «Leonardo: El Vuelo de la Mente» (editado ya hace una década) añadió gran cantidad de notas y referencias. Ya me perdonarán, pero a mi no me gusta romper la concentración de nadie.

LEONARDO PUSO EN ESCENA “Il PARADISO

En Milán Leonardo nunca vio frenada su actividad laboral. Al contrario, se le incrementó con motivo de la boda del joven duque Gian Galeazzo, sobrino de “el Moro”, prometido, desde octubre de 1.488, con Isabel de Aragón. Lógicamente, Ludovico el día de la boda estuvo rodeado por los delegados de las cortes vecinas, con sus séquitos, pues fueron invitados al banquete y a la representación. Con sus barrigas llenas, pudieron gozar contemplando la intervención de los dioses en el gobierno del mundo. Al gran banquete, Leonardo mismo también asistió; pero al concluir, les presentó un soberbio espectáculo coreográfico-musical titulado “Il Paradiso”.

La dicha opereta se estrenó la noche del día 13-31-1490, en la llamada Sala Verde del castillo de Milán, como parte de los festejos de la boda. El novio, que tenía veinte años de edad y era el heredero legítimo, estaba maravillado contemplando los efectos especiales de su amigo Leonardo Da Vinci. Al fin y al cabo, él ya sabía que la intencionalidad era la de loar a la joven con la que iba a desposarse, la hija del heredero del catalán rey de Nápoles, llamada Isabel de Aragón (hija de Alfonso de Calabria y nieta del rey Fernando de Nápoles). En aquel decorado Leonardo había desplegado mucho ingenio  y buen gusto, consciente de que debía satisfacer a un selecto auditorio. Eran tiempos cuando el universo empezaba a ser entendido y, de acuerdo con su vocación didáctica, nada mejor que presentar en escena titulada metafóricamente “El Paraíso”.

Solo se conoce una edición de la gran alegoría ideada por Bellincioni, titulada inicialmente “Festa dell Paradiso”. Leonardo Da Vinci la presentó, y la dirigió en todos sus detalles, pues cada escena la organizó y adornó con un grandioso atrezo, todo movido por ingeniosos mecanismos. Aquella magna función teatral resultó ser insuperable, desde el momento mismo de empezar. De entrada, impactó a los asistentes ofreciéndoles un volcán en erupción, sobrecogiéndoles con un gran estruendo, porque Leonardo previno irrumpir, al inicio, con todo tipo de instrumentos de percusión. Para aquella ocasión inventó un gran bombo, montado en una carretilla de mano, cuya rueda, al girar automáticamente, lo golpeaba por cada lado con muchos mazos de madera.

Al cabo de un rato las dulces melodías tranquilizaron a los asistentes, aunque también se incluyó mucha percusión acústica, a find de potenciar al efecto convulsivo de algunos planetas. Después se normalizó el ambiente, sonando la composición “Fama Malum”, del que fuese su amigo Josquin des Pres. Los asistentes pudieron admirar el cielo como una gran esfera, con los planetas y las constelaciones a su alrededor, configurando los signos del zodíaco, que era una gran novedad en Europa, pues incluso el papa Alejandro VI, Borgia, hizo decorar los Salones Vaticanos con el zodíaco, además de simbología egipcia y mitológica.

Dicha puesta en escena se produjo un siglo antes del “Orfeo” de Monteverdi, considerada la primera ópera moderna. (“Il Paradiso” Leonardo lo repitió, décadas después, para el rey Francisco I de Francia). Iacopo Totti, embajador de la familia d’Este, opinó de la “Fiesta del Paraíso”, que fue: “(…) Una pieza instrumental con pífanos, los instrumentos altos del Duque, las bajas danzas, la más refinada y la más elegante de las danzas del corazón, los cantos a la española en honor de la familia Aragón, y para terminar la pavana “Saltarelo Piba”, para las danzas teatrales llamadas mascaradas. Por cierto, la dicha edición escrita por Philippus de Mantegatis en 1.493, fue una obra póstuma”.  (Biblioteca Riccardiana-Florencia; Ed. Rare).

Para la dicha ocasión, Leonardo utilizó algunos de sus instrumentos musicales (timbales, matracas y campanas) para simular efectos especiales de rayos y truenos. Aquellos festejos duraron tres días y no faltaron los tradicionales torneos, los cuales, más que justas medievales, en aquel siglo ya eran un festival de colores, incluso al engalanar los ropajes de las monturas. La más recordada representación fue la del año 1.496, seguramente debido a copiar el estruendo final de la obra «Danae«, de Baldassarre Taccone.

LA BODA DE LUDOVICO “El MORO”,  REGENTE DE MILÁN

El éxito fue tan clamoroso, que antes de un año se repitió aquel gran espectáculo, con motivo de celebrarse otro doble enlace en aquella misma familia. Los principales contrayentes tenían cada uno un sobrino casadero, de forma que los cuatro se casaron en la misma ceremonia nupcial (18-1-1.491). Leonardo Da Vinci repitió el mismo soberbio espectáculo Il Paradiso”, para celebrar las bodas conjuntas de Ludovico Sforza con Beatriz d’Este, y de Ana Sforza, sobrina de el Moro, con Alfonso d’Este. Entonces  volvió a utilizar gran parte del decorado del sistema solar de ”Il Paradiso”. Es decir, que a sus cuarenta años Ludovico María Sforza “el Moro”, anunció su enlace matrimonial con una niña de quince años llamada Beatrice d’Este (1.475-1.497), duquesa de Ferrara, una de las familias más ilustres de Italia, con la que se había prometido en 1.480, cuando ella tenía solo cinco años de edad.

En realidad, aquellas fiestas y banquetes celebrados en Milán, en el castillo-palacio de los Sforza empezaron días antes, cuando llegó la esposa (que era su propia prima), acompañada de sus treinta y seis damas de honor, además de otros príncipes, entre los cuales Alfonso de Calabria. Para los numerosos nobles invitados y sus séquitos, cada noche se organizaban bailes, concursos poéticos y musicales. Leonardo fue el “alma mater” y el principal maestro de los actos, espectáculos y desfiles, llegando hasta aconsejar las viandas. La nueva versión de “Il Paradiso” se escenificó al aire libre, adecuando para ello los espaciosos jardines al entorno del castillo.

Al terminar la representación teatral “Il Paradiso”, Ludovico agasajó públicamente, a Leonardo, anunciándole que le encargaba la decoración del palacio de Pavía. Fue una suerte, pues su equipo de colaboradores trabajaron mucho tiempo, codo con codo, con Donato Bramante (1.444-1.514), ocho años mayor que Leonardo, con el cual colaboró en las catedrales de Milán, de Pavía y en la de San Pedro del Vaticano (Bramante fue maestro del pintor Rafael). A partir de la fiesta del enlace, Leonardo en Milán vivió su período de madurez, tanto científica como artística, que se prolongó hasta sus cuarenta y siete años, siempre desarrollando una actividad, tan gigantesca como diversa.

Al recibir instrucciones para desplazarse a Pavia, Leonardo debió dejar todo cuanto estaba realizando, para entregarse a su nueva tarea. Lo hizo con entusiasmo, pues, cambiar de una actividad a otra, era su tendencia natural. Por cierto, aquel matrimonio entre familiares solamente duró cuatro años, por ser asesinado Gian Galeazzo, que probablemente era entonces el mejor protector de Leonardo. Oportunidades para repetir el gran espectáculo que había sido “Il Paradiso”, no les faltarían a mi biografiado y a sus amigos.

En Pavia, Ludovico “el Moro” tenía previsto celebrar otra gran fiesta, para cuya preparación necesitaba a Leonardo a fin de asegurarse un éxito semejante. Mi ilustre biografiado en principio declinó participar, excusándose en que tenía agobiantes cuestiones técnicas urgentes de resolver, entre las cuales el monumento ecuestre de su propio padre, y el fresco de la “Última Cena” en el muro de Santa Marie delle Grazzie. Al pintar el tan famoso mural, Leonardo dotó de rasgos femeninos al evangelista san Juan, que está sentado al lado de Jesús. Además, arguyó que el mismo duque le encargó realizar el comprometido encargo de pintar un retrato para la propia esposa de Ludovico, que debería estar colgado en los salones del nuevo palacio de Pavía.

LA VERDADERA PERSONALIDAD DEL GRAN MECENAS LUDOVICO

Ludovico era un tirano de considerable estatura, en todos los sentidos, que pasó a la historia también por ser un cobarde. Por razones de Estado, y por voluntad de su esposa, protegió a cuantas grandes celebridades pudo reunir a su alrededor. Estuvo obsesionado por consolidar su estatus social, y se afanaba en “abrillantar” su linaje. Contaba, además, con el apoyo del papa Alejandro VI, que le ayudó a emparentarse con la Casa de Aragón y con la Casa d’Este, familia del emperador Maximiliano I (1.471-1.492; creador de la casa de Habsburgo, y padre de Fernando II “el Católico”).

La pequeña Beatrice, su precoz esposa, era hija del duque de Ferrara, llamado Hércules, por lo que el nombre del padre ya tendría que haber avisado a Ludovico del carácter de la niña. A pesar de ser de complexión débil, y físicamente nada agraciada, resultó ser ella la que, al crecer, llevó el gobierno del Ducado. El enlace fue acordado por conveniencias políticas, pues existía el peligro de entrar en guerra con Nápoles y sus aliados. Para evitar que Milán dejase de ser su ducado, “el Moro” se alió con sus enemigos venecianos, de forma que logró mantenerse en el poder a toda costa.

La jovencísima esposa de “el Moro”, ya apuntaba maneras de que sería la persona en pronto que se convirtió. Para empezar, no quiso que se derrochase en los festejos de su boda, tal como había sido costumbre en ocasiones similares, por voluntad de Ludovico, por lo que a Leonardo le encargaron organizar un festival y un torneo. La pequeña duquesa, tenía una conducta ambiciosa y era muy autoritaria. Lo peor fue cuando Cecilia, amante de Ludovico, el mes de mayo del mismo año, dio a luz a un niño llamado Cesar. La duquesa Beatriz, soportó a madre e hijo todo un año, pero después obligo a Ludovico a expulsarlos de su Corte,… o lo denunciaría ante su padre. La solución fue casar a Beatriz con un octogenario conde vecino.

El duque le había encargado a Leonardo pintar un retrato de Cecilia Gallerani, la amante de Ludovico, una exuberante joven rubia, de facciones regulares, la cual posó sosteniendo una cítara entre sus manos. Sus excusas fueron en vano; trabajó en la realización del montaje del espectáculo, tanto artística como técnicamente (escenografía, vestuario, alusiones alegóricas, mecanismos escénicos, coreografías, autómatas y otros artilugios diversos). La única ventaja que Leonardo consiguió, fue tener muchos más colaboradores de todo tipo dispuestos a seguir sus instrucciones.

En 1.480, mi amado genio la pintó en el retrato, “La Dama del Armiño”, que lo consagró como el mejor pintor de Corte; siendo por dicha obra que se les concedió el mítico título de “Apeles florentino”, solo reservado a los grandes pintores. La “Dama del Armiño”, representa a una juvenil Cecilia Gallerani, condesa Bergamini Visconti, la cual llegó a ser amante de Ludovico María Sforza “el Moro”. Se trataba de una joven rubia, y muy culta, que, por incluir al dicho animal, transmitió la falsa idea de su pureza. Como frecuentaba los círculos literarios vinculados a la corte ducal, el poeta Bernardo Bellincioni le dedicó un soneto titulado “Sopra il retracto de Madonna Cecilia (Gallerani), qual fece Maestro Leonardo”. Está en el libro titulado “Rime”, que, por cierto, incluye la primera mención del nombre de Leonardo en letra impresa, hecha por el mismo.

La belleza y originalidad del retrato de Cecilia motivaron que Isabela d’Este, y de Aragón (esposa del duque de Milán y nieta del rey de Nápoles Ferran de Aragón), unos años más tarde le solicitase en préstamo de su bonito cuadro. Cecilia (+ 1.536) accedió a la petición de la marquesa en 1.498, y se lo envió desde Milán a Mántua. Obviamente desde entonces la marquesa Isabela d’Este, gran mecenas y  verdadera amante del arte, también deseó posar para tener un “Leonardo” a toda costa, sin importar su precio, ni cuánto tiempo tardase en pintarlo, porque era una coleccionista entusiasta.

EN EL EQUIPO DE LEONARDO TRABAJÓ UN NIÑO

Con el paso del tiempo Leonardo fue muy pródigo, pues vivió obligándose a compartirlo todo con sus discípulos más amigos. Y no solo con los suyos, pues, fue tan liberal, que ayudaba a cualquier persona que le diese pena. Fue así como Leonardo Da Vinci admitió, según él mismo escribió haber admitido aun muy niño hiperactivo de diez años, llamado Giovanni Giacomo di Pietro Capotti: «Jachomo vino a vivir conmigo el día de santa Magdalena (22-7-1490), como sirviente y aprendiz”. Le llamó familiarmente Salai. Era un «niño para todo, travieso y burlón, al cual el genial toscano sentía muy próximo, anotano las travesuras y despilfarros del «diablillo».

Al cabo de catorce meses de convivir con Salai, Leonardo escribió una relación exhaustiva de los gastos que le había causado. Probablemente quería que su padre asumiera resarcirle de las treinta y dos liras. Seguramente no pasó de ahí, pues era hijo de una buena familia y a partir de la mitad del texto se nota un tono de ternura hacia aquel niño por parte de Leonardo. Tal vez fuese indulgente por haber reconocido en Salai aspectos de su perdida infancia, reconociendo los pensamientos de cuando el gran Leonardo tenía su misma edad.

A los demás nos cuesta justificar su aprecio por aquella criatura que tenía ojos lánguidos y cabello rubio rizado, ya que era un gamberro por naturaleza. A veces su aprecio ha sido explicado por motivos sexuales, pero, aunque le sirvió de modelo artístico, tales suposiciones resultan tan exageradas como otras que presentan a Leonardo como un disimulado santurrón. Entre ambos criterios está el gran humanista que realmente fue Leonardo, puesto que amaba apasionadamente todo tipo de belleza, y más si era útil y agradable como tantas obras de la naturaleza. La idea de la relación sexual con Salai, con los años perdió fuerza en beneficio de sus progresos como gran pintor, aunque nunca dejó de ser un aprovechado y muy avaricioso hasta el final.

Salai, al hacerse mayor, fue descrito por Giorgio Vasari como: “(…) de cabellos finos y ensortijados, que encantaba a Leonardo. Salai era un niño rubio como un querubín, por sus ojos azules y un pelo rizado. Tanto, que debió haberlo apodado “ricitos”. Desde el primer día (22-7-1.490) su relación no fue fácil. Cuando Leonardo tenía tiempo, le observaba pacientemente tomando apuntes de sus movimientos, como si estudiase las reacciones de un animal exótico, que no dejaba nunca de sonreír. Cuando tenía solo diez años, Salai le robó dinero y objetos de valor, al menos en cinco ocasiones. Empeoró al crecer, pues le gustaba estrenar ropa… ¡y se compró hasta veinticinco pares de zapatos! Leonardo le enseñó a su padre los costes de sus travesuras, así como le informó de las faltas del joven, calificándolo de: mentiroso, glotón y obstinado ladrón, según escribió en 1.491; pero a Leonardo Salai le fascinaba.

Se ignora cómo se comportó Salai con los demás aprendices, pero sabemos que acompañó a Leonardo durante los veintiocho años siguientes. Obviamente, a pesar de sus desmanes, Leonardo gustaba su compañía, y encontró la forma de educarlo. Al pasar el tiempo, Salai se convirtió en un agraciado joven que, por lo que fuese, se peinaba igual que Leonardo. A favor del discípulo, hay que reconocer que fue un joven agradecido, pues a sus diecisiete años regaló a su maestro unos ropajes que le costaron casi todo lo que tenía ahorrado. Cuando paseaban por Milán juntos, serían observados, al ser una pareja extravagante. Leonardo vestía con calzones rosados, mientras que el joven lucía una capa plateada. Cuando el trabajo fue estable, y Da Vinci tuvo que comprar vestidos para los intérpretes de obras teatrales, él y Salai, aprovecharon para vestirse con caros ropajes de seda y púrpura. Leonardo entonces prefería lucir el color rosado; y al hacerse mayor le gustó más vestirse de blanco impoluto.

En el “Anonimo Gaddiano”, o “Magliabecchianus” (1.540), se puede leer que Leonardo: (…) solía llevar una especie de túnica corta hasta las rodillas, de color rosado, a pesar de que entonces los vestidos eran largos. En el citado inventario consta también que: Leonardo tenía una “capa catalana” de color rosado (Hay que retener ese dato). Tal vez su aprecio por tan valiosa prenda nos sea confirmado por el hecho de que, décadas más tarde, Leonardo la dejó en herencia a su sirvienta y cocinera Mathurine, que le siguó hasta Clos-Lucé (Fr.). Otras prendas con que a veces se vistió Leonardo eran ropajes para las obras teatrales, de modo que el fondo de armario de Leonardo sería propio de un “dandy”.

En aquella época, mi biografiado físicamente estaba viviendo su “gran momento”. Salai, por su parte, hay que decir que finalmente resultó ser un buen aprendiz, pues también llegó a ser pintor. Se ha escrito que hizo correcciones a su Maestro, y que Leonardo aceptó de buen grado la opinión de su joven alumno. Al ver que le gustaba el oficio- y con los años lo demostró- habría sidio siempre indulgente con él. Salai se apropió de varias pinturas de Leonardo, o quizá hay que decir que eran de Melzi, porque fue quien las había heredado legalmente. Se ha podido saber, porque las vendió al rey de Francia por 6.000 liras «pagadas a Messire Salay«.

Aunque en las más antiguas referencias de mi biografiado puede leerse que era una persona muy afable, Leonardo a veces estuvo deprimido y angustiado. Su economía fue inestable la mayor parte de su vida; pero aún así, en su edad madura nunca quiso renunciar a tener sirvientes y caballos. Además, mantenía a algunos de sus discípulos en su casa; dejando aparte que tendría muchos gastos fijos. Yo escribo “sus discípulos”, como una eufemística forma de referirme a un equipo de ayudantes, que algún día serían autónomos, como Leonardo, pero en sus inicios, incluso él debió aprender: primero a ser albañil, capaz de allanar las paredes con dos -y hasta tres- capas de mortero y de yeso; tenían de mezclar pinturas con minerales; hacer cuadrículas encima del dibujo y otras de mayores en la misma pared.

También debían preparar grandes cartones con los bocetos, agujereándolos antes de traspasar el color a la superficie preparada, siguiendo después su rastro a través de los puntos negros necesarios para unir las líneas. Para pintar un mural al “fresco”, se necesita el apoyo de varias personas; lo mismo que son necesarios colaboradores para fundir una escultura, vaciada por el método de “la cera perdida”. En fin, formaron su equipo de trabajo, necesarios al pintar grandes murales. Por otra parte, trabajando para Leonardo, no enlucían solo para que la pintura brillase, sino para resaltar la excelencia de lo representado. Otras veces se dedicaban a repetir exactamente las copias que Leonardo decidía hacer de algunos de sus cuadros.

SUS NUMEROSAS INQUIETUDES EN MILÁN

Pasados los meses, Leonardo de nuevo tuvo su academia de pintores en Milán, donde trabajaba cada día, atento a los acontecimientos que preocupaban a sus jóvenes discípulos. Leonardo no les enseñó lo mismo en Milán que en Florencia, pues todas las personas evolucionan, …incluso el famoso sabio Salomón, que fue a peor. Los discípulos del mayor genio mundial, en cualquiera de sus etapas, de entrada siempre aprendían una línea básica de pensamiento, consistente en aspirar a superar a su maestro mediante el raciocinio autónomo. Todas las personas tenemos la obligación de cultivarlo, porque “lo da Dios”, con la única condición de procurar incrementarlo. Eso es así, porque en caso contrario nuestra especie sería peor que la de los animales depredadores.

Cierto día Leonardo se reencontró con su viejo amigo Girolamo De Melzi, y en su charla, acabaron lamentando el pésimo final de Ludovico. Reflexionando, concluyeron que, cuanto le había sucedido era el lógico desenlace que cabía esperar de los incontables errores de duque, pues había organizado su vida en beneficio propio, ignorando los daños que causaba a la gran mayoría de sus súbditos. Durante mi vida lo he padecido cada vez más exageradamente, porque sus quimeras ofuscan al que ostenta el poder. Afortunadamente las consecuencias de sus actos finalmente redundan en servir de “vacuna” para entender que ir contra la ley habrá sido provechoso para afrontar el futuro deseable. Me disculpo por la metáfora, pero, es que estoy viviendo, impotente y escandalizado, unos años de pandemiai cuando se ha de vacunar a todo el mundo.

A pesar de tener Ludovico “el Moro” un final previsible, Leonardo lamentó que a su mecenas el poder le hubiese ofuscado su desmedida ambición. Estaba agradecido a Ludovico, porque había favorecido tanto las artes como las letras,…y al propio Leonardo, pues fue gracias a “el Moro” que había podido realizar, al menos, la maqueta de la colosal escultura del caballo ¿Cómo iba Leonardo a olvidar que, en 1.495, por encargo de Ludovico “el Moro”, había empezado “La última Cena”?

Menos importancia, tuvo que le hubiese encargado decorar una estancia, situada en la planta baja de la torre noreste del Castello. Se la llama: “Sala delle Asse” (o “de los Asnos”; 1.499), y allí el gran genio renacentista le pintó un techo, que simula ser un entorno vegetal tupido, en cuyo centro, un medallón incluye el blasón heráldico de los Sforza. En este contexto, de éxito y reconocimiento público de Da Vinci, hay que situar el gesto, ya mencionado, de Ludovico María Sforza “el Moro” que le había regalado una propiedad en Porta Vercellina”.

Por aquel tiempo, vivía en Milán el novelista Mateo Bandello, contemporáneo suyo, quien explicó que: «Leonardo por la mañana subía al andamio, y trabajaba sin descanso hasta el anochecer, no acordándose ni de alimentarse. En cambio, transcurrían luego semanas enteras sin que hiciese nada. Otros días Leonardo se pasaba largas horas sumido en meditaciones observando su obra, como sometiéndola a un riguroso examen. Otras veces, de pronto Leonardo salía corriendo, desde el patio del castillo de Milán hasta llegar al convento, en el que trabajaba en el modelo de la estatua ecuestre de Francisco Sforza, sólo para retocar algún detalle, marchándose enseguida«. Tal comportamiento, puede estar justificado porque, por aquel entonces, también realizaba la escultura de un caballo monumental. A pesar de la presión continua, y un aluvión de quejas, Leonardo mantuvo al duque en espera durante diecisiete años, para hacerle un modelo del caballo con yeso y arcilla. Leonardo oficialmente, residió en un gran palacio abandonado, que “el Moro” tenía en la Corte Veccia, de Milán.

Existe una referencia (16-7-1.493) acerca de una mujer llamada Caterina (Victoria and Albert Museum: “Codex Froster” III, f.88r), donde consta que Leonardo la mantuvo en su casa de Milán, y por algún motivo le pagó diez sueldos (Bibliotheque de L’Institut de France – París; “Codex H”, f.64v.), sospechándose que debió de ser su propia madre enferma, puesto que al cabo de unos meses la ingresó en el “Ospedale Maggiori”, que era un suntuoso edificio construido por los Sforza de Milán. Leonardo no expresó la naturaleza del vínculo que le unía a la dicha mujer, pero cuando al año siguiente Caterina falleció, pagó los gastos de su entierro en un nicho, según el mismo desglosó con detalle en el citado “Codex H”. Seguramente se trató de su madre que, una vez viuda, se decidió a vivir con Leonardo en Milán.

Transcribo la noticia de que: «Caterina di Firenze, de sesenta años de edad, falleció en Porta Vercellina a causa de unas fiebres tercianas el día 26 de junio de 1.494«. Leonardo por entonces ya vivía en el dicho barrio residencial, una zona de Milán en expansión urbana. Es más, en aquel distrito, Da Vinci poseía un extenso viñedo regalado por Ludovico María Sforza “el Moro”, según certifica una carta ducal de donación, al mismo tiempo que elogia al genial maestro: «El duque de Milán, etc. (dona una extensa viña) a Leonardo Vincio, florentino, pintor celebérrimo, el cual no cede en mérito a ningún otro pintor, ni de la antigüedad ni de nuestro tiempo, incluso a juicio de los ciudadanos más expertos«. (Milán, Archivio di Stato. Autografi, doc. 102, f. 34r).

UN TRAUMA INFANTIL ¿CAUSA DE HOMOSEXUALIDAD?

Da Vinci opinó que: «El vicio de todo retratista, es pintar personajes que se parezcan a sí mismo« (105). Su ingenio, su versatilidad, así como la insaciable y muy amplia curiosidad intelectual, convirtieron a Leonardo en el símbolo y máximo exponente del espíritu renacentista. Puedo entrever que él deseó vaciarse interiormente, para alcanzar la máxima plenitud, y en tal empeño “La Gioconda” representó la belleza interior, la más perfecta de una persona; la de aquella madre que solamente disfrutó durante los sus cinco primeros años de vida. Desde que el futuro gran Genio, el más inimitable de toda la historia humana, logró ser admitido en la “Academia de Pintores”, soñó con pintar un cuadro, tan elaborado, que lo hiciese famoso. Cuando al fin, con “La Gioconda” lo consiguió, nadie ha tenido dudas de que lo pintó Leonardo, lo cual no se puede decir de muchas de sus demás obras.

Curiosamente, en el dicho cuadro, su mayor misterio se concentra en la mitad iluminada de la proverbial ”no sonrisa”  de la joven retratada, lo cual, para Sigmund Freud, eran reminiscencias de la pre-consciencia: «Un recuerdo subconsciente de cuando su madre, siendo un bebé, lo amamantaba«. Leonardo aprovechó el sentido plástico de la forma de los labios, haciendo resaltar la interacción con el espacio circundante, incluido el propio pintor, pero también afectando al resto de espectadores. He leído que esta idea, elevada al culmen del disparate, la utilizó -de mala manera- el pintor Pablo Picasso, quien pintaría desnudo para…conseguir dar mayor efecto a sus abstractos cuadros; por cierto, nada comprometidos. ¡Me parece inaudito! Yo, antes de concluir, ofreceré una explicación mucho más realista del enigmático “efecto hipnótico” que produce la contemplación de los labios de Mona Lisa.

Después de haber realizado muchos estudios, para dar a sus obras una estructuración piramidal, incluyendo los retratos de señoras, Leonardo aplicó un canon para reutilizarlo, a fin de ahorrarse siempre las mismas dudas. Por otra parte, siempre que le fue posible repitió ciertos rasgos al pintar un rostro de mujer ideal, ya fuese la “Madonna”, o una aristócrata. Es el motivo por el que pintó rostros de líneas harmoniosas, y cabellos largos exquisitamente ondulados. Pero hay otros detalles que son inquietantes,  de cuando pintaba la feminidad, porque revelan aspectos de la neurosis que Leonardo arrastró desde pequeño. Los espectadores establecen un vínculo emocional con la retratada Mona Lisa, al provocarles una compleja cadena de reacciones psicológicas, que a su vez la joven retratada aparenta acumular.

Sigmund Freud, al explicar el sueño de cuna de Leonardo siendo un bebé, “La cola del ave penetraba en los labios (…)“ la sustituyó por un pene, al entender que era un sueño fálico, o de “homosexualidad pasiva“. Encontramos una semejante interpretación sexual en la arquitectura del cuadro «La Virgen y el Niño con Santa Ana», donde la «Madre de la Madre» representa la cima de la disposición triangular. Al girarlo 90º a la derecha, se puede distinguir el perfil de un águila, o quizá un buitre. Para su perspicaz descubridor, llamado Oskar Pfister, pintor especializado en sonrisas casi tan sutiles como la que nos muestra  «la Gioconda», pudo opinar que Leonardo realizó el perfil de dicha ave incluso inconscientemente.

FOTO: OCULTO LA SILUETA DE UN AVE DE RAPAZ EN EL CUADRO

Hay que reconocer que Leonardo fue muy sutil dibujando pájaros. Incluso los pudo sustituir por inverosímiles huevos que contienen personas, como fue el caso de las cáscaras rotas que aparecen a los pies de su desnuda «Ledda». Los huevos eclosionados a los pies de tan simbólica fémina, se incluyeron dos huevos, cuyas cáscaras evidencian que los dos bebes fueron empollados dentro. Yo no descartaría que fuese una forma de llevarnos a periodos geológicos anteriores a cuando  las gallinas alcanzaron su “ingeniosa especialización” (el huevo). Sus pensamientos vitales le hacían desear evadirse, y el amor por el vuelo de los pájaros a cierta edad es bastante común.

Unos veinte años antes, con motivo de haber dibujado un murciélago, Leonardo Da Vinci anotó a su lado: «Este animal es capaz de escapar de un elemento a otro (…) La mente en un instante salta de oriente a occidente«. Así pues, pintando a Ledda con los insólitos huevos, el genial toscano, tenía ganas de evadirse, o si se prefiere deseos de escaparse. Demostraba la capacidad de una mente deseosa de saltarse los compromisos adquiridos, o de servir a los belicosos soberanos. Todos sabemos lo que son las tensiones sociales, pero apenas podemos imaginar lo que fue vivir en una época tan convulsa como en Milán durante el Renacimiento.

El influjo del espíritu divino en el mundo terrenal, también fue incluido por Leonardo Da Vinci en otros famoso cuadros, pero fue en el tema de «Ledda» donde mi biografiado por fin se descargó de la intriga que le causaba el enigma de la gestación femenina. Incluso se había inventado el relato de una «cueva profunda, oscura y amenazadora» (eufemismo de una exageradamente dilatada vulva femenina), ante cuya entrada dijo haberse maravillado y, al mismo tiempo también sentido temor, refleja el turbador misterio de la gestación y el nacimiento. Leonardo, al ser mayor, pintaba mujeres, por verlas claramente relacionada con las fases lunares, a través del periodo menstrual.

Yo opino que Leonardo en “Ledda” no se limitó a plasmar la belleza de una mujer, aunque en sus dibujos de varones haya rasgos “leonardinos”. De haber buscado solamente belleza, Leonardo habría pintado a jóvenes semejantes a su convecina Simonetta Cattanei Vespucci. Su ansia de aprender, tampoco se limitó solo a plasmar conocimientos, pues se deben valorar sus propósitos. No le bastó que el hombre fuese atlético, sino que debía tener algo de la delicadeza del sexo femenino, tal como lo representaron los antiguos griegos. El meollo de sus conflictos morales, fue su amor a la belleza, debido a lo cual descubrió su propia “bisexualidad”.

Para el osado genio toscano, algunos discípulos suyoseran como de su familia, compartiéndolo casi todo con ellos. También conoció a grandes damas de su tiempo, pero nunca tuvo relaciones sentimentales con mujeres ajenas a las modelos de sus obras. Da Vinci nunca se casó, así como tampoco tuvo hijos. Pasados los años escribió en sus célebres “Cuadernos”, que: «Las relaciones entre hombres y mujeres le disgustaban«. Durante muchos años logró ocultar ser un resentido social, pero se le nota acritud al criticar el modo de vida de muchas personas: «Simples aliviadores de alimentos (…) no practican ninguna virtud; y todo lo que queda de ellos es una letrina atestada«. Esta sería una de las ocasiones que traspasó una exaltada crítica en sus cuadernos, pues también sus dibujos a veces ofrecen una perspectiva interna de su mente febril, imaginativa, e incluso maníaca.

ILUMINACIÓN; VIBRACIÓN; “MATERIA OSCURA”

No se puede comprender bien la figura titánica de Leonardo Da Vinci, sin tener en cuenta la globalización de su pensamiento, pues evolucionó desde indagar el mecanismo de las cosas, para luego ocuparse de su organismo, y acabar analizando la energía que las penetraba. En Florencia había una “Academia Platónica”, donde se enseñaba la búsqueda de la iluminación, a través de la perfección. Aquello tuvo resonancia en alguna parte de su mente, puesto que siempre había tenido el universo como un ser vivo, y tan palpitante, como los seres que nuestro mundo crea incesantemente. Escribió:«Solo las personas más espirituales, y sabias, convertían ciertos recursos cósmicos en utilidad práctica«, tal como procuró evidenciar en el dibujo de “el Hombre de Vitruvio” (1.490).

El biógrafo Cotté escribió: Hemos descubierto que Leonardo era una persona que dudaba, y borraba cosas (de sus cuadros), agregando otras, cambiando de opinión una y otra vez. Tal opinión de Leonardo, fue confirmada por Martín Kemp, profesor emérito de la Historia del Arte, de la Universidad de Oxford, quien, después de considerar que había sido: “Un notable hallazgo”; añadió: “(…) Sabemos que Leonardo en sus comienzos tuvo un buen trato, pero ahora sabemos que siguió jugando todo el tiempo; lo cual ayuda a explicar el por qué tuvo tantas dificultades para terminar sus pinturas (…) Leonardo Da Vinci es infinitamente fascinante, por lo que, obtener una visión íntima de su mente, es emocionante.

Aunque en todas las enciclopedias ya consten los inventos del tan respetado genio, seguidamente enumeraré los principales: Su telar mecánico, o sus dos máquinas de cardar y “afeitar” sábanas; se anticipó en la creación de hospitales; alcantarillado; cirugía; tornos; rectificadoras de precisión para lentes; así como artilugios destinados a elevar agua; procesar trigo, aceitunas, nueces, elaborar harina, aceite, pinturas. Además, Leonardo Da Vinci también ideó máquinas-herramienta (antecedentes de la robótica), que funcionaron sin la intervención de obreros, por todo lo cual él fue de los primeros que hicieron diseños para mecanizar la fabricación industrial.

Según el propio Leonardo, escribió ciento veinte libros, que tratan de Médicina, de astrología, y un largo etcétera, a los cuales me referiré por partes, al ser una demasiado larga relación. De su elocuencia, diré solamente, que Da Vinci empleó más de ochenta y una mil palabras, con gran precisión descriptiva, en las trescientas setenta páginas de su “Códice Madrid I”, (1.493) explicando sus dibujos, con frases e ideas que reflejan su gran profundidad de raciocinio.

Leonardo había leído las “Historias Naturales”, de Plinio el Viejo, que es un compendio de sabiduría clásica, sobre; ciencias naturales, geografía, artes e invenciones, etc., siendo su interpretación instintiva lo que me “enamora”. En mi juventud, yo mismo estaba deseoso de entenderlo todo, empezando por poner en orden mis ideas, en la tan peligrosa edad que, para todos, es la juventud. La principal genialidad del espíritu libre de da Vinci, recuerdo bien que me la aguijoneó: el saber que había logrado disparar un cañón con la fuerza del vapor del agua hirviendo (architronito). Construyó vehículos para desplazarse por tierra, mar y aire, moviéndolos mediante engranajes, cadenas, muelles, cables, etc..

El inmortal genio toscano, diseñó diversos tipos de carros de carga que podrían prevenir el desgaste de sus ejes; otros de sus artilugios automatizaban su movimiento mediante resortes de energía elástica; etc.. Escribió mi biografiado:«Nuestras mayores tonterías pueden ser muy sabias«. Con esta muestra de humildad el inolvidable genio toscano, invitó a meditar acerca de la súbita aparición de alguna idea. No siempre fueron fruto de su intuición, ni de una necesidad, sino que es un fenómeno conocido con el neologismo “Seriendípia”, por el cual obtenemos resultados inesperados. Suelen llegarnos incluso soñando, pero siempre son fruto de un trabajo inconsciente previo. Hay muchos inventos que surgieron “al azar” (micro-ondas, plásticos, Rayos X, antibióticos, vacunas, anestesia, etc..). Leonardo, que inventó gracias a sus audaces estrategias, al trabajar más, lógicamente, también se benefició más. Así se entiende que dijese: «Desperté, solo para descubrir que el resto del mundo todavía estaba dormido«.

AMÓ LA NATURALEZA, PERO NO ESCRIBIÓ NATURAL

Leonardo creyó tan útil llevar siempre algún cuaderno encima, que animaba a sus discípulos llevarlos colgado de su cinturón y jamás tirar las hojas no terminadas de llenar. Lo anotaba todo, llenando hasta el último rincón de cada papel, pues era caro. En sus cuadernos pequeños, del “Códice Madrid I”, escribió observaciones y bocetos rápidos. Otros, de mayor tamaño, se agruparon en el “Códice Madrid II”, siendo estudios sobre muy profundos temas. En él se incluyen sus cuadernos de notas de lectura invertida, escritas en diferentes fechas y contenidos (óptica, estética, mecánica, gastronomía, etc.). Locaracterístico de ambos, es que en ellos se entremezclan textos e imágenes extraordinarias. Algunos dibujos fueron abandonados por Leonardo, junto a otros, muy elaborados. Todo lo había mezclado durante su frenesí creador. Él mismo los repasaba, pasado un tiempo, escribiendo simplemente: «buono» o «falso«, con objeto de rechazar lo menos interesante.

Con insistencia, Da Vinci recomendaba a sus discípulos, especialmente a los de pintura: «(…) El modo de aprender bien a componer juntas las figuras de una historia (las observaciones sobre coloraciones, movimientos de las figuras, etc.) es anotándolas con breves signos en una pequeña libreta tuya que llevarás siempre contigo; y deberá ser de papel de tinta, para que no tengas que borrar, sino cambiar de viejo a nuevo, porque estas no son cosas que se puedan borrar… porque son tantas las infinitas formas y actitudes de las cosas que la memoria no es capaz debas retenerlas; por lo que las guardarás como tus ayudantes y maestros.(…) (Cap. XCV). Del aprender los movimientos del hombre: Si quieres fingir ira, u otro accidente como risa, llanto, dolor, admiración, miedo y cosas parecidas, será bueno te acostumbres a llevar contigo una libreta de papel enyesado; con el estilete de plata, anota con brevedad tales movimientos y, al mismo tiempo, anota las actitudes de los circunstantes y su colocación, lo cual te enseñará a componer la historia: y, cuando tengas llena toda la libreta, ponla aparte y guárdala para tu propósito« (CIFA, 2172, Fol. 107 v.)

Otras notas, conservadas en bibliotecas y en colecciones europeas, contienen ideas de mi biografiado sobre consideraciones filosóficas, efemérides, entretenimientos, esbozos, proyectos, estudios, léxicos, recopilaciones, y hasta profecías. Asimismo, aparecen algunos instrumentos musicales, de cuando el sabio florentino imaginó algún tipo de variante, o su perfeccionamiento. Sus dibujos, notas, y planos, que conocemos, lo confirman como un extraordinario científico, y un artista genial. Charles Nichols, en su libro “el Vuelo de la Mente”, opinó que los dos códices encontrados en Madrid, con sus siete mil páginas, escritas hacia 1.480: Constituyen un mapa de la mente de Leonardo Da Vinci. Fue el fundador del empirismo; un verdadero maestro, tanto en sistema de observación como en la línea experimental.

FOTO: SUS CODICES, o CODEXS

Para una mejor aproximación a la inquieta mente de Leonardo da Vinci habría que leer sus 13.000 páginas de notas, procurando entender los muchos diseños sus de obras de arte, de edificios y hasta ciudades, así como de sus engranajes para máquinas fantásticas. No se puede analizar una mente como la suya sin una gran paciencia, como la que él demostró tener.

Leonardo dejó en herencia la mayor parte de su obra a su alumno Francesco De Melzi con la esperanza de que pudiese pulicarlo, pero medio siglo después, ni esforzándose como hizo, poco pudo ordenar del tan enorme fondo recibido. Así fue como, seis siglos después, algunas de sus páginas aparecen en posesión de entidades agrupadas en una serie de códices, siendo las principales: la Biblioteca Ambrosiana, el Museo Británico, el Institut deFrance y otra está en posesión particular del magnate Bill Gates. El “Codex Arundel” la Biblioteca Británica lo puso a disposición del público, y por otra parte el “Codex Atlanticus” hizo lo mismo la Agencia Visual, sin olvidar el “Codex Forster” (de tres partes) digitalizado por el Victoria & Albert Museum de Londres. En España llegaron dos “Códices de Madrid” en la Biblioteca Nacional de España.

El “Codex Trivulzianus” en el Archivo Storico Civico e Biblioteca Trivulziana, y el estudio  manuscrito sobre el ”Vuelo de los Pájaros” (conservado parcialmente en Turín), se guarda en el Smithsonian National Air and Space Museum.

FOTO: LOS CUADERNOS Y CÓDICES DE DA VINCI

En la mente de mi ilustre biografiado, se encuentran y se combinan, el arte y la ciencia, para producir obras de gran ingenio. Leonardo fue el ejemplo perfecto de dicha unidad, al proclamar: La naturaleza será mi amante, pues estuvo más interesado en ella que en la pintura. Fue lo más esencial de su arte, fruto de una observación aguda y de una incansable experimentación. Su libro más importante, fue el “Libro de la Naturaleza”, donde la divide en dos categorías fundamentales: Paisajes y Retratos (ya fuesen pintados, o dibujados), y merecen atención, porque ejecutó los más hermosos jamás realizados. Escribió: «El ingenio humano nunca producirá ninguna invención más bella, ni más simple, ni más apropiada que las que hace la Naturaleza; porque en sus invenciones nada falta, ni nada es superfluo (…) Los hombres inventores , o descubridores, (…) gente desligada de la Naturaleza (y sólo de artificiosidad vestidos), de forma que, si yo quisiera prescindir de su artificio, bien podría contarlos entre las bestias. Duras frases, pero escritas por un artesano capaz de avisarcuanto puede mejorar a la sociedad para ser más consciente y feliz.

Si sus obras no fueron reconocidas antes, fue porque sus anotaciones aparecen dispersas, expresando sus sueños intelectuales y ambiciones científicas, anotándolas, a veces, caóticamente. La ebullición mental de Da Vinci, le hacía anotar las preguntas eternas que suscita la existencia desde el principio de los tiempos. A sus discípulos debió de preguntarles: “Describe qué es un estornudo, un bostezo, un espasmo, una parálisis, el sudor, la fatiga, el hambre, la sed, la lujuria; porque también en su arte quedaron reflejadas tales inquietudes.  Para el título: “Leonardo. El hombre que quería saberlo todo”, Bernd Roeck solo tuvo que copiar lo escrito por Leonardo: “El conocimiento de todas las cosas es posible. En su conmovedora biografía, el autor siguió los traslados de  Leonardo a través de Italia, después de la crisis del siglo XIV, cuando se evidenció la necesidad de redefinir la relación de la humanidad con Dios y con el  Más Allá.

A menudo, Da Vinci escribió de forma especular, o sea, en dirección opuesta a la utilizada por la mayoría de los amanuenses. Mi muy ilustre biografiado, plasmó sus conocimientos científicos–que deben leerse con la ayuda de un espejo- en el manuscrito “Codex Leicester”, uno de los más famosos y homogéneos, trata casi exclusivamente de geofísica. El “Código Leicester” en síntesis es un compendio de geofísica medieval, donde Leonardo demostró un interés muy especial por los cursos de agua y los cambios atmosféricos. En una analogía entre la tierra y el cuerpo humano escribió: “(…) Su respiración (de la tierra) se corresponde con los flujos y reflujos del mar”Con sus deducciones parece evidente que se adelantó a los hallazgos del científico M. Mastlim,… nada menos que el maestro del sabio astrónomo Kepler. En setenta y dos páginas, Leonardo presentó ideas originales incluyendo  trescientas sesenta ilustraciones y dibujos, todo ello elaborado entre 1.506 y 1.508, cuando residió en Florencia y en Milán.

Dicho “Codex Leicester”, de Leonardo, fue adquirido por Bill Gates, en 1.994, en una subasta en la Galería Christie’s, de Nueva York, pagando a su anterior propietario Harmand Hammer, la cifra de 30,8 millones de dólares (25,9 millones de euros, cuando catorce años antes había pagado solo 4,7 millones). La última vez que el “Codex Leicester” se exhibió en Italia, fue en Venecia en 1.995, durante una muestra en el Palazzo Querini Dubois. En 2.019 volvió a ser subastado.

Al analizar su peculiar escritura, los médicos sospecharon que Leonardo era disléxico (al igual que Einstein, Edison, o Walt Disney). Escribir al revés tenía ventajas: debe leerse utilizando un espejo. Un truco, que al desconocerlo, prácticamente hacía imposible que alguien le robara sus ideas, o le acusase de seguir las heréticas creencias de sus antepasados. Y es que, un ser creativo, en lugar de comportarse como “individuo”, actúa como “multitud”. Esta última faceta obligó al genio toscano a tener en cuenta a sus ancestros. Lo desarrolló exhaustivamente el historiador José Luís Espejo, quien ha escrito varias investigaciones que pretenden sentar las bases para demostrar que: Los Da Vinci italianos, serían fugitivos cátaros del Rosellón (entonces Norte de Cataluña), refugiados en la Toscana durante el siglo XIII… de lo cual yo también estoy convencido.

La simbología que utilizó Leonardo Da Vinci en sus obras, es el lenguaje de la ciencia hermética, y explica la obsesión de Leonardo por pintar a “Juan Bautista” y a “María Magdalena”, pues empatizó con las raíces cátaras de su propia familia. Yo, que me leí todos los libros de J. L. Espejo Font, creo que aportó muy consistentes pruebas para poder demostrarlo. Resumiré, en capítulo aparte, las principales directrices de su hipótesis sobre el origen catalán del linaje Da Vinci, así como el fondo de algunos de sus cuadros, porque sus panorámicas asombrarán.

LEONARDO DA VINCI, Y MIGUEL ÁNGEL BUONARROTTI

Su absorbente personalidad aún produce estupefacción, por enseñar que: «Los opuestos se integran; o que las paradojas se reconcilian«; aparte de que sus dibujos y pinturas nos subyuguen intensamente. No obstante, tuvo, y tiene, sus críticos y detractores, que a lo largo de los siglos lo han acusado de: Traidor a su país; hereje; “pelota”; sectario; irritante; maricón; infanticida; falsificador; trastornado; egocéntrico; etc.. No es extraño que el pintor Miguel Ángel, con un fuerte carácter, y gruñón, detestase desde muy joven a Leonardo, por su manera de vestir abrigos cortos, ropajes preferentemente rosados y oler a flores; pero, sobre todo, posteriormente aún lo odiaba más por haber puesto reparos, públicamente, a su escultura del “David”. Miguel Ángel, que tuvo un comportamiento casi ascético, se lo reprochó varias veces, afectando a Leonardo, y repercutiendo en su ánimo. Es cierto que Leonardo, durante algunos periodos de su vida, la pintura fue lo que menos le interesó. Yo puedo sospechar que, para Leonardo Da Vinci, pintar tan solo fuese un entretenimiento, con el que podía ganarse el pan.

En mi caso reconozco que, durante algunos años, pintar también me distrajo a mí, hasta que tuve otras prioridades. Como a Leonardo, para mi fueron los descubrimientos de periodos ancestrales de la Humanidad, que yo (sin ni tan solo desearlo) recogía de todas partes, publicándolos al comprobar que habían pasado inadvertidos. La estimación que el genio toscano sintió por su cuadro “La Gioconda”, puedo compararlo a la que sentí yo (obviamente mucho menos intenso), pues, al igual que él, también quiero conservar siempre cierto cuadro que pinté siendo joven, porque le tengo especial aprecio.

Lo escribo con absoluta humildad, y salvando las distancias técnicas y de todo tipo, pues admito mi ignorancia, dado que yo, como Leonardo, también soy autodidacta. Al pintarlo,  básicamente yo procuré lograr que tuviese impacto visual. Ahora bien, aunque mi cuadro, eidéticamente identifica la relación entre la “Montaña de Montserrat y el Santo Grial”, quien lo analice descubrirá que está repleto de matices simbólicos, tal como Leonardo hizo, mucho más subliminalmente gracias a su indiscutible genio.

FOTO: “MONTSERRAT ES LA GANGA DEL GRIAL

La lista de grandes cerebros artístico-científicos del Renacimiento florentino, sería larga, al haber sido también numerosos los mecenas de Florencia, la capital mundial de la cultura. Parece imposible que hoy aquella magnífica ciudad solo se limite a exponer arte sin producirlo. En vida de Leonardo se vivió un periodo revulsivo en todos los sentidos, pues hay que tener en cuenta que, creativamente fue el más importante de los últimos milenios. Además, durante el Renacimiento, se empezaron a popularizar: el globo terráqueo, los naipes, los catalejos, el azúcar, el tabaco, los tomates, las naranjas, el chocolate, etc.. Leonardo lo quería conocer todo, y lo consiguió, porque se las ingenió para contar siempre con el apoyo de los mandatarios más poderosos.

De entre los más grandes sabios, Leonardo Da Vinci ocupa un lugar prominente. Podemos sospechar que habría podido comunicar mucho más de lo que hizo, pero, tal como él dejó escrito, y yo corroboro: «-¡Oh, Dios, que vendes todos los bienes al precio de la fatiga! (…) -¡Oh, Leonardo! ¿Por qué tanto sufrir y penar?«El filósofo Engels, dedicó a Leonardo Da Vinci un cálido homenaje, al reconocer que encarnó el espíritu inquieto de la época en que vivió. Pensaba en él cuando escribió: «Los héroes de aquellos tiempos aún no eran esclavos de la división del trabajo (…) participaban de manera activa en la lucha práctica, se sumaban a un partido u otro y luchaban, unos con la palabra y la pluma, otros con la espada y otros con ambas cosas a la vez. De ahí la plenitud y la fuerza de carácter que les daba tanta entereza«.

LA INVENTIVA ÚTIL DEL VERDADERO GENIO

Leonardo Da Vinci, a pesar de sus contradicciones, debió de sentirse orgulloso de seguir los pasos de la experiencia, y de la menospreciaba a los que recurrían a la autoridad de Aristóteles, y otros filósofos de la antigüedad clásica, en lugar de basarse en la observación y la experimentación. Es lo que hacían los pintores que le fueron contemporáneos, y vivían de su profesión. Escribió Leonardo: «Muchos piensan que es razonable culparme, alegando que mis pruebas se oponen a la autoridad de ciertos hombres, celebrada en la más alta reverencia por sus juicios inexpertos, sin considerar que mis obras son el tema de la experiencia pura y simple, que es la amante de verdad. Estas reglas son suficientes para que se pueda diferenciar la verdad de lo falso – y esto ayuda a los hombres a mirar sólo las cosas que son posibles y con la debida moderación – y que no se envuelva uno en la ignorancia, una cosa que no puede tener buen resultado, por lo que por desesperación, uno se entrega a la melancolía. (…) No se puede poseer mayor gobierno, ni menor, que el de uno mismo.

Mi biografiado, estuvo instruido en todas las ciencias de sus predecesores, siendo su criterio, un resumen de las concepciones científicas de todos los tiempos, como si culminasen en su persona. Desarrolló, humildemente, las humanas grandezas, sobre las que fue a posarse la aureola de su genialidad. Como pintor, Da Vinci fue figurativo, y muy realista, por su convencimiento de que: “La naturaleza es mi mejor maestra. (…)  Sigo la lucha, para mantener el don principal de la naturaleza, que es la libertad“. Para Leonardo, el agua, por ejemplo, era el supremo elemento, del que dejó escritas muy agudas observaciones sobre su efecto corrosivo, capaz de transformar la superficie terrestre. A los ríos, los veía como si fuesen las venas del cuerpo. Él deseaba escribir un “Tratado sobre el Agua”, para lo cual inventó una draga (muy parecida a un patín de playa, hecho en el siglo XX con dos flotadores), al que llamó “máquina para el drenaje de los canales”.

Leonardo Da Vinci era un artista diferente, por difícil, debido al simbolismo gnóstico que incluyó en sus cuadros. El dualismo maniqueo de los cátaros, se remontaba a los tiempos pre-cristianos, cuando a la divinidad habían de buscarla en el interior de cada uno. Los llamados herejes cátaros, murieron por ser simplemente librepensadores, y Leonardo quiso dejar constancia de ello. Aquí quizá deba exponer mi opinión, acerca de la humildad que se le supone a Leonardo, ya que él no fue humilde en sus diversos trabajos, y menos cuando pintaba. Aparentaba magistralmente serlo, y también se comportaba igual delante de sus mecenas, porque sabía lo que quería conseguir con su ayuda. En lo social, Leonardo tuvo motivos para sentirse muy orgulloso, debido a lo cual, después de sus interpretaciones artísticas en los palacios, el polifacético genio agradecería las oleadas de aplausos del público. Muchos otros, por menos, habrían generado un ego enfermizo, pero Leonardo supo como encajar los elogios de su merecida fama.

SU FRENÉTICA ACTIVIDAD, CONCLUYÓ MOLDEANDO UN CABALLO

En la década de los noventa, sucedieron hechos importantes en la vida del, ya consagrado, maestro polifacético. Para empezar, anotó una fecha y un propósito: «El día 23 de abril de 1.490 comienzo un nuevo cuaderno, y vuelvo a trabajar en el monumental caballo». (Bibliothèque de l’Institut de France- París. Codex C, f.15r). A partir del regreso de Leonardo Da Vinci a Milán, sintió con mucha intensidad el deseo de dibujar nuevas observaciones, experiencias y reconstrucciones. Estuvo revisando el espíritu anatomista de Vesalio, así como también clasificando sus diarios y cuadernos de notas. En total cincuenta mil documentos originales multidisciplinarios, redactados en viejo toscano y codificados por él, siempre asociando el arte con la filosofía natural (precedente de la ciencia).  Leonardo trabajó mucho, y en muy distintas cosas, mientras estuvo al servicio de Ludovico María Sforza “el Moro”.

Cualquier ocasión era aprovechada por los milaneses para organizar festejos entre la gente joven, incluido Leonardo Da Vinci. Fueron sonadas las fiestas de Año Nuevo, por ejemplo, cuando debían montar decorados espectaculares. Leonardo, aunque a veces no podía, por tener la madre enferma-o hacía poco tiempo que hubo fallecido-, en vano había intentado presentar excusas. Leonardo, a veces a desgana, amenizó concursos de música y de poesía, así como bailes de máscaras, en los que el Duque era el único que no la llevaba. Lo más destacable, fueron sus espectáculos, pues apremiado por Ludovico, debió presentar dos alegorías, una en honor de su mecenas, que tituló “La Fortuna”, y otra dedicada a su esposa Beatriz, que titularon “La Ingratitud”.

Tan pronto como Ludovico fue legalmente nuevo duque, invitó al rey francés Carlos VIII de Francia y al emperador Maximiliano I, a participar en la política italiana, debido a lo cual comenzaron las llamadas “guerras italianas”. Las cosas no fueron como Ludovico las había imaginado y, tras un enfrentamiento con el rey francés, que había expulsado de Florencia a su hijo Pedro de Médici (1.472-1.503), Ludovico se unió a la “Liga de las Ciudades Lombardas” contra Carlos VIII, dando en matrimonio a su sobrina Blanca María Sforza, para que se casase (1.493), en segundas nupcias, con el emperador alemán Maximiliano I de Habsburgo, entonces el soberano más poderoso de Europa.

Su hijo Felipe “el Hermoso” se casó con Juana “la Loca”, para contar con la alianza de España contra Francia. Estos asuntos eran bien conocidos por mi biografiado. Con anterioridad al dicho enlace, a Leonardo le había sido encargada una escultura de bronce gigantesca. Era el proyecto de un monumento ecuestre de un caballo “pura sangre”, cuyo jinete sería Francisco Sforza (padre de Ludovico “el Moro”). De haber podido terminarlo, habría sido para Da Vinci el gran logro de su carrera escultórica, por ser comparable a las mayores esculturas conocidas de la Antigüedad.

FOTO: EL MONUMENTO DE UN CABALLO COLOSAL

Para amenizar la celebración de aquellos regios esponsales, Ludovico María Sforza “el Moro” encargó a Leonardo que fuese expuesta la maqueta del enorme caballo. Leonardo aquella improvisación no la tenía prevista, debiendo exhibirla sin apenas tener tiempo más que para enlucirla. Leonardo, en cambio, sí que había meditado el lugar donde ubicar el monumento cuando estuviese finalizado. Lo quería alejado de los edificios más elevados. Tan solo su pedestal ya le costó mucho decidir si le convendría que fuese redondo, o rectangular, tal como vemos en la escultura que actualmente hay en el centro de la Plaza del Duomo, de Milán.

Antes del festejo nupcial, sonaron toques de trompetas y clarines, anunciando que públicamente sería presentado el modelo de yeso y arcilla llamado “Il Monumento”, motejado popularmente: “el Coloso”. Leonardo amaba, y hasta dibujaba, todo tipo de animales, pero sin duda prefirió los caballos, quizá también al reconocerles el mérito de haber sacado a los hombres de las cavernas para llevarles a la civilización. El noble bruto fue su cuadrúpedo icónico. Cuando moldeaba la maqueta para el caballo “pura sangre” que le encargó Ludovico Sforza, Leonardo se extendía en el suelo para imaginarse la monumental estatua de “el Coloso» cuando estuviese terminada.

La habilidad escultórica de Leonardo fue merecedora del general aplauso de aquella multitud de nobles congregados, todos luciendo sus mejores galas y amplias sonrisas. Sus vestidos multicolores, combinaban maravillosamente con las relucientes armaduras de la guarnición de gala en formación, enmarcando las alfombras de los jardines: «Desde entonces, aquella gran maqueta quedó expuesta en el interior de la catedral, debajo de un arco triunfal«. (“El Imaginario de Leonardo” en “Códices Madrid” de la BNE”). Aquel molde de yeso y arcilla lamentablemente fue destruido tiempo después. De Leonardo Da Vinci hoy tan solo se conserva una de sus esculturas. “Il Coloso” no tuvo tanta suerte como los bocetos que Leonardo había hecho, pues ellos sí que traspasaron los siglos, al haber sido copiados por grandes pintores en todas las épocas. Su influencia incluso llegó a Velázquez, el pintor de la Corte española..

EL MONUMENTO ECUESTRE FUE DESTRUIDO

El colosal monumento del caballo, que era la gran ilusión de mi biografiado, súbitamente quedó abandonado, ante la amenaza de ser invadida la capital por las tropas del rey francés. Todo el bronce reunido para fundirla, Ludovico decidió emplearlo para fabricar cañones, en un vano intento de conservar Milán,… puesto que le fue arrebatada. Ludovico Sforza fue vencido. La ocupación francesa fue traumática, debido a las irregularidades de la administración gala. Tanto humillaron a los lombardos, que éstos decidieron librarse de su opresión. Se manifestaron tumultuosamente, pidiendo el regreso de Ludovico “el Moro” por las calles.

Ludovico “el Moro”, para conservar su trono ante las continuas amenazas extranjeras, viendo que su suegro Maximiliano I de Alemania no movilizaba tropas para ayudarle contra el rey de España y la Casa de Nápoles, debió pedir ayuda al rey de Francia. Aquella decisión hizo que Carlos VIII y sus huestes llegasen hasta Nápoles para arrasar la ciudad. Aterrado, de pronto Ludovico se dio cuenta de que Milán no tardaría en caer también en su poder. Para frenar a los invasores franceses, con los que antes se había aliado, hizo proclamas patrióticas para hacer reaccionar al inculto pueblo llano de Italia,  recurriendo al eterno truco de los gobernantes de emplear frases capciosas.

Al fin los franceses y los de la Corona de Aragón se retiraron, y Ludovico conservó una vez más su trono de Milán. Realmente fue un experto en encadenar una traición tras otra, empezando cuando en 1.494 traicionó a su suegro, facilitando la llegada de tropas francesas. Fue entonces, una vez hubo superado el peligro, cuando –como ya dije- arrebató el trono al legítimo heredero, el imberbe Gian Galeazzo, su inexperto sobrino, haciéndolo evenenar.

Cuando al fin se vio también libre de su fallecida esposa, se entregó a las fiestas y despilfarro. Aquella etapa de gran fasto, terminó cuando Ludovico fue desterrado por las tropas francesas del duque de Orleans, quien al subir al trono de Francia, reclamó la posesión del ducado, por ser nieto de Valentina Visconti, de la estirpe de los antiguos gobernantes de Lombardía. Tal noticia desequilibró a Ludovico, porque sospechaba que el rey francés planeaba una invasión para recuperar su capital. También lo temió Leonardo, y se apresuró a reclamar a Ludovico el sueldo que le debía de los últimos cinco años de estar a su servicio. Para su asombro, Ludovico, al pagarle, le dio mucho más dinero en concepto de intereses. Al menos con Leonardo fue generoso.

Durante los últimos meses del año 1.499, el ejército del rey de Francia estaba concentrado delante de la frontera con Lombardía. A fin de disuadir a los franceses, Ludovico “el Moro”, como último recurso, se alió con la república de Venecia y con el papa Alejandro VI. El ejército francés, al mando del milanés Gian Giacomo Trivulzio (que se pasó al bando francés, por puro odio a Ludovico), avanzó hacia Milán, ocupando previamente una ciudad tras otra. Leonardo tenía cuarenta y siete años cuando ocuparon Milán, viéndose obligado a colaborar con los invasores. El talento de Leonardo Da Vinci le valió, en tan difícil situación, para saber congraciarse con las tropas francesas de Luis XII. Antes de que llegasen, Ludovico Sforza ya había huido en dirección a Alemania, donde el emperador era su sobrino. Partió con su inmenso tesoro, en dirección a Innsbruck, donde semanas antes había enviado a sus hijos, al amparo de Maximiliano I.

Lejos quedaba su gran triunfo en aquella Corte llevando consigo una lira, con tanto éxito que pocos meses después presentarse con un fajo de dibujos, por lo que, de entrada fue contratado como maestro artesano, pues demostró su capacidad en múltiples tareas. Presuntamente entonces fue cuando diseñó su “Molino de aire”, movido con ruedas de palos radiales. A su evolución se entregó tanto, que llegó a readaptarlos para que fuesen molinos propulsados por agua, precursores de los actuales medidores de caudal. desarrolló una actividad frenética dejando un torbellino de “casos”, pues así era como llamaba a sus diversos temas.

Mi biografiado vivió en uno de los periodos más brillantes, pero también conflictivos, de la historia de Italia, cuando era un mosaico de Estados, bajo la codiciosa mirada de tres grandes potencias extranjeras: La Corona de Aragón, Francia y los Estados Pontificios. El rey Carlos VIII de Francia conquistó el ducado de Milán (1.494), que se extendía desde Génova, al sur, y Bellizón al norte. La capital lombarda era la entrada a la Península italiana y posteriormente se libraron grandes batallas a su alrededor: Novara (1.513); Marignano (1.515); Lodi (1.523) y Pavía (1.525); las dos últimas, muerto ya Leonardo. De hecho, Francia y España batallarían por el milanesado hasta 1.559. Lamentablemente la “Batalla de Novara” generó una nueva situación de inestabilidad política, animando a Da Vinci a alejarse de Milán.

Cuando se decidió salir con sus ayudantes y amigos, dejaba sus sueños artísticos rotos. Lo apenó mucho, pues el ambiente cultural y científico del ducado de Milán estaba muy en consonancia con su espíritu, basado en un desarrollo empírico de sus múltiples experimentos. Aquella invasión francesa interrumpió, temporalmente, el insaciable inventor que Leonardo llevaba dentro. El odio de los milaneses hacia Ludovico, lo confirma el hecho de que, ante el enemigo, la mitad del ejército milanés se pasó a los franceses, y el resto de tropas de Ludovico huyeron a la desbandada. El castillo de Milán -tenido por inexpugnable- fue conquistado (2-10-1.499) por el mariscal de Milán Gian Giacomo Trivulzio, al que recibieron como “libertador”, cuando Ludovico y su familia ya estaban en la frontera.

A los pocos días, estando Leonardo lejos, era manifiesto el desprecio de los ocupantes por la enorme escultura “Il Coloso”, ya que la imagen del caballo ensalzaba el recuerdo y la gloria de la depuesta dinastía Sforza. Los avatares de la guerra, provocaron que, una obra tan noble y de tanto ingenio, terminase siendo destruida de manera vituperable: Sirvió de diana a los ballesteros franceses para hacer prácticas de tiro. Décadas más tarde, Saba da Castiglione (1.480-1.554) expresó su tristeza por la destrucción de la maqueta del caballo: «Leonardo sintió una predilección, casi fetichista, por el caballo ensortijado. Basta con observar el tratamiento de la región capilar en sus pinturas. (La cita se encuentra en: “Delle vite de’più eccellenti pittori, scultori e architettori de Firenze” (Giunti, 1.568, III parte, v. I, p.8).

LA ESTANCIA EN MÁNTUA DE LEONARDO DA VINCI

Se decía, que Ludovico pronto reconquistaría la ciudad de Milán. De ser cierto, le recriminaría a Leonardo que se hubiese puesto al servicio del enemigo francés, y haber confraternizado con ellos. La prudencia obligó a Da Vinci a dejar Milán, pues temiendo represalias por parte de “el Moro”; partió en pleno invierno, buscando donde dejar pasar el temporal. Leonardo Da Vinci, para no volver a empezar desde cero, se dirigió a Mántua, acompañado de sus amigos. Fue una lástima que el matemático fraile decidiese quedarse en Milán, a pesar de los proyectos que tenía Leonardo para trabajar conjuntamente. La creación intelectual de Da Vinci y Pacioli, pudo haber sido mucho mayor si éste hubiese seguido a Leonardo, alentando su potencial capacidad creativa.

En Mántua, el invierno de 1.499, Da Vinci visitó a la marquesa Isabella d’Este, hija de Doña Leonora de Aragón, quien gentilmente hospedó a Leonardo y a sus acompañantes. Leonardo para agradecerle su deferencia, empezó a dibujar su retrato: Primero lo diseñó en carboncillo y pastel amarillo,… pero aquel boceto, antes de ser el verdadero retrato, tan deseado por ella, Leonardo no lo terminó. Lo podemos asegurar por la carta que Lorenzo Guznago envió a Isabel (13-3-1.500). La excusa fue de: Haberse visto obligado a trasladarse a Venecia.

En Mántua, Leonardo volvió a encontrar a su gran amuigo Atalante Migliorotti -ya con 34 años de edad, al que pudo ver cantando la ópera «Orfeo», de Poliziano. Atalante también tocó la lira, dejando admirado al duque de Mántua con el que mantuvo relación hasta 1.505, ganándose la vida en aquella ciudad como fabricante de instrumentos, pues Isabel le encargó que le fabricase una guitarra con tantas cuerdas “como él quisiera”.

Casi siempre eran circunstancias ajenas a su voluntad, las que le obligaban a desplazarse, siendo la razón de que no terminase de pintar algunos cuadros. Otras veces, simplemente los abandonaba, debido a su obsesivo afán de perfección, pues él mismo se exigía repasarlos. No solo actualizaba sus escritos, sino cada tema -como ”La Gioconda” de Madrid-, cuando creía poder mejorarlo con vivencias existenciales; algo natural en un genio siempre ávido de renovación, y muy permeable a las lecciones de la vida cotidiana. Leonardo Da Vinci fue el “alma mater” de algún espectáculo donde quiera que fuese, y en aquel periodo, además de Milán y Mántua, residió en Florencia y en Roma.

LEONARDO TRABAJÓ EN VENECIA

Da Vinci y los suyos, después de dejar Mántua, pasaron a residir durante muchos meses en Venecia. Allí Leonardo trabajó en calidad de arquitecto y experto en antigüedades, siendo nombrado ingeniero militar, precisamente por el miedo a ser invadidos por los turcos. En aquella “ciudad flotante”, Leonardo y sus más íntimos colaboradores,  pudieron ver, por fin, el mar, pues nunca  lo habían visto. Con Leonardo estaba su amigo Lorenzo Gusnasco, o “de Pavia”, que era constructor de instrumentos musicales. Gracias a su colaboración, también allí Leonardo hizo experimentos.

Desde el primer día de su llegada a la medio inundada ciudad de Venecia, reaccionó igual que otros estudiosos -como fueran Tscanelli y Alberti-, de quienes decían que: Habían venido al mundo para investigar los secretos más íntimos de la Naturaleza. A Leonardo, después de aprender cuanto habían escrito, quiso intentar de imitarlos. Entonces reafirmó su deseo de ser un personaje multidisciplinar. El amor por la naturaleza quedó plasmado en sus retratos, donde no tuvo pereza para incluir, en primer plano, detalles de más de cien especies de plantas, así como también de unos cuarenta especies de árboles.

Era ilusionante compartir con los grandes humanistas el amor por la flora. Comparó también la evolución de algunas plantas con la anatomía del cuerpo humano. Incluso dibujó soberbiamente la germinación de una judía,  para compararla con la tráquea humana, tratando de establecer un parangón con las medidas de los tubos del órgano:

«Para que éstos puedan hacer distintas notas, se hacen de distintastallas: cuanto más largo o ancho sea un tubo más grave será su voz y viceversa. Latráquea hace lo mismo mediante contracciones y extensiones para obtener distintos tiposde voz. (…) Regla para ver cómo se genera la voz en el frente de la tráquea, lo cual se entenderá separando del hombre dicha tráquea junto con el pulmón, cuyo pulmón lleno de viento y apretándolo luego de pronto con presteza, se puede entrever de qué modo la fístula, que es dicha tráquea, genera aquella voz, y esto se verá y oirá bien en el cuello de un cisne o de una oca que se pueden hacer cantar después de muertos. (FWA. A, 3a) (…) el alma no puede nunca corromperse con la corrupción del cuerpo, pero hace en el cuerpo a semejanza del viento que es causa el sonido del órgano; que si un tubo se estropea no pude producir el buen sonido deseado«, (“Códice del Príncipe Trivulcio”, Tavola 71, f.40 v).

Justamente entonces en la “Ciudad de los canales”, por primera vez en Italia, se imprimían escritos mediante la revolucionaria imprenta. Fue un invento chino, que Gutenberg hacía ya cincuenta años que había implantado en Alemania. Leonardo, en un escrito, dio a entender que aquel progreso, inicialmente también fue traumático para él, tal como siempre sucede con todas las novedades. Escribió: «La pintura es la única que nunca da a luz a dos criaturas iguales. (…) como las publicaciones que proliferan«. Su comentario parece indicar que hasta entonces nunca hubiese hecho reproducir sus propios cuadros.

Leonardo en Venecia, trabajó de nuevo como cartógrafo, previniendo dotar a la ciudad inundable de sofisticados dispositivos de defensa. Le precedía su renombre de eminente sabio, que se había fraguado durante la ocupación de Romagna, de cuando había estado enrolado a las órdenes de Cesar Borgia. Al conocer que había llegado a la “Ciudad de los canales” una nueva fórmula ígnea, procedente de China, Leonardo quiso conocer sus ingredientes, a fin de descubrirles efectos útiles para la guerra, como por ejemplo, lograr dar capacidad destructiva a las armas. Con semejante invento en su poder, confiaba que cualquier duque, o rey, habría de acogerlo con los brazos abiertos, como así fue.


En Venecia lo que artísticamente más interesó al genial toscano, fueron los cuatro caballos (vaciados en bronce, por Lysippos, en el siglo IV), los cuales, los habían trasportado a Venecia como botín de guerra, después del saqueo de Constantinopla por los Cruzados. Leonardo los golpearía con sus nudillos, comprobando su espesor, y procurando descubrir la técnica del fundidor y sus complicados moldes.
Cuando por primera vez yo los vi -en uno de mis viajes de juventud-, los cuatro equinos originales todavía seguían emplazados en la misma terraza, encima de la entrada a la catedral (actualmente son copias). Incluso todo el bizantino templo de la Piazza de San Marco, lo copiaron del existente en la capital otomana. Mi biografiado en Venecia, además de arquitecto e ingeniero militar, también trabajó como tasador de antigüedades. De aquella estancia, lo más célebre que nos dejó su inspiración, fue uno de sus más emblemáticos dibujos: El “Hombre de Vitruvio”. Se trata de un estudio de anatomía, sobre las proporciones ideales del cuerpo humano, que comentaré en la “Segunda Parte”.


Cuando Leonardo estaba en Venecia, aquella urbe acuática era la bisagra de comercio y conocimientos entre el mundo Occidental y el Oriental. Fue estando Leonardo allí que recibió una carta de su amiga Isabela d’Este, duquesa de Mántua, fechada el 13 de Marzo de 1.500. Ella quería que Leonardo convirtiese en un retrato con color, aquel dibujo que le había hecho previamente a carboncillo, donde se la muestra de perfil, cosa que Leonardo nunca hizo, a pesar de su mucha insistencia. Por entonces es obvio que mi biografiado priorizaba una idea, o proyecto, antes que la pintura. En fecha 15 de abril de 1.502, cuando el gran genio cumplió cuarenta años, Isabela insistió en recordárselo en plena canícula veraniega. Leonardo tampoco la complació entonces, ni cuando se reencontraron en Florencia el año 1.506.


En la “Ciudad de los canales”, Leonardo llegó a montar una academia con el sugerente rótulo “Idea meva divina croce”, que muchos creyeron entender que le delata como seguidor del rosacruz Michele Lamayer (1.413). La verdad es que son muy confusas sus actividades en aquella bella y rica ciudad del mar Adriático. Leonardo Da Vinci, siempre se cuestionaba lo aprendido, por ser la mejor forma de estimular la experimentación. Repensando sus contradicciones sin temor, obtuvo más certezas, y albergó menos incertidumbres. Creaba, y después lo deshacía todo, por exigirse largos periodos de reflexión, para que alguna idea tangencial al problema esclareciese sus dudas, lo cual siempre redundaba en alguna mejora.


Como cualquier ser humano, aprendió de sus errores (“Hasta el más sabio hace un borrón”). Eran pensamientos comunes en su sociedad y en la época que le tocó vivir, cuando creyeron en la existencia de los unicornios, o bien, como se lee en el “Nuevo Testamento”: El fin de los tiempos está cerca. De Leonardo Da Vinci, lo que cuenta es que se le reconoce haber sido un genio excepcional, a pesar de sus “arrepentimientos” pictóricos, o su fracaso en algunas empresas. Fue la mente más lúcida y privilegiada del Renacimiento, puesto que al mismo tiempo estuvo inventando, esculpiendo, estudiando ciencias, y gestando un sinfín de ideas innovadoras, honestas y desenfrenadas, pero siempre con afán de superar los conocimientos previos,… así como los siempre antes santificados dogmas religiosos.


EL PUENTE QUE PROYECTÓ PARA CONSTANTINOPLA
El genial toscano, cuando residió en “la Ciudad de los canales”, conoció la noticia de que el sultán Bajazeth II (Bayazid II, 1.502-1.503) de Constantinopla, deseaba renovar el puente que comunicaba su capital con Pera, en la orilla asiática del “Cuerno de Oro”. Al regresar confirmó aquella información, preguntando a otros comerciantes y marineros. Rápidamente, su osado genio demostró que podía expresarse en todos los continentes y circunstancias. Merece especial atención el diseño que Leonardo realizó para construir, en Constantinopla, un liviano, pero larguísimo, puente, el cual aparece brevemente descrito en sus dibujos. A desde la ciudad de Génova, le hizo llegar su proyecto al sultán Bajazeth II (el mismo que, en 1.492, acogió en sus tierras otomanas a los expulsados de España). Hay que retener el hecho de que dicha carta existe, siendo la prueba irrefutable de que la dicha misiva fue recibida en la corte otomana.


Era cierto que dicho Sultán deseaba sustituir el puente provisional existente, pero a pesar del interés que había divulgado, no llegó a realizarse. Basándose en dicha carta, se escribieron novelas, que parecen aventuras verosímiles de Leonardo, y su discípulo Atalante, durante un supuesto periplo por el mundo islámico. Lo desarrolló fabulosamente, por ejemplo, el novelista Renato Strozzi, de Buenos Aires, en 1963 (Ed. Selecta, Argentina).


Transcribo de su obra “Leonardo Da Vinci”, una incisiva observación: “El siglo que dio espléndidos funerales a Rafael y a Miguel Ángel, no rindió pleitesía al Gran Precursor en una oclusión que no lo exime del pecado de vanidad, superficialidad, soberbia (…) No han sido necesarios despampanantes monumentos para que cinco centurias después el culturizado y científico mundo comprendiera los alcances sublimes de la obra del gran Vinci; más grande, cuanto mayor fue su modestia en vida (…)”. Lo cierto es, que Rafael, e incluso su eterno rival Miguel Ángel, en algunas obras, adoptaron la técnica de mi genial biografiado para pintar algunas figuras anatómicamente realistas, y con posturas semejantes a las de Leonardo; como hicieron muchos otros de sus contemporáneos. Rafael, siendo un pintor tan exquisito, hay que decir que no era tan creativo y además no aportó ninguna regla nueva a su oficio.


Cuando aún en Italia estaban anonadados por el increíble viaje del veneciano Marco Polo, quien había trabajado en la corte de Pekín (China), su mito acopló en la biografía de Leonardo una aventura oriental, que fue un filón para los novelistas. Dos italianos, Leonardo y Atalante, presuntamente se habrían presentado en entre 1.502 y 1.503 llevado la carta y el proyecto para construir un largo puente sobre el Bósforo. Todo junto lo entregarían en mano, pasando antes por Egipto, e incluso visitando las Pirámides. Otros autores los hicieron visitar Siria, y otros incluso los vieron capaces de llegar hasta el Sudán.

Sufriendo altibajos de fortuna y calamidades, finalmente ambos jóvenes habrían logrado regresar enfermos a Venecia, no sin antes aprovechar para visitar “La Acrópolis” de Atenas, en Grecia.
Debo contradecir a los dichos autores, puesto que, precisamente por estar muy bien conectado el comercio marítimo de los venecianos, existió un eficaz servicio de comunicaciones entre Venecia y Génova con los puertos de Oriente Próximo, siendo Leonardo muy capaz de hacer llegar la dicha documentación técnica, pagando lo que fuese, al lugarteniente del citado sultán Bayaceto (Bayazid II), que también gobernó Damasco.

La pretensión de tales relatos era de tratar de justificar que Leonardo escuchó personalmente las ideas de los hinduistas, como son las peculiaridades del dios Shiva (que en Kalash, excavó templos inmensos en un suelo de roca viva), así como otras divinidades orientales. Tales conocimientos Leonardo los adquirió por haber leído a los clásicos, o bien de fuentes orales. Se demostró que el supuesto gran viaje nunca lo realizó, a no ser con la “materia gris” de su mente. Es muy verdad que Leonardo necesitaba moverse continuamente, hasta el punto de aconsejar a sus discípulos que (según escribió su amigo Melzi):

«Abandonad vuestro hogar, dejad a vuestra familia y amigos, marchad al campo, a las montañas y valles”.


LEONARDO, EN VENECIA, SE HARTÓ DE CONFLICTOS Y DE GUERRAS

Antes de que surgiesen temores de invasión, Leonardo Da Vinci había propuesto al sultán ejecutar un gran proyecto de construir un puente, del cual él resaltaba los cuatro puntos siguientes:»Tengo un diseño para un molino alimentado por el viento, sin la necesidad de agua corriente.- He desarrollado una bomba de achique para eliminar el agua sin el uso de cuerdas y poleas (…) Yo, tu fiel servidor, entiendo que ha sido tu intención erigir un puente desde Gálata (Pera) (…) Yo, sé cómo construir el puente. Será un puente de mampostería tan alto como un edificio, e incluso los barcos altos podrán navegar debajo de él».


Da Vinci le adjuntó varios bocetos de su proyecto, visto desde diferentes perspectivas , en el cual mostraba, con vistas panorámicas, los extremos de cada lado, bifurcándose para formar cuatro soportes, simulando la cola de una golondrina. Acabó su carta así: ”(…) Planeo construir un puente colgante sobre el Bósforo para permitir que las personas viajen entre Europa y Asia. Por el poder de Dios, espero que creas mis palabras. Estaré a su entera disposición en todo momento. Arquitecto e ingeniero: Leonardo da Vinci”.
Actualmente, los bocetos de Leonardo para aquel problema de ingeniería estructural, se encuentran en el “Manuscrito L” (Codice de l’Institut de France, en París).

Los cálculos verificados para el soporte del puente, no se resolvieron hasta el siglo XIX, pero Leonardo, dibujó “a vista de pájaro” (perspectiva lateral), su elegante silueta, con una suave curvatura de arco parabólico. Una obra maestra, que combinaba forma y función; la cual, según calculó Leonardo, proporcionaría un soporte especialmente fuerte para aquel puente de 240 m. de longitud. Tampoco aquella idea fue realizada;… hasta el el día 17-5-2006, cuando el gobierno turco, al fin, decidió construir el puente en el “Cuerno de Oro”. De hecho, con anterioridad dicho proyecto ya lo habían “resucitado” los noruegos en 2001, mediante una pequeña réplica que resultó exitosa.


Al pasar los meses, mi biografiado intuyó que el sultán otomano era un gran peligro para Italia, y trató de avisar, satíricamente, a sus conciudadanos para no tener que verse como una provincia del imperio otomano, puesto que a Leonardo le dolía mucho ver que Italia se quería ignorar aquel peligro. En su inquietud, escribió una carta a su querido amigo Benedetto Dei, cuyo título “Cosas de Oriente” ha hecho sospechar que mi biografiado hubiese viajado hasta allíí. Escribió una sátira encubierta a los italianos planteándolo como si fuesen unos liliputienses. Éstos, habiendo tenido dormido en el suelo al gigante, lo ataron y se burlaban de él, pero al despertarse (el sultán Bayaceto II): “(…) Irguiéndose, los pisoteó”. Les insultó, … y no creo, querido Benedetto, que desde que el mundo fue creado se hayan sentido unos lamentos, un dolor público acompañado de tanto terror“.


En Venecia temieron que el sultán Bayazid II, que amenazaba con atacar Egipto y Grecia, también pretendiese atacar su “Ciudad de los canales”, por lo cual creyeron preciso construir defensas en el sector oriental para protegerla. Leonardo proyectó detener, muy astutamente, un posible ataque naval de los turcos construyendo una presa móvil (eslusa), de modo que, al ver llegar a los enemigos, los mismos venecianos volarían la presa del río Riuly, para que fuesen arrastrados por el agua retenida. Entre sus varias propuestas, destaca la invención de un mini-submarino de madera; una grúa flotante; un puente voladizo móvil, etc..


Da Vinci no fue el primero que creyó factible caminar debajo del agua, manteniendo la boca del tubo con flotadores; pero si lo fue en diseñar un rudimentario traje para bucear, con escafandra, gafas y aletas tipo palmípedo, solo que no servían para calzar los pies, sino para enfundar en ellas las manos. El buzo respiraba insuflándole aire-comprimido desde un barco, y tuvo por objeto agujerear las quillas de los navíos enemigos (recientemente los británicos lo experimentaron con éxito). También propuso un sistema de esclusas para hacer posible elevar el curso del río Isonzo, inundando toda la costa cercana a Venecia. Sus proyectos de entonces tampoco fueron concluidos por falta de materiales, y otros no se volvieron a probar hasta varios siglos después.


LUDOVICO “El MORO” FUE EXPULSADO DE MILÁN
Italia cambió en 1.499, al conocer el saqueo de Milán por los franceses, y la detención de Ludovico “el Moro”. Pero todavía estaba Leonardo en Venecia, cuando, en abril de 1.500 llegó la gran noticia de que la familia Sforza de Milán había recuperado el dominio de su ciudad el mes de febrero. Las noticias no cesaban, y en fecha diez de abril supieron que un triunfante ejército de suizos tuvo que huir de Milán a Novara, donde finalmente capturaron a los Sforza.


La sucesión de los hechos, en síntesis, fue así: Ludovico “el Moro”, tal como la gente pregonaba que sucedería, cruzó de nuevo la frontera el mes de enero del año 1.500, pero en dirección sur, siendo recibido como “salvador de la patria” en Novara, Parma y Pavía; ciudades que le abrieron las puertas sin necesidad ni de pedírselo; y al fin recuperó Milán (4-2-1.500). Pero los franceses regresaron; y cuando volviendo a cruzar los Alpes (28-3-1.500), también venían reforzados por mercenarios suizos.


Cuando lograron asediar a Ludovico en Novara, los soldados suizos de su bando, rehusaron enfrentarse a sus compatriotas del ejército francés. Cambiaron opiniones entre ellos, y, después de haber llegado a un acuerdo, entregaron Novara a cambio del pago de las soldadas atrasadas. Ludovico fue capturado, cuando intentaba escapar disfrazado, y ocho años después murió prisionero en el castillo de Loches.


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Italia no había logrado la necesaria unidad nacional bajo el gobierno de los Sforza. Al contrario, entró en un declive que duró hasta ser unificada por los revolucionarios del socialista Garibaldi, un masón. Después de la caída de los Sforza, y rotas las relaciones de Milán con Francia, Leonardo decidió ponerse al servicio del francés Luís de Luxemburgo, conde de Ligny, que le ordenó preparar la defensa militar de la Toscana. Entonces, mi muy honorable biografiado, empezó a pensar como un afrancesado. Incluso dejó los pinceles, pasando de ser “un científico del arte”, a ser “un artista de la ciencia”; aunque sin dejar jamás de ser un perfeccionista. Quiza pueda parecer extraño, la pintura no fue la gran pasión de Leonardo. Le pareció un arte demasiado fácil, y en una ocasión justificó sus cuadros presentándolos como: ”(…) Esa parte elegante que subyace en todo lo científico”.


Como su fama le precedía, se le encargó organizar grandes fiestas, y obras teatrales, con nuevas músicas y escenografías. Dado que tenía una gran visión de futuro, al concebir los decorados y el “adrezzo”, su prodigiosa mente preveía que todo lo utilizado pudiese después servir en futuras ocasiones. Los reflejos de Da Vinci le aconsejaron confiar su seguridad, no en su inspirada creatividad militar, sino erigiéndose en el “alma mater” de los espectáculos. Se lo tomaba como si fuese un juego divertido, pues el osado genio también lo fue para diseñar todo tipo de cosas. Por ejemplo: vestidos extravagantes para carnavales, máscaras, pelucas, complicados peinados, bolsos de señora, o armaduras de malla metálica para proteger las cabezas de los caballos de batalla.


EL “MODELO LEONARDO”: CONGENIAR DIFERENTES DISCIPLINAS
La palabra “modelo” debe de ser una de las más utilizadas en esta trilogía, primero por su ambivalencia con los que posan para ser dibujados o pintados. A continuación me referiré a esa famosa denominación, al haber sido mi biografiado el modelo de hombre universal, ya que encarnó el “ideal renacentista”. La infatigable búsqueda personal de hacer converger sus ideas en cada una de sus muchas disciplinas y habilidades. También quiso buscar la unidad entre el arte, en general, y la ciencia. Por todo lo dicho sus anhelos fueron etiquetados por la posteridad “Modelo Leonardo”. Se ha escrito que su metodología llegó a impregnar la formulación de la “Teoría de la Relatividad”, de Albert Einstein, en el siglo XX.


Su método: «Pienso, escribo, respeto, porque somos lo que demostramos ser». Walter Peter, que lo estudió a fondo, lo describió así: «Leonardo es la encarnación del sueño antiguo y el símbolo de la Edad Moderna”. En realidad, estuvo en sintonía con el método científico, consistente en observar; experimentar; y revisar. Sus inspiradas enseñanzas, fueron recogidas solamente por quienes entonces pudieron entender que: «Las infinitas obras de Leonardo se hallan entretejidas en un todo lleno de maravillosos patrones, adelantándose siglos en la ciencia y tecnología de su tiempo». Pero Da Vinci lo aplicó a su modo, y justamente por ello representa la síntesis del genio del arte y de la ciencia. Por sus conocimientos -algunos integrados en sus creaciones pictóricas-, así como por su obsesión por indagar continuamente en muchas y muy diferentes materias que trabajó, Leonardo Da Vinci demostró ser el mejor, y como ningún otro personifica el espíritu de independencia artística y mental.


Él transformó el arte europeo para siempre, al librarse del generalizado culto servil a las tradiciones. Dibujando sus modelos de la vida real, tanto de la plaza del mercado como del burdel, confirió a sus pinturas una especial emoción y energía. Sin duda, mi biografiado fue el forjador de la ciencia moderna, debido precisamente a mostrarse crítico con lo establecido. Efectivamente, es propio de un verdadero “gigante intelectual” el lograr fusionar el arte, la tecnología y la ciencia, al mismo tiempo que todo ello con las humanidades. Leonardo tenía cualidades inherentes: honestidad, esfuerzo, bondad, simpatía, sentido del humor, cariño selectivo (en especial con sus discípulos). Todo su genialidad la puso al servicio de los poderosos Médici, Sforza, Borgia; y en sus últimos años, muy devotamente, en beneficio del rey de Francia, Francisco I. No fueron pocos los frutos con los que benefició al rey;… y sobre todo se manifestó en Romorantin, a una edad cuando el genio toscano ya parecía imposible que pudiese exprimir más su mente.


SU AMIGO BENEDETTO DEI LE INSPIRÓ ALGUNOS RELATOS
Leonardo, entre los años 1.480 y 1.487 estaba en Milán. Fue el periodo que marcó el cénit de su carrera profesional,… pero además servía al duque recopilando mucha información, puesto que hacía las veces de periodista y diplomático. Conocía a todos los servidores y políticos satélites del duque, e incluso organizó una red de confidentes de todo tipo, con cuyas noticias diariamente hacía un resumen para Ludovico. Parece ser que nisiquiera sus parientes estaban fuera de su vigilancia. No era raro que los que gobernaban tuviesen diversos corresponsales incluso en otros paises.


En Milán Leonardo conectó con muchas otras personas de Florencia que, como él, residían en aquella capital, lo que justificaba que los Médici abriesen una sucursal bancaria allí. Entre los florentinos más ilustres con quienes el genial toscano conocía bien, estaba su amigo Benedetto Dei. Entonces ya tenía sesenta y cinco años y pudieron recordar los tiempos cuando en la corte de los Médici, Benedetto Dei ejercía de agente diplomático. En Milán dicho prestigioso viajero estuvo al servicio de Ludovico Sforza.
Benedetto Dei pasaba una temporada en Milán justamente coincidiendo con la llegada allí de Leonardo, de modo que nuestro genio gozó desde el primer momento de una privilegiada información. Leonardo tenía uno de sus libros de aventuras exóticas que trataba sobre faulosos gigantes. No puede dudarse de que Benedetto Dei podía presumir que ser la persona que mejor conocía toda la actividad de «el Moro», pues lo había contratado como asesor político.


Mi biografiado admiraba sinceramente a Benedetto Dei, quizá porque le escuchaba contar unas historias que a todos les parecían increibles. Para Leonardo él era el más activo y fiable de todos ellos. Ello era cierto en según en qué tipo de relatos, pues Benedetto Dei, había viajado hasta Grecia, Turquía y Norte de África por asuntos comerciales del duque Ludovico. En cambio otros relatos de Benedetto eran fascinantes por ser pura imaginación. A Leonardo ello le agradaba, como se comprueba en su relación de libros de otros narradores, como Luigi Pulzi, autor de un libro sobre gigantes, que Leonardo poseyó en propiedad.
Leonardo copió la idea de Benedetto Dei para escribir una narración que, con los años, hay que considerarla precursora de los famosos “Viajes de Güilliever”. Leonardo, dando rienda suelta a su prodigiosa imaginación, durante los últimos meses de 1.480 escribió una parodia satírica, a modo de carta dirigida a un imaginario viajero en tierras africanas. Se inventó un gigantesco monstruo de color negro que acabó devorando a los habitantes de las tribus vecinas, que después destruyó pisoteándolas. Tanta furia desatada era tan parecida a un cataclismo, que se ha querido ver plasmada en sus dibujos sobre el “Diluvio”.


“LA CARTA A DIOS” ATRIBUIDA A LEONARDO DA VINCI
El diplomático y periodista Benedetto Dei, partió de Milán el mes de febrero de 1.487. La carta que le escribió Da Vinci, con los años llevó el título de su salutación inicial “Querido Benedetto Dei», pero se tergiversó al popularizarse la fama de mi biografiado para acabar siendo conocida como “Carta a Dios”. La utilidad de dicha carta, hay que verla hermanada con los desastres propios de la humanida cuando agrede (ya entonces) y explota a la Naturaleza, por la que Leonardo siempre sintió un gran respeto y mucho amor. Mi biografiado era capaz de sentir palpitar el paisaje, las piedras y el mundo entero, como si fuese un ser vivo, y al describir su cuadro de “la Gioconda” de Madrid, demostraré hasta que extremo humanizó los elementos. Las mismas ideas de mezclar paisajes le revelaría que: segar las cosechas, en cierto modo es como herir los campos. Dicha humanización, subyace también en las casi cuarenta “Fabulas” que nos han llegado de Leonardo, con cuyos argumentos se recuerda a las del famoso clásico Esopo, pero sin nunca copiárselos.


Continuaré presentando a los florentinos al servicio de «el Moro», siendo el principal Piero de Vespucci -el mismo que había sido encarcelado tras la Conspiración de los Pazzi-, y que lo presentaré mejor en el siguiente párrafo. Entre los otros florentinos, destacan los hermanos De Predis, quienen fueron documentados como socios de Leonardo en 1.483. Fue del taller de Evangelista De Predis donde habían hecho su aprendizaje tanto Atalante como Zoroastro, después colaboradores y amigos de mi biografiado. Tenían clientes y contactos sociales comunes, y se ha escrito que cuando Leonardo pintó «La Virgen de las Rocas», probablemente residía en casa de los hermanos Evangelista y Bernardino De Predis. Este último había sido justamente el pintor oficial de la corte de Ludovico hasta que llegó Leonardo quitándole el cargo; no en vano entre tantos paisanos el genio toscano en aquel ambiente mereció el apodo de «el Florentino», habiendo tantos otros que podrían haberlo llevado.

Piero de Vespucci (+1.485 en Alejandría) estuvo al servicio de “el Moro”, siendo después varios años injustamente encarcelado. Los cargos se basaban en haber tomado parte en la conspiración de los Pazzi, pero se le castigó por venganza de Giuliano de Médici al haber cortejado a Simonetta Catanei Vespucci (+1.476), casada con su hijo Mateo Di Vespucci. Al regresar del exilio, Piero se le devolvieron sus propiedades y fue nombrado consejero de la Corte de Milán, formando parte del círculo cerrado más próximo a Ludovico, entre cuyos miembros también estaba Leonardo Da Vinci, quien allí tenía amigos muy influyentes.

Aparte de los dos Vespucci citados, encontramos en el censo otros, como Agostino de Vespucci -que fue el secretario de Maquiavelo-, quien, por su impecable caligrafía, redactó las cartas que Leonardo envió a Ludovico Sforza. Una de ellas es famosa por incluir en el dorso: El sello de un perfil de cabeza -impreso en lacre-que corresponde a la figura que decoraba el anillo de Leonardo. También iuncluiré a Amerigo Vespucci (Américo Vespucio), el gran navegante al servicio del rey Fernando II. Varias veces había enviado cartas a Lorenzo Dei Pierfrancesco De Medici para animarle a tratar con “el Moro” acerca de la gran rentabilidad de abrir un canal en el río Arno, que fuese navegable hasta Pisa, a fin de permitir a los florentinos poder tomar parte en la conquista del Nuevo Mundo (América).

AL HEREDAR DE SU TÍO, LEONARDO REGRESÓ A FLORENCIA

Trabajando con sus amigos en Milán, Leonardo supo que había muerto su tío Francesco, quedando él como su principal heredero. Por la caligrafía de Antonio, no cabe duda de que era una persona muy cultivada, pero quizá por ver el valor de la vida natural y el sosiego, había elegido vivir en el campo de Vinci como granjero. Su hijo Piero, padre de Leonardo había estudiado para ser notario de la Signoría, siendo un funcionario cortés pero ambicioso. Leonardo se pareció mucho al difunto abuelo, pues siguió sus austeras normas alimentarias.

Por otra parte, Leonardo debía visitar Florencia porque supo que su homónimo hermanastro Antonio, que era entonces el cabeza de familia, había empezado un procedimiento para impugnar el testamento. Leonardo se vió obligado entablar una batalla legal, a distancia,… mientras le fue posible. Buscando ayuda, y para evitar desplazarse en vano para pleitear contra sus varios hermanastros, escribió (18-9-1.507) al cardenal Hipólito d’Este, residente en Ferrara: «Ruego con todas mis fuerzas a vuestra reverenda señoría, una carta de recomendación para el que ha de juzgar la ejecución de la herencia paterna, para que se pronuncie, no solo con justicia, sino que se pronuncie a mi favor«. Por lo mismo, Da Vinci apeló al gobernador francés de Milán, Carlos II de Amboise, para que también interviniera.

Al fin, el deseado consejo le informó de que debía comparecer a juicio , comprendiendo que no había más remedio que volver a desplazarse para solucionar los trámites hereditarios, Leonardo ya había viajado con anterioridad a su querida Florencia, pero habían sido estancias  puntuales. De nuevo regresó, debiendo renunciar a la herencia de su padre Piero. Cuatro años más tarde, en cambió, volvió a Florencia con su equipo, por haber sido el mayor de los beneficiarios del testamento de su tío Francesco, quien, por encima del parentesco, había testado a su favor, por puro amor fraternal. Al cabo de unos meses, el gobernador francés de Milán, reclamó a la Signoría de Florencia el regreso de Leonardo, argumentando que les había dejado trabajos pendientes. Así fue como Leonardo pudo escribir tranquilizando a su benefactor Charles de Amboise que: “… Ya estoy casi al final del litigio con mis hermanos, así que podeís creerme si os digo que estaré de nuevo con Vos para la Pascua de Resurección (23 de abril de 1.508)”.

Así fue, él y sus colaboradores cargaron todas sus pertenencias en un carromato, y partieron hacia su querida ciudad a principios del año 1.508. A excepción de Leonardo, todos estaban convencidos de que sería una estancia eventual. Temían que fuese peligroso para Leonardo, pero él tenía muy claro que debía residir en Florencia para administrar la herencia recibida. En realidad entonces todas las capitales de Italia aún padecían coletazos de inestabilidad, y habrían corrido un idéntico peligro.

Lo malo era, que la creación artística había decaído, cosa que les preocupaba. Leonardo, en Florencia, residió seis meses, con su “equipo”, en una casa de su amigo escultor Giovan Francesco Rustichi, en la vía Martelli, un joven escultor que habrá de ser presentado en mejor ocasión. Sucede lo mismo con el joven Francesco De Melzi, hijo de Girolamo, muy  buen amigo suyo. Con el tiempo fue su secretario y después su confidente y heredero de la gran parte de sus bienes.

Dado que Leonardo conocía a los nuevos mandatarios desde que, siendo niños de corta edad, los veía corretear por los pasillos del palacio de La Signoria, decidió ir a saludarlos y sondear las posibilidades de poder trabajar. Dio por seguro que ellos lo recordarían de cuando, con su natural afabilidad, los había entretenido mientras esperaba ser recibido en audiencia. Como el mundo local había sufrido graves transformaciones sociales, Leonardo cuando decidió visitarlos, en realidad no tenía claro qué sucedería. En realidad, estaba deprimido por los recuerdos que le venían a la mente.

Sus discípulos, cuando reordenaban el nuevo espació de trabajo y lasdemás habitaciones de su vivienda, desarrollaban una crispada movilidad; tanto, que a Leonardo le parecía ser comparable a los movimientos de unaos animales atrapados. Él procuraba animarles, profetizando lo que realmente pronto sucedió; porque, en efecto, en Milán Leonardo vivió con sus discípulos los mejores y más creativos años de su juventud, por su innata integración natural que, a través del arte, le unía al río de la vida. A sus discípulos, aprendices de pintores, les explicaba con ilusión su enorme sabiduría interior, enseñándoles, entusiasmado, como sentirse también “ciudadanos del mundo”: «(ellos) deberían gozar de cada don de la tierra y del espíritu sin miedo a la muerte, “sal de la vida” (…) Nuestro cuerpo depende del cielo, y el cielo del espíritu (…)«. Se emocionaba al comprobar que le escuchaban atentos, pues él en el fondo también dudaba que las cosas les fuesen bien.

SU AMISTAD CON EL PONTÍFICE LEÓN X, HIJO DE “EL MAGNÍFICO”

Así como en Milán gobernaron los dos hijos de Ludovico «el Moro», también en Florencia gobernaron al cabo de unos años los dos hijos de Lorenzo «el Magnífico». Éstos recuperaron el poder en verano de 1.512. Cuando los citados entraban triunfantes a la ciudad por una puerta, el todopoderoso Gonfalonero vitalicio huía por otra de detrás de las murallas.  Leonardo, aprovechando la ocasión supo trascenderse gracias a su maravillosa mente clarividente y un emprendedor nato. Para superar la precariedad de los suyos, Da Vinci se vistió elegantemente y se presentó en la sede del gobierno. Allí pidió turno para ser recibido en audiencia. Estaba dispuesto a esperar, a pesar de la larga cola (casi disuasiva) de personas que estaban allí antes que él, y todos con la misma esperanza de ser incorporados al carro triunfal del vencedor.

Leonardo no aguardó demasiado, porque entonces ya era reconocido como un sabio consagrado. Fue llamado antes, para ser recibido por el propio Giuliano de Médici, quien hizo avisar a su hermano Giovanni Lorenzo De Médici (futuro papa León X). Ambos eran hijos de su antiguo mecenas Lorenzo de Médici, a quien un día Leonardo le escuchó aconsejar al jovencísimo hijo, cuando éste ya era cardenal, que evitase: (…) tener tratos con prostitutas, ni molestar al Papa con asuntos que no fuesen sumamente importantes, porque: Está en la naturaleza de los poderosos prestar mayor atención a los que menos molestan (Lorenzo “el Magnífico” les aconsejaba, por experiencia propia).

Cuando los tres se reunieron, Leonardo escuchó que los dos poderosos hermanos se preguntaban si seguía vigente su vegetarianismo a ultranza; así como si seguía cultivando su “idilio” con la naturaleza. Les alabó que tuviesen tan buena memoria. Ellos se excusaron, pues era oportuno preguntárselo, porque ahora su “divertido amigo” regresaba con fama de llevar una aureola de abrumadora lucidez. Ambos jóvenes se disputaban ser el centro de su atención,…hasta que Leonardo comenzó a explicarles sus viajes y sus obras, pues absorbió tanto su atención, que se quedaron momentáneamente enmudecidos. Al ser reclamado el Duque por asuntos administrativos, Leonardo se encontró hablando a solas con Giovanni Lorenzo De Médici, el futuro Papa, quien le expuso sin rodeos, sus proyectos para devolver a Florencia su antiguo esplendor en las artes y las letras. Hablaba en serio, y así fue que, gracias a su entusiasmo y mecenazgo, resurgieron ambas, incluyendo además el favorecer especialmente a las ciencias; y presuntamente sería por consejo de Leonardo.

No le ocultó que su llegada a Florencia era muy oportuna, pues su ciudad recibiría a todo tipo de artistas, fuesen locales o extranjeros: –Todo para la mayor gloria de…las artes; apostilló el futuro pontífice. Aquel mismo día quedo establecido que a Leonardo le asignaban un sueldo mensual de treinta y tres ducados de oro, cantidad que estaba muy por encima de lo que pagaban a los demás artistas. No en vano, le había precedido su fama de científico e ingeniero. Pero es que, además, ambos hermanos solicitaban a Leonardo sus consejos con regularidad…¡más aun!. Mi encantador biografiado, eventualmente también ejerció de mediador político al servicio del gobierno de Florencia. Los hijos de “el Magnífico” eran plenamente conscientes de que habían contratado a la personificación de la excelsitud del arte de todos los tiempos, así como al diplomático más exquisito que existía. Su padre así lo decía. Con Leonardo en sus filas, aquellos jóvenes alucinaban,…y él todavía más.

Desde el día que regresó con su “familia” a Florencia, estaban instalados en una humilde casa, y creían tener por delante días de gran penuria económica, pero todos se vinieron arriba al instante al escuchar lo que les explicó Leonardo. Él resaltó lo poco que había faltado para que lo abrazasen de alegría los dos grandes personajes más influyentes de su mundo. Cuando supieron el sueldo que le habían asignado, en todo el aposento se escuchó una explosión de alegría. Todos estaban eufóricos por cómo Leonardo había conseguido trabajo, pues representaba la estabilidad emocional del grupo. También se obró el efecto de revitalizar físicamente al genial toscano, que había llegado a estar bastante desmejorado, notándose más en el cambio de color de su rostro y la escasez de pelo, sobre todo en la parte de su coronilla.

LEONARDO EN MILÁN ALANZÓ SU “PLENA POTENCIA”

Mi biografiado a partir de aquel feliz reencuentro recobró el ánimo y pronto desarrollaría todo tipo de actividades, como si quisiese demostrar que estaba en su mejor momento creativo, con la ventaja que en su “mochila” llevaba la gran experiencia de los numerosos trabajos que había realizado con anterioridad. En su inquietud científico-filosófica, también argumentó nuevas especulaciones. Pero su mayor entusiasmo lo volcó en experimentar con las ruedas dentadas, porque Da Vinci a la mecánica la llamó “Paraíso de las ciencias”, por ser la rama de las matemáticas que fue su mayor pasión, tal como sus numerosos dibujos hacen bien evidente. Es poco sabido que a Leonardo se deben los signos más y menos (+ -). Así fue como pudo anticiparse a inventar el promedio del desgaste por la fricción, haciendo unos complicadísimos cálculos.

Al atacar el problema de la fuerza de la tracción animal, la agudeza de comprensión de Leonardo todavía realizó un mayor esfuerzo, pues tuvo que relacionar el peso con fuerza muscular, incluyendo la invención de un dinamómetro para determinar el poder de cada una de las máquinas. Hay que valorar también su renovación de los arreos agrícolas, que modeló en hiero, cuando era un metal muy restringido. Su ingenio como fundidor, le permitió diseñar un asador de cocina, que giraba dependiendo de la intensidad del fuego, pues funcionó con vapor de agua (existe un dibujo suyo en el Museo de Valenciennes-Fr.).

Igualmente construyó una máquina, que llamó “Arquitronito”, que podía disparar bolas de hierro a una distancia considerable (dibujado en el “Manuscrito del Instituto Francés”). También diseñó lámparas de intensidad variable, así como un espejo que reproducía imágenes múltiples, para no decir casi infinitas. En fin, mi biografiado era un hombre de perspicaz sagacidad y sabiduría múltiple. Sin ánimo de ser exhaustivo, él, sin llegar a conocer la fuerza de la gravedad, ya vislumbró la trascendencia que tenía poder calcularla, por el hecho de hacer caer todas las cosas al suelo. Es decir, estuvo cerca de saber cómo se soportan los cuerpos celestes en el espacio “flexible”.

La cofradía de “La Inmaculada Concepción”, al saber que en Florencia estaba Leonardo Da Vinci, le reclamaron lo cobrado anticipadamente por unos trabajos nunca realizados. Leonardo lo solucionó pintándoles una nueva versión de “La Virgen de las Rocas”. También hubo compensaciones, pues tuvo el gozo de conseguir recuperar unas propiedades que casi había dado por perdidas. Afortunadamente, a Leonardo le fue resarcido el derecho sobre su viñedo en Porta Vercellina, que antaño le había sido incautado. Además, ante tales muestras de afecto de sus gobernantes, aprovechó para agilizar los trámites burocráticos, a fin de solucionar el contencioso con el gobierno de La Signoria, en lo referente a su compromiso de ejecutar el mural que nunca terminó

Por otra parte, los españoles al mando de Raimundo de Cardona, entretanto habían exigido a los florentinos una fuerte compensación económica, que ellos se negaron pagar. Ambos bandos lograron pactar un acuerdo: Si prometía devolverles el Ducado, lucharían con ellos contra Florencia y después, al recobrar su gobierno, todos recaudarían cuatro veces más dinero. Se aliaron bélicamente, atacando primero la ciudad de Prado, donde hubo un matarile de cinco mil personas, además de otras tantas violaciones. Al conocerse aquella noticia en Florencia cundió el pánico, y, en lógica reacción, los florentinos atacaron la sede del gobierno de La Signoria (30-8-1.512). A pesar de ello, fueron forzados a pagar a Raimundo de Cardona 40.000 florines por su libertad.

Al subir al trono de Francia Luís XII (9-1-1.513), pretendió dominar toda Italia, empezando por liberar Florencia, gracias a que los florentinos mantenían buenas relaciones con los invasores. Además, le habían prometido fidelidad a cambio de ayudarles a tomar la ciudad de Pisa; su puerto de mar. Dicha promesa fue rota varias veces, y aquella relación colapsó cuando los reproches mutuos provocaron que los franceses se retirasen. Leonardo Da Vinci debió de temer sufrir ataques debidos a las venganzas, de una u otra parte; hasta que se convenció de que en Milán ya no sería acusado de haber transferido su dependencia a los usurpadores de “el Moro”. Era obvio que, después de haber superado unas circunstancias tan terribles, en la mente de ningún milanés, ya no quedaba con ganas de revanchismo.

Era hora de regresar a Milán, aunque allí se vivian tiempos de graves conflictos. Leonardo, según escribió él mismo en el Registro, residía en casa de Prevostino Viola. No le habría importado permanecer allí toda su vida (solo residió en Milán una tercera parte de ella), porque le gustaba la ciudad, así como tener allí su propia academia y el trato con gente muy poderosa,… a parte de su proximidad con «Villa Melzi». Había llegado para pasar allí tres meses, pero se hubiese quedado para siempre. No fue así; al cabo de siete años recibió la invitación de trasladarse a Roma para trabajar para el Sumo Pontífice. Leonardo salió de Milán (24-9-1.513) con sus expertos colaboradores.

“NUEVA ETAPA” DE LEONARDO DA VINCI EN MILÁN

Leonardo se registró  en el ayuntamiento de Milán (25-3-1.513) como residente en casa de Prevostino Viola. En Milán optó por reabrir su modesta academia de pintores, en su casa de la calle Bocaccio. Con renovado afán, trabajaba cada día, atento a los acontecimientos que preocupaban a sus jóvenes discípulos. Leonardo procuraba tranquilizarles, especialmente a su amigo Francesco Melzi, quien aprendió el oficio de retratista. El “Maestro de maestros”  se esmeró mucho en orientar su natural curiosidad, de manera que, al dominar los pinceles, nos dejó interesantes pinturas, incluyendo un retrato de Leonardo visto de perfil, siendo uno de los más fiables que se conservan del excelentísimo artista-filósofo y científico. Leonardo en Milán pintó diversos retratos de “Madonnas”, que se perdieron debido a los avatares políticos, e incluso bélicos, que se vivieron en la siguiente década.

Según apuntan reconocidos expertos italianos, entre los dichos aprendices también, estaban los españoles Fernando Yáñez de la Almedina, y Fernando Llanos, pintores activos todavía en 1.505, que ya colaboraron con Leonardo en Florencia. El primero de ellos fue quien, según Vinceti: (di pintore Ferrando Spagnolo) adquirió cuanto pudo de las obras de Leonardo después de haber muerto, siendo las que al cabo de los siglos acabaron depositadas en los archivos y el almacén del Museo del Prado. Durante su aprendizaje con Leonardo, se dedicó igualmente a repetir obras, entre ellas, “La Gioconda”, el cuadro más famoso del mundo, el cual comentaré en la “Segunda Parte”, para poder presentarlo debidamente, porque son dos casi iguales.

EL DUALISMO DE SUS OBRAS “SAN JUAN” / BACO»

El genial florentino, también pintó dos temas sobre “el Precursor”, sirviéndole de  modelo su discípulo Andrea Salaino (“el pequeño demonio”), el bribonzuelo holgazán, al que Leonardo enseñó a pintar. Leonardo, es obvio que no deseó ocultar su faceta ambigua y andrógina. Por ello, no resulto ser un modelo idóneo para retratar a “San Juan Bautista”, pues Salai se muestra risueño. Al pintar “La Última Cena”, Leonardo ya había dotado de rasgos femeninos a san Juan “el Evangelista”, que está sentado al lado de Jesús en “La Última Cena”; y lo mismo hizo en su cuadro “Baco” y en otro de “San Juan Evangelista”. Son dos pinturas de cuando Leonardo ya era un sesentón, y con ellas evidenciaba haber superado las inquietudes sexuales que tantos años lo había subyugado. Fue uno de sus cuadros más logrados, por el hecho de que los elementos citados parecen emerger de la oscuridad que simboliza el mundo.

Es bien conocido el hecho de que a sus espectadores suele provocarles un éxtasis contemplativo, pues se preguntan:¿Cómo ignorar la dura personalidad del supuesto Mesías, Juan Bautista? A continuación anticiparé algunos detalles, porque en ambos cuadros, Leonardo quiso comunicar que: Había logrado expulsar a sus más íntimos “demonios”. Logró sanear su memoria herida, con su ingeniosa forma de alcanzar la purificación y catarsis. En su alma neurótica, las pinturas citadas, metafóricamente, equivaldrían a exteriorizar (defecar) los excrementos de algo ya muerto. Le sirvió de terapia para poder tranquilizar su espíritu…y para conseguirlo, se tomó su tiempo.

El gesto de levantar la mano señalando al cielo, como dije más arriba, Leonardo lo copió de Rustici, aunque en el dicho detalle mi biografiado encerró una original sutileza hermética, la cual, después repitió en otros de sus cuadros. Sería como un guiño a los descendientes de los Buenos Hombres; o sea, los predicadores que, entre el catarismo occitano, eran llamados “Puros”. Señalar “lo que no se puede ver”, Leonardo lo convirtió en un símbolo de Juan Bautista, siendo copiado también por otros pintores de su tiempo. Carlo Vecce, escribió en su “Biografía de Leonardo Da Vinci: ”Se paga aparte a los pintores colaboradores: Raffaello d’Antonio di Biagio, Ferrando Spagnolo (es decir, Ferrante de Llanos, que ya fuera alumno de Leonardo en Milán)…Tanto éste, como el otro (Fernando Yáñez) pintaron obras de estética “leonardiana”. Tal estética, en el fondo, consistió en evocar una espiritualidad alternativa de forma encubierta.

FOTO: REPITIÓ EL “SAN JUAN BAUTISTA”, COMO TERAPIA

No parece tener sentido que Da Vinci repitiese el afeminado cuerpo de su “San Juan Bautista”, una obra de acabado perfecto; pero, en sus últimos años, pintó dos veces el mismo tema (al menos, las últimas pinceladas). Ambos cuadros muestran al “Precursor” como un joven risueño, semidesnudo, recostado en una roca antes de bañarse. Solo lo identifican su corona de flores y laureles. Sucedió, que en el siglo XVII, un pintor anónimo, lo rebautizó “Baco”, el dios mitológico griego, por aparecer escrito “Baco”, en un díptico latino sobre el dicho cuadro de Da Vinci. Quien lo escribió, debió conocerlo bien, porque quiso aludir al griego Dionisio, hijo de una Virgen, el cual también murió crucificado. Su voluptuosidad, era “la razón de la sin-razón”;no obstante,cobra sentido cuando se tienen en cuenta los traumas del adolscente  Leonardo Da Vinci, ya que lo atormentaron hasta su vejez.

El dios griego Baco, no solo lo fue del vino, sino también de la iniciación. En San Juan Bautista/ Baco, Leonardo reveló, mórbidamente, los repliegues de su más íntima personalidad. Se supone que, habiendo cumplido los sesenta años, el gran genio también había incrementado su íntima dignidad, deseando expurgar los malos recuerdos de su mente. Después de exponer sus antiguas flaquezas, su debilidad se transformó en autodominio, porque había vencido los impulsos de la atracción carnal. En el doble tema de “el Precursor”, Leonardo anunció que había:(…) Dejado de ser víctima de las tentaciones. Cuando un tema artístico es comprometido (dado que procede del alma), se convierte en un alimento para las almas, motivo por el cual el genio toscano logró cautivar a los espectadores.

Es preciso reconocer las flaquezas de Leonardo, pues, a pesar sus bajas pasiones, y enfermiza obsesión por la perfección, Leonardo Da Vinci, a criterio de la Historia del Arte, y también en el ámbito de científico, se nos revela hoy con una gigantesca estatura, erguida encima de un muy alto pilar. De su prodigiosa inspiración, salieron algunos de los más bellos retratos femeninos de medio cuerpo, mientras que pintó escasos varones, a los cuales, en cambio, los dibujó desnudos en toda su estatura. Fue el caso de sus dibujos de “Atlas”, “San Sebastián”, y “el Hombre de Vitruvio”, que, en Italia, fue elegido para figurar en la moneda de un euro.

LEONARDO DEJÓ MILÁN PARA REGRESAR A ROMA

Leonardo, en 1.513 ya tenía sesenta y un años de edad y se sentía enfermo, aunque la amable compañía del joven Melzi le reconfortaba, agradeciéndole su disponibilidad para facilitarle la vida. Un verdadero familiar no lo habría cuidado mejor. Hay que decir, que su padre Girolamo de Melzi hacía tiempo que había fallecido, y los dos padecieron muy sentidamente su perdida. Leonardo asumió que debía cuidar al huérfano Francesco De Melzi, a pesar de tener dieciocho años de edad. Además, Francesco había sido muy bien aceptado por el resto de discípulos, entre los cuales, además de Salai, estaban: Cesare de Sesto, Marco de Oggione, Zoroastro de Peretola. Entre aquellos que podrían considerarse “familia” de Leonardo, también estuvieron tres españoles, pero relativamente durante poco tiempo.

Leonardo en ocasiones dejaba obras sin terminar, para que sus aprendices practicasen. Ante un defecto estructural, Leonardo volvía a retocar sus pinturas, aunque podía pasar varias semanas sin superar la fase de preparación. Es también otra faceta de la “inspiración leonardesca”, que evoca cuando, por algún fallo, se pospone lo que se esté haciendo. En capítulo aparte, hago una presentación selectiva (no exhaustiva) de sus pinturas más destacadas; así como también me referiré a aquellos códices que más me han intrigado por sus peculiaridades y por sus avatares.

LAS PRIMERAS IMÁGENES MÓVILES DE LEONARDO

Mi admirado personaje, es bien sabido que le gustaba estar largos ratos echado en su cama para reflexionar, pues la luz de la vela dibujaba formas en el techo y paredes. Pero su dia de suerte fue cuando, después de haber dormido en una planta baja, observó, al despertarse, que estando su habitación a oscuras, sin levantarse de su cama, podía distinguir imágenes móviles de personas caminando, sobre la pared encalada que tenía delante. Estaba viendo a los vecinos que transitaban por la calle. Los veía caminar, sobre la pared blanca del otro extremo de su habitación, pero sus imágenes aparecían invertidas. También observó que se veían mucho mejor las figuras distantes, o sea, las que caminaban  más alejados de la puerta de su casa.

Al examinar la ventana, descubrió un diminuto agujero, comprendiendo, desde el primer momento, que la luz distorsionaba las imágenes, invirtiéndolas ¿Cómo podía ser posible? Pasó muchos días experimentando, y por su aguda comprensión, colgó una sábana, a modo de pantalla. Después clocó una vela detrás, y los objetos, cuya sombra se proyectaba, salían siempre invertidos. Lógicamente hizo diseños, y se a construyó una “caja oscura” portátil, estando a tan solo un paso de conseguir una lógica explicación de un fenómeno con imágenes móviles, que con el paso de los siglos sería llamado cinematógrafo. Las pareidolias fueron siempre su recurso básico.

TRABAJÓ EN ROMA, RESIDIENDO EN EL VATICANO

Leonardo dejó otra vez Milán, por causa de fuerza mayor. Seguramente debió de ser una sorpresa para todos, pero Leonardo recibió instrucciones por haber sido incluido entre los que formaron de la comitiva que debía viajar al Vaticano para asistir a la coronación de su amigo el pontífice León X. Epistolarmente fue informado de que el papa Julio II había fallecido (1.513), y su sucesor al Sodio Pontificio fue el joven cardenal Giuliano de Médici, el menor de los hijos de Lorenzo “el Magnífico” de Florencia.

Al ser nombrado Sumo Pontífice León X, se vio obligado a residir en el Vaticano. En verano de 1.513 ordenó a Leonardo que fuese a vivir cerca suyo, pues se dice que lo trataba más como a un hermano que como un amigo. Leonardo mereció el honor de formar parte de su séquito (personajes de toda confianza). Leonardo dejó escrito en sus notas (24-9-1.513): “Dejé Milán para marcharme a Roma (…) acompañado de Melzi y otros ayudantes” (MS E, de París). El citado volumen “MS E” corresponde al primer libro científico unitario de Leonardo, titulaso “Las Proporciones Ideales y los Rostros” (23-4-1490), muy en línea con su eterno interés por las luces y las sombras.

Aunque hacía siete años que no visitaba Florencia, tan solo pasó el tiempo justo para reponerse y continuar su viaje. Tuvo tiempo de saludar a unos amigos pero a otros, como Maquiavelo no pudo ni verlo por permanecer desterrado, después de estar implicado en la conjura de los Pazzi. Tuvo suerte de salvar la vida. Desde donde estaba dicen que, animado porque Leonardo estaba al servicio de Giuliano, incluso pensaba dedicarle su obra titulada El Principe, que siempre más ha sido una lectura de gran utilidad entre la clase política.

Giuliano y Leonardo, en sus charlas sobre los acontecimientos que les aguardaban, se reirían juntos, a mandíbula batiente, al recordar la campechana expresión del nuevo Papa (hijo menor de “el Magnífico”), cuando fue informado de que había sido elegido: ”-Ya que Dios nos dio el papado, ¡disfrutémoslo!”. Leonardo Da Vinci, excelente discernidor, lamentaría de veras que su padre no hubiese podido verlo en toda su gloria. Lástima que, al final, aquel pontífice arruinó el Estado Vaticano hasta lo indecible. En el curso de aquel viaje, de muchas etapas, después de cenar, Leonardo, viéndolos relajados, probablemente para entretener a sus regios acompañantes, les haría demostraciones de sobremesa con su aparato para animar las imágenes más diversas. En previsión, se había preparado dibujos de personas corriendo en pequeños cartones de los bocetos, así como un cilindro con dichas diferentes imágenes pegadas en su interior. Girándolo rápidamente, reproducíala ilusión de dotarlas de movimiento. No pasó de ser considerado un divertimento ingenioso. La verdad es que, si entonces Leonardo hubiese podido disponer de los materiales adecuados, a buen seguro que se habría anticipado cuatro siglos en la creación del cinematógrafo.

Llegaron a Roma a finales del mes de octubre de 1.513, y al público le sorprendió mucho ver que el genial toscano llevaba puestas una gafas de sol de color azul, que él las utilizaba tanto para que no le deslumbrase el sol como para protegerse los ojos al realizar soldaduras. Había escrito sobre el ojo humano, el calor solar y también la Alquimia: «No puedes mirar fijamente el resplandor del cuerpo solar; sus rayos lanzan contra el ojo tal fulgor, que éste no es capaz de soportarlo (…) El ojo es la ventana del alma». Evocó en el siguiente frase  cuarenta años de experiencia: «(…) Recuerda las soldaduras de Santa María delle Fiore». También dominó las estructuras de espejos múltiples que tenían aplicación en Astronomía -del cual dejó un dibujo que lo recuerda, anticipándose a la invención del telescopio.

Da Vinci decidió llevarse a todo su equipo al Vaticano donde estuvieron al servicio de Giuliano, hermano mayor del Sumo Pontífice. Aquella llegada para el significaba la esperanza en un nuevo comienzo. Aunque Roma entonces era una ciudad inferior a Milán en número de habitantes, tenia la gran ventaja de una Sede Papal. A cualquier capital del mundo ser la residencia del Papa la distinguiría enormemente,… pero es que en aquella ciudad entonces se distinguian por otras muchas cosas, incluso por los siete mil clérigos que padecían de sífilis.

Cuando en 1.514 el impetuoso genio de mi biografiado se instaló en Roma, vivió separado de su equipo de amigos colaboradores. Como sucedió en Florencia, en el Vaticano tampoco osó negarse cuando le ofrecieron ser alojado en el lujoso gran palacio del Belvedere, dentro del Estado Vaticano. Ardían de deseos de trabajar con garantías, o al menos tener, por fin,  trabajo asegurado, … tal como deseaban tener muchos artistas, poetas, filósofos amigos suyos. De entre todos ellos, el arquitecto Bramante, fue quién se llevó la parte del león, al ser nombrado responsable del nuevo templo basilical de San Pedro del Vaticano. Bernini, delante mismo de la grandiosa puerta de entrada, construyó la gran plaza, cuyas dobles columnatas ofrecen un espacioso paseo cubierto; y además, se abren de tal forma que parecen diseñar “un abrazo” del propio Jesucristo.

León X, para seguir gobernando su querida Florencia, eligió a su sobrino, más maleable, dejando a su hermano Giuliano, de treinta y cinco años (amigo de Leonardo, al que físicamente se parecía), lejos del poder, quizá forzado por los cardenales, dado que tenía fama de ser un alquimista como Leonardo. En compensación, el Papa nombró a Giuliano: Protector de Roma, príncipe de varias ciudades, y Gonfalonero de los ejércitos pontificios; el mismo cargo que antaño había ostentado Cesar Borgia.

Giuliano le encargó a Da Vinci dos importantes diseños: El embellecimiento de la Villa Adriana, en Tívoli; y  después hacer transitables unas explanadas pantanosas. Era un peligroso trabajo, pues se hicieron famosas al ser  temidas desde que Julio Cesar renunció a efectuar las obras por la amenaza de peste malaria. Las Paludi Pontina emitían un hedor semejante a de los miasmas palúdicos. En tiempos de Leonardo pertenecían al duque Juliano II de Médici, de quien entonces era su arquitecto de confianza, pero probablemente habría enfermado si hubiese trabajado sobre el terreno. Por suerte, solamente respiró aquellos efluvios pocos días, pues él dirigió aquel proyecto. Posteriormente Leonardo realizó diseños para reconstruir el puerto de Civitavecchia (1.514), donde previamente debió supervisar las numerosas excavaciones arqueológicas.

Por exceso de trabajo, mi biografiado por entonces tenía su flujo sanguíneo alterado, y además padeció una crisis cardiaca. La fragilidad fue una constante en la vida de Leonardo. Aparte de verse envuelto en disputas de grandes personalidades, como era un verdadero buscador de la Verdad, estuvo obligado a esconder sus creencias dentro de enigmas que solo ahora podemos desvelar. En Roma, buscando el conocimiento de las cosas, incluso procuró vivir apartado de las reuniones de la Corte, y sus fiestas donde todo eran intrigas encubiertas. Obviamente, disminuyó su producción artística, prefiriendo la investigación científica.

FOTO: SAN PEDRO DEL VATICANO, EN VIDA DE LEONARDO DA VINCI

En Roma, probablemente, los colaboradores de Leonardo se alojaron en una casa de alquiler, junto al río Tiber -cerca de la Mole Adriana-, donde la habitación más espaciosa la adecuaron para servir de estudio de pintura. Leonardo cotidianamente los visitaba, siempre acompañado por Francesco de Melzi, pues lo pasaba a recoger. Entretanto, sus discípulos técnicamente prosperaron tanto, que algunas de sus obras podrían ser confundidas con las de Leonardo, quien obviamente daba a cada una las pinceladas finales. Es el caso del cuadro “Tavola Lucana”, pintado por el tullido Boltraffio, aunque su obra haya cruzado los siglos como propia de Leonardo. Su sagacidad, y energía creadora, se debió al gran dolor en sus rodillas.

Leonardo, al haber minado su propia salud, estuvo obligado vivir una etapa más relajado de lo normal, para su modo de ser. Por cierto, entonces reanudó su amistad con el gran arquitecto Donato Bramante, tratándose hasta que éste falleció. Mi biografiado empezó su “Tratado de la Pintura”; dibujó mapas, y hasta proyectó una gran residencia para los Médici en Florencia. Eventualmente, le reconfortaba estudiar los monumentales vestigios romanos; admirar obras de arte en el Museo del Vaticano, o simplemente conocer como degeneró la tan poderosa Roma Imperial. Lo cierto, es que Leonardo pintaba menos; aunque también lo es que empezó a dibujar la “Serie de los Diluvios”, en respuesta al mismo tema pintado en la “Bóveda de Miguel Ángel”.

LEONARDO AUN HOY SIGUE DANDO SORPRESAS SUPERLATIVAS

Continuó investigando la refracción de la luz, manipulando espejos; y, ante la dificultad existente entonces de obtener superficies regulares, fuesen planas o cóncavas, ideó una máquina para pulirlos. Dicho trabajo actualmente ha hecho imaginar que Leonardo pudo haber tenido contactos con seres aliens. En la www yo he visto publicadas fotos de sus cuadros, a los cuales se le aplicó un espejo vertical que desdobla la imagen, apareciendo rostros alienígenos, o sea, que “no son de este mundo”. El más conocido de ellos, es del tipo de cara de “pera invertida”, con unos ojos grandes y almendrados, surgido del cuadro “San Juan Bautista”. En varios documentales de TV, los defensores de dicha hipótesis, dedujeron que, gracias a la supuesta inter-relación con seres del espacio, Leonardo habría podido diseñar anticipadamente artilugios de nuestros días.

Ilusionadamente, yo decidí hacer mis propios experimentos al respecto, y ofrezco los resultados en la siguiente foto. La más prometedora (primera a la izquierda), reconozco que no pude obtenerla; pero incluyo mis resultadoscon color, unoinvertido, y en otra aumentado. Los que insistan, tendrán que explicarse mejor.  Quizá mi frustración fuese debida por disponer yo de muy pobres medios. Lo cierto es, que mi muy ilustre personaje, predijo, e inventó, cosas que no fueron conocidas hasta varios siglos más tarde. En el curso de la vida del genial  toscano, los avistamientos de naves alienígenas debieron ser frecuentes, pues en varios cuadros de pintores renacentistas aparecen, fielmente reproducidos, unos extraños aparatos (OVNIS), que no pintarían si no se hubiesen visto realmente.

En “La Virgen y el Niño” Da Vinci incluyó -en el cielo de la derecha- un óvalo rodeado de líneas, para dar a entender que desprendía luz. El fenómeno se hace evidente, porque un observador -que pintó en el fondo de la panorámica- se protege sus ojos para mirar sin ser deslumbrado. Así pues, Leonardo parece haber querido homenajear veladamente a los alienígenas, de forma que, no solo para leer sus escritos se necesita un espejo, sino también para extraer más información de determinados cuadros.

FOTO: ALIENÍGENAS SURGIDOS DE APLICAR UN ESPEJO

Entretanto, en la sala de audiencias del Palacio del Vaticano, Leonardo se relacionó con antiguos amigos suyos. Roma era una ciudad dominada por el clero, y en plena persecución de librepensadores, lo cual afectó la relación de Da Vinci con sus patrocinadores y con el Papa. Leonardo trabajó para los Médici, pero los encargos resultaron ser modestos, por haber sido informados los cardenales de que a veces no terminaba lo que empezaba.Su fama en este sentido era demoledora pero perfectamente explicable. Él se guiaba por su curiosidad, interesándole menos la conclusión de un idea, por lo cual se abría a nuevas perspectivas gracias a que tenía facilidad par saber dibujarlas y desarrollarlas. Crear en como parecerse a Dios, que no para nunca.

A sus sesenta y tres años, estando en Roma, Leonardo se encontró con su amiga Doña Isabella d’Este, con objeto de dar las pinceladas finales a su retrato pintado sobre tela (61 x 46,5 cm.), realizado a partir de un boceto antiguo. Obviamente, Leonardo tenía permitido pintar, pues le habían asignado un aposento en el Belvedere. De su actividad de entonces, se conserva su propio testimonio: «(…) Acabado (un problema geométrico) el día 7 de julio (1.514), a las 23 horas, en el Belvedere, en el studiolo que me ha habilitado “el Magnífico”. (refiriéndose a Giuliano de Médici). (“Biblioteca Ambrosiana” de Milán. Codex Atlanticus, f.90v/ 244v). Veamos cual era aquel problema geométrico.

Por entonces, Leonardo pintó la “Sagrada Familia”, la cual, cuando estuvo terminada, la presentó al Papa y a sus artistas más entendidos. Tanto agradó al Pontífice, que le encargó pintar también el rostro de su hermana en el tema de “Santa Caterina”, que está incluida en la “Sagrada Familia”. La pintó, pero sin apenas motivación, porque quería aplicarse en resolver el enigma de la “luz distorsionadora”. Se impuso su neurótica obsesión investigadora, que derivó en su vertiente física y química, cuando descubrió que el ojo tendría relación con el funcionamiento del cerebro:« ¿Cómo podía aquel órgano recoger toda la belleza creada por el “Primer Móvil?«. En su frenético entusiasmo, mi biografiado habría osado pedir permiso al Papa para descuartizar animales.

En el período 1.508-1.509, Giorgio Vasari explicó los diagramas que Leonardo hizo de los pulmones y corazón humano, comparándolos con los de un cerdo, cuya tripa –escribió-: (…) se hichó hasta llenar la habitación. Fue su afán de ofrecer espectáculo lo que en aquella ocasión hizo asustar a todos los asistentes, mientras que Leonardo se lo pasaba bien provocando sorpresas. Refiriéndose a un corazón que diseccionó, escribió Da Vinci: “(…) Mi consejo es que no te molestes en emplear palabras, a menos que te dirijas a los ciegos”.

Su actividad ilegal entonces no fue bien comprendida, y menos dentro del Vaticano, donde residieron otros grandes, cercanos al Papa. Éstos, al cabo de un tiempo se decidieron a denunciarlo por restos de sangre, olores desagradables, y restos de carne olvidados. Los afectados investigaron, y recriminaron el proceder de Leonardo, por que consideraban inmundo que se estudiase anatomía dentro del Vaticano. La última disección que Leonardo realizó en Roma tuvo lugar en el hospital del Santo Spirito. Después se habría quejado de que: «Han tratado de obstaculizar mis investigaciones anatómicas, denunciándome ante el Pontífice y el Hospital» (Se refiere a la Orden del Hospital de San Juan de Jerusalén).

Lo denunciaron por sacrilegio, y cuando Leonardo lo supo se marchó a vivir con su “familia”, sin esperar que fuesen a buscarlo en el Belvedere. En realidad se alegró, ya que a ninguno de sus colaboradores, ni a él mismo, les convenía vivir separadamente, pues  repercutía en la creatividad de todos ellos. A partir de entonces vivieron casi miserablemente en el gélido clima de Roma, durante el final del invierno de 1.514, cuando algunos de sus amigos también cayeron enfermos.

Durante su larga permanencia en Roma, Da Vinci se encontró, casualmente, con su antiguo gran amigo Atalante. Charlaron de sus muchas aventuras de otros tiempos, y de las penurias que Leonardo veía como ejemplarmente soportaban sus discípulos; con la excepción del llamado Cesare de Celsio, que desertó por roces entre el grupo y se pasó al servicio del pintor Rafael. Atalante, que antaño tanto prometía como músico y pintor, trabajaba de burócrata en las oficinas administrativas de la “Ciudad del Vaticano”. Cuando Leonardo ya pensaba en despedirse, se sorprendió por la insistencia de su amigo en querer visitar su estudio y la casa donde residían, así como saludar a sus discípulos. Salai, Giovanni Ambrogio de Predis, Marco d’Oggiono, Cesare Magni, Andrea Solari, Giampietrino, Giovanni Agostino da Lodi, Bernardino Luini y Giovani Boltraffio.

Atalante visitó la casa , disimulando mal que le parecía deprimente. Fueron muy sinceras las grandes alabanzas de Atalante a Leonardo cuando éste le mostro el cuadro “La Gioconda”, reconfortando mucho al genio toscano. A Atalante quisieron informarle de la intrepidez de Giovanni Antonio Boltraffio, el tullido piloto del “planeador” de Leonardo, cuya cojera lastraba a todos los demás, pero nadie habría sido capaz de abandonarlo a su suerte; y menos Leonardo, porque veía en Boltraffio una víctima de su gran sueño de construir una máquina voladora. Su fracaso fue debido a no disponer de los materiales suficientemente ligeros para imitar a las aves. Al despedirse, Atalante prometió ocuparse de que el frustrado “aviador” fuese ingresado en una residencia, pues tenía un cargo de autoridad para poder garantizárselo.

LEONARDO DEJÓ ROMA, Y REGRESO A MILÁN

Al fin, Leonardo se dio cuenta de que, en Roma, ya no le harían ningún otro encargo importante. Para dejar constancia de su decepción, al haber vivido como en una “jaula de oro” (como lo fue para él residir en el Estado del Vaticano), Leonardo escribió: Los Médici me han creado, los Médici me han destruido. No debe entenderse en sentido literal, porque eran un bromista amante de los acertijos. Se trata de un simple juego de palabras con las que, sutilmente, desacreditaba a los médicos por ser incapaces de restablecerle la salud.

Se equivocará quien crea que a Leonardo Da Vinci la vida siempre sonrió. Estando en Roma, los pintores emergentes tenían trabajo sin parar, pero él no. Aquella situación le acarreó desengaños y decepciones. Aunque ahora los tres gigantes artistas italianos, Da Vinci, Miguel Ángel y Rafael, pueda parecernos que vivieron en el mismo periodo, en realidad pertenecían atres generaciones diferentes. En aquellos años, el ímpetu juvenil de los demás genios arrasaba, estando de moda la luminosidad de las pinturas de Rafael Sanzio (o de Urbino, por ser donde éste nació en 1.483).  Leonardo tenía 31 años; y cuando nació Miguel Ángel, tenía 23. Rafael murió un año después que mi biografiado, mientras que Miguel Ángel, su eterno rival, traspasó cuarenta y cinco años más tarde. Solo Leonardo supo jugar magistralmente las cartas que ofrece la vida, y lo hizo con el mayor empeño desde su primera juventud, porque encauzó sabiamente sus anhelos. Fue el gran potencial de su juventud lo que le hizo sintonizar con algo que, estando alrededor del cerebro, aporta brillantez científica.

Con el nuevo año, a Da Vinci le llegó la noticia de que había muerto el rey Luís XII de Francia. Aquel óbito, tanto Leonardo como todo su grupo, lo lamentaron sinceramente. No obstante, era de esperar que sus perspectivas laborales aumentarían si era nombrado rey de Francia, Francisco I (1.494-1.547), como realmente sucedió (1.515). Era previsible que reivindicase el trono de Lombardía, y tan solo de pensarlo, a Da Vinci le hizo un efecto balsámico, repercutiendo en que, de pronto, se encontrasen mucho mejor todos los de su grupo. El hermano pequeño del Papa, comprendió las explicaciones de Leonardo cuando le justificó el motivo de su partida. Justamente entonces, el Sumo Pontífice hubiese podido darles trabajo a todos, pues pensaba construir una nueva basílica de San Pedro.

Mi muy honorable biografiado, aunque le agradeció mucho aquella promesa, siendo realista, tuvo que declinar el proyecto, dado que su salud estaba resentida y no se veía capaz de subirse a los andamios, como en otros tiempos. Leonardo encontró el momento oportuno de regresar a Milán, al recibir garantías de  que podría realizar un ilusionante proyecto: Esculpir otro monumento ecuestre. Cuando estuvo de nuevo en Milán, pudo comprobar que el antiguo modelo de caballo, presentado con motivo de las bodas de Bianca María Sforza (que tanto trabajo había costado, ya solo para trasladarlo hasta el escenario de la boda en 1.493), había sido destruido por las tropas francesas durante su ocupación de la ciudad. Recordarlo, debió de serle muy desagradable. Durante el tiempo que Da Vinci vivió en Milán, su interés se concentró, todavía más, en el cómo funcionan las cosas, y en cómo se conjuntan.

Poco después de su llegada a Milán, Leonardo se reencontró con Girolamo de Melzi (el aristócrata que ya presenté, por haber sido un antiguo amigo de Leonardo Da Vinci). Había pasado mucho tiempo desde la última vez que se habían  visto. Lo primero que dijo a Leonardo, fue que, una vez pasado el peligro bélico, sus obras pictóricas habían sido muy alabadas en la nueva corte de Milán. A la semana siguiente Leonardo lo visitó en su impresionante gran mansión de Vaprio d’Adda (30 km. de Milán, en dirección a Bérgamo), donde muchos años antes ya había pintado un mural religioso.

Le agradó mucho volver a ver aquel piadoso tema, pero lo que más le sorprendió, fue ver como había crecido su adolescente hijo Giovanni Francesco de Melzi (Cecho), quien al cabo de unos cuantos años se convirtió en “ahijado” de Leonardo. No se puede definir cuál fue aquel tipo de amor, porque son muchos los existentes; dejando aparte que, amar a los jóvenes, ante todo indica tener buen gusto, y Leonardo sin duda siempre lo tuvo. En el plano personal, incrementar su amistad con el joven Melzi, fue para Leonardo el hecho más importante vivido entonces en Milán. Siendo hijo de su amigo Girolamo, pudo quererlo con amor paternal, y solo así se explica que se convirtiese en el más fiel de cuantas personas conoció en toda su vida.

Leonardo al llegar a la “Villa Melzi”, se sorprendió al ver como había crecido su hijo Francesco, pues la última vez que lo había visto, todavía lo había sentado en sus rodillas para juguetear con él. Influenciado por su progenitor, aquel niño había idealizando la persona y obra de Leonardo. Según su padre confesó a mi muy honorable biografiado: quería ser pintor como él. Giovanni Francesco de Melzi, durante aquella primera visita, no paró de atosigar a Leonardo con preguntas para que se le prestase atención. Le recordaba mucho a sí mismo cuando, a su misma edad, tanto se había esforzado para descubrir la magia de la vida natural, pasando horas en observación.

El joven Melzi tenía la misma pasión por preguntar, y, como el tiempo demostró, efectivamente, tenía aptitudes para ser un buen pintor. Nadie habría sido mejor custodio de la ingente obra de Leonardo. A los quince años de edad, aquel jovencito decidió permanecer al lado del Maestro, convirtiéndose en su mejor discípulo, y lógicamente Da Vinci lo trataba como si fuese su ahijado. Leonardo fue un buen maestro y educador, estimulándole a descubrir el mundo “colateral”, o escatológico, como por ejemplo, creer en una existencia superior, tal como las estrellas cada noche nos sugieren. Es una paradoja digna de meditarse, que sin la oscuridad no podríamos ver las estrellas.

El joven aprendió de Leonardo absolutamente todo, desde el funcionamiento de un cerrojo, hasta llegar a darse cuenta de que:Todo lo físico, es de interés para un humanista.Lo había admitido como discípulo, aunque previamente le enseñó cómo administrar documentos y clasificar los proyectos. Como prueba de su confianza, Leonardo incluso le permitió acompañarlo al Vaticano antes del verano de 1.513, porque Francesco De Melzi le era muy fiel y eficiente en todo lo que se le encomendaba. Por su capacidad intelectual y entusiasmo, aquel adolescente agradaba a Leonardo, hasta el punto de que acabaría convirtiéndolo en su ahijado.

El joven Francesco De Melzi ayudó al genial sabio toscano no solo como secretario, sino a recopilar y clasificar sus escritos. Era una tarea ingente que acabó abrumándolo. Pero al tener tan providencial ayuda, la creatividad de Leonardo le permitiría volver a escribir. Al cabo de un mes de haber iniciado el “Código Arundel” (30 folios) el 22 de marzo de 1.508, mi biografiado partió de Florencia, dejando allí a Melzi muy atareado. Viajó a Milán, a donde llegó a finales del mes de abril. Mantuvo con él joven relación epistolar, y en una carta de Leonardo llegó a escribirle socarronamente “(…)  Vive Dios que os voy a poner a escribir hasta que lo lamenteis”(…), como una forma de comunicarle que ya había escrito más cuadernos.

Cuando los franceses se adueñaron de Milán, Leonardo y Melzi -que ya tenía veinte años- se afanaron en restaurar la casa patrimonial, pintando “al fresco” muchas de sus paredes. También de aquel periodo se conservan bocetos para esculpir jóvenes de gran belleza, con un perfil característico del arte griego, que se han asociado con su ayudante y amigo Salai, al cual también pintó, vestido con diferentes ropajes. Para no herir susceptibilidades, Leonardo retrató al también aprendiz, Giovanni Francesco de Melzi, a quien, para posar, mi biografiado probablemente le prestó su propio sombrero.

Para relajarse, pintó la “Leda y el Cisne”, así como también empezó su “Tratado Sobre el Arte de Pintar”, y muy probablemente retocó “La Gioconda”. Estudió intensamente las obras del sabio Arquímedes, por lo cual planificó utilizar espejos con fines militares, escribiendo sus logros en “De Ludo Geométrico”. Consideraba que: Arquímedes era el único de los clásicos que había aunado la razón con la experiencia. Lo admiró con tanta pasión, que escribió su peculiar biografía. (“Codex Asb II”, citado por Jean-Paul Richet; tomo II-p.451).

Tal vez, aquellas de sus ideas que no le copió, Leonardo, que tenía una mente racional y sintética, las mejoró, convencido de que: «El saber es de quien lo actualiza. Fue justamente su caso, ya que tiempo antes había descubierto: La pasión intelectual expulsa la sensualidad. (…) El placer más noble es el júbilo de comprender. (…) Cada acción debe ser realizada por algún motivo; etc.«. Y como estaban en guerra, Leonardo debió de ser el “alquimista” que proporcionaba a sus jefes el “fuego griego” (fuocco greco), que eran bombas incendiarias.

En Roma, también residían entonces Rafael y Miguel Ángel, los tres estaban bajo los auspicios del papa León X. Todos los citados eran paisanos florentinos, pero el único que de los cuatro que no albergaba resentimiento en contra de los demás, era el Sumo Pontífice. Las discrepancias entre los tres genios de los pinceles, al cabo de poco tiempo, acabaron por decidir a Leonardo, aceptar la invitación del rey de Francia. Solo faltaba encontrar el “ambiente” oportuno, pero también cabía la opción de provocarlo, como hizo… al cabo de tres años.

Tras la elección del papa León X, hijo de Lorenzo “el Magnífico”, Roma era una ciudad convertida en bastión de los Médici, y en noviembre del mismo año Leonardo diseñó un nuevo proyecto del llamado “Barrio de Médici”. Aunque durante aquellos años trabajó mucho, pero acabada su jornada vivió aislado en un ámbito casi privado, evitando que sus ideas no hiriesen susceptibilidades.

Leonardo el verano de 1.514 acompañaba a Giulianno de Médici, duque de Nemurs, en un breve viaje, porque eran inseparables. También emprendieron juntos un viaje a Saboya (9-1-1.515), con motivo de analizar la política ante el enlace de Filiberta de Saboya, tía de Francisco I heredero al trono de Francia. Aquel mismo día falleció el rey de Francia Luis XII. (Bibliothèque de l’Institut de France-París; Codex G). A su muerte le sucedió el joven Francisco I (1-1-1.515), un rey de profundas creencias religiosas.

Giulianno enfermó de tisis el verano de 1.515. Cuando se supo que había mejorado la enfermedad de su amigo, Leonardo le escribió: «Fue tanta mi alegría, Ilustrísimo Señor, al enterarme de que habíais recuperado la salud, que por un instante mi propio mal se desvaneció». Por lo escrito es evidente que el muy honorable artista estuvo también enfermo en plena canícula de calor en Roma (ferragosto). Se supone que padeció entonces un derrame cerebral (apoplejía), aunque no le impidió dibujar ni escribir. De entones se conservan dieciséis consejos de básico sentido común para conservar la salud, como por ejemplo: (…) si haces ejercicio, que no sea muy intenso». Probablemente a partir de entonces adoptó una básica norma de vida. La continencia, la frugalidad y la mesura en todo. Probablemente, justifique su celebre frase: «(…) Los Médici me destruyeron» (Los médicos me están matando).

El propósito del rey francés Francisco I era reconquistar Milán, y lo realizó con el beneplácito de los milaneses, cansados de la tiranía de Massimiliano. Éste fue derrotado en la batalla de Marignano (13/14-9-1.515, a 16 km. al sur), en el curso de la cual, el rey francés durante dos días demostró su valor y su capacidad estratégica, pues los soldados suizos perdieron ocho mil hombres, y con ellos la fama de ser invencibles. El derrotado duque fue obligado a renunciar a sus derechos, recibiendo a cambio 30.000 coronas, que cobraría al llegar a Francia, tierra donde murió quince años más tarde. Ante los acontecimientos citados, Leonardo y sus más fieles acompañantes, solicitaron permiso y regresaron a Milán, con la esperanza de residir en la Villa Melzi.

LEONARDO “AFRANCESADO”: NUEVA ETAPA MILANESA

La entrada triunfal en Milán del rey francés Francisco I (16-9-1.515), fue apoteósica, pero Leonardo y su amigo Melzi no estaban en la capital. Ambos residían en la gran mansión palaciega de su aristócrata discípulo en Vaprio d’Adda (que domina el río del mismo nombre), ya que les ofrecía muchas más garantías de no pasar frío y no padecer males mayores. Hay que tener en cuenta que, durante aquel invierno, Milán fue el epicentro de muy crueles conflictos bélicos, pues no había familia que no tuviese de lamentar la muerte de algunos de sus miembros, o la pérdida de sus bienes. Los edificios, en cambio, no habían sido destruidos y, con la estabilidad social, poco a poco fueron recuperando su perdido esplendor, pues se reconstruyeron también las conexiones socio-económicas y administrativas que habían de devolver la alegría a sus calles.

Los inventos de Leonardo, no tuvieron la valoración que se merecían hasta siglos después de su traspaso. Primero, por estar ocultos, y posteriormente dispersos, por lo que no influyeron en otros científicos. Otro impedimento fue, que no se podía leer su escritura invertida. De hecho, hasta los últimos siglos, no se apreció su inventiva. Volviendo ya al último periodo de su vida, justamente, cuando Leonardo Da Vinci se creía más olvidado por las élites, tuvo la mayor alegría de su vida. Sucedió después que el soberano francés, movido por la piedad y amor al arte, inesperadamente decidió visitar el monasterio donde Leonardo había pintado la “Última Cena”, para lo cual había ampliado su plantilla de colaboradores y ayudantes.A pesar de los conflictos bélicos, aquel gran fresco, que ocupaba toda una pared la gran estancia. Milagrosamente todavía estaba intacto, impresionando al joven rey, que no se cansaba de admirar tan piadosa escena bíblica.

Cuando le informaron de que Leonardo Da Vinci residía en una localidad cercana, no quiso esperar que el artista lo fuese a visita por obligación. Francisco I, creyó que merecía ser él mismo, en persona, quien se desplazase para saludar al artífice de tan exquisita sensibilidad. La misión del virrey consistió en avisar a mi biografiado, de la real deferencia del rey de Francia, de que quería hacerle una visita (6-12-1.515). La noticia no podía sorprender más al Maestro y a su incondicional discípulo y amigo. La mansión de los Melzi fue engalanada para la ocasión, previniendo exponer, en lugares estratégicos, las obras que Leonardo llevaba siempre consigo. Además, todavía lucía en aquellas estancias el gran mural pintado al fresco que fue el primer encargo de su aristocrático amigo. El arte de Leonardo por fin sería debidamente honrado con la visita de un rey, lo cual es colmar el sueño de cualquier artista. También para Leonardo, ya que veía reconocido su triunfo como gran pintor.

A la hora prevista, oteando el horizonte fueron avisados cuando la carroza real se vio llegar desde lejos. Otras, de la comitiva que acompañaban al rey, que se veían menos decoradas, estaban ocupadas por grandes personalidades de su séquito. Todas ibanseguidas por una resplandeciente escolta de lanceros a caballo. Ya estaba todo a punto para recibirlos, cuando se detuvo ante la escalinata, la más policromada carroza.Como ya habían apartado la nieve y desplegado una larga alfombra roja, al detenerse, los criados y guardias se apresuraron para extender otra, que llevaban para tales ocasiones. Entretanto, los lanceros se distribuyeron en dos filas, una a cada lado de las alfombras que se conectaban. Leonardo Da Vinci, a pesar de sus cabellos que se agitaban mecidos por el viento, ofrecía una prestancia impecable. Se había abrigado, con ropajes de color blanco, de modo que los recién llegados, no tuvieron la menor duda de quién era aquel patriarcal personaje que les aguardaba.

El joven rey descendió, apoyándose en el brazo del Gran Mariscal de Francia, y Leonardo, separándose de los familiares de su amigo Melzi, se adelantó para dar la bienvenida al soberano. Mi ilustre biografiado había meditado bien la imagen que quería dejar en las retinas del joven rey, así como, cual debía ser su respetuosa actitud para con él. Realmente impresionó a todos, pero él mismo también fue gratamente sorprendido cuando, después de saludarse, aquel joven soberano abrazó efusivamente a Leonardo, de forma que ambos subieron los peldaños cogidos del brazo. Se recuperó el protocolo, cuando Leonardo, con gran solemnidad, hizo las presentaciones de rigor, de todos sus anfitriones y amigos, a los cuales el rey aprovechó para agradecerles que hubiesen acogido a Leonardo como invitado, librándole así de los rigores del crudo invierno.

Sin demora, Leonardo Da Vinci le fue mostrando pausadamente sus obras pictóricas, las cuales habían previsto colgar en las paredes más estratégicas, para complacer cómodamente los deseos de aquella real visita y a su séquito de honor. Cada obra de Leonardo, fue comentada, y sinceramente alabada, por Francisco I, que había subido al trono cuando tenía veinte años. Por aquel entonces, nadie se podía imaginar que aquel rey, cuarenta y dos años más joven que Leonardo, al cabo de una década sería muy autoritario, y hasta absolutista. Ciertamente lo fue, aunque en contadas ocasiones, como cuando quiso hacer su entrada triunfal en la ciudad de París, prescindiendo del cortejo eclesiástico habitual, para que no disminuyesen su protagonismo,…lo cual habría sido imposible, porque cabalgaba en un blanco corcel encabritado, y él personalmente repartió monedas a manos llenas, durante todo el trayecto.

Las primeras veces que Francisco I estuvo con el genial toscano, se mostró como un hombre religioso, sinceramente admirado después de haber contemplado cada detalle de “La Última Cena”. Admiró los innovadores recursos artísticos de aquella escena, como por ejemplo: aislar a Jesucristo en el epicentro; o el haber reunido a todos los apóstoles en cuatro grupos de tres. “-Es admirable -dijo el rey- ver como cada uno de ellos reacciona diferente a las proféticas palabras de Jesús, cuando les aseguró que uno de ellos lo traicionaría”. En efecto, Leonardo recogió sus reacciones en un exacto instante, dando a cada apóstol diferente expresión facial. La idea de ubicarlos, dándoles una entidad separada, es un golpe de genio, que los artistas posteriores se esforzaron en reproducir. (Aunque en su momento veremos que no todo fue un “invento” de Leonardo).

Al rey de Francia le había impresionado ver las diversas actitudes de los doce apóstoles. Están singularizadas, tan convincentemente, que Francisco I se imaginó que Leonardo estaba en su misma sintonía. Ante el autor de unas expresiones tan sublimes, el soberano, emocionado, pasó por alto las reglas protocolarias. Aquel día quiso ser el mayor devoto de tan genial artista, y quiso expresarle públicamente el testimonio de su admiración más sincera. El genial toscano, por su parte, se había conmovido por la gran perspicacia y humildad de Francisco I, y se lo agradeció lo mejor que supo. Llegado el momento de despedirse, Leonardo expresó al rey su gratitud con una sencilla coletilla,… pero que bien pudo haber sido la chispa que había de cambiar su futuro. A Leonardo le salieron del alma unas palabras que él, al escucharlas años antes, se le habían quedado impresas en su corazón, porque había captado su profunda sinceridad: “Quiera el cielo concederme una larga vida para ponerla a vuestro servicio en prueba de mi gratitud. Ha sido el día más feliz de mi vida y nunca lo olvidaré”.

El soberano quedó muy complacido por lo que vio, y también por lo que escuchó, especialmente por metafórico “broche de oro” con que finalmente Leonardo, supo engarzarlo todo. También dicha despedida fue recogida con gran emoción por Francesco de Melzi. En efecto, cuando las escuchó pronunciar a su amado Maestro, le sorprendió que fuesen las mismas expresiones, de admiración y fidelidad, que él había dirigido años antes a Leonardo. Así fue como su amigo y anfitrión, se dio cuenta de que, en cierto modo, Leonardo también reconocía ser discípulo suyo. La emoción le embargó, y unas lágrimas asomaban en los ojos de Melzi mientras el soberano subía a su carruaje. Quizá el rey no valorase las expresiones de Leonardo en todo su significado, pero Melzi sí; y bastó un giño del Maestro para confirmárselo. En cierto modo, con picardía, le garantizaba que si su destino era trabajar para aquel soberano, Melzi lo podría acompañar.

LEONARDO REGRESÓ A FLORENCIA

Regresó a Florencia, por la atractiva oferta de trabajo que, en 1.515, le hizo su amigo y mecenas Giulianno de Médici. Se le encargó la restauración del Palacio Médici, y también de San Lorenzo, en el contexto de fortalecer los vínculos entre Roma, Parma y Florencia. Entretanto, retomó su vieja idea de construir (o al menos diseñar), todo tipo de máquinas, a base de coordinar ruedas dentadas, engranajes, manivelas, etc. Algunas resultaron ser factibles, pero lo que más sorprende, es que construyó el primer automóvil de la historia. Fue un prototipo hecho de madera, y se ignora si lo encargó a un carpintero o, siendo tan hábil, Leonardo Da Vinci supo construirlo él mismo con ayuda de su equipo de colaboradores. Por su diseño -y explicaciones al margen-, parece ser que lo utilizó para trasladar los decorados de sus espectáculos, moviéndolos de un lado a otro del escenario. Para lograr hacerlo funcionar automáticamente, introdujo dos gruesos muelles dentro de dos tambores cilíndricos de madera, y los comprimió. Al liberarse gradualmente la presión, se fueron recuperando de forma automática, mediante un sistema de engranajes y palancas (en lo cual fue muy experto).

Es interesante el artículo de Mark Rosheim, porque, siguiendo la iniciativa de Mario Tadei y Eduardo Zanón, demostró que se podía reproducir el prototipo de su “coche” en una maqueta 3D. Es decir, que probablemente Leonardo lo pudo haber utilizado para lograr sutiles efectos “especiales” en algunas de sus sorprendentes escenografías. Lo que el muy honorable Leonardo seguro que no podía imaginarse, es que, quinientos años después de su muerte, aquel automóvil de su invención, fuese miles de millones de veces reproducido en todo el mundo, siendo impulsados con electricidad, y hechos de livianas láminas de aluminio. Entre las más de trescientas máquinas que Leonardo inventó, pudo haber beneficiado a casi todas las disciplinas laborales, en especial su larga serie de máquinas para hilar, pues después de sus aportaciones, dejaron de servir solo para trabajos domésticos, para dar empleo a dieciocho personas simultáneamente.

LEONARDO, EN BOLONIA, PLANEÓ SU RETIRO

Su amigo el papa León X tuvo que desplazarse a Bolonia (19-12-1.515) para entrevistarse con el nuevo rey Francisco I de Francia, yerno del anterior monarca francés. Entonces fue cuando, el papa León X, designó a Leonardo para que se incorporase a su comitiva, junto con su protector Giulianno, hermano del Sumo Pontífice. Un mes antes de llegar a Roma, realizaron su entrada triunfal en Florencia, porque la ciudad está en la ruta del viaje proyectado. Todos pudieron encontrarse, con gran alegría, con el otro hijo de “el Magnífico”. Cuando semanas después, aquella comitiva de nobles salió de Florencia, fue la última vez que el mí biografiado pisó su querida capital. Posteriormente, la familia Médici continuó gobernando durante dos siglos con los altibajos de costumbre, pues el gran duque Cosme II (en italiano, Cósimo, 1.519-1.574) recuperó el privilegio de ser banquero del Vaticano en 1.537.

Leonardo estuvo presente en las conversaciones de Bolonia, cuando el León X intentó firmar un concordato de paz franco-italiano. Las conversaciones entre ambos mandatarios no fueron positivas para los intereses pontificios, porque León X tuvo que firmar un acuerdo para que aquel joven rey francés nombrase a sus obispos. Leonardo, estando en Bolonia, se volvió a encontrar con Francisco I, amigo suyo, cuando Leonardo más apenado estaba. Respondió al interés del rey, explicándole su desengaño por la falta de reconocimiento de sus paisanos, a los que acababa de visitar. Francisco I le contestó sugiriéndole, muy persuasivamente, de que viajase a Francia y se instalase en un castillo próximo al de su residencia oficial. Podría habitarlo con sus sirvientes y amigos, garantizándole un increíble sueldo y mucha libertad.

Por otra parte, también tenía la oferta de instalarse en el castillo de Sant’Angelo (la “Mole Adriana”), a orillas del río Tiber. Como ya conocía de antes aquel lugar, sabía que para subir desde el nivel del puente, hay una muy dura rampa, en “interminable” espiral, por donde en tiempos de los romanos (aunque parezca imposible) podían cruzarse dos carros de caballos. Dicha fortificación, que tiene forma circular, se une al Vaticano mediante una larga trinchera elevada. Aunque es un lugar extremadamente deprimente para vivir, aunque desde la cima, ciertamente, se disfruta de panorámicas privilegiadas de Roma.

FOTO: UN SECRETO Y ATRINCHERADO CAMINO AL VATICANO

El grato recuerdo de haber conocido a un joven rey tan agradable, debió de entusiasmarle. Lo mismo cabe decir por parte del rey Francisco I, por razones muy obvias, que poco tienen que ver con el arte o la sabiduría. Era hijo de Luisa de Saboya Amboise, la italiana esposa del rey Carlos de Anjou, por lo cual el joven Francisco I, nombrado rey a los veinte años, nunca había conocido a su padre, hecho por el cual, le atraía la figura paterna que había descubierto en Leonardo Da Vinci. El rey francés convenció a Leonardo para que realizase la construcción de un robot, como un ardid para poder retenerlo a su lado. Sería un  mecánico, capaz de desplazarse autónomamente, hacerle abrir y cerrar sus fauces además de desplazarse..

Probablemente la posibilidad de montar un león robotizado, pudo haber sido comentado como una quimera, o como un reto, en el curso de alguna coloquial conversación distendida entre el rey Francisco I y el Papa. De haberlo propuesto a Leonardo, seguro que él les aceptaría aquel reto, pues en efecto lo construyó. Leonardo de entrada ya dijo que no sería difícil, pues era un tema científico “de moda”. Recuérdese que el papa Julio II era “vox populi” que poseía una “cabeza parlante”. Leonardo Da Vinci, es bien sabido que sentía pasión por los engranajes mecánicos, y aceptó la generosa oferta de Francisco I. La seguridad que le ofrecía aquel cultivado soberano, fuerte y joven, así como la admiración que demostraba para con él, eran la mejor garantía de alcanzar sus más íntimas aspiraciones. Leonardo da Vinci pintaba para la posteridad; invitándonos a participar –para ser cómplices de su secreto-: Nos los propuso como simples juegos,… con enigmas incluidos.

FOTO: LOS TRES FLORENTINOS MÁS FAMOSOS DEL RENACIMIENTO

Leonardo era una persona muy social y empática, todo lo contrario del físicamente poco agraciado Miguel Ángel Buonarrotti, pues, exceptuando los ángeles que pintó, nunca hizo honor a su nombre. Una famosa anécdota me ayudará a presentar su talante; y de pasada el carácter de Rafael, quien se situó en sus antípodas: Cierto día que se cruzó con Rafael, acompañado de sus ayudantes, les sorprendió exclamando jocosamente un irónico comentario: –Pareces un príncipe rodeado de su corte. A lo que el joven Rafael, rápida y certeramente, le contestó:-Y tú estás tan solitario como un ahorcado. Es oportuno recordarlo, porque seguro que a Leonardo le agradó que recibiese aquel chasco.

Miguel Ángel, que en cierto modo tenía los gustos de un asceta, criticaba a Leonardo su manera de combinar varios conocimientos en sus creaciones, así como su obsesión por querer saber más. Abiertamente lo detestaba por su manera de comportarse, vestir corto, rosado y oler a flores, pero sobre todo, por haber criticado su escultura de “David” con su mano desmesurada. Hemos de admitir que, a pesar de ello, su gigantesco “David”, desnudo, es el epítome de la escultura renacentista. Leonardo Da Vinci, más maduro, soportó pacientemente el desprecio que le demostraba Miguel Ángel, cuando se reía de las dificultades técnicas surgidas durante el trabajo que realizaron conjuntamente en la decoración del Palazzo Vecchio de Florencia.

Mi muy honorable Leonardo, por aquel entonces no era bien visto en su propia ciudad; en especial por instigaciones de su violento competidor artístico Miguel Ángel, cuyo carácter era indiscreto y violento. Leonardo tenía casi sesenta años, y afrontaba con paciencia sus acusaciones, contestando al joven escultor sosegadamente. Los reproches llegaron a las nuevas promesas de la pintura, siendo cada día más descaradas y realmente le afectaban. De nada servían las justificaciones que daba Da Vinci, cuando le acusaban de favorecer a los franceses, y haber servido sin escrúpulos a su aliado Ludovico Sforza.

Leonardo dijo a Miguel Ángel: “-No quiero ser tu enemigo”. Pero el vigoroso pintor de la Capilla Sixtina le contestó: “–Yo sí te tengo por enemigo, por haber realizado planos y mapas para que fuese fácil para los invasores ocupar Italia”. Había muchos que lo apoyaban. Según escribió Giorgio Vasari -el pintor metido a biógrafo- que: “La mejor alabanza debía concedérsela a Miguel Ángel al ser: El verdadero triunfador en todas las artes”. Pero es que, además,el genial toscano, fue un genio en innumerables materias más importantes, pero sobre todo, representa la excelsitud artística del género humano. Miguel Ángel y Leonardo, quedaron abiertamente enemistados. Cuando Leonardo pudo reafirmar su opinión de que era una persona irrecuperable para él, porque realmente le odiaba -llegando a insultarle públicamente-, el inmortal toscano meditó las posibilidades de trasladarse de ciudad.

Se sigue discutiendo aún cuándo pudo haber tenido lugar la lamentable discusión pública de los dos genios renacentistas. Pudo suceder en 1.502, cuando Leonardo dejó Florencia para incorporarse al ejército pontificio de Cesar Borgia. Otros opinan que sucedió cuando regresó de la milicia el mes de marzo de 1503, y todavía hay quienes opinan que sucedió a principios de 1.465, cuando Miguel Ángel partió para pintar en el Vaticano. Es una disputa difícil de fechar, porque seguramente no debió de ser única. Tal vez habría de tenerse en cuenta que pudo suceder en el año 1.504, dado que entonces Leonardo estaba realmente disgustado por la destrucción del monumento del caballo, tan monumental que ya la maqueta recibió el nombre de » El Coloso».

Leonardo decidió dejar Roma después de la muerte de su amigo Giulianno, hermano del pontífice Giovanni Lorenzo De Médici. Hacía años que estaba enfermo, muriendo inesperadamente (1.516). Pasados tres meses del viaje a Bolonia, Leonardo se marchó de Roma (17-3-1.516), muy entristecido. Entonces, León X fue presionado por su sobrino, Lorenzo “el Joven” (1.492-1.519), para que lo encumbrase al gobierno del ducado de Florencia.  De aquella familia de mecenas todavía sería nombrado otro Sumo Pontífice llamado Julio de Médici (1.478-1.534), que adoptó el nombre de Clemente VII, si bien él sí que mantuvo su autoridad en Florencia, nombrando Duque a su hijo Alejandro (1.511-1.537). Éste, fue tan déspota gobernando, que finalmente lo asesinaron (Sucedió después que Leonardo ya hubiese traspasado). Creo que a mí biografiado le habría gustado saber que, gracias al duque Cósimo II (nombrado el mismo año de morir  Leonardo), su querida Florencia de nuevo se embelleció enormemente.

Con cuanto acabo de escribir me he anticipado a los los acontecimientos. Para empezar, Da Vinci escribió una solicitud al virrey francés, de Milán, para trabajar a su servicio. Tanto le preocupó el porvenir, que incluso falseó la dimensión de sus capacidades artesanales. Sabía que su receptor conocía bien, y le permitiría profundizar en sus investigaciones de ciencia pura. Por entonces. Leonardo era un gran enciclopedista, estudiando todos los conocimientos de su tiempo, procurando acaparar el saber perdido durante milenios, a fin de que, con su restitución, tratar de enriquecer al mundo.

Por otra parte, Leonardo no ignoraba las enfermedades que le aguardaban en los años futuros; y que: lo pasaría mal, caso de no tomar medidas drásticas. Tuvo que superar el patriotismo (patriota puede ser a veces sinónimo de idiota), porque que el futuro debe ser prevenido con tiempo. Recordaría lo escrito en su juventud “Aforismos”: ”¿Quién, ¡Oh hombre!, te impulsa a abandonar tu casade la ciudad (…) para irte por montes y valles, cruzando paisajes campestres? ¿Quién, sino la belleza natural del universo?” Así fue como se decidió a considerar las posibilidades de poder pasar su vejez en la Corte del rey de Francia.

DE FLORENCIA A MILÁN (1.506-1.516)

El mariscal Charles d’Amboise (1.473-1.511), contestó a su escrito, y le aconsejó visitarle en su corte de Milán. Para poder desplazarse, Leonardo, el muy lúcido testigo de su época, solicitó al gobierno de Florencia poder reunirse con el gobernador francés (nombrado en 1.503). No lo vieron bien, pero mostrando la misiva que había recibido, finalmente se lo permitieron,…a condición de que regresase en un plazo de tres meses. Da Vinci partió de Florencia a mediados de junio de 1.506, con destino a la gran capital de la Lombardía, acompañado de sus colaboradores, puesto que no quisieron abandonarle. Las posibilidades de recibir encargos en aquella ciudad, con o sin Leonardo, eran mayores que en Florencia, pues en Milán, entonces el arte tenía más trascendencia, por ser la capital de la Lombardía.

A su ansiado regreso a Milán, mi biografiado recibió una citación oficial, siendo calurosamente recibido por el virrey Charles d’Amboise, quien a sus treinta y tres años ya había dado ejemplo de una gran prudencia política. Aquel joven era un gran admirador de Leonardo, en todas sus facetas, y le contrató para realizar un mausoleo para el mariscal Trivulzio, cuyo monumento ecuestre, tan solo es conocido el dibujo de un caballo de “pura sangre” en su proyecto inicial. También le nombró arquitecto y pintor de la Corte (Leonardo, entonces tenía cincuenta y cuatro años de edad).

Posteriormente, el genial toscano también fue agasajado por el resto de cortesanos. Carlos II, por admirarlo sinceramente, lo quiso tener a su servicio. Escribió al gonfalonieri Piero Soderini, de Florencia, explicándole su decisión de retener a Leonardo en Milán, para hacerle diseñar una villa con jardines y juegos de agua, entre otros trabajos, por todo lo cual, Leonardo Da Vinci “al que antes de conocerlo ya lo amábamos”, no regresaría a Florencia.

Los florentinos le contestaron, argumentando, con razón, que Leonardo ya había cobrado por realizar ciertos encargos, y debía cumplirlos. Pero, a pesar de las protestas, por parte de La Signoriade Florencia, mi biografiado permaneció en Milán, residiendo en el gran castillo ducal, que entonces se restauró. Así fue como Leonardo se encontró en medio de graves disputas entre franceses y toscanos. Siguieron cruzándose más misivas, que ponían en manifiesto la honda antipatía entre Leonardo Da Vinci y el gonfaloniero de la Signoría de Florencia. Ello duró hasta que el propio rey Luís XII escribió a los florentinos el día 22 de enero de 1.507, imponiendo su voluntad de retenerlo. Además, no tardó mucho en referirse a Leonardo como: “Nostre paintre et ingenieur ordinaire”. La verdad es que trabajó con ahínco en diversos encargos, de forma que los días se le hacían cortos, porque a su modo de ver, la acción de crear es hacerse semejante al Creador del mundo… puesto que Él no descansa nunca.

Curiosamente, la pasión por las obras de Leonardo en la actualidad sigue siendo motivo de crisis diplomática entre Italia y Francia. Su enorme prestigio mundial, hace que todos quieran unir su nombre al del gran genio del Renacimiento. El anterior gobierno italiano, había prometido que cederían la mayoría de las obras de Leonardo, de sus museos (excepto “La Adoración de los Magos”, de la Galería de los Uffizi, que no viaja nunca), para la gran exposición del artista en el Museo del Louvre. Pero al cambiar el gobierno italiano, hubo reticencias en el Ministerio de Bienes Culturales y Turismo: “Aunque muriera en Francia, Leonardo es un genio italiano, y no vamos a regalarles todo a cambio de nada”.

Ellos, como yo, lo llamaron genio, pero debo reconocer que a mí no me satisface demasiado el calificativo, porque parece rebajar su excelsa personalidad. Leonardo Da Vinci fue más que un genio; fue el epítome de la mente universal. Reconozco que es demasiado largo de escribir, siendo por ello y mis limitados recursos semánticos, que recurro a calificar “genio” a Leonardo, para irradiar mi admiración por su muy extensa obra. Un hombre hecho a sí mismo, que no tuvo oportunidad de ir a la escuela, ni conocía los mandalas, ni la Cruz de Palpa (en Nazca), y menos aún el templo de Borobudur, o los diseños de La Nueva Jerusalén, de Johon Michel. No obstante, Leonardo siempre supo observar, muy inquisitivamente, los millones de estrellas del firmamento, y no fue solo para dibujar lo que observó en la superficie lunar, y que reprodujo sin catalejo.

Leonardo Da Vinci desempeñó muchos, y muy diversos trabajos, para el rey de Francia en la ciudad de Milán; incluso, de nuevo, se convirtió en organizador de las fiestas, como las celebradas en la Corte de Ludovico Sforza. Su tétrico trabajo nocturno lo compensó siendo animador de festejos de gran categoría social, como cuando organizó muchos y muy diversos actos celebrados en Milán, comenzando por engalanar el arco del triunfo y las calles para la entrada triunfal del rey Luis XII, en julio de 1.509, vencedor de los venecianos en la batalla de Agnadello.

Cuando supieron que Luís XII llegaría a Milán procedente de Génova, el genial Leonardo recibió el encargo de engalanar la ciudad. La preclara mente de mi biografiado dio rienda suelta a su imaginación lúdica sin descuidar su trabajo de “Maestro de ceremonias”. Todo lo hizo tan bien, que con razón después fue llamado por el rey: “Nuestro querido y bien amado Leonardo Da Vincy”. Con tales palabras le demostró su agradecimiento, y no era para menos, puesto que también celebraba su victoria sobre el enemigos.

Era muy evidente que Leonardo se había pasado a los franceses invasores, pero es que incluso un yerno del “el Moro”, llamado Galeazo Sanseverino, también era un afrancesado. Cuando mi biografiado realmente se sintió amenazado al pasar entre sus paisanos, entendió que exiliarse a Francia era la mejor solución, porque siempre le habían tratado con gran respeto y mucha deferencia. Además, supo valorar que Francia era el país de donde procedían sus antepasados cátaros, por cierto vegetarianos. Aunque Leonardo se burlaba de los «sopladores del vidrio», que eran los alquimistas cortos de miras, a él podrían verlo escribiendo con la «mano del Diablo» por ser zurdo. Todos tenemos a veces alguna idea contradictoria, y Leonardo, que se privó de comer carne, diseccionaba tranquilamente cadáveres, lo cual entonces era visto como una especie de magia negra. En ocasiones se le veía alternar con alquimistas y nigromantes. No hay duda de que introdujo símbolos alquímicos, pues admitió que la libertad de criterio pasa por encima de ciertas contradicciones.

Tiempo después, en la capital lombarda, Leonardo Da Vinci, pintó dos “Vígenes” para el rey Francisco I (se ignora su paradero), así como también una nueva versión del su recurrente tema “Ledda y el Oca”. Era pintor de la Corte, pero ejerció de ingeniero, pues cada vez más sintió un más vivo interés por los estudios de hidráulica. Entonces le importaban más los puentes y las armas, que la pintura. Mi biografiado, ante un estímulo cultural, respondía con entusiasmo, desarrollando un gran ímpetu para conseguir sus objetivos.

En sus escritos, Leonardo citó muchas veces a un tal “Maestro Paolo”. Se referiría a Paolo dal Pozzo Toscanelli, un científico especialista en óptica, en la perspectiva, y en la observación de los fenómenos celestes. Da Vinci, gracias al intercambio de ideas con él, consiguió dar un novedoso aspecto a sus cuadros, dosificando tanto la luz como las sombras. Desde antes incluso de estudiar la estructura de los ojos, el fenómeno de la luz fue su tema preferido. La creyó tan especial, que a mí me gusta pensar que Leonardo, aun siendo un genio de tantos quilates, alucinaría al saber que actualmente, ya se ha demostrado que tiene mucho futuro en el campo de la ciencia, pues se utiliza para dar movimiento útil a las moléculas.

El doctor Ben Feringa, ganó el Premio Nobel en ciencias químicas en 2016, por haberlo demostrado. Tanto fue el delirio de Leonardo por la luz, que supongo que, de vivir en nuestros días, él se habría concentrado en el estudio de la fotobiología ambiental, pues desarrolla un semejante interés por la naturaleza y por los animales. Desde sus primeros dibujos de juventud, Leonardo desarrollo un estilo particular, al que llamó intuitivo: La femineidad es el lado emocional (que tenemos), y la vía del conocimiento intuitivo, que en este caso, es la Madre Naturaleza. Por ser fiel a la naturaleza, siempre después mostró su hemofilia. La transformó en cada detalle, y cuando incluyó personajes, la tuvo en cuenta en cada gesto.

Gracias a sus ansias para embellecer sus panorámicas, Leonardo descubrió la perspectiva. El premio resulto ser que, siendo fiel a la belleza, pudo descubrirle su utilidad. Lo vemos en “La Gioconda”, donde su rostro se funde con el paisaje, porque quiso llegar al alma, pintando sus vivencias ocultas en los fondos. Replicó la atmósfera de los objetos distantes, y de las lejanas montañas, con un sorprendente sentido del espacio. Incluyó sus experiencias, veladamente, y al mirarlo, pudo sentir la plenitud interior. Era el tipo de tesoro que ansiaba. Escribió: “Los tesoros no proporcionan gloria (…) La ciencia es hija de quien la genera; el dinero es “hijastro”.

AFRONTÓ SU DECREPITUD, BUSCANDO LA UBICACIÓN DEL ALMA

A mi modo de ver, mi biografiado debió partir de la similitud del alma con los ciclos -tan evidentes- del agua en el mundo, desde que cae de las nubes hasta que regresa a ellas: Llueve, se mezcla con inmundicias de todo tipo (algunas tienen mejor suerte), y la evaporación devuelve cada gota a su origen. Claro que, además deben participar muchos otros factores físicos, pues habría que considerar la humedad ambiental; los rayos y truenos; así como una serie de complejas mixturas menos comprensibles, pero que deciden su destino final. Aunque esta metáfora sea atractiva, precisamente por ser válida también para los animales, obligó a los antiguos hindús a llamar “Karma” a esa “casa común” (es lo que significa). Yo lo entiendo mejor como una criba de valores sociales, de modo que trato de aquilatar mi deseo altruista dando ejemplo. La gente se auto-margina sola, pero el claro final del alma es desear comunicar gentilmente lo útil aprendido.

A la vez que ejerció de artista cortesano, Leonardo continuó sus estudios de anatomía; pues él,como todos los sabios de la Edad Media, creyó que el ser humano es un microcosmos, donde están depositadas todas las potencialidades del macrocosmos. Leamos su siguiente anotación: «En este invierno de 1.510 espero terminar toda la Anatomía. (…) En realidad, el hombre es considerado espejo del universo, imagen o reflexión de Dios y, en consecuencia, es una réplica en miniatura de la evolución del mundo: Ciertamente, aquí con 15 figuras completas te será mostrada la cosmografía (descripción) del microcosmos, siguiendo la misma planificación que fue adoptada por Ptolomeo en su “Cosmografía”, obra que he visto previamente. En consecuencia, dividiré así la figura humana: los miembros, al igual que él dividió el mundo en provincias; luego, indicaré la función de las partes en todos sus aspectos, poniendo ante tu vista una descripción de toda la figura en su forma y contenido (…)« (Windsor Castle, Royal Library. The Windsor Collection, f.19061r).

Leonardo observó, de forma especial, los efectos de la edad y de la emoción humana sobre la fisiología, estudiando los efectos de la rabia. Dibujó igualmente numerosos modelos, algunos de ellos con importantes deformaciones faciales, o con signos visibles de enfermedad. Respecto al corazón, Leonardo concluyó que era: «(…) comparable al hueso del melocotón, del cual parte el árbol de los vasos sanguíneos. (…) una herramienta admirable creada por el Maestro Supremo«. Mi admirado biografiado entre 1.507 y 1.513, diseccionó más de treinta cadáveres. También diseccionó vacas, pájaros, monos, osos, ranas y caballos, a fin de comparar la anatomía de dichos animales con la humana, detallando el sistema vascular, el sistema reproductivo y otros órganos internos, así como de los tendones y –superando los tabús de su tiempo-, diseccionó el corazón humano para dibujar el funcionamiento de las válvulas cardiacas.

Aunque el muy honorable toscano buscaba encontrar el origen de las emociones, se limitó a etiquetar el corazón como un músculo, por primera vez en la historia de la humanidad. Así mismo, realizó óptimos dibujos del cerebro y del interior del ojo. Le fascinaba que por la retina y el iris entrasen tantas imágenes del mudo exterior. (Al tal diseño también le dediqué mi libro titulado “Onutoro”). Lamentablemente, sus muy prodigiosos trabajos clandestinos, permanecieron ocultos en sus “Cuadrenos”, siendo conocidos siglos después de la muerte de Da Vinci.

FOTO: SUS DIBUJOS ANATÓMICOS DEL CUERPO HUMANO

A él se debe que la “Anatomía forense” fuese considerada una ciencia, gracias a las decenas de disecciones que efectuó del cuerpo humano, a pesar de que en su tiempo era una práctica duramente castigada. Mientras, en secreto, por la noche diseccionaba cadáveres, de día era  apremiado por los tribunales, pues le obligaron a pintar una segunda versión de la “Virgen de las Rocas”.  La primera versión Leonardo la vendió a Ludovico “El Moro”, quien más tarde la regaló al rey de Francia. Al reclamar a Leonardo  los franciscanos y carmelitas por haberse permitido detalles raros, Leonardo debió repetir el tema, descartando ambigüedades, porque en aquel tiempo estaba de moda discutir si la Virgen había sido concebida con -o sin-  Pecado Original.

En sus diagramas anatómicos, dibujados con gran precisión y exactitud, diseccionó docenas de cuerpos de criminales ajusticiados, a fin de entender el funcionamiento del cuerpo humano, en una época de gran oscurantismo. Da Vinci también le interesó la evolución del desarrollo embrionario en el vientre intrauterino. Sus minuciosos dibujos de la anatomía humana, esclarecieron mis dudas sobre la gestación femenina, no en vano han sido comparados con la exactitud conseguida mediante los “Rayos X”. Leonardo Da Vinci fue un pionero de la práctica forense, pues los conocimientos de anatomía humana hasta que los dibujó, eran elementales.

Escribió en su diario: “(…) para realizar aquella tarea, a otros buenos investigadores les habría faltado estómago. (…) Pensaba que aprendía a vivir, y solo aprendía a morir«. Probablemente, también le deprimió su morbosa y furtiva investigación. Sus condiciones de trabajo fueron penosas, debido a los problemas de higiene y conservación de los cadáveres. Lo había padecido en el tanatorio del Ospitale deSanta María Nuova, de Florencia, y se encontró con la misma dejadez en los de Milán y los de Roma.

Da Vinci dibujó minuciosamente sus observaciones, superando las mayores dificultades, a fin de trasmitirlo a generaciones venideras con primoroso detalle. Gracias a su entereza en estudiar la musculatura que controla los labios, Leonardo pintó la más misteriosa ”no sonrisa” del arte universal. Leonardo, en 1.510 empezó a colaborar con el médico y profesor de anatomía Marcantonio del la Torre (fallecido bruscamente a los veintinueve años). En Pavia Leonardo fue admitido a asistir a sus clases. Hay que imaginarse al genio toscano tomando notas y dibujando agilmente, mientras el resto de alumnos se limitarían solo a escuchar. Entre sus anatomías en Pavia y las que hizo wen Roma hasta que el propio Papa le paró los pies, Leonardo hizo diseccionó más de treinta cadáveres.

Leonardo a comienzos de 1.511 decidió ausentarse de la capital de Lombardía, quizá porque al morir en marzo su benefactor y amigo Charles de Amboise, su sucesor en el gobierno pasó a ser el catalán Gastón de Foix, mucho menos entendido en arte, y menos generoso a la hora de otorgar sobresueldos. Aquel mismo mes también había muerto súbitamente su otro gran amigo Marcantonio della Torre sin haber cumplido los cuarenta años. Juntos habían compilado una serie de investigaciones sobre anatomía, ilustradas con más de doscientos dibujos, hechos por Da Vinci. Según su opinión: «Cuando se intercambian conocimientos, es como cuando se riega la mente; y para que den buenos frutos que a todos beneficien, (los intercambios) deben ser útiles«.

Pero el estímulo principal del genial toscano, al dibujar todos órganos detalladamente, en el fondo era por su preocupación de descubrir la residencia del alma en el cuerpo. Obviamente, no lo consiguió; justificándolo por el hecho de que el movimiento, siendo la principal característica de toda vida, igualmente debería serlo del alma. Por cierto, también se debe al muy honorable toscano la clasificación de los animales en: «vertebrados e invertebrados«, lo cual después hizo famoso a Lamarck. Leonardo se anticipó doscientos años a la teoría de la gravedad de Isaac Newton, y lo que el sabio inglés llamó “Espectro solar”. Igualmente Leonardo también se anticipó a la teoría de Copérnico, acerca del movimiento de la tierra, siendo además precursor de las ideas de Galileo, al que se anticipó cien años, así como al método inductivo de Francois Bacon.

Después de muchas décadas de tratar de conocer bien a mi biografiado, yo invito a reflexionar acerca de lo que pensaba Da Vinci al observar el cielo estrellado. Mi presunción solo está apoyada en sus diversos diseños de  la Estrella de David (la de los sabios; pues la de cinco puntas hace referencia a la vida orgánica). Al contemplar Leonardo los dos lóbulos del cerebro, supe que le habrían sugerido el valor fundamental del equilibrio en el cosmos. Primero pensé que Da Vinci debió imaginarlo cual un mapa de carreteras (en su tiempo “carreras”), porque yo mismo de joven escribí un artículo agrupando estrellas en triángulos.

Se le reconoce el mérito de descubrir la causa de la arterioesclerosis de un hombre, al cual, Leonardo, después de varias horas de esperar verlo morir placenteramente, pudo hacerle la autopsia, describiendo entonces la obturación de sus arterias. Una gran parte de aquellos dibujos de anatomía, rodeados de apuntes, yo pude admirarlos cuando coincidí en visitar una exposición que se hizo en la sala principal del Palacio de La Signoria de la ciudad de Florencia, capital cultural de Italia en el Renacimiento. Durante mi primer viaje turístico allí, en el gran salón del ayuntamiento vi expuestas numerosas páginas de Leonardo, de la colección de la reina de Inglaterra, en la Biblioteca Real del castillo de Windsor. Adquirí varios facsímiles (tipo postal, de 20 cm.), entre ellos, el desarrollo del feto dentro del vientre de la madre. Debió de ser una investigación horrible de dibujar; no obstante, siendo obras de Leonardo,a tamaño natural, los guardo con gran aprecio.

CATACLISMOS DE UNA NATURALEZA DESTRUCTIVA

Dado que me estoy refiriendo a la más preclara mente del mundo -todo lo hizo sin combustibles fósiles, ni electricidad-, puedo pensar que él, lógicamente, imaginó los cielos ordenados ¿como una tela de araña? ¡No! Respondo, después de haber visto (en un documental de TV), las primeras alineaciones de galaxias, cuyos cúmulos (que de noche parecen ser como cualquier otra estrella)probablemente su imaginación pudo suponerlas ordenadas geométricamente, con una  complejidad similar acómo se organizan las neuronas de cada cerebro. Ya anticipé que Leonardo Da Vinci buscó la residencia del alma, y al hacerlo, no ahorró esfuerzos. Lástima que no tuviese el suficiente lenguaje semántico para atreverse a escribirlo. Yo concluiré,recordando que mi muy honorable biografiado, descubrió las leyes de la óptica, de la gravitación, del calor de la luz, etc..

Sus diez hojas con dibujos, sobre cataclismos naturales, las llenó durante su “época errante”. No hay que descartar que se los inspiraseel desbordamiento del río Arno, ya que afectó gravemente el entorno donde Da Vinci había crecido. Son cuadernos que siguen guardados en la Biblioteca Real del castillo de Windsor, próximo a Londres. Se titularon “Dibujos del Diluvio”, debido a los nueve dibujos últimos, de los cincuenta y siete totales. Son los más deprimentes de sus últimos años, justo cuando Leonardo, sintiéndose traicionado por su propio cuerpo, capituló ante el arrollador poder destructivo de la naturaleza. En ellos incluyó remolinos de agua y turbulencias de aire-que parecen ser los rizos de unos cabellos, aunque muchos no durarían en calificar de garabatos sin sentido-, metáfora de unos desastres de proporciones descomunales.

Dado que Leonardo los realizó mezclando el arte con la ciencia, apeló a su mágico ingenio para conseguir que, entre las espirales y sus notas, explicarnos los fundamentos matemáticos de los dichos torbellinos de energía. No hay genialidad, ni talento, sin capacidad de adaptación.La honestidad intelectual exige una revisión del método científico y de las propias creencias sociales. A Leonardo yo debo agradecerle todo lo que me inspiró desde que tengo uso de razón. Su inter-disciplinariedad me pareció la mejor forma de resolver los problemas. Me cautivó su método, como cuando conocí la expresión de Cesar: “Divide y vencerás», ya que también está comprobado que concedió grandes ventajas a Napoleón.

El resto de los escritos que componen sus muchos corpus, constituyen el testimonio de sus sensaciones experimentadas ante diversos aspectos de la naturaleza. Desde que era joven ya vio claro que: el agua caída durante el Diluvio (que según la Biblia: cubrió toda la Tierra): “No habría podido ser universal, porque solo podría evaporarse por el calor del sol”. (“Aforismos”, nº235). Entre dichos apocalípticos paisajes incluyó uno que parece desentonar, pues, entre otras cosas, se ve a una pareja desnuda abrazándose (nº21), probablemente para transmitir que:”Todo es obra del amor,… incluso el caos«. De donde se sigue que obligan al resto de la Humanidad a reflexionar sobre la vida misma, pues, está regida por la naturaleza, como cualquier hoja que cae al suelo en invierno. Al quedarle tantísimo por estudiar, los avatares afectaron a la más creativa mente del universo, y, al mismo tiempo, el más celebrado de los creadores de belleza de todos los tiempos; a parte de ser el artífice de obras de subliminal simbolismo.

Leonardo aquellos años tuvo motivos para dibujar panorámicas tristes, pues a finales del año 1.513 un terremoto había cerrado el valle del río Bregno (afluente del Tesino), por lo cual se fue acumulando agua oscura hasta formarse una gran presa natural. A los veinte meses, aquel confinamiento natural colapsó, arrastrando a su paso una compañía de soldados suizos, bajo mando de Ludovico Sforza, que estaban acampados en Bellizona. Aquel descalabro, afectó mucho a Da Vinci, y su forma de desahogarse debieron de ser los bocetos, donde la furia y el caos son los protagonistas. Supo muy bien, que no hay refugio ante la furia destructiva de la naturaleza, cosa que hasta ahora no se sabía.

Con aquellos diez dibujos sobre el caos, culminaron sus muchos otros sobre la luz, el agua y el viento. Sin dejar de reconocer que las leyes y ritmos de la tierra nos vienen impuestos, Da Vinci escribió que: “Se debe buscar la harmonía en el propio subsuelo; y también: ”El hombre es individual, y la sombra es colectiva”. Entre la ciencia y el arte, dichos cataclismos, yo opino que deberían verse como obras espiritualistas de una vida en senectud. Quedaba lejos aquella mezcla de intuición, con la observación; y aún más lejos de cuando su floreciente imaginación creativa marchaba cogida del brazo del naturalismo: ”Hay que aprender, pero se forja “desaprendiendo”;... y así fue como se sobrepuso. “Conjugar el talento con la humildad, es loque abre las puertas de la sabiduría”.

DECEPCIONADO, LEONARDO EMIGRÓ A FRANCIA

Al hojear una guía cualquiera de la ciudad de Florencia en general, sorprende que, entre las muy numerosas esculturas y cuadros, todavía hoy, tan solo se incluya alguna (o ninguna) obra de arte hecha por Leonardo. Ello ayuda a comprender el por qué llegó un día que, él y algunos de sus amigos, decidieron acogerse al ofrecimiento del rey de Francia, que le había prometido el puesto de pintor de cámara, en su Corte del centro de Francia. Aquella decisión, actualmente se llamaría “fuga de cerebros”. Al decidir emigrar, Leonardo sabía que ya no regresaría a Italia, por lo que, en 1.516 salió cargando con todo lo que pudo llevarse. Lo acompañaron sus más íntimos servidores, y amigos, entre los cuales, su amigo pintor Giovanni Francesco de Melzi, que estaría con Leonardohasta su muerte.

Leonardo siempre mantuvo buena relación con Salai, su sirviente al cual trató como un ahijado. Le había servido de criado, de modelo, siendo su alumno, su confidente y el compañero que le alegraba la vida solo contemplando su angelical rostro. Salai puso afán en convertirse en la sombra de su sabio maestro, pero cuando Leonardo emigró, todo cambió. Salai permaneció en Milán, aunque esporadicamente lo visitase. En teoría debía custodiar la mayoría de obras artísticas que, según consta en el “Anónimo Gaddiano”, quedaron depositadas en el Ospedale de Santa María la Nuova. Entre ellas, el cuadro “La Gioconda” (Museo del Prado, de Madrid), y otras muchas; mientras que se llevó consigo el retrato inacabado de Doña Lisa Gherardini del Giocondo (Museo del Louvre, de París).

Salai, después de haber heredado, vivió en la casa con viñedo de Milán que le legó Leonardo. Se casó con Blanca Cardidi (14-6-1.523), la cual aportó una dote 1.700 liras. Salai falleció de muerte violenta a sus cuarenta y cuatro años de edad (1.524). No debe extrañar que también heredase una casa en Milán ubicada en la Porta Vercellina. Leonardo la había recibido en 1.497 de Ludovico «El Moro» en agradecimiento. Aquella propiedad al salir de Milán Leonardo la dejó al padre de Salai para que la habitase y cuidase. Finalmente se la cedió en herencia, siendo cuando Salai la hizo restaurar y la dejó a sus descendientes.

Mi muy honorable biografiado nunca pareció dudar de Salai, en cambio siendo un  científico empírico, sistemáticamente dudaba de todo, albergando serias dudas acerca de si algún día sus esfuerzos serían debidamente valorados. De haber podido hablarle, yo le habría animado diciéndole que: «Los edificios, por altos que sean se pueden destruir; pero jamás la busqueda de una serena belleza, como la pintada en el retrato “La Gioconda”. Al admirar las obras de Leonardo Da Vinci, se diría que siempre las pintó con el mismo entusiasmo de cuando era joven, pues su juvenil disposición no la perdió hasta quedar postrado en su lecho. Hasta entonces, Leonardo vivió con un corazón contento, y escrutando las peculiaridades de cada nuevo paisaje. Ya no tenía la fabulosa salud de sus años jóvenes, pero seguramente gozó haciendo el penoso trayecto de empinados caminos, cuando atravesaron la cadena montañosa de los Alpes, en la segunda mitad del año 1.516. Mi biografiado viajó a los Alpes al menos en tres ocasiones, siendo la primera en 1.400. En sus escritos posteriores visitas,Leonardo fue dando testimonio las costumbres de los habitantes.

Dejó muy claro cuanto le fascinaban las montañas, y se emocionaría en Bormio cuando encontró manantiales de agua caliente muy bien aprovechados por las gentes. Se ubican a 13 km. del lago Como, pero a un nivel más elevado. Escribió: Yo mismo vi como el agua al refluir, bajaba tanto, que parecía que estabas mirando el fondo de un profundo pozo» (Leic, 11v,R 1.029). Otra de sus excursiones alpinas le llevó al Monte Rosa (4.630 m.), donde probablemente subió hasta su media falda el día 3 de julio,… sin especificar de que año. Lo que no olvidaba, era dejar constancia de que hacía trabajos de campo, para lo cual utilizaba la expresión: «Yo lo vi». Cierro este paréntesispara continuar con la llegada al castillo francés que fue su residencia.

Al llegar a su destino, Leonardo en su fuero interno alentaba el sincero deseo de poder sorprender a su amigo, el rey Francisco I, ofreciéndole lo mejor de sí mismo, para poder demostrarle su agradecimiento. Pero la realidad fue que, después del duro viaje desde Italia, a Leonardo Da Vinci se le habían debilitado sus músculos. Su flacidez y agotamiento, venían de lejos. Su salud estaba resentida, debido a los años de duros trabajos de desviar ríos, y los avatares de las guerras en las cuales él se vio obligado a participar. Sabía bien de que hablaba cuando escribió: Verdaderamente, el hombre es el rey de los animales, pues su brutalidad los supera.

Desde 1.500, Leonardo Da Vinci había vivido unos años realizando desplazamientos semi-errantes, cuando a veces incluso pudo haber pasado hambre. Aunque yo, en esta biografía, “artísticamente”, me haya procurado ceñir a las fechas publicadas, aviso de que muchas se aceptan por puro convencionalismo, pues no han podido ser verificadas. Lo mismo se pude decir de todo a cuanto realizó en su vida. A mi biografiado se le sigue mejor, a partir de cuando trabajó al servicio del gobernador francés, en  Milán, de donde partió para residir en el extranjero. Por enésima vez, Leonardo había decidido cambiar su lugar de residencia. En esta ocasión se fue a vivir en el bello valle del río Loira, casi en el centro de Francia.

Leonardo Da Vinci, al llegar a la corte francesa estaba cansado por el largo viaje. Pero una vez allí, aquel sabio, excepcional en todos los sentidos, se sobrepuso al ver que era recibido tal como se merecía. El rey, al darle la bienvenida, le informó de que, si en algo podía complacerlo, no tenía más que hacérselo saber. Leonardo se lo agradeció, más con gestos que con palabras; incluso insistía en postrarse ante el joven Francisco I, si éste no lo hubiese sostenido con sus manos. Leonardo, en dos ocasiones que quiso hablar, solo pudo repetir la misma frase: Yo solo quiero serviros y dedicaros obras mucho mejores de las que visteis.

Ante su insistencia, el joven soberano se convenció de que aquel gran sabio deseaba sinceramente serle útil, de forma que accedió a sus deseos; pero remarcando que lo haría con toda libertad, pues suficiente servicio era para el Reino de Francia que tan excelso artista permaneciese en la Corte. Aquello acabó de “derrotar” al gran genio, al entender que era una verdadera lección de sincera confraternidad, pues se elevaba a un nivel que, para el humilde carácter de Leonardo, resultaba abrumador.

ULTIMOS AÑOS DE SU VOLUNTARIO EXILIO EN FRANCIA

El joven rey Francisco I, rompió el largo silencio para comunicar a Leonardo -que todavía seguía reverencialmente postrado-, que había dispuesto: ”(…) que él, y sus servidores, residiesen en el castillo palaciego de Cloux” (hoy Clos Lucé), ubicado a decenas de kilómetro del castillo real de Amboise. Se trataba del mismo castillo palaciego donde Francisco I había sido criado por su madre, Luisa de Saboya. Ya lo encontraron perfectamente amueblado (actualmente está declarado Patrimonio de la Humanidad, siendo visitado por medio millón de personas cada año). Viendo el soberano que, mientras Leonardo escuchaba tales disposiciones, aún permanecía con su cabeza agachada, el soberano también tuvo que ladear la suya, por invadirlo la emoción del momento, pues hay más alegría en dar que en recibir.

La primera nota que Leonardo escribió residiendo en Clos Lucé, está fechada en 21 de mayo de 1.517, y la siguiente a comienzos del año siguiente: «La víspera de San Antonio dejé Romorantin y regresé a Ambousa«. El desplazamiento se debió a que el día tres de mayo de 1.518 se prevenía celebrar una gran fiesta por casar el rey a una sobrina suya con un sobrino del Sumo Pontífice. Era público y notorio que nadie mejor que Leonardo para organizar todo tipo de fiestas, pues el dominio de los efectos especiales para las escenas teatrales nunca lo abandonaron. A dichas fiestas en el castillo de Cloux asistieron varios delegados florentinos que debían conocer a Leonardo, a quien también le gustaría impresionarles.

Aquel matrimonio de la más alta nobleza hay que decir que tan solamente duró un año, pero entonces se ignoraba, y lo interesante era que el día quince del mismo mes ya tenía de preparar un nuevo festejo, con diferente escenario y nuevos estrenos teatrales. Solo se aprovechó la gran marquesina cubierta y el escenario (18 x 36 m.), todo lo cual estuvo montado en los jardines de palacio todavía el día diecinueve de junio de 1.518. Otras dos anotaciones de Leonardo Da Vinci en el “Codex Atlanticus” confirman la fecha de cuando el insigne genio residió en aquel lugar: «El día 21 de mayo, fiesta de la Ascensión, en Ambosa, 1.517, en el palacio de Clu; y el 24 de junio, el día de san Juan, 1.518, en Ambosa, en el palacio de Clu«. (Biblioteca Ambrosiana de Milán, respectivamente: f.103r/284r; y f.249r/673r).

FOTO: AMBOISE, Y SU “SALA DE ESTAR” EN CLOS LUCÉ

Durante los meses siguientes, el genial toscano vivió allí, siendo tratado como el mayor artista de su tiempo. Al cabo de un mes de su llegada a Clos Lucé, Leonardo entendió que: “La casa es como el cielo de la tierra”, porque anteriormente no había tenido necesidad de disfrutar de un verdadero hogar. Por otra parte, el rey Francisco I y su esposa Claudia, hija de Luís XII, lo apreciaban sinceramente. El reyFrancisco I aspiraba a dar a su Corte un aire renacentista, al estilo italiano, mediante la importación de artistas y hombres de letras, incluyendo, no sólo a mi biografiado, sino también a Cellini, y otros. Allí Leonardo conoció a Luís de Aragón, al cual mostró un retrato femenino, que tuvo que ser su inseparable “La Gioconda” de París, puesto que con dicho cuadro Leonardo demostró haber tenido un obsesivo afán de perfeccionismo. La verdad, es que nunca se puso límites al realizar sus muy variadas creaciones; otra cosa sería que él consiguiese realizar sus objetivos, pues a menudo se sintió frustrado.El su pago al disfrute de una insaciable curiosidad.

El soberano le ofrecióun mecenazgo, otorgando a Leonardo libertad para que viviese con sus amigos en la región de Turena, donde podía disfrutar de muy bonitos paisajes. Francisco I, hasta tal punto había hecho fraternal amistad con Leonardo, que, desde el mismo día de su recepción en Amboise, ya le asignó una pensión anual de 1000 escudos, por lo cual se convirtió en su nuevo mecenas y protector adornado con el pomposo título de “Pintor del Rey”. Éste, cuando no se dedicaba a guerrear y a cazar, sentía un muy vivo interés por la filosofía. Instaló a Leonardo cerca, demostrándole quererle como un buen amigo. De hecho, lo admiró todavía más como filósofo, que como artista. Por sus últimos trabajos de ingeniería y arquitectura, su criterio aún debió de incrementarse enormemente. Pero por entonces, Da Vinci ejecutaba los preparativos de las fiestas y torneos palaciegos; actividades en las que siempre había obtenido grandes éxitos.

EL LEON METALICO ROBOTIZADO EXHIBIDO EN LYON

En 1.470 Leonardo construyó una plataforma con ruedas propulsada con muelles y empujada gracias a una compleja rueda dentada, que sería una modelo perfeccionado de los autómatas que construía Verrocchio, quien había conseguido montar un reloj en la escultura de un ángel que podía marcar las horas en el Mercato Vecchio de Florencia. El  deseo de un alumno es superar a su maestro, y león que construyó Leonardo combinó varios artilugios móviles. Dejó esbozos de otros varios, entre los cuales en el “Códice Madrid I” se incluye el dibujo de un “Caballero con Armadura”. Es realmente ingenioso, pues mediante varios engranajes internos puede mover las manos y flexionar las piernas… y también podía “hablar”, gracias a incluir un tambor giratorio automático. Fue el mejor ejemplo de un ordenador analógico de finales del siglo XX. Aquellos bocetos, y otros prototipos, fueron exhibidos en Milán ya en el año 1.495.

El autómata más famoso en vida de Leonardo fue, no obstante, el -también reproducido- cuerpo de un león metálico, a tamaño natural, ya que causó una muy gran sensación después de celebrarse un real banquete en el gran castillo de la ciudad francesa de Lyon el año 1.513. El dicho autómata estaba destinado a ser –con el paso de los siglos- en el precursor del medio de transporte mundial por excelencia. El automóvil de mi biografiado pasó a la historia como ”Coche de Leonardo”… ¡y funcionaba, como demostraron quienes, siguiendo fielmente sus magníficos diseños, lo construyeron en 2.004, quedando expuesto en el Museo de la Historia de la Ciencia de Florencia.

Leonardo no asistió al banquete celebrado en Lyon (Fr.) en julio, que hicieron funcionar su automata, que es lo que realmente fue su león robotizado. Después de haber cenado, llevaron a la sala un artilugio, con forma de léon metálico, que atravesó toda la estancia para asombro general de los comensales. Todos creyeron tener visiones cuando un león, llevando sujeto en su boca un ramo de las muy simbólicas -e idealizadas- flores de Lis, atravesó la estancia donde habían comido. Al final de su recorrido, todavía pudieron ver abrirse el pecho del león robotizado, y dejar caer al suelo diversas flores, símbolo de la ciudad de Florencia. Los aplausos fueron bien merecidos. El motivo que había inspirado el montaje del icónico animal en aquella ocasión, fue con ánimo de fortalecer las buenas relaciones entre el duque de Médici, de Milán, y el rey Francisco I. Este, en los festejos celebrados en Lyon, consiguió arrastrar a la órbita francesa al reputado sabio y amigo, ya que además lo trataba con mayor consideración. El sentimiento fue recíproco, dado que Leonardo comprobaba cada día que los franceses lo apreciaban y trataban mejor que sus propios paisanos.

Aunque Leonardo no estuvo presente para poder gozar del general asombro de las más nobles familias allí reunidas, la noticia pasó de boca en boca mucho tiempo, siendo informado puntualmente de su gran impacto. Su faceta artística entonces, inspiradamente, le impulsó a escribir una obra narrando una “batalla” de tono menor, pues competían un León (símbolo de Venecia) luchando contra un dragón (símbolo de Francia) del cual combate, lógicamente, el dragón  salió vencedor. Su papel de artista cortesano ganado cuando estuvo al servicio de los Medici y, sobre todo, de los Sforza, le persiguió toda su vida.

Leonardo Da Vinci, hombre de sabiduría multidisciplinar, pintó y dibujó cuanto y cómo quiso, con el aliciente de que en Clos Lucé y Amboise se sintió más apreciado por sus pinturas, a la inversa de lo que le sucedía en Italia. Estaba íntimamente sorprendido, a la vez que, en cierto modo, lo lamentaba. Leonardo Da Vinci aconsejaba: «Cuando estés saciado de saber, compartirás tu sabiduría«. Era un buen conocedor del espíritu humano. Yo solo habría podido apostillar, a su ética altruista, que: Lo que se recibe gratuitamente, es lógico que también se regale. En aquella nueva etapa de su vida, Leonardo se dedicó a organizar cuantos escritos se llevó consigo; así como, a enseñar a su único y querido discípulo Francesco de Melzi.

Éstas, y otras interesantes noticias, son recogidas en un “Itinerario”, redactado por Antonio de Beatis, secretario del cardenal napolitano Luigi d’Aragona (Itinerario di cardinale de Aragona en la “Biblioteca Nazionale Vittorio Emanuele II” de Nápoles. Ms. X. F. 28, f. 76v-78r): “El cardenal, a su paso por Amboise (10-10-1.517), visitó a Leonardo, por ser su amigo. En aquella ocasión, el genial pintor le mostró orgulloso sus manuscritos, y tres cuadros: “La Virgen y el Niño con Santa Ana”, “San Juan Bautista” y un “Retrato Femenino”, de dudosa identificación”.

Leonardo fue feliz compartiendo, pero, aunque todo el mundo pueda creer que entiende sus pinturas, él sabía que:«Admirar la belleza, no basta«. Pero, tampoco deseaba entrar en profundas discusiones. Debió de pensar: Aquí está mi obra, y que cada cual tome lo que sea capaz. El artista que triunfa, es por haber acertado a expresar algo que recuerde experiencias, o paisajes entrañables. Es la forma de ser universal; y la meta de cualquier pintor. Pero Leonardo era muchísimo más que un pintor, y el tiempo nos lo ha confirmado.

El primer periodo que Da Vinci vivió en Francia, fue un verdadero remanso de paz. Nunca en la vida el “Mago de los pinceles” había vivido tan relajado. La lógica excepción, había sido el gran trastorno que conlleva cualquier mudanza. Leonardo y Melzi visitaron los campos; y hasta se arriesgaron a pasear por los bosques cercanos. Leonardo también quiso pasear por la población, ubicada en la orilla del río que transcurre a los pies del castillo; y lo hizo,siempre acompañado por Melzi. Se sintieron extraños, porque no sabían hablar bien francés,… y mucho menos con acento. Tampoco los habitantes supieron quienes podían ser ellos, pero, era evidente, que no les representaban ningún peligro.

Ahora podemos decir que Leonardo les catapultó al futuro, porque el turismo ha transformado todos aquellos entornos que Leonardo frecuentó y los museos y tiendas de recuerdos suyos lo inundan todo. Aquel retiro fue un digno final, para la persona que había producido tan excelsas obras de arte, así como escritos, dibujos, así como también construido, o diseñado, obras utilísimas para la Humanidad. Todo aquel bienestar, aún tuvo mayor apreciación, por parte de mi muy honorable biografiado, al recordar cómo, en su propia patria, había sufrido eventualmente odios y rivalidades, así como escarnios callejeros. En cambio, a partir de entonces, en sus primeros paseos matinales por los milimetrados jardines de palacio, bastantes días incluso estuvo acompañado por el joven Francisco I, con una discreta escolta protegiendo su deambular.

FOTO: DA VINCI VIVIÓ UN TIEMPO TRANQUILO Y RELAJADO

En Amboise, el máximo compromiso de Da Vinci fue satisfacer las expectativas de su amigo, el rey Francisco I, y lo superó con creces. Al recibir el rey a los políticos extranjeros, con sus delegaciones, mi estimado biografiado repitió, en aquella Corte de adopción, unos espectáculos y decorados parecidos a los que antaño representase en Milán, pero empleando todavía mayores recursos económicos. En las escenificaciones de sus fantasiosos montajes, no faltaron las interpretaciones de temas musicales. Por haberlos repetido en Francia, con igual éxito, debemos reconocer a Leonardo:Un precursor de posteriores óperas, del tipo wagneriano, puesto que también previno que el trasfondo del espectáculo fuese espiritual y moralizante. Algunas de sus doscientas fiestas nocturnas de entonces, estuvieron súper-iluminadas con cuatrocientos candelabros, que podían hacer pensar a los asistentes que era de día. Por otra parte, los figurantes desfilaban con tan innovadoras vestimentas, que tan solo por ello, ya causaban la admiración de los invitados;…por no hablar del impactante efecto de sus coreografías futuristas.

No obstante, era evidente que la salud y, en consecuencia, el vigor de Leonardo estaba decayendo. En lo especulativo, se publicó en “Revista de la Royal Society of Médicine” que, según Paolo Mazzarello y Marco Catani: “Leonardo padeció un déficit de atención, y dislexia con hiperactividad (TDAH)”. O sea, que habría tenido problemas para gestionar su tiempo. Son muy numerosos los psiquiatras que opinaron que el supuesto  trastorno podría explicar: Aspectos de su temperamento y la extraña forma de su genio disipativo. También notaron que a la edad de sesenta y cinco años había sobrevivido a un derrame cerebral en el hemisferio izquierdo, pero conservando su facultad de hablar intacta.

Siempre se había dicho que, el polímita florentino, sufrió un ictus (o una paresia, según creyeron Luís de Aragón y Antonio de Beatis, cuando lo visitaron en Clos Lucé). A pesar de que a Leonardo se le había paralizado su brazo derecho, el gran genio no dejó de trabajar, porque era ambidiestro. No le invalidó, pero solo pintaba por distracción. Aun así, se puede afirmar que Leonardo Da Vinci murió trabajando. Hasta el final de sus días estuvo recopilando sus notas y formando códices para preservarlas. No deseó específicamente organizarlas, sino “pulirlas”, a fin de tratar de documentar la complejidad del mundo y sus reglas, para conseguir hacer una simbiosis comprensible.

EL “SABIO POR EXCELENCIA” RECHAZO SER UN “BON VIVANT”

Por diseñar el futuro, ha sido más alabado que discutido; ya que su legado superó la idea vinculada a los dogmas religiosos, así como el credo artificial de los teólogos escolásticos medievales. Leonardo, al haber sido muy buen conocedor del espíritu que alienta a las personas, escribió con acierto: ”Los límites los pone uno mismo. Las fronteras están en nuestra propia mente (…) Todos nuestros conocimientos tienen su origen en nuestras percepciones. El rey estaba fascinado por tener cerca suyo al “savant par excelence”. Desde su llegada a aquella su corte, tuvo en mente el convertirlo en su consejero intelectual. Probablemente también le asesoraría en asuntos políticos, y hasta mundanos.

Aunque, Francisco I, a la vez que aumentaba su admiración por Leonardo, al mismo tiempo le descubría “lagunas” en sus creencias religiosas, pues eran poco dogmáticas. Aunque era joven, el rey había recibido una educación exquisita, en todas las materias, por teólogos y filósofos eclesiásticos, y como ellos, también Francisco I entonces tuvo la vocación de “salvar almas”. Por lo dicho, el rey expuso a Leonardo muy poderosos argumentos para, coloquialmente, llegar a imponerse al refractario anciano;…y lo consiguió. No pudiendo convencerlo, buscó atenuar su ego, para tratar de transformarlo.

El sabio toscano, de perspicaz sagacidad, se había mostrado reticente, apoyándose en la crueldad extrema de los pontífices durante las masacres indiscriminadas de los católicos librepensadores occitanos, en el curso de las “nueve Cruzadas papales” que los exterminaron. No fue menos dura la posteriorInquisición institucionalizada, que repercutió en todo el orbe. Da Vinci había comprobado directamente la poca ética de los grandes cardenales, ya que incluso había residido en los aposentos del Vaticano, con el privilegio de mantener un trato coloquial con, al menos, un pontífice; pero la fe del rey francés estaba por encima del clergato. Su sinceridad, y la humildad que exige el mensaje evangélico, acabaron derrumbando a Da Vinci en el curso de sus sosegadas charlas con el rey,… al cual, escuchando por boca de Da Vinci, el tan lamentable exterminio de herejes, tampoco podía ignorar que, a Francia, aquellas nueve campañas bélicas le habían abierto muchos puertos al mar Mediterráneo.

Referente al aprecio que Francisco I sintió por su pintor de cámara, el escultor Benvenuto Cellini quiso dar su opinión tiempo después de haber fallecido Leonardo: (…) Llegó a ser tan de su gusto oirle disertar, que eran pocos los días del año que (el rey ) estaba lejos de él”. Si eso fue así, se comprendería que el gran genio del renacimiento habría sido “estorbado” para concluir los estudios siempre altruistas y tan admirables a los que se entregaba con muy gran disciplina.

Al imaginármelos paseando por los relajantes jardines del palaciego castillo, pienso que parecerían ser la viva estampa de los míticos rey Arturo y el mago Merlín, por las barbas de uno, y la suntuosa vestimenta del otro. Probablemente, en aquellos relajados paseos en solitario, Francisco I le puso delante de un metafórico espejo, al hacerle entender que se había pasado la vida buscando a Dios (Leonardo no pudo negarlo), cuando lo que debió haber hecho era: Dejar que Dios lo encontrase a él. El gran sabio toscano, siempre había rumiado las lógicas inquietudes escatológicas, pero aquella observación le dejó sorprendido. Posteriormente, al plantearle cuál era su opinión del más allá de la vida, Leonardo entonces ya estaba en el convencimiento del dogma católico, y tantas otras grandes religiones del mundo, pues contestó: «Continuaré«. En sus “Aforismos” consta escrito:“Debemos dudar de la certeza de todo lo que pasa por los sentidos, pero cuánto más debemos dudar es de las cosas contrarias a los sentidos, como la existencia de Dios y el alma”.

Sin duda que había deseado apostar por la inmortalidad del alma, pues así parecían avalarlo las transmutaciones alquímicas y la metempsicosis. Cuando mi genial biografiado entendió que el rey se afanaba en asomarle a su propio “renacimiento”, reaccionó tan modélicamente como siempre. Leonardo, al reconocerse convertido, se dice que lloró amargamente. El desolado Leonardo Da Vinci aquel día memorable, alcanzaría, a través de la iluminación, la fe que había deseado; encontrándola al desconectar la divinidad de la religión. Entonces fue cuando Leonardo recuperó la esperanza perdida. Se manifestó tan sincero, que el rey convenció a mí biografiado de que diese “el golpe de pecho”, logrando que por fin, Da Vinci se declarase católico.

FOTO: DISEÑOS DE DA VINCI ANTES DE MORIR

Leonardo, en su placentero retiro, ciertamente dudó de sí mismo, y de todo cuanto había realizado con tanto esfuerzo. Se le notaba, porque escribía muy poco; y cuando lo hacía era con acritud. Lo quiso compensar diseñando nuevos proyectos reales, pero especialmente redactó magníficas disposiciones referentes a su propio funeral. De sus nuevos proyectos arquitectónicos, temió que ninguno fuese realizado. No obstante no pudo saberlo porque murió antes de que se iniciasen. En otro tiempo, cuando tenía un más alto concepto de sí mismo, le habría inquietado verse frustrado, pero Da Vinci ya no era el mismo. Con el paso del tiempo ninguna persona lo es, ni tan siquiera el sabio rey Salomón, ya que en su segunda mitad de vida cometió la torpeza de venerar dioses paganos.

A Leonardo, hoy se constata, que al menos siempre le alentaron dos personalidades: El joven Leonardo, el científico, arquitecto, pintor, y músico, de exquisita sensibilidad, que cautivó a los poderosos, tanto religiosos como civiles. El otro Da Vinci, que coexistió con el espíritu del polifacético sabio, filósofo humanista y gran pensador espiritualista. En efecto, no le bastó plasmar los temas exteriormente, sino que ansió dilucidar las leyes que gobiernan el mundo, a fin de de dar vida a sus pinturas. Escribió al respecto: “(…) Reconocer una esencia espiritual capaz de penetrar todo los seres del universo, que dio a los sensibles la similitud de la vida (…) Una vida invisible, incorpórea, e impalpable porque no crece, ni en forma ni en peso, en el cuerpo donde nace.(…) Igual que un día de provecho trae un sueño feliz, una vida de provecho trae una muerte feliz.

Leonardo Da Vinci no siempre resulta agradable de leer, porque, con más razón que un santo, se le nota asqueado por los políticos de su tiempo, así como por el infantil fanatismo de las multitudes. Los religiosos, son los que más salen malparados, llegando a escribir: “Veo a Cristo vendido y crucificado de nuevo, y a sus santos sufriendo martirio (…) Fariseos, es decir frailes. Tales ideas las ocultó sutilmente, pero están en el trasfondo de cuanto pintó, porque siempre lo denunció veladamente. Socialmente, llegó un tiempo cuando solo le quedó su amor por la Naturaleza,… y mucho agradecimiento a su gran amigo Melzi, y a su también amigo y protector, Francisco I. Desde que lo conoció en la “Villa Melzi”, le proporcionó estabilidad a Leonardo Da Vinci, siendo su último benefactor; lo cual yo quiero agradecerle. Por cierto, ya muerto Leonardo, reconquistó Milán en 1.524.

Me he estado refiriendo a los momentos del día en que Leonardo, residiendo cómodamente instalado en un palacio, relajaba su mente, evadiéndose de numerosas inquietudes, se entretenía clasificando -dentro de lo posible- sus numerosos apuntes sueltos, agrupándolos, según fuesen materias científicas, o bien artísticas. Por otra parte, retocaba minuciosamente sus antiguas obras, en especial “La Gioconda”, siendo entonces cuando más pulió su técnica del difuminado, pues ya vimos que no hay indicios en el cuadro de Madrid. Es por haber dedicado tantos años a retocar “La Gioconda”, que es un perfecto paradigma, y la imagen icónica de todo cuanto pintó Leonardo. Melzí, siempre a su lado, se afanaba en preguntar para aprender; pues a Leonardo las horas le pasaban sin que pareciese advertirlo: ”Un hermoso cuerpo perece, pero una obra de arte no muere.

El simple hecho de cambiar de trabajo, ya relaja mucho, y para esas ocasiones Leonardo podía elegir entre diversas alternativas, pues la vida contemplativa, encontrándose bien, no le gustaba. Metafóricamente: Su natural era “navegar a toda vela”. El trabajo le daba vida, pero, obviamente, a la mente le conviene airearse. Incluso las águilas, que vuelan tan alto, deben descender a tierra de cuando en cuando. Por ello escribió:¡Oh, esas aves;…y pensar que las sustenta el aire! (…)”. Y eso lo dijo, porque sabía que más que nada somos aire.

Uno de aquellos días que supieron que el rey estaba de viaje (en realidad, los visitaba pocas veces a lo largo del año), desde la ventana, Leonardo y Melzi estaban observando la isla de San Juan (Saint Jean; por donde cruza el puente de 400 m. sobre la bifurcación del río Loire, en dirección a la vecina Tours). Leonardo era consciente de que estaban perdiendo tiempo, pero también agradecía los beneficios de los paseos que estimulaban su imaginación. En este punto, hay algo le quiero reprobar a Da Vinci: Desaprovechó el simbolismo de las bóvedas góticas, aunque tuvo una en su propio palacio ¿Quizá fuese por faltarlesuficientes muestras? (ramonetriu/gotico-enigmatico.html).

FOTO: SUS DIBUJOS DE BÓVEDAS GÓTICAS

EL PROYECTO DE UNA “CIUDAD IDEAL” LE DEVOLVIÓ SU ILUSIÓN

Una mañana soleada, Leonardo y Melzi decidieron pasear, y relajarse. Visitaron la población a los pies del castillo. Casualmente, escucharon comentarios acerca de la intención del Francisco I de construir un canal cerca del pueblo de Romorantin, exactamente en la confluencia de los ríos Sauldre y Morantin. Leonardo enseguida supo que él podía ayudar al joven rey a cumplir su deseo, dado que tenía mucha experiencia en obras semejantes, como cuando había solucionado la cuestión de navegar cuesta arriba, mediante su invención de las puertas “exclusas”, algo que todavía era desconocido en Francia.

Después de confirmar que, en efecto, Francisco I tenía dicho propósito, así como el de construir un nuevo campo de justas, con los correspondientes establos, Leonardo decidió consultar toda la información posible de aquel entorno, aunque estaba a setenta kilómetros lejos. Al cabo de un tiempo ya tenía un proyecto, esbozado en secreto, basándolo en tomar parcialmente las aguas del río Cher y, desviándolas, después hacer discurrir su cauce en tramos separados mediante dos esclusas. En 1.511 Leonardo volvería a dibujar los cursos de los ríos sobre un mapa de Lombardía, destacando las cuencas fluviales de los ríos Adda y Martesana, demostrando su pericia para pasar un tema específico al desarrollo de la gran panorámica de todo su alrededor. No se esmeró tanto en procurarles la exactitud tal como cuando trabajó a las órdenes de cesar Borgia, pues había sido muy novedoso contemplar las poblaciones de la Toscana a «vista de pájaro». Leonardo dibujó esquemas de un proyecto, en el cual demostró que había sido un nostálgico del estilo florentino italiano, y, al mismo tiempo, sería la fuente del renacimiento francés del siglo XVIII.

Leonardo había recogido la idea de diseñar una “Ciudad ideal” en Milán, al ser invitado por su amigo Francesco di Giorgio Martini a ver  los esquemas de su proyecto. No debió de permanecer callado, sino al contrario, le preguntó por cada detalle. En consecuencia Leonardo también diseño un proyecto arquitectónico, en el cual Milán tendría diez barrios satélites, en cada uno de los cuales habitarían cinco mil familias. El proyecto no fue ni empezado, pero años después, en Romorantin recuperó aquellos bocetos del año 1.487 para readaptarlos geométricamente con muy anchas avenidas, y dotando a la idílica urbe de casas de pisos muy altas y bien provistas de chimeneas. Por el subsuelo de las calles y plazas habría cloacas, mientras que los peatones tendrían dos niveles para circular, uno encima del otro.

En el canal lateral de Romorantín él había previsto instalar también una esclusa, ordenando: “Que la compuerta sea móvil, igual que la que instalé en Friuli”, refiriéndose al río Isonzo, que fluye al noroeste de Venecia. Sabiamente, mi biografiado previno instalar en  Romorantínunos limpiadores de estiércol automáticos, ubicándolos junto al cauce del río Sauldre. Leonardo se había tomado muy en serio a Plinio, cuando escribió: Las aguas hacen la ciudad. El plano del lugar, sigue siendo tan peculiar, que se nota la intervención de mi adorado genio. El río se bifurcaba antes de llegar al casco antiguo, para volverse a bifurcar pasada la iglesia. A partir de allí, se forman dos grandes islas que, hasta 1929 (según la Guía Michelin) estuvieron completamente desiertas.

La inquietud de Francisco I por saber en qué pasaban el tiempo sus dos protegidos, hizo que fuese informado, lo cual debió de representarle una muy grata sorpresa, planeando ir a ver el fruto de su diseño de Romorantin. Cuando pudo se reunió con ellos les dijo que estaba muy agradecido de sus esfuerzos, pero que no tenían necesidad de demostrarle gratitud, y menos con el sacrificio que suponía aquella magna obra. Leonardo presentó al rey su proyecto, con el entusiasmo de un joven arquitecto que hubiese diseñado los planos de la futura capital de Francia. Se lo mostró desglosado en varios planos a escala, y con todo lujo de perspectivas. Al terminarla, sería una ciudad como quizá las construyan en el futuro: Urbanísticamente bien vertebrada, y tenía una compleja red de calefacción central, subterránea. No podía ser menos, porque en el “Evangelio de San Juan”, su santo preferido, se menciona una idílica “Ciudad Celeste”.

FOTO: ROMORANTIN; UN PROYECTO FUTURISTA Y FARAÓNICO

El muy honorable Leonardo Da Vinci, planeó construir edificios mediante apartamentos “prefabricados” (desmontables). Por supuesto, la limpieza de las redes de cloacas subterráneas sería prioritaria. En efecto, a fin de garantizar una adecuada higiene en toda la gran urbe diseñada, previno la irrupción de nuevas pestes. Su intención fue de poner barreras, para evitar que se propagasen las epidemias, como las que asolaron la población de Italia antes de nacer él. Se le criticó que aquellas mortíferas pestes nunca las mencionase en sus escritos, pero es obvio que Leonardo trabajó para prevenirlas: La limpieza de las calles de Romorantin, se efectuarían automáticamente, canalizando agua del río que atraviesa aquella región, previamente retenidas por las compuertas de un estanque. Para llenarlo de suficiente caudal de agua, pensó hacer confluir la corriente de varios riachuelos, y así incrementar el caudal del río Sauldre.

Para Leonardo, aquel proyecto representaba una oportunidad de oro para unificar, y al mismo tiempo desarrollar, todas sus anteriores experiencias. Su gran ilusión, en los últimos días de vida, era ver sus conocimientos aplicados a la edificación de una “idílica ciudad”. Quiso ofrecer un urbanismo con base científica, donde se considerarían incluso sus estudios anatómicos. Se lee en el códice “Madrid II” (folio 67r): ”Incluso la fragancia está gobernada por leyes harmónicas, similares a la música.

En efecto, en el diseño de los jardines del palacio de Romorantin, previno emplazar fuentes que funcionarían sincronizadas al ritmo de la música. Fue un proyecto muy sofisticado, hasta el punto de dispersar a su alrededor diversos aromas para mayor asombro de los visitantes. Hacia 1.518 escribió una nota suya que cierra una exposición de geometría, con un lacónico “etcétera”. El motivo de la abreviación del razonamiento, lo incluye a continuación: Porque la sopa de verduras se enfría. (Perché la minesstra si fredda”, en British Library. Codex Arundel, f.245v). Fue uno de sus últimos escritos.

Leonardo Da Vinci, para el disfrute de su dinámica mente, había tenido su propio avión, con su paracaídas; un tanque submarino; etc.,  y todo ello lo disfrutó mientras lo diseñaba, o sea, dibujándolo. A orillas del río Sauldre, Romorantin-Lauthenay (Sologne-Francia) proyectó su “ciudad ideal “dotándola con dos niveles de calles, y dos diferentes vías, unas para peatones y otras para carruajes. Obviamente diseñó asombrosas avenidas, incluyendo grandes espacios verdes. El genio toscano concibió una gran ciudad urbanísticamente muy futurista; y no solo en lo referente a la arquitectura, sino también en higiene, en calefacción, en obras hidráulicas, comunicaciones, transporte, interacción social, etc.. Diseñó una ciudad de lujo, y futurista, tan ingente como idealista que, al conocerla bien, produce estupefacción.

Previno edificios capaces de albergar a todos los departamentos de administración pública, necesarios para gobernar del Reino de Francia. Dotó la ciudad con escuelas, centros recreativos, y con gran profusión de fuentes y obras de arte, distribuidas en las principales esquinas. En la idílica urbe de Leonardo Da Vinci, se combinaban las comodidades con las distracciones, con objeto de que sus habitantes se sintiesen “abrazados” por la arquitectura y el arte. Sus megalómanas ideas socio-urbanísticas, eran superiores a aquellas que Leonardo había leído en “La República” de Platón. A mí me parece que el diseño de la ciudad de Romorantin, fue la mayor contribución al progreso mundial de mi admirado toscano. Para que no faltase nada, Leonardo incluyó un palacio, para ser la residencia de Francisco I. Para los arquitectos y expertos en derribos, los futuros proyectos de Leonardo serían celebrados festivamente, pues además de urbanizar una vasta zona, habría que remodelar las murallas, porque las armas habían evolucionado, y las defensas medievales ya sobraban.

En cuanto al gran palacio que sería el centro de gobierno de la “ciudad ideal” de Romorantin, tendría delante mismo una gran plaza circular, y una muy ancha calzada, siendo la única vía central directa al castillo-palacio. Los edificios serían tan modélicos, que ello solo ya podría ensalzar la gloria de la monarquía. El rey, viéndose incapaz de disuadirle –pues Leonardo,conentusiasmo, mataba todas sus dudas-, le asignó gente para que hiciesen los trabajos, de modo que Leonardo haría los planes, y los presentaría a sus ayudantes de campo. Normalmente Leonardo permanecía en su estancia, diseñando, comprobando Médiciones, y otros detalles, que rigurosamente eran escritos por su colaborador Melzi, ya que tenía mejor vista. El día en que Leonardo insistió en ver los preparativos de cerca, le acolcharon un carromato, pudiendo verificar, personalmente, que sus planos eran fielmente interpretados.

SU“CIUDAD IDEAL” TAMPOCO LLEGÓ A SER CONSTRUIDA

Por desgracia, la tan idílica ciudad de mi biografiado, entonces no se construyó. No obstante, los dibujos y diseños dejados por Da Vinci, bastaron para influir en la construcción de muchos castillos franceses posteriores, pues había dibujado los de Romorantin rodeados de jardines, viñas, ríos, y con unas bonitas vistas panorámicas de las montañas vecinas. Igual que sucedió con sus pinturas profanas, también la arquitectura francesa debió mucho a la adopción del lenguaje visual italiano, debidamente adaptado al gusto de los franceses.

Pero no se quedó contento Leonardo Da Vinci. Pudo averiguar que el rey también acariciaba la idea de unir las aguas del océano Atlántico con las del mar Mediterráneo, y lo creyó posible si se lograban reunir los cauces de dos ríos. Los planos y bocetos de Leonardo en el dicho periodo, tienen un componente fantástico, quedando lejos de la rigurosa observación de la naturaleza, que tanto le había obsesionado. Mi biografiado en ellos quiso demostrar que, no solo era un visionario, sino que, cuando se lo proponía, podía ser un megalómano. Desgraciadamente, después de un agotador viaje en carromato, en el curso de las primeras excavaciones de Romorantin, Leonardo enfermó. Se postró en su lecho, y siempre estuvo muy bien cuidado. Tuvo mucho tiempo para reflexionar sobre toda su vida y sus obras, por lo que hay que creer que, de aquella crisis, también obtuvo ventajas. Viéndose indefenso, meditó con sinceridad, sucediendo que, ayudado por su amigo y protector el rey de Francia, Leonardo demostró haberse rendido a la fe católica.

Las palabras de la Biblia lo habían asaltado constantemente, pero se había resistido, convencido, como estaba, de que: ”La persona que es espiritual, no necesitaba los dogmas de cualquier religión institucional. Estaba agotado por haber luchado toda su vida, íntimamente, contra sí mismo. En cualquier caso, rendirse, le aportaba la ventaja de tener dos opciones en lugar de una (Blaise Pascal, s.XVII). De aquel lecho Leonardo se levantó durante un tiempo, aunque no le quedaba fuerza más que para retocar algunos cuadros de Vírgenes, y el cuadro de la joven dama, Lisa del Giocondo, que, a buen seguro, tuvo un profundo significado para Leonardo. Es bien evidente que la importancia que le dio, sobrepasaba en mucho a el valor artístico que podía tener. Entonces, probablemente pensase en pintarle cejas, pero no quiso faltar a su palabra, y finalmente no las incluyó.

SUS ÚLTIMOS MESES DE VIDA

Existe un probable autorretrato suyo: “Anciano Pensativo”, que lo muestra con bastón, paciente y algo melancólico, apoyado, más que sentado, en una roca. Se diría que está reflexionando acerca del paso del tiempo. Escribió: ”No he perdido ante la dificultad de los retos, sino contra el tiempo; pero ahí sí que se equivocó. A Leonardo e tiempo simplemente le concedió la inmortalidad. Por cierto, el “Anciano Pensativo”, aunque lo hizo el propio Leonardo, fue cuando tenía unos cuarenta años. La portada del libro de Bernardo Bellincioni, representó al propio autor escribiendo: «Probablemente el boceto del grabado se debiese a Leonardo, dada su mutua amistad«. (Wolfgang Liebenwein“Studiolo”; Modena-Franco Cósimo Panini 1992).

Leonardo siempre estuvo dispuesto a reírse de la edad, porque supo que lo importante es la propia vida; o la genética, por no decir la alimentación; pero cuando se sintió achacoso, todo lo volvió a observar con la misma curiosa mirada de cuando era un niño. A saber las ideas que pasarían por su mente cuando asistió al bautizo del Delfín del rey de Francia, y tuvo un recién nacido cerca. Tal vez girasen al entorno del orden y el caos, las que entonces afloraron desde el fondo de su corazón. Su amigo y secretario Francesco  de Melzi dibujó a mi biografiado en la última etapa de su vida, cuando ya tenía unos sesenta años de edad (1.510-1.512) definitivamente entonces ya  llevaba siempre barba. Antes de esa edad Leonardo todavíano no se la dejaba de forma fija. El retrato suyo más conocido fue mostrando el perfil de su cara barbuda, lo cual demuestra que fue una decisión tardía, aunque sea la más divulgada. Mi biografiado de su natural siempre tuvo un porte imponente, y un honesto trato que afianzaba su perpetuo carisma. No obstante, dejándose barba es obvio que aún consiguió realzar su imponente aspecto. En dicho retrato pintó su rostro surcado con profundas arrugas, porque quiso reflejar los sufrimientos y su resignación a la decrepitud. Sus contradicciones ya se habrían resuelto.

Cierto día de primavera de 1.519, mientras el sabio y más genial artista de la humanidad, pintaba en su estancia palaciega los labios de una de sus “Vírgenes”, de dulce sonrisa, quizá invadido por la emoción de sus recuerdos, Leonardo cayó al suelo quedando inconsciente. Al despertarse en la cama, se dio cuenta de que no podía mover su brazo derecho, y supo que tenía una hemiplejía. Era el momento de llamar al notario para hacer testamento. No le preocupaba su muerte, pero temía realmente por el destino de su inmenso legado artístico y documental. Con Francesco da Melzi, ya habían tratado del tema varias veces verbalmente. Leonardo ya contaba con su promesa de que, de ser necesario, él cuidaría de sus obras con mayor cariño que si fuesen las suyas propias.

Otra preocupación de Leonardo, debió de ser, el no haber podido concluir, tampoco en aquella postrera ocasión, los trabajos de ingeniería fluvial que deseaba ofrecer a su amigo el joven rey. Una vez más debió reconocer que era su destino quedar mal con aquellos que le habían querido favorecer: La Signoria de Florencia, los Médici, Ludovico, los Borgia, etc. ¿Qué fatal destino le hacía incumplir siempre sus compromisos? Era evidente que sucedería igual con Francisco I, quien tan exageradamente le distinguía con su confianza y honores ¿Por qué? De Nuevo, surgían las mismas preguntas que ya se hiciese desde cuando tenía cinco años de edad ¿Cómo ignorar que, la búsqueda de respuestas, había condicionado toda su vida?

La víspera de la Pascua (23-4-1.519), el genial toscano otorgó testamento en presencia del notario real de Amboise, Guillaume Borian, y siete testigos. El nombre de Salaino  (Salai) no figura entre los presentes en el acto notarial que sancionaba las últimas voluntades de Leonardo; no obstante le dejó en herencia un importante patrimonio. Según  los autores Shell y Sironi (1.982), Salai  eventualmente también lo visitó en su palacete de Clos-Lucé, puesto que su nombre aparece escrito en la contabilidad del secretario del rey (Archive National de Paris, KK 289 ; nº 38).

No se conserva el documento original, pero el texto trascendió gracias a una copia que se encontró en Romorantin. Como Leonardo nunca se había casado, y tampoco tuvo hijos, dejó como albacea, y principal heredero de sus obras pictóricas y demás pertenencias intelectuales, incluyendo las que tenía en Milán, a su discípulo preferido, Francesco de Melzi, su fiel compañero desde la infancia. La viña que Leonardo poseía en las afueras de Milán, (para algunos historiadores, le habría sido regalada por Ludovico Sforza), fue dividida entre Gian Giacomo Caprotti da Oreno y su sirviente Battista. A su hermanastro, residente en Florencia, le dejó 400 escudos.

Reproduzco sus párrafos más interesantes: «Leonardo da Vinci dona y concede a messer Francesco da Melzi, gentilhombre de Milán, en concepto de remuneración por los servicios y favores a él prestados en el pasado, todos y cada uno de los libros que en la actualidad se hallan en poder de dicho testador, así como los instrumentos y retratos propios del arte y oficio de pintor. Item dicho testador dona y concede perpetuamente a Battista de Vilanis, su criado, la mitad de un jardín que posee extramuros en Milán y la otra mitad de dicho jardín a Salai, su servidor, en el cual jardín el dicho Salai ha edificado y construido una casa, la cual será y permanecerá siempre en su poder (…) y ello en remuneración de los buenos y amables servicios que dichos de Vilanis y Salai han prestado en tiempos pasados hasta hoy. Item dicho testador dona a Maturina, su doméstica, una prenda de buen paño negro forrada de piel, una toca de paño y un pago único de dos ducados […] y ello igualmente en remuneración de los buenos servicios a él prestados por la dicha Maturina hasta hoy«. (Las monedas italianas en el periodo entre cambio de los siglos XV y XVI eran las tres siguientes: El ducado; la moneda de oro de Venecia; y el florín de Florencia, que tenían cada una 3, 5 gramos de oro, unos 11.3 euros en 2018).

«Ítem dicho testador dona y concede al dicho messer Francesco da Melzi, presente, y con su aprobación el resto de su pensión y sumas de dinero que le son debidas desde el pasado hasta el día de su muerte […]. Igualmente se dona y concede al dicho da Melzi, todos y cada uno de los vestidos que él tiene en el presente en el dicho lugar de Cloux. Ordena y quiere que la suma de cuatrocientos escudos, que tiene en depósito en manos del camarlengo de Santa María de Nova en la ciudad de Florencia, les sean dados a sus hermanos [de padre] carnales. Item quiere y ordena dicho testador que dicho messer Francesco da Melzo sea y permanezca como albacea testamentario. Hay dos mandas finales codicilares que otorgan a Battista de Vilanis el derecho sobre las aguas que afectan al canal o Naviglio di Santo Cristoforo en el ducado de Milán, concedido al testador por Luis XII, y los muebles y utensilios existentes en la vivienda de Cloux«.

EL TRASPASO DE LEONARDOME HACE SENTIR COMO “HUÉRFANO

Como buen amante de la naturaleza, no debió de temerle a la muerte, siendo probable que se sometiese a sus siempre beneficiosos ciclos: ”Quien descubra que la mente no tiene principio ni fin, entenderá que la vida se convierte en un permanente entrenamiento para alcanzar un estado libre de confusión que permite traspasar la muerte, verdadera libertad. Quien es amante de la naturaleza, incluso puede descubrir prematuramente que tiene un rostro “amable”. La liberación de su espíritu, yo la compararía al vuelo de las aves, que tanto le fascinaban: ”La mente se nutre de lo que la naturaleza nos muestra”. También había llegado la hora de reconocer una cierta fecundidad, pero ahora habría que mencionar los que fueron  fruto de sus propios errores. Aunque, también se los deben considerar, como descubrimientos de un individuo libre, cuando sigue su intuición.

Lo comprendió, cuando se vio en su lecho de muerte. El gran Da Vinci pidió un sacerdote para confesarse y recibir todos los sacramentos. Después del Viático lloró, quizá arrepentido de sus años de engreída autosuficiencia. Lo cual es extraño, porque Leonardo era un ser tan perfeccionista, que nunca se rendía ante las dificultades. Por ello, algunos opinan que Leonardo, siendo depositario de todos los secretos del mundo, pudo hacerlo para mejor garantizar la salvaguarda de sus obras.

La tradición cuenta que, Leonardo Da Vinci murió en brazos de Francisco I, en Clos Lucé, supuestamente por no querer morir en un lecho. En mi opinión, lo más probable es que se viese obligado a levantarse de la cama con ayuda de otros, pues tan solo podía sostenerse de pie si lo sostenían dos personas, sujetándolo por sus brazos. Probablemente Leonardo Da Vinci se viese obligado a pedirlo, con gran insistencia, debido a un inoportuno dolor muscular, exponencialmente en aumento si no se ponía de pie (eventualmente, yo lo padezco). Aquel dolor insoportable, le afectaría la pantorrilla de alguna pierna.

Suponía que la causa de aquel insufrible dolor, era reflejo de un pinzamiento de su columna vertebral, pues lo padecía intermitentemente desde muchos años antes y sabía bien como calmarlo. Por ello, yo opino que tal vez fuese cierto que murió de pie. Leonardo traspasó a mejor vida a la edad de sesenta y siete años (2-5-1.519), siendo enterrado en la capilla de Saint-Hubert, de Amboise (Valle del Loira). La solución al máximo problema de la humanidad, se le reveló el día que falleció el universal “Poeta de la luz”. Por su perenne afán de trabajo, yo puedo presentar sus últimas actividades diciendo que “murió con las botas puestas”.

En contra de la opinión de tantos escritores -y pintores- que dejaron testimonio de que Leonardo Da Vinci murió en brazos del rey Francisco I, murió a los sesenta y siete años de edad,el día dos de mayo de 1.519. Habían transcurrido tres años desde su llegada al palacete de Cloux Lucé, bajo el generoso mecenazgo del rey Francisco I, que lo tuvo por un verdadero amigo y supo apreciar su genialidad múltiple, como nunca nadie lo había valorado antes. Estaba convencido de que Leonardo era el más sabio de todos los sabios.

Su sincera amistad quedó probada cuando el rey, que se encontraba en el castillo de Saint-Germain-en-Laye celebrando en nacimiento de su segundo hijo, al ser informado de que Leonardo estaba gravemente enfermo, varios testigos presentes relataron que el rey, a pesar de vivir una jornada tan feliz, al serle comunicada la gravedad de su amigo, el rey,  se puso a llorar desconsoladamente. Sin pensarlo dos veces, partió rápidamente para hacerle compañía en su lecho de muerte. A sus delegados les dejó firmados los acuerdos que tenía previsto tramitar en persona, el cual recurso hizo posible que en la posteridad se creyese que, cuando Leonardo traspasó, Francisco I no habría tenido tiempo de estar junto a él en Cloux Lucé.

FOTO: PALACIO Y TUMBA DE LEONARDO DA VINCI

De acuerdo con sus últimas voluntades, Leonardo Da Vinci fue inhumado en la capilla de capilla de Saint-Florentin deClos Lucé, para demostrar que los toscanos nunca fueron por él olvidados. Susrestos si que permanecieron largo tiempo olvidados, hasta que aquella iglesia fue destruida. El conde de París se dio cuenta de la injusticia, en 1874, haciendo que se exhumase y por segunda vez se volviese a inhumar en la capilla de Saint-Hubert, en el castillo de Amboise, donde su tumba (recibe 400.000 visitantes cada año). Después de su traspaso, los hechos históricos informan de que, al cabo de un año, el rey Francisco I, teniendo su proyecto terminado, hizo todos los preparativos para llevarlo a cabo, pero sucedió que una epidemia de malaria se llevó a la tumba a numerosos trabajadores de la misma zona en que Leonardo se había movido.

Es por tal circunstancia, que, tal vez el genio toscano no muriese de un ictus, sino debido a las secuelas de la malaria por falta de quinina. Viendo aquel gran desastre, el desolado rey de Francia detuvo la construcción de su nuevo palacio. No tuvo más remedio que abandonar su sueño, por fuerza mayor. De haberse llevado a cabo, se habría anticipado en trescientos años a la construcción del palacio de Versalles, ordenada por Luís XIV.

Francisco I, al menos pudo hacer muchas otras mejoras arquitectónicas en el castillo de Chambord (Valle del Loira), renovado el mismo año que murió Leonardo. Lo hizo, siguiendo los bocetos y planos que le había dejado especificados, incluyendo puertas que se abrían solas, desecación de un pantano, etc. El rey Francisco I no restauró el castillo de Chambord para residir en él (solo lo habitó setenta y dos días), sino para presumir de haber tenido a su servicio el gran genio arquitectónico de Leonardo Da Vinci. De sus construcciones anteriores y posteriores, el rey suprimió cuantos vestigios militares defensivos habían sido antes imprescindibles y, en lo posible, copió el estilo renacentista italiano.

La gran técnica desarrollada por Leonardo, gracias a su imaginación, y con ayuda de las matemáticas, le capacitó para diseñar una escalera de doble evolución, que el rey de Francia quiso realizarla el mismo año en que murió el muy honorable toscano. En efecto, hizo construir la monumental escalera de doble tránsito, que fue icónica de su renovado castillo. Leonardo no la pudo ver, ni tan siquiera sus cimientos de planta hexagonal, pero debió imaginársela perfectamente cuando previno que, ni al subirla ni al bajarla, se cruzasen los nobles con los plebeyos.

Cualquier albañil sabe la dificultad de trazar una escalera normal, pero Leonardo tenía una gran destreza en tales diseños, porque algunos podían remontarse a sus experiencias previas en Italia, incluyéndolas, a veces, en jardines palaciegos. Su genialidad se superó diseñando la maravillosa escalinata de evolución superpuesta (se accede a la real capilla), siendo en la actualidad la principal atracción turística del castillo de Chambord.Es una obra digna de Leonardo, pues los que suben por una, y los que lo hacen por la de encima, no se pueden ver. Una muy ancha escalera diseñada en espiral de doble tránsito, hoy puede ser utilizada al visitar el famoso Museo de la Ciudad del Vaticano, donde recibe el nombre de «escalera logarítmica».

La magnitud del mito de Leonardo Da Vinci, es tan impresionante como su legado. En efecto, sobre su persona recayeron muchos bulos, y expongo unos ejemplos. Durante muchas décadas después de haber fallecido mi biografiado, se siguió recordando insistentemente una leyenda que él mismo fomentó. Admitía que había recibido todo su saber: ”(…) de una mujer que no era de este mundo». De ser así, sin duda la pintó ocultando su identidad. También se dice que Leonardo mismo advirtió que: «Será descubierta cuando los tiempos así lo requieran (…)”. Otros autores opinaron que Leonardo: ”Fue, y regresó, de otros mundos explicando lo que vio en ellos”. Muchos lo creen, pues hasta las más pueriles leyendas llevan el germen de un suceso real, en el cual se apoyan, conservando aquello que, por las razones más diversas, la historia ha manipulado y hasta destruido.

Leonardo es bien sabido que tuvo muchas otras habilidades, como: fluidez y flexibilidad mental, apertura de miras, y su enorme sensibilidad para definir la causa de los problemas. Decía Leonardo: «Amo a aquellos que pueden sonreír con los problemas, que pueden tomar fuerzas de la angustia y crecer valientemente por la reflexión. Aquellos cuya conciencia apruebe su conducta, perseguirán sus principios hasta la muerte”. Su mayor virtud, no obstante, la sintetizó su amigo y heredero Giovanni Francesco de Melzi (doce años menor que Salai), que también le sirvió como secretario. Escribió: ”Los sentimientos de Leonardo eran una mezcla de amor y de pasión”. Melzi escribió una carta a los hermanos de padre del fallecido, para notificarles la muerte de Leonardo. En su misiva, confesaba lo siguiente: ”Fue para mí el mejor de los padres. Mientras conserve un hálito de vida en mi cuerpo sentiré la tristeza de su pérdida. Todos los días me dio pruebas de sentir, por mí, el más apasionado e intenso afecto”.

EL LEGADO DE LEONARDO DA VINCI

Francesco de Melzi se llevó todas sus obras de nuevo a Italia, excepto “La Gioconda”, que no pudo negarse a venderla al rey Francisco I. Quiza aquello fuese la causa de la miríada de pequeñas grietas en la laca desecada de la Mona Lisa del Museo del Louvre de París. Melzi regresó a Italia almacenando las obras de Leonardo en la “Villa Melzi”, donde había nacido y residió siendo niño. Melzi, siendo albacea del genial toscano, administró su herencia durante los cincuenta años posteriores a la muerte de su querido Maestro.

Melzi, por haber sido muy consciente del gran valor de su legado artístico, se dedicó a ordenar y catalogar lo mejor que pudo, las miles de hojas con anotaciones y dibujos. Aquel joven amigo, secretario y pintor, se pasó cincuenta años tratando de poner un poco de orden en las notas de su Maestro y gran amigo, pero no fue capaz de atreverse a editar nada. Todo el ingente material lo heredaría en 1.570 su sobrino Oracio, un abogado que fue igual de impotente, evidenciando ser insensible la admiración que despertaban las obras de Leonardo Da Vinci.

Los términos utilizados por el biografo Vasari para refereirse al aprecio de Leonardo por Salai, son idénticas a las que  habría mantenido con Melzi, al que cariñosamente apodaba “Cecho”. Éste, a la muerte de Leonardo, hay que decir que se comportó con su esposa -una de las mujeres más ricas y la más bella de todo Milán- de forma plenamente heterodoxa, llegando a ser padre de hasta ocho hijos.

En 1.570 Melzi murió, y todo lo heredó su hijo Oracio, a quien le fueron robados algunos cuadros. En realidad, no supo valorar aquel importante legado. Al morir Oracio, en 1.610, las demás obras comenzaron a dispersarse, de forma que se perdieron dos tercios de sus documentos originales. Todo cuanto se pudo reunir de mi genial biografiado, fue considerado una obra de arte apreciadísima. En la actualidad se conocen unos trece mil documentos, de los cuales la mayoría se conservan en los archivos de la Ciudad del Vaticano. Leonardo Da Vinci pintó tanto temas sagrados como profanos. En total, al menos unas veinticuatro obras-cuatro de ellas inacabadas-, y otras cinco las pintó con asistencia. En otras dos colaboró con su polifacético maestro Verrocchio: “Bautismo de Cristo”, y “La Anunciación”. A otras dos se les perdió el rastro.

Oracio de Melzi, a través de Lelio Cavardi, intentó vender trece manuscritos al duque de Médici, pero fue en vano. El genial toscano dejó una serie de tratados, que fueron recopilados, en el siglo XVI, por el coleccionista Pompeo Leoni, quien reunió escritos del genial científico Leonardo da Vinci, en doce volúmenes, que contienen 1.119 páginas. Aquel legado, entre 1.968 y 1.972, fue debidamente restaurado por los frailes del Laboratorio para la Restauración de Libros y Manuscritos Antiguos de la Abadía de Santa María de Grottaferrata.

Pompeo Leoni compró todas las patentes que encontró de mi biografiado, incluyendo sus sabias normas de: Aerodinámica, anatomía, arquitectura, astronomía, botánica, escultura, física, geología, geografía, hidráulica, ingeniería, mecánica, pintura, zoología, etc.. El mismo Leoni ya había separado los apuntes científicos, artísticos y anatómicos, religándolos en dos álbumes para evitar que de nuevo fuesen dispersados. Uno de ellos lo tituló “Codex Atlanticus”, así llamado por su gran tamaño. Finalmente, éste fue donado por el conde Galezzo Arconatti a la Biblioteca Ambrosiana de Milán, el año 1.637, junto con otros documentos, quedando allí olvidado varios siglos. En cuanto al “Codex Windsord, Galezzo Arconati tuvo la inciativa de reunir en él todos los estudios anatómicos del artista, actualmente guardados en el castillo de Windsord, siendo propiedad de la Corona Británica.

En el siglo XVII sus códices se repartían entre las ciudades de Milán, Madrid y Londres. Napoleón, en 1.795, hizo trasladar al Institut de France, de París (Manuscritos A-M), muchas de las que encontró en Milán, así como bastantes más procedentes de la Biblioteca Ambrosiana. Solo después de celebrarse el Congreso de Viena, en 1.815, el “Codex Atlanticus” fue devuelto a Milán. Otros tres códices llegaron a Inglaterra, siendo adquiridos por John Froster, quien los regaló al “Victorian and Albert Museum” de Londres. En el Museo Vaticano se guarda el “Codex Urbinas” con las pinturas de Leonardo reunidas por Melzi al fallecer su maestro. También se conservaron copias de figuras realizadas por mi biografiado en el “Codice Huygens”. Lamentablemente los originales desaparecieron del museo donde las guardaban. Entre tanto trasiego, y por su deterioro, se perdieron muchos documentos por razones muy diversas. Pero dicho infortunio, paradójicamente alienta la esperanza de que, en el futuro, otros posibles hallazgos de Leonardo Da Vinci sigan dando sorpresas.

Veinte años después de su muerte, su amigo el rey francés Francisco I, en un comentario recogido por Mario Lucértini, le confesó al escultor Benvenuto Cellini: “Nunca ha habido otro hombre nacido en el mundo que supiera tanto como Leonardo; no únicamente en pintura, escultura y arquitectura, sino en filosofía”. Así añadió una alabanza a su gran humanidad. Por cierto, al rey Francisco I, a pesar de ser tan docto amigo de ciencias y artes, no le salieron bien sus planes. En efecto, luchó en vano contra Carlos V (I de España, en 2.016), para conseguir la Corona imperial alemana, el Milanesado y la Borgoña; pero Carlos V lo derrotó. Leonardo, entonces, ya hacía seis años que había fallecido. Curiosamente, éste soberano tuvo una vida casi paralela con la de su rival Carlos I (V de España). Entre otras cosas, ambos fracasaron al pretender conseguir la hegemonía en la Europa de su tiempo.

El principal escenario de sus enfrentamientos estuvo el Norte de Italia. Carlos I hizo prisionero al rey de Francia, encarcelándolo en Madrid. Lo liberó después de cobrar un rescate, y hacerle pronunciar solemnes promesas de paz,…las cuales Francisco I incumplió al verse libre. Además, se alió con los protestantes y los turcos, para seguir luchando hasta su muerte. El aspecto físico del rey Francisco I varió tanto como su conducta, pues, años después de haber muerto Leonardo, cambió de carácter, respecto a los años que vivió cerca de él.

La historia nos recuerda que el rey Francisco I finalmente conquistó Roma. Pero es que también cargó con grandes impuestos a sus propios súbditos, a fin de incrementar susreales arcas. Da la sensación de que las ideas de Macchiavello, hubiesen contagiado al rey de Francia, a través de Leonardo Da Vinci. Quizá Leonardo lo admitiese, reconociendo ser un: ”hombre poco inteligente (…) disscepolo della sperientia (así lo afirmó en un escrito).

Referente a lo que Leonardo opinó de su ingente trabajo, solo pudo sentir un sincero orgullo, en especial por su revolucionario método creativo. Por otra parte, escribió Vasari: Leonardo, ante la presencia de Francisco I, lamentó: “(…) cuánto había ofendido a Dios y a los hombres del mundo por no haber trabajado en el arte como convenía«. (Delle vite de’ più eccellenti pittori, scultori e architettori. Firenze: Giunti, 1.568, pp.10-11). Tal vez fuese otra “invención” más, del dicho biógrafo. Antes de nacer Leonardo Da Vinci, nadie supo extraer tantas posibilidades del arte de pintar. A pesar de ser el mejor, en tantas disciplinas y obras de arte, el gran idealista toscano, tan solo se sintió verdaderamente satisfecho con la sutil calidad que admiramos su última versión de “La Gioconda”.

Por lo demás, actuó como si fuese indiferente a las quejas -y hasta amenazas-, de sus clientes, pues el único maestro al que Leonardo Da Vinci reconocía, era el arte en sí mismo. Es lo que quiso significar cuando escribió: ”El arte nunca se acaba, sólo se abandona; pues, para Leonardo, su objetivo final era el acto mismo de crear. Aunque pueda parecerexagerado, el resultado final  de sus obras le importó menos, que el placer de encontrar retos nuevos para desarrollarlos. Leonardo fue un espíritu libre, e independiente; un rebelde natural, que fue más allá de lo ordinario, como hace evidente su monumental corpus de trabajos, del cual una sola hoja, hoy vale millones de euros. No me imagino cuanto podría valer aquella página en la que recogió las manifestaciones de la naturaleza; algo que, en la antigua Grecia, una colectividad de filósofos especializados tardaron muchos años en recopilar.

Mi muy honorable biografiado, fue una persona poseída por un incansable afán de aprender, y tras su paso por este mundo nos dejó un legado, consistente en obras de arte, e ideas impagables. Afirmo que, muchos conocimientos utilitarios, y otros artilugios artesanos (excepto los que necesitan de la electricidad), ya fueron pensadas por Leonardo Da Vinci durante el Renacimiento italiano. Es un referente, del cual todas las generaciones podemos considerarnos haber sido sus beneficiarios.

FIN DE LA “PRIMERA PARTE” (TRILOGÍA) © Ramón Ramonet Riu – Barcelona, 2.019-2.020

PRINCIPALES OBRAS DE LEONARDO DA VINCI (2ª PARTE)

INTRODUCCIÓNLAS NUMEROSAS EXPOSICIONES CONMEMORATIVAS

Además de las que ya anticipé, hay que decir que, en esse tiempò que yo escribo su trilogía, en la misma estancia de Santa María Novelle, donde Leonardo Da Vinci pintó por última vez en Florencia, se está celebrando una magna exposición en su honor que durará prácticamente hasta fin de año 2.019. Fue organizada por el ayuntamiento y otras varias entidades, que la titularon: ”La Botánica de Leonardo”, poniendo énfasis en que fue un pionero del pensamiento sistemático. Se exponen sus aportaciones en el mundo de la botánica, uno más del amplio espectro de las disciplinas científicas que dominaba.

Precozmente mi biografiado había aprendido a ver la naturaleza como una red de elementos independientes, pero intrínseca y sutilmente conectados, porque el intuitivo Leonardo nunca estudió nada de forma aislada, al creer que todo podía entenderse como un fenómeno conectado a otro. Escribió: ”La ciencia, el arte y la ingeniería, se logran mediante la observación directa y la investigación científica del mundo natural, del cual todos participan de la misma visión creativa,… una «segunda naturaleza. Así fue como el genial toscano averiguó la edad de los árboles aserrados, contando sus anillos concéntricos; la posición de las hojas en sus ramas; etc.. Leonardo Da Vinci tuvo un campo unificado de conciencia, y buscó una visión integral de sus conocimientos, procurando aunar todas las disciplinas que dominaba.

En dicha exposición de Florencia, se incluyen tres manuscritos originales del “Codex Atlanticus”, que recoge en imágenes lo escrito en el libro del físico Frijof Capra, titulado “Leonardo y la Botánica”, donde se escruta el amplio universo de aquella sabia mente, que entendió-como yo-, que son indisolubles el arte y la ciencia; de lo cual espero convencer al lector, por el simple hecho de que en esta trilogía incluiré ejemplos de ello. Por mi parte, reconozco que poca gente estará preparada, pero tal vez con mi testimonio puedan vislumbrar la luz,… como cuando, al entreabrir una puerta para salir a la calle, se observa una deslumbrante rendija vertical.

FOTO: “LA GIOCONDA” DEL “MUSEO DEL LOUVRE”

Al reflejar emociones humanas, con sus misteriosas e indefinibles cualidades, “La Gioconda” fascinó a generaciones de amantes del arte, aunque su “pose” estática es totalmente engañosa. A primera vista, parece que esta pintura es de una retratada que está en reposo absoluto, pero ella no está tranquila. Está impregnada del espíritu de la contradicción dialéctica a todos los niveles. Al observarla más de cerca, vemos que es cualquier cosa menos una joven relajada. Su mirada misteriosa, es ambigua y contradictoria respecto a algo que no podemos ver, siendo ese el aspecto más llamativo de la imagen.

Todas las otras “Giocondas” de Leonardo Da Vinci, se contagiaron del mismo valor enigmático. No obstante, yo afirmo que puede ser descifrado, aunque para conseguirlo se deben tener en cuenta su técnica, su historia, su leyenda, etc.. Todo ello ya se hizo, pero sin dar la importancia debida al factor humano. La bibliografíadel cuadro “La Gioconda”, en todos los países es tan numerosa, como la del propio autor Leonardo Da Vinci.

A partir del cambio de siglo, su fama todavía aumentó más exponencialmente, por la facilidad que popularmente ofrecían las nuevas tecnologías para compartir la icónica imagen, como si la hubiesen puesto en su “punto de mira”. El resultado fue que, al observar su misteriosa “no sonrisa”, las nuevas generaciones quedaron hechizadas. Había pasado de ser una obra de arte famosa, para consolidarse como el más simbólico de los cuadros que había sido pintado por Leonardo. No interesaba tanto la persona representada, ni tampoco que Leonardo Da Vinci fuese el retratista que la pintó, pues la obra pictórica, por si misma, se convirtió en motivo de una general devoción.

Según Oscar Wilde: Es una pintura que se nos aparece más maravillosa de lo que es, revelándonos un secreto del cual ella (la Gioconda) en realidad no sabía nada. El retrato, en general, y su “no sonrisa”, en particular, constituyen uno de los máximos exponentes del arte pictórico mundial. El cuadro de “La Gioconda” empezó siendo uno más, de un retratista florentino a una agraciada joven florentina. Con el paso de los años, se agigantó, hasta convertirse en el retrato que, sutilmente, mejor refleja las emociones humanas.

El retrato a Doña Lisa, alias “La Gioconda”, debió de serle encargado a Leonardo Da Vinci en la primavera del año 1.500, cuando (por ausencia de referencias), se supuso que Leonardo Da Vinci no tenía trabajo en Florencia. La primera mención documentada de «La Gioconda” del Museo del Louvre, de París, consta catalogada el año 1.503. El teórico Giovani Pablo Lomazo, en una publicación del año 1.589, creyó que en realidad habían dos cuadros del mismo tema: “La Mona Lisa” y “La Gioconda”. En el siglo XVI “La Gioconda” ya era un cuadro famoso por haber alabado su “verismo” el pintor y crítico Giorgio Vasari, refiriéndose a su realismo. Pero a mí no me lo parece. Leonardo Da Vinci pintó a una chica muy joven, pretendiendo incrementar su edad, para hacerla más digna. No se explica que no le quitase las dos verrugas, que sigue teniendo en las comisuras izquierdas de cada ojo, junto a su nariz. Pero, es que tampoco le pintó cejas ni pestañas, a pesar de que, se dice, que pasó al menos cuatro años para entregárselo; lo cual, parece que finalmente tampoco hizo.

Creyendo que la ausencia de cejas, era un detalle menor, no faltó quien lo justificó, suponiendo que, al limpiar el retrato, accidentalmente se las habrían borrado. La gran novedad técnica de Leonardo Da Vinci, como pintor retratista, consistió en ofrecer un cuadro con un falso efecto tridimensional. Lo consiguió mediante una contraposición, ayudándose con un difuminado inteligente de los contornos; un recurso que él descubrió y con el paso de los años mejoró. Sobre la base de la carne color de rosa, mezcló barniz marrón con óxido de hierro (ahí está el secreto), y lo aplicó, con sus dedos, sobre la base rosa de las mejillas, consiguiendo así el difuminado de los bordes. En tiempos de Leonardo Da Vinci, era el mejor modo de pintar a una mujer y conseguir su sincera gratitud. Siglos después, los fotógrafos descubrieron que podían obtener el efecto parecido, envolviendo el objetivo de sus cámaras con una media de nilón (borroso flou).

Gracias a la técnica del sfumato, o neblina que difumina los límites de los perfiles, una vez que lo terminó, Leonardo pudo haber pedido a su cuadro “La Gioconda”, lo mismo que el escultor Miguel Ángel le gritó a su escultura de David, cuando estuvo terminada: “¡Habla!. Porque, en efecto, a “La Gioconda” solo le falte hablar. Está relajadamente sentada, con serena mirada, y no se la ve nada fingida. Lo cual, no obsta para que se hayan escrito diferentes opiniones: «Disimularía su superioridad; sería bondadosa pero también cruel; amaba a la vez que se sentía orgullosa; que si tiene ”un-no-sé-qué” de promiscuo y rechazante, etc.». Leonardo inicialmente quiso escribir siete  tratados  sobre dichos efectos, pues son la base cientifica de su pintura…pero nunca  los escribió.

Leonardo Da Vinci, lo evidente es que sintió algo al realizar el retrato La Gioconda ya que le estimuló para superarse en su creación. Tal vez el artista toscano se dejó cautivar por unos ojos que le hechizaban. El hecho de que, sin dejar de mirar al frente, “La Gioconda” nos ofrezca su mitad izquierda mejor que la derecha, indica que, la joven retratada trataría de conectar; primero, y sobre todo, con el autor del retrato; y después, con cuantas personas lo contemplen a lo largo de los siglos.

“La Gioconda” sobresale de entre las obras principales de Leonardo, por lo cual en el siglo XX fue objeto de una febril “giocondo-latría”. La dignidad y la sencillez, fueron factores claves; siendo las directrices más valoradas, en las Bellas Artes del Renacimiento. Pero aquellos cánones, de prestancia y elegancia, para ofrecer comprometidas obras figurativas, hoy han sido olvidados. A Leonardo Da Vinci probablemente le gustaría saber lo mucho que sigue gustando, en el siglo XXI, gracias a las nuevas tecnologías. Pero también creo, que le disgustaría la impostura, y ausencia de compromiso, que ha invadido el arte, pues la icónica “La Gioconda” es respetada. Al contrario, se la elige para, sin motivo ni pudor, hacerla objeto de mofa, al no ser capaces de crear nada bello ni positivo.

Es una reacción semejante, pero a la inversa, de lo sucedido a la imagen de Marylin Monroe, que reapareció para convertirse en un icono de la publicidad mediática. Si antes había “giocondó-filos”, hoy en las redes sociales y en la publicidad, triunfan los “giocondo-clastas” ridículos (entre los cuales se destacó el pintor Dalí); pues la disfrazan de una forma tan infame, que si dichos “artistas” se intro-inspeccionasen, sentirían lástima de si mismos. Desde el año 2.006, al retrato de “La Gioconda” le han superpuesto tanto, diseños frívolos y asquerosas, como matemáticos y geométricos (Bagni D’Amore). Por supuestísimo que hay muchas empresas comerciales que, pícaramente, adoptaron el nombre “Gioconda”. Pero seguro que ignoran que su autor fue, además de excelso pintor, un gran científico, filósofo y músico, de inventiva inagotable y un personaje capital entre las élites de la cultura europea.

EL ROBO DE “LA GIOCONDA”

Un nacionalista italiano, el carpintero Vincenzo Peruggia, ex empleado del Museo del Louvre de París, uniformado como un obrero, descolgó el cuadro y separó la tabla de su marco, para llevarse la célebre pintura, consiguiendo salir de aquel gran museo de París sin que nadie se diese cuenta (21-8-1911). Lo más curioso (y demostrativo de su poca fama de entonces), es que tardaron dos días en notar su ausencia. Las mentes detectivescas más agudas, atribuyeron el robo a un hombre, elegante y refinado, que se imaginaban debía de ser algún millonario caprichoso. Nunca pudieron sospechar que hubiese podido robarla un simple obrero.

A partir de su desaparición, el retrato se convirtió en mucho más que un cuadro, atrayendo a masas de visitantes que solo querían contemplar el espacio vacío en la pared del museo donde había estado colgada la obra “símbolo del arte de pintar” (Leader, 2.014-p.17). Durante dos años, el oportunista ladrón mantuvo en vilo a la policía francesa. A partir de la noticia de su robo, la fama del cuadro se universalizó, y la catapultó de tal forma, que empezaron a venderse fotos en blanco y negro de “La Gioconda”, así como otras láminas, que se dibujaron en color, resultando un lucrativo negocio que parecía ser imparable.

La obra estuvo perdida, hasta que el italiano V. Perrugia, fracasó en su intento de venderla en Florencia. Finalmente, contactó con la diplomacia Francesa, cuando ya habían perdido toda esperanza de recuperar “La Gioconda”, pues incluso la habían desclasificado. Se llegó a un acuerdo con el ladrón, quien finalmente devolvió el original (3-1-1914). Al entregarse, lógicamente lo detuvieron, pero había logrado un acuerdo previo. Su condena se redujo a siete meses de cárcel. El ladrón del cuadro más reverenciado de la historia, se justificó arguyendo que lo suyo había sido un acto patriótico, pues lo consideraba un expolio a su país. Según Théophile Gautier:Aquel robo tenía mucha justificación, porque V. Perugia se había vuelto “loco de amor”, por aquella joven que sonreía enigmáticamente (…) La patina del tiempo había mejorado la boca por un progresivo oscurecimiento (…)  Esfinge de la belleza, que nos sonrie misteriosamente«.

Entre los siglos XVII al XIX, la fama de «La Gioconda» había languidecido, pasando casi ignorada, pero a partir del robo, dada la importancia del Museo del Louvre, se creyó un acto tan inaudito, que empezó su fama de «mujer fatal» en Francia, cuyos románticos dieron comienzo a la «Lisa-manía». Para muchos, fue la icónica nueva: «Bella Esfinge, que sonríe misteriosamente, superando la de Giza en Egipto». Antes de la Segunda Guerra Mundial, poco faltó para que el cuadro «La Gioconda» volviese a ser robado (Chanel, 2014). En previsión a que se repitiese, la universalmente admirada «La Gioconda», alcanzó un récord Guinness: «Es la póliza de seguros más cara de entre el resto de obras de arte».

La recuperación del cuadro, y su regreso a París, causó una alegría generalizada en el mundo del arte. Jules Mitchelet escribió: «(…) Uno se siente fascinado y aturdido por su extraño magnetismo (…) Su presencia me atrae, me subleva, me consume. Acudo a ella a mi pesar, como acude un pájaro a la llamada de la serpiente (…)». No faltó quien la presentase a las masas como una niña hambrienta de sexo, pero como esta bien demostrado los comentarios negativos aun la hicieron mucho más famosa.

A partir de entonces “La Gioconda” empezó a estar popularmente de moda, imprimiéndose miles de copias del original. También triunfaban sus ridículas parodias, empezaron a divulgarse en carteles de cine, posa-vasos, portadas de libros y revistas, así como estampándose su busto en todo tipo de souvenirs de París. En las actuales redes sociales, su rostro aparece vestido con diversos disfraces. Durante los más de dos años que retuvo “La Gioconda” en su poder, la reprodujo media docena de veces; y tal vez le aplicase métodos para envejecerla, por lo cual también fue acusado de menoscabar el valor del verdadero original.

Al parecer, en total vendió  seis copias a museos americanos. Por aquel entonces, ya se le suponían existentes otras cincuenta y dos versiones. Del propio estudio de Leonardo, se calcula que, al menos, salieron otras tres copias. En la actualidad existen, en total, sesenta y cinco copias de “La Gioconda”, que no son originales (cuando yo concluya esta trilogía, ya sean bastantes más).

LOS VIAJES DEL FAMOSO CUADRO “LA GIOCONDA”

La mayor preocupación por el famosísimo cuadro, los administradores del Museo del Louvre de parís la sintieron precisamente cuando no lo tenían en su museo. Sucedió en 1.963, cuando viajó a Washington (Estados Unidos) para ser expuesta en la “National Galery”. Aquel año aún tenían el susto de cuando, en 1.911, había sido robada. Tampoco podían olvidar cuando, en el propio Louvre ”La Gioconda” fue rociada con gasolina (1.956); o cuando fue golpeada con una piedra; y todavía cuando en 1.960 fue acuchillada en el Museo de Sofía (Bulgaria).

En consecuencia, para aquel viaje a Washington se tomaron todo tipo de precauciones, porque se trataba de establecer un nuevo entendimiento entre el presidente francés De Gaulle y el presidente J. F. Kenedy. La concordia no pudo ser sellada, pero ”La Gioconda” tuvo un gran éxito; no solo por ser provechoso para los 17.000 visitantes que la admiraron, sino porque la imagen fue conocida universalmente, viéndose su fama agigantada. La pregunta de moda, en todo el mundo, era: «¿Entre la esposa del presidente Kennedy y “La Gioconda”, cuál de las dos sonríe mejor? «.

En vista del éxito, en 1.974 el mejor cuadro de Leonardo Da Vinci volvió a viajar al Japón, envuelta con un clamor semejante, solo que allí nació la “giocondo-manía”, al haberla disfrazado de Geisha. Antes de regresar a París, el cuadro hizo escala en Moscú, donde también generó entre los intelectuales una admiración, que la acabó de mitificar. La inocente joven retratada se había convertido la mejor embajadora del gobierno francés, pudiendo afirmarse que, entonces, su popularidad tenía mucho más auge que el de su autor Leonardo Da Vinci. Los japoneses, en agradecimiento, regalaron al Museo del Louvre un marco de protección, llamado “jaula de oro”. Es a prueba de balas, y con climatización, que ha protegido desde entonces al más famoso cuadro del Francia.

Su proteccion hace que se legislase que por decreto de 1.980 “La Gioconda” (Mona Lisa) nunca pueda volver a salir de Francia. Pero nadie se atrevió a restaurarla, sobre todo, porque en el Museo del Louvre no tenían taller de restauración. Tampoco tenían a nadie de tanta confianza técnica como para encargarle su limpieza, pues muchas veces sucede que alguna obra se la desvirtúa. Realmente daba miedo correr tanto riesgo para que recobrase su aspecto original. No olvidemos que se trata del principal logo de las artes del mundo occidental. La decisión está entre: Esclarecer el cuadro, o mantener el mito de “La Gioconda”.

MI EXAMEN DEL CUADRO ORIGINALEN EL MUSEO DE LOUVRE

La primera vez que en mi juventud visité el museo del Louvre de París “La Gioconda” me decepcionó. No fui capaz de distinguir nada que la hiciese especial. Siendo tan famoso, me pareció muy pequeño (77×53 cm.), y la joven, poco agraciada. Además, vi  “bolsas” en sus párpados inferiores que, no me parecieron propias de su edad. En la gente mayor es diferente, pero en jóvenes, se debe a la obstrucción de las glándulas sebaceas, y tiene tratamiento quirúrgico. Coincidimos en visitarla un día que casi no tenía más admiradores que mis familiares y yo. Para resaltar su importancia, habían impedido acercase a “La Gioconda”, tendiendo una cuerda que limitaba la aproximación, de modo que no se pudiera tocar ni extendiendo un brazo. Lo más curioso fue la sensación de que su mirada me seguía, incluso cambiándome de lugar. Por ello se la considera una imagen ubicua.

La joven Doña Lisa, al retratarla tendría unos veintitrés años -según nos explicó la guía-, pero extrañamente, me fijé en que no tenía cejas ni pestañas. Tampoco destacaba de los otros dos cuadros que tenía a cada lado. No obstante, posteriormente yo seguí interesándome por cuantas noticias mencionaban el más famoso retrato de Leonardo Da Vinci, cuya personalidad siempre me había interesado. La primera vez que visité Florencia, reconozco haber comprado compulsivamente un libro, al verlo profusamente ilustrado en color, el cual solo estaba titulado con su nombre. Hasta regresar a mi hogar, no me di cuenta de que estaba escrito en alemán;… no olvido el esfuerzo que me supuso leerlo, pues entonces lo estudiaba. A los lectores no les afectará que “La Gioconda” sea mi pintura preferida, pues saben que su fama es insuperable. Lo nuevo, en estas líneas, es que yo presentaré aspectos que siempre antes pasaron desapercibidos.

Para no fatigar al lector, expurgaré el ingente aluvión de datos, tanto como pueda… Aunque no siempre, dado que cuando empecé a escribir esta aproximación a la vida y obra de Leonardo Da Vinci, yo ya sabía que en esta biografía incluiría circunstancias,suyas y mías, sobre las cuales me gustará extenderme en la “Tercera Parte”.  En el texto de esta trilogía, me complace presentar, en síntesis y en cursiva, un extracto de las directrices de la muy interesante hipótesis de trabajo del historiador J. L. Espejo, porque, muy competentemente, desgranó una larga serie de datos, personajes y coincidencias, que le condujo a su acertada opinión sobre Leonardo Da Vinci: «En algún momento de su vida, el genial artista toscano habría visitado Montserrat y su privilegiado y mágico entorno«. Gracias a sus extensasinvestigaciones, he descubierto nuevos aspectos que me resultan extraordinariamente interesantes, y muy agradables. Además, anticipo que aprendí una lección de historia, analizando el fondo de “La Gioconda”; siendo de esperar que otros, más sagaces, también seguirán ampliando mis aportaciones.

La fama del muy honorable Leonardo Da Vinci, científico, y polifacético artista del siglo XV, empezó en el siglo XIX, siendo debida en gran parte a que, su cuadro “La Gioconda”, alcanzó una inesperada dimensión política. Hay que tener en cuenta que, prácticamente hasta entonces, el oficio de pintor popularmente era considerada una habilidad artesanal, casi igual que en tiempos de Leonardo. Aunque siga siendo discutida la personalidad real de la joven dama Lisa Gherardini, yo me remito a Agostino De Vespucci, quien en una nota al margen de un libro de Cicerón (propiedad de la Universidad de Heidelberg), al criticar a Leonardo que dejase muchas obras sin terminar, añadió: “(…) Leonardo Da Vinci pintaba entonces un busto de Lisa del Giocondo.

Se refería a la cuarta esposa, de treinta y cinco años de edad, que se casó con el dos veces viudo comerciante de sedas florentino Francesco Bartolomeo di Zanobi, marqués del Giocondo. Por tal motivo a partir del año 1.665, el célebre cuadro de Leonardo Da Vinci fue llamado en Italia “La Gioconda”, y en Francia “La Joconde” (significando “La Jocosa”, o ”Graciosa”), lo cual explica el éxito del gentilícico mote de la dama con nombre real Lisa di Antonmaria Gherardini, nacida el 15 de junio de 1.479 en el pueblo de San Donato in Poggio, cerca de Greve. Cuando Leonardo la pint, ella ya habia tenido dos ninos y una hija, que murio a los pocos años de haber nacido (1.499).

El análisis que hizo el también artista florentino, y biógrafo, Giorgio Vasari, en su célebre obra “Las vidas de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos de 1.550”, es un referente en la historia del arte: “(…) La joven retratada, Mona Lisa, fue la cuarta esposa del dicho comerciante. Era hija de Antonio-Maria di Nolfo Gherardini, y nació en el barrio del Espíritu Santo, en Florencia. Murió, a la edad de 63 años (1.5-7-1.542), siendo sepultada en el convento de Santa Úrsula“. La lápida de su óbito confirma que fue la esposa del Giocondo. No es el único documento que la citó. Estando viva, aparece su nombre Mona Lisa del Giocondo, en el libro de registro del convento de Santa Úrsula, el 11 de agosto de 1.514, donde de nuevo se la volvió a citar dieciocho días más tarde.

Todo lo que se refiere a Leonardo Da Vinci, y a cada una de sus obras, tiene hoy muchas explicaciones. Las diversas identidades fueron debidas por haber tomado en consideración opiniones de los cinco principales fuentes informadorasque la estudiaron. Primero fue Agostino De Vespucci, siguiendo Giorgio Vasari, el Anonimo Gaddiano, Casiano dal Pozo y Antonio de Beatis. La joven marquesa retratada, vestida de negro, se presenta dignamente sentada, y posa tan solo de medio cuerpo, con su cara girada en posición de tres cuartos, mirando al retratista. Está sentada con tanta elegancia, que trasmite paz y sosiego. Del cuadro de Leonardo, copiaron también el gesto de poner la mano derecha sobre la izquierda, y ambas a la altura de su talle, ya informan mucho del carácter, educación y estado de ánimo de la joven que posaba.

Resalta la elegancia en los retratos de “medio cuerpo”, así llamados, porque incluyen las manos, es una técnica (il contrapposto) que enseguida adoptó el pintor Rafael, y otros, para transmitir prestancia en los personajes retratados. “La Gioconda” se ha demostrado que, con su sosegado “saber estar”, resulta ser capaz de provocar la aparición del “Síndrome de Stendhal”. Es un trastorno en el que una persona percibe un impacto demasiado intenso, al contemplar demasiadas obras de arte: Sufren una desorientación del espacio, y se sumergen, literalmente, dentro de una imagen. Los hechos hablan por sí mismos, puesto que provocó que, algún visitante del Museo del Louvre, esporádicamente, llegase a la agresión física, y en casos más graves al suicidio.

El Renacimiento se caracterizó, por desear superar la mentalidad medieval, de presentar a las mujeres relacionadas con lo pecaminoso (brujas, diablesas, etc.), para pasar a alabar su papel en la feminización de la cultura. El proceso fue lento; y aun cuando no desencadenó una guerra, sí que hubo fuertes conflictos entre ambos sexos. Finalmente, el cuadro «La Gioconda”, se convirtió en la obra más reproducida, y famosa del mundo, aunque solo fuese por haber sido el mejor bálsamo de la mente poliédrica de tan genial personaje. Para demostrarlo, el pequeño cuadro “La Gioconda”, incluso se reinventó con fines políticos, de forma que tuvo mucho que ver entre los enfrentamientos entre franceses e italianos.

A escala más reducida, la historiadora alemana Maike Vogi-Luerssen, después de diecisiete años de investigación, la presentó como: ”Doña Isabel de Aragón, princesa de Nápoles y duquesa de Milán, que estuvo casada con Gian Galazzo Sforza. “La Gioconda” fue el primer retrato de Isabel como princesa. Es cierto que Leonardo Da Vinci preparó el gran banquete, y el consiguiente espectáculo, de los festejos de su boda (1.490). Leonardo era el servidor, pero  buen amigo, de su marido, pues vivió once años en aquella corte cerca de la princesa. Para identificarla como “La Gioconda”, la historiadora se basó en que la retratada no luce joyas. Asimismo, para exteriorizar su virtud, se cubrió con un fino velo sobre su frente. El vestido negro de Isabel, sería el luto que levó entonces por la muerte de su madre. Pues bien, como esa candidata, hay otras muchas con semejantes méritos.

FOTO: PINTÓ VARIAS BELLAS NOBLES SEÑORAS

En el retrato de señoras, era la tercera etapa evolutiva de Da Vinci. Empezó con “Ginebra de Benci” cuando rondaban por su mente los juegos amorosos de aquella joven, recordaba Leonardo que el ginebro es un simbolo de virtud. Reflexionando sobre el amor platónico, resolvio Leonardo que él se consideraba en realidad aristotélico. Su segunda etapa, Leonardo la vivió cuando pintó “La Dama del Armiño” y La “Bella Ferroniere”, este último fue un desacertado título para el retrato de Lucrezia Crivelli ( Museo del Louvre) donde evocó la erotización social, y el atractivo de las fragancias para los sentidos. Pero ninguna otra de sus pinturas está envuelta con un aura de misterio, y hasta de magia, que nos ofreció en “La Gioconda”. Fue la cuarta mujer que retrató Leonardo Da Vinci, y todas aparecen con sus bocas siempre cerradas. Pero “La Gioconda” estaba destinada a superar cualquier obra de arte, porque es un paradigma al reflejar las emociones humanas, por lo cual se convirtió en símbolo del arte pictórico universal.

Paradójicamente, el rostro de “La Gioconda” muchas veces aparece disfrazada, por lo que yo recrimino a los mediocres artistas y a los “grandes publicistas”, que la utilizan para afirmar que ella, con su mágico producto, lograse curar la alopecia que presuntamente padecía; o que llevase sus cejas depiladas con determinado producto. Y así miles de ridículos argumentos, donde todo lo que se anuncia se vende, y encumbra al autor del bulo, por exagerado que sea. Así es como su culto degeneró alcabo de cinco siglos, al ser cada vez más víctima en nuestra cultura mercantilista. Cuanto la propaganda nos ofrece hoy, es tan mediocre, que parece ir destinado a un público adolescente. Pero al ridicularizarla en la publicidad, confirman que son conscientes, al menos, de que se apoyan en una obra muy memorable.

Muchos han creído entender que Leonardo Da Vinci, en “La Gioconda”, compuso una metáfora de su propia personalidad espiritualizada; y es que pintó un rostro donde se combina la geometría con el número, para ser expresada con una sublime proporción. Sin duda, representó algo mágico para Leonardo Da Vinci, pues viajó mucho, y no obstante, siempre quiso llevar aquel cuadro consigo. Giorgio Vasari, en la primera referencia del cuadro, describió a la retratada: “Muy hermosa, (…) tenía un gesto tan agradable que, al verla, resultaba más divino que humano. Y ello es así, porque, subliminalmente, hay mucho amor disimulado en la mejor obra del muy honorable toscano Leonardo Da Vinci. El cuadro de “La Gioconda”, en el siglo XVI se lo disputaron el gobierno de Florencia y el rey de Francia, que la compró al heredero de Leonardo Da Vinci.

Primero, estuvo en la Corte de Amboise, y después se la llevó al palacio de Fontainebleu. Posteriormente, se guardó en la Petite Galerie du Roi, en Versalles (1.695). Durante la Revolución Francesa, permaneció escondida encerrada en un armario. Después, “La Gioconda” sirvió para adornar la sala del gran palacio donde vivió Napoleón I. Finalmente acabó en a la Salle des États (o de “La Gioconda”), del Museo del Louvre de París (1.797). Para mejorar su protección, se acondicionó la dicha sala, y pasados tres meses, regresó a su emplazamiento (19-10-2.019). Su éxito expositivo ha llegado incluso a los orientales, pues, en interminables grupos turísticos, ya se acumulan delante para poder admirarlo absortos.

Retratistas de todos los siglos han presentado sonrientes caras de mujeres, realmente atractivas. Todos hemos admirado retratos de bellezas radiantes, con caras felices, cabellera suelta y rasgos preciosos. Al estar adornadas con unos dientes, que parecen una doble hilera de perlas perfectas, sin duda alguna son más guapas que Doña Lisa del Giocondo. Leonardo Da Vinci la retrató para manifestar su respetabilidad, tal como la duquesa era en realidad. Era simplemente bella, porque de otro modo, tampoco podría gustarnos su retrato. El meollo de su agraciada cara es su incipiente sonrisa.

Es de agradecer que, al haber aparecido “La Gioconda” al inicio de la novela de Dawn Brawn “El Código Da Vinci”, el cuadro fuese utilizado para ser un revulsivo religioso-cultural. La generalidad de las personas fue informada de que en “La Gioconda” se esconden secretas claves pictóricas, enormemente enigmáticas. Según el “Evangelio de san Mateo”, entre otros varios también apócrifos, el protagonismo de santa María Magdalena, en la vida de Jesús, fue diferente del que se divulgó hasta finales del siglo XX. A la Magdalena bíblica, Leonardo Da Vinci la pintó con los senos descubiertos, por el cual motivo, fue una obra atribuida a su discípulo Giampetrino.

Leonardo Da Vinci sintió particular devoción por la mal llamada “Pecadora bíblica” arrepentida, debido a que el genial científico y artista toscano simpatizó con las creencias heréticas de los librepensadores, que la veneraban, y lo disimuló subliminalmente en sus cuadros. Durante muchos años Da Vinci logró ocultar haber sido un resentido social, pero al leer sus “Aforismos” se le detecta acritud al criticar el modo de vida de muchas personas: ”Simples aliviadores de alimentos (…) no practican ninguna virtud; y todo lo que queda de ellos es una letrina atestada. Esta sería una de las ocasiones que traspasó una exaltada crítica en sus cuadernos, pues también sus dibujos a veces ofrecen una perspectiva interna de su mente febril, imaginativa, e incluso maníaca.

LA “NO SONRISA” DE “LA GIOCONDA”

A una persona verdaderamente cultivada, ya no le es posible admirar “La Gioconda” como un simple retrato. Actualmente, la obra tiene tan general reconocimiento de ser un icono pictórico, que logró que su hechizo traspasase las barreras, alimentando todo tipo de ámbitos, ya fuese el cine, la literatura o la religión. En la prueba definitiva de que Leonardo da Vinci: «Pintó para la posteridad; invitándonos a ser escrutadores sagaces de sus ideas,… y después de cautivarnos, convertirnos en cómplices de sus enigmas«. Empezando por la misteriosa “no sonrisa” de La Gioconda, ésta nos dará la impresión de que simpatiza con nosotros, pero si la observamos mejor, nos mostrará un sentimiento inexplicable; es decir, es como si la Doña Lisa no expresase ningún tipo de emoción, mientras logra que nos cautive al observarla.

La enigmática “no sonrisa” de “La Gioconda” atrae a millones de espectadores de todo el mundo, ansiosos por ver la cara femenina más famosa del arte pictórico, y más después que el psicoanalista Sigmund Freud la etiquetó de “sexual”. No obstante, el verdadero mensaje que transmite es difícil de interpretar. Capta un instante fugaz; ese momento en el que una sonrisa comienza a formarse en los labios. Un grupo de científicos españoles ha llegado a la conclusión de que el secreto del cambio de humor de la retratada (que puede mostrarse sonriente o seria, dependiendo de cómo la miremos), reside en el funcionamiento del ojo humano.

Hay que tener siempre presente que nos referimos a unos siglos cuando no se había inventado la fotografía. Por eso extraña que “La Gioconda” supere la calidad fotográfica, gracias al deliberado difuminado de la comisura derecha de sus labios (izquierda para el observador), debido a lo cual, son los cuatro centímetros cuadrados más famosos del mundo. Cada parte de la cara de “La Gioconda” ha sido minuciosamente estudiada, y se ha defendido que incluso puede verse el brillo de sus ojos, y en su garganta verse palpitar el pulso. En efecto, el misterio del famosísimo cuadro, reside exactamente en su “no sonrisa”, porque es expresada por unos labios que parecen ser realmente carne. Según el Marqués de Sade: “(…) Aquel sutil artilugio expresaba la esencia misma de la feminidad. La sonrisa es la clave de la suavidad del rostro irresistible.

La más misteriosa de las “no sonrisas” del arte universal, no lo es tanto por su significado, como por el arte sutil con que Leonardo fue capaz de expresarla mediante su técnica, ya que, desde el labio a la barbilla de la retratada, Leonardo aplicó dos efectos -de su invención- llamadas: el “sfumato” y el “claroscuro”. Mezclando luz y sombra, fue capturada “en transición”. Se ha dicho que parece una contradicción: Una mitad está sonriendo, mientras la otra mitad expresa la profunda complejidad de la condición humana. Alrededor de las mejillas, y en la barbilla de “La Gioconda”, hay zonas de sombra (claroscuro), combinando con el efecto sfumato, que diluye líneas alrededor de los labios, y los contornos de la cara. El jugar con las sombras, Leonardo lo aplicó en otros cuadros, pues, al no haber sombra sin luz, solo los librepensadores verían que era una alegoría más de la dualidad cátara. Se pueden expresar verdades muy profundas con alegorías.

La placidez de su cara, oculta la existencia de fuerzas subterráneas, como también lo son las pasiones La retratada surge de un paisaje igualmente extraño y ambiguo. Al igual que la “no sonrisa” está “desequilibrada» como el paisaje que es vagamente amenazador. La ambigüedad en su “no sonrisa” se ​​hizo eco de la naturaleza a su alrededor. Hay un mensaje subversivo en ello. En un artículo muy perspicaz, titulado «La historia detrás de la sonrisa” (Radio Times, 3-9 de mayo de 2003) Nicholas Rossiter escribió:«Leonardo Da Vinci está ilustrando el constante proceso por el cual el mundo natural evoluciona a lo largo de milenios, y desafiando la teoría bíblica de que fue creado por Dios en tan sólo seis días. Al escrutar detenidamente la actitud reposada de la joven, se advierte que está expectante, por la contracción de la comisura izquierda de sus labios. Es una sutileza, que se incluyó para avisar a quienes buscan un verdadero misterio; o sea, los mismos que buscan su propia transformación.

Alguien escribió que: ”Estos escasos centímetros de su boca ”La Gioconda” han contagiado el resto del cuadro, y quizá representen el mayor misterio del mundo del arte. Y es que Leonardo, nunca dio una pincelada sin intención. Aprendía día tras día, como si fuese a vivir mil años. Desde 1.508, mi biografiado investigó la manifestación física de las emociones espirituales, como el motivo de las muecas, los músculos para fruncir el ceño, la expresión de sorpresa, o del júbilo. La manera cómo Leonardo Da Vinci pudo pintar la más misteriosa de las sonrisas del arte universal, el mismo nos informa que fue ayudado por el bisturí: ”Cuáles músculos controlan los labios y cómo cooperan para exteriorizar los más íntimos sentimientos. Es por su afinada capacidad descriptiva, que “La Gioconda” es un concentrado de la genial poética “Leonardesca”. En los rostros femeninos Leonardo Da Vinci resaltó la importancia de la boca, y los labios en sintonía con los ojos.

FOTO: “LA GIOCONDA”: UN ROSTRO TRÁS UNA “NO SONRISA”

Es evidente que, si dividimos su cara en dos partes iguales, la propia “no sonrisa” contiene una contradicción, pues una mitad quiere sonreír, y la otra expresa gravedad. En “La Gioconda” las emociones humanas están íntimamente conectadas. Nuestros sentimientos rara vez son simples, puesto que podemos reír y llorar al mismo tiempo. Esta expresión de la condición humana, tiene una gran complejidad. Es una combinación agridulce de sentimientos, que nos despierta muy profunda emoción, dando a nuestras vidas una peculiar belleza. En lo referente al cabello de “La Gioconda”, le cae formando rizos, que sugieren remolinos de agua. Incluso la “pose” de la modelo evoca la idea de movimiento, al estar sentada en una silla con su cuerpo orientado hacia un lado, y su rostro como si estuviera mirándonos.

Quizá desde entonces, tal giro haya sido el truco más conocido para sugerir dinamismo. A lo largo de los años, eruditos y críticos de arte han analizado en profundidad cada aspecto de la imagen de la genuina “Chica del Louvre”, resolviendo que su incipiente sonrisa, expresa la contemplación de su mundo interior. Aunque sea intermitente, no ha habido ningún otro debate más duradero. Y la razón es que, durante los cinco últimos siglos, tampoco hubo otro artista tan imaginativo como lo fue Leonardo. Por unanimidad fue reconocido “El artista más polifacético del Renacimiento”, dándose la circunstancia de que, todos sus méritos parecen haber sido sintetizados en una sutil “no sonrisa”, acreditada a nivel mundial.

La asimétrica “no sonrisa” de “La Gioconda”, es la principal característica del cuadro más famoso del mundo. Las sombras, a los lados de su boca, ofrecen dos comisuras que concentran la sustancia visual de todo el retrato. Aun se podría resumir más, escrutando cómo Leonardo le pintó su comisura derecha (izquierda del observador). La clave puede estar en lo que Leonardo pensaba: ”Puede sentirse satisfecho aquel que sepa poner belleza en todos los rincones, y poner luz tanto exteriormente como en el interior de uno mismo.(…) Cuando se quiere retratar las emociones, hay que ser perfeccionista, al extremo de “acariciar” cada detalle. Pero Da Vinci, ni haciéndolo mucho mejor que el resto de pintores de su tiempo, no fue garantía de que terminase sus cuadros.

Los investigadores pidieron a cuarenta y dos voluntarios que evaluaran cuáles de las seis emociones básicas se expresaban en dos imágenes quiméricas (especular) del lado inferior izquierdo y derecho del rostro de “La Gioconda”: «El 92,8% de las personas evaluadoras indicaron que la mitad izquierda de la sonrisa mostraba felicidad, sin decir nada del lado derecho. Los resultados indican que la felicidad se expresa sólo en el lado izquierdo.(…) Pero la sonrisa asimétrica es la manifestación de un ‘goce no verdadero’, deliberadamente Leonardo, al ser un gran observador de la fisonomía humana, deseó dotar a la sonrisa de una emoción ‘no sentida’“. Al final concluyeron que, la felicidad se expresa sólo en el lado izquierdo de los labios: “De acuerdo con algunas teorías influyentes de la neuropsicología emocional, aquí interpretamos la sonrisa asimétrica de la Mona Lisa como una sonrisa no genuina, lo que se piensa que ocurre cuando el sujeto miente.

En la sonrisa de «la Gioconda» se ha querido ver la fuerza vital del artista que la había retratado. El biógrafo de Leonardo Sherwin Nulanel escribió el pensamiento oculto de Dona Lisa: «(…) Buscad cuanto queráis, solo se os mostrará hasta (ciego) punto. El retrato seguirá con el misterio, ya que es solo mi destino saber las cosas que vosotros nunca sabréis». El truco que parece haber inspirado a su cuadro consistiría en que, mientras incontables generaciones la observen, el genial artista supo prever que ella a su vez nos está escrutando.

Sigmund Freud, opinó que su mirada contenía: Connotaciones sexuales. Presuntamente Leonardo retrató una mirada de complicidad. Cuando una sonrisa es genuina, hace que los músculos alrededor de los ojos se contraigan. El efecto se llamó ”sonrisa de Duchenne’, en alusión al neurólogo francés del siglo XIX Guillaume Duchenne:” Teniendo en cuenta que es poco probable que una persona que permanezca inmóvil durante horas para ser pintada pueda sonreír constantemente con verdadera felicidad, la explicación más sencilla es que la sonrisa  asimétrica de Mona Lisa, es la manifestación de un ‘goce no verdadero’ a pesar de todos los esfuerzos que los bufones de Leonardo solían hacer para mantener a sus modelos felices (… )”.

Una intrigante alternativa, sería que Leonardo ya conociese el verdadero significado de la sonrisa asimétrica, más de tres siglos antes de los informes de Duchenne. De modo que ilustró, deliberadamente, una “no sonrisa” que expresaba una emoción “no sentida”. En todas las versiones de “La Gioconda”, sus labios son igualmente grandes. Ahora bien, expondré mi inquietud acerca de los ojos de “La Gioconda”. La perspectiva no es capaz de justificar que su ojo izquierdo sea más grande. También es mayor la pupila de su ojo derecho, a pesar de ser el que está más directamente expuesto a la iluminación. Silvano Vicenti, encontró una letra “L” en el ojo derecho de la retratada (de trazo idéntico al de Leonardo). De ello se deduce, que Doña Lisa del Giocondo, padecía un defecto congénito, bastante común, a juzgar por otras damas retratadas por Leonardo, y también detectable en su “Hombre de Viturvio”.

FOTO: LAS “BOLSAS” DEBAJO DE SUS OJOS

Para que sea una sonrisa verdadera, sus ojos (que parecen humedecidos como si fuesen de verdad) deben tener una expresión radiante. Sinceramente, desde el primer momento sospeché que su gloria se retro-alimentaba más por su propia fama, que por las cualidades del cuadro. Según el acertado criterio de Paul Valery: «La sonrisa de “La Gioconda” lleva irrevocablemente añadido el calificativo de misteriosa«. No hay debate histórico más duradero, que el enigma de su comisura labial izquierda. El famoso crítico Theophile  Escribio que al retratarla, Leonardo debio de sentirse como un colegial ante una duquesa.

Tambien se refirió a la joven retratada como: La “Esfinge de la belleza” que sonrie misteriosamente. Y sobre todo, muy sutilmente, pues ni tan siquiera llega a elevar la comisura. Según opinó R. de la Sizerane, en 1896, la verdad es que la tira hacia atrás: La contrae, que es como sonreír secretamente. De entre los muchos análisis fisiognómicos, tampoco faltan aquellos que dedujeron que tendría desarrolladas sus capacidades instintivas e intelectuales. En otras palabras, supuestamente “La Gioconda” habría dado importancia relativa a los pensamientos instintivos y superficiales.

Es considerado, en mi opinión erroneamente, el mayor misterio de la pintura más famosa del mundo por haber expresado el acto de sonreir dentro de un mínimo espacio. Dicen que también es unico en expresar una gran atención con un mínimo de gestos. No estoy de acuerdo. La novedosa perspectiva de Leonardo, con la mágia de sus pinceles, dotó aquella boca de una insuperable sutileza, al ser un óptimo observador del atractivo de la anatomía y fisiología labial. Por ejemplo, al pintar las bocas, solamente incluyó dientes al dibujar expresiones de violencia, o grotescas caricaturas. Entonces deformó los rostros y exageró los dientes; probablemente en su época, las personas tendrían las dentaduras muy feas. En las caras de las damas que retrató, Leonardo no quiso correr riesgos; pero recordaré que los corrió, y mucho, ya que antes de nacer mi encantador biografiado, los retratos se pintaban siempre de perfil. Él mismo todavía pintó alguno.

Da Vinci, descubrió, entre otras técnicas, que los veinticuatro músculos de la boca podían expresar la alegría del espíritu, tanto como lo consigue un texto escrito. La boca de “La Gioconda” es tónica, y bien equilibrada, conseguida a base de moldear luces y sombras. En 1.993 lo expresó así el crítico Villena: La imagen de una concordancia armónica interior. Por ello cautiva a los que la miran, lo cual, junto con su legendaria mirada de inocente coquetería, a veces acaba provocando. La “no sonrisa” de “La Gioconda” es capturada, no como algo fijo, sino como algo en movimiento, y en constante tensión, fluctuando entre dos polos opuestos. El instante cuando una sonrisa comienza a formarse en las comisuras de los labios, Julio Verne -en un escrito que le dedicó en 1874-, lo bautizó, “El síndrome de la Mona Lisa”. Según la revista New Scientist: ”Leonardo escribió en uno de sus cuadernos de notas, que: estaba intentando pintar expresiones dinámicas, porque era eso lo que veía en la calle. Sabiendo lo dicho, referente a la dicha “no sonrisa”, yo aportaré mi propia experiencia personal: El gesto de su labio derecho (izquierdo en las fotos), es un gesto común. No es ninguna presunción mía: Lo da Dios. Voy a explicarme.

CONTEMPLÉ LA FORMACIÓN, EN VIVO, DE OTRA “NO SONRISA”

Después que, con mi familia, cambiamos de vivienda, en el nuevo edificio me sorprendió admirar, muchas veces aquella misma “no sonrisa” estática, en el rostro de dos jóvenes mellizas, al subir con ellas en el ascensor. Su receloso gesto labial, instantáneamente lo asocié al de “La Gioconda”. Lo estuve observando durante varios meses, en la cara de mis dos jóvenes vecinas. Era la misma “no sonrisa” que yo había admirado,… y la tenía a tan solo a unos palmos de mis perplejos ojos. Mi deducción fue, que la más misteriosa de las “no sonrisas” del arte universal, no lo es por su significado -que también-, sino por cómo Da Vinci fue capaz de expresarla. Desde el labio, a la barbilla de la retratada, Leonardo aplicó dos técnicas de su invención, llamadas: “sfumato” y “claroscuro”.

El genial toscano, con anterioridad ya había investigado la manifestación muscular de las emociones espirituales, como: las muecas, el fruncir el ceño, la sorpresa, y la expresión de júbilo. Utilizando su bisturí, había escrutado cuales músculos controlan los labios, y cómo cooperan para exteriorizar los más íntimos sentimientos. Los expertos informaron acerca de que: “(…) No se ve ninguna activación muscular de la mejilla superior en la cara de La Gioconda. Esa es la cuestión; puesto que no es su mejilla la que contrae “La Gioconda”, sino solo los músculos buccinadores de sus labios. En ambas comisuras los activa de modo incipiente, pero más los de su lado derecho.

Es una “no sonrisa” respetuosa, de una persona sensible y bien educada; aunque, al mismo tiempo, implica cierta desconfianza. Lamentablemente, aquel gesto desapareció, tan pronto como mis vecinas me conocieron mejor. Dejando aparte el tipo de facies heredado, el famoso halo de misterio de la “no sonrisa” de “La Gioconda”, yo pude verlo evolucionar desde cero, hasta ser exacta a la pintada por mi biografiado. Dejé de verla, debido a que, con el tiempo, empatizamos. Esta es mi aportación; demostrando que la Mona Lisa (Monna, es apócope de Madonna, mi señora) no presenta una “no sonrisa” tan inescrutable… Y no será ésta mi única contribución; la definitiva, incluye el “factor humano”. Yo creo que debe tener sentido que, la joven Doña Lisa y Leonardo, pasasen varios años realizando, esporádicamente, numerosas sesiones de posado, siendo un retrato tan pequeño. Escribió Leonardo: La vida sin amor, no es vida en absoluto.

Fue después de mi observación de los labios de mis vecinas, que me decidí a homenajear a Leonardo. Probablemente, él lo descubrió también en el rostro de la joven retratada Doña Lisa, y debió desear transmitirlo. Se ha supuesto que a Da Vinci, pudo haberlo motivado el asociar aquellos labios a los de su joven madre Caterina, remontándose a  cuando Leonardo era un bebé. El tan buscado secreto de la “no sonrisa” de “La Gioconda”, quizá resida en el recuerdo de la “Diosa-Madre”, que emerge de la naturaleza, puesto que, en todas partes y siempre,  representa el principio generador eterno. Ello explicaría el motivo más profundo por el cual, a Da Vinci, su cuadro “La Gioconda”, a pesar de no tener cejas, lo acompañó, viajando de un lugar a otro, hasta el fin de sus días. Yo voy a dejar testimonio de donde reside el encanto de una no expresada sonrisa, y como no tiene nada que ver con sus cejas.

FOTO:  MI PARTICULAR VERSIÓN DE UNA SUTIL SONRISA

Se ha escrito que: ”la Mona Lisa era bella, porque de otro modo tampoco podría gustarnos su retrato”. Yo discrepo de esa generalización. La Mona Lisa tiene una sonrisa incipiente, o muy discreta, pero  su rostro no es bonito. Aquí yo presento un rostro con mucho carácter, pero que corresponde a una persona bondadosa y muy laboriosa, entre otras virtudes que sería largo de enumerar. En esta foto expresa una sonrisa tan sutil y contenida, que reclama las alabanzas con las que se ha querido distinguir los labios de «la Gioconda». La joven retratada tiene su comisura en la parte superior izquierda. ¡Compárense!

Durante años observé labios parecidos a la Gioconda, intentando localizar las más sutiles y atrayentes sonrisas femeninas, convencido como estoy – y también mucha gente- de que los labios y la expresión de «la Gioconda» no merecen la fama que tienen. Cuando por fin encontré el rostro que incluyo, al instante pude reconocer que sonríe sin demostrarlo. Al mérito del rostro presentado, hay que añadir el hecho de que yo no me atreva a añadirle color ni luminosidad. Sería contraproducente. Es el aspecto que yo desearía para mi Ángela, que no existe en este mundo, aunque subliminalmente yo la evoque en la mayoría de mis escritos, pues siempre tuve la fuerte sensación de que Ella me dicta  los  pensamientos… ¿desde mi aura exterior?

Al conocerla en foto, me sorprendió que, siendo ella tan joven, tuviese una mirada tan penetrante como equilibrada, a pesar de las diferentes mitades de cualquier rostro humano. Con el tiempo comprobé que, además, sabía defender sus opiniones con buenos argumentos y una generosidad altruista encomiable. Pero, expuesto mi criterio particular, volvamos ya a Leonardo y a Doña Lisa.

El velo de “La Gioconda”, de gasa fina y transparente adherido a la blusa, era muy típico en su época, significando que una mujer estaba embarazada, o que recientemente había dado a luz. Lo publicaron Swart y Gerald Holzman (1987), al darse cuenta de que, Leonardo, introducía mensajes ocultos en sus obras. Ambos se contentaron con afirmar que su idea, simplemente habría sido: Alabar “lo femenino”, reproductor de la vida en la naturaleza, que a todos nos engendró. Leonardo, en efecto evocó, subliminalmente, el “Principio generativo” del mundo, por encima del espacio y del tiempo.

Quiso pintar la esencia de la naturaleza humana; incluso lo procuró captar también en sus estudios de aeronáutica. Hizo el diseño para una maqueta de aeronave, que podría volar batiendo sus alas con fuerza, bautizándola Ornitápter. Para Leonardo Da Vinci, el “Principio generativo” era omnipresente y eterno. Eligiendo dicha fuerza, como referencia, mi biografiado nos remite a la fecundidad universal; a la Gran-Madre-Tierra ancestral, la cual fue venerada, al menos, durante cincuenta siglos antes de “inventarse” el eterno, omnipotente y omnipresente “Dios Padre”.

Lo más admirable de Leonardo, fue su gran humanidad. Basta con leer la primera página de sus 576 “Aforismos” para darse cuenta: “Y quiera nuestro Creador que yo pueda (…) El arte de pintar nos confiere el derecho de llamarnos descendientes de Dios“. Es algo que se desconoce de él, o bien se olvida, al deslumbrarnos con el resto de sus incontables producciones culturales de élite. Con su cuadro “La Gioconda”, Leonardo Da Vinci,  deseó ofrecer al mundo una evolución facial, abstracta, del ideal “espíritu femenino”.

Probablemente pensase en la persona de santa María Magdalena, porque Leonardo fue muy experto en los “Evangelios Apócrifos”. Son aquellos que siguen prohibidos por la Iglesia católica, precisamente porque María Magdalena es la indiscutible heroína. La descendencia de Jesús de Nazaret, fue la teoría más polémica, y más popularizada, tras el éxito de ventas “El Código Da Vinci”, por el hecho de que “La Gioconda”, representa a María Magdalena. Siempre antes había sido un planteamiento socialmente ignorado, después de siglos de haber estado prohibido.

Silvano Vicenti, aplicando el photoshop, después de haber examinado con reflectografía infrarroja, la primera capa de pintura del cuadro “La Gioconda”, llegó a conclusiones clave. Lástima que Vinceti basase su teoría en las afirmaciones de otros dieciséis historiadores de arte italianos, quienes afirmaron: «Leonardo contrató a músicos, para que la hicieran sonreír durante su posado«. En mi opinión, para pintar a “La Gioconda”, el muy ilustre toscano, casi cincuentón, no es verosímil que contratase a músicos, ni payasos, pues tenía plena confianza en sus propios recursos. Un creador tan genial, tiene mucho carácter y es muy práctico. No puedo creer que, ni siquiera en otras ocasiones, utilizase Leonardo un tal infantil recurso. Además, no debió de haber músicos, porque doña Lisa llevaba luto (así se descubrió en septiembre del año 2.006). Por otra parte, Leonardo Da Vinci, no se hubiese atrevido a minimizar los sentimientos humanos, personales, que afloraron.

No obstante, la única forma de justificar tan acertada “no sonrisa” de la retratada, debió de ser porque surgió “algo” entre la joven dama y Leonardo. Y ello, a pesar de que el genial retratista, entonces casi le doblaba la edad. Yo sospecho que Da Vinci, mientras la estaba pintando, con sus cabellos algo revueltos por su absoluta entrega al trabajo, ya sabía que aquella sería la obra de su vida. Dado que él, siempre ansió pintar la belleza ideal, en aquella ocasión, aplicó sus vastos conocimientos, además de su arte y su ambición.

Como dijo Da Vinci: “Quien no está preparado, no aprovechará las oportunidades. (…) Prudencia, significa, a veces, una tibieza inexcusable. Más que nunca, Leonardo trató de conseguir fundir lo humano con lo cósmico, porque habría encontrado el perfil de su vida, quedando después “vacunado” para amar a cualquier otra mujer. Cuando pintó a “La Gioconda” en la distancia corta, Leonardo se apercibió de que ella le atraía con su inocente candidez, a través de sus labios y de sus ojos, supo captarle su belleza interior. Su compromiso era de retratarla muy bella.

Mucha gente tiene la suerte de que, ante un determinado perfil de rostro humano, comprueba que ciertas líneas faciales coinciden con las que se llevan impresas en el propio interior. Afortunadamente, esa sensación yo la experimenté siendo muy joven, y después ya quedé “inmunizado” ante cualquier otra mujer. Y ello me sucedió, sin necesidad de conocer a la persona, que quizá no coincidiría en nada con mi forma de ser y de pensar. Ante un determinado rostro, lo idealizamos; siendo la causa de que, una vez se haya celebrado el matrimonio, la convivencia entre los caracteres, al cabo del tiempo las tales personas opten por separarse. Leonardo Da Vinci, el artista que hasta entonces había llevado una inquieta vida de desilusiones, al pintar a Doña Lisa sentiría que la emoción le embargaba, provocándole sofocación.

De cuando en cuando, Leonardo con bondadosa mirada, le indicaría a la joven que no sonriese. Aparte de ello, cada sesión transcurría con ilusionada actividad, y lo único que se escuchaba eran los latidos de sus dos corazones. Por supuesto que, aunque Leonardo se enamoró de una joven, a la que doblaba la edad, debió de permanecer en respetuoso silencio. También en el corazón de la joven había un fuego escondido, que había traspasado del pintor a Doña Lisa. Por otra parte, ella sabía que era hermosa, y que su belleza el gran maestro toscano conseguiría perpetuarla.

Mientras la lozana joven posaba para Leonardo, se estaría reprimiendo las ansias de decirle: Sácame de mi cotidiana mediocrecidad… ¡Inmortalízame; píntame tal como deseo que me admiren. Quizá ella incluso se lo hubiese insinuado, superando su natural modestia. Tampoco sería extraño que Leonardo se lo hubiese prometido. Presuntamente, aquel “no fuego” tampoco se disipó tras las sesiones normales de un retratista. Es la razón por la que nos sigue deslumbrando la esencia de aquella relación platónica, entre un maduro artesano, nacido ilegítimamente,  y una joven bella (algún historiador la creyó “marquesa”). Cada vez que Doña Lisa, temerosa de herir su susceptibilidad, le preguntaba al gran retratista toscano: -¿Cuándo terminaría el retrato? Leonardo, pudo haberle contestado: «Nunca«. Hoy sabemos que no la habría engañado; y quizá ello sea el motivo por el cual su cara todavía no incluye cejas. Es un detalle insólito, porque Leonardo amó la belleza y el perfeccionismo, siendo lo que lo proyectó a la eterna gloria.

Por otra parte, hay que decir que, la carencia de cejas, también se nota en otros cuadros de Leonardo; como por ejemplo, en su “Virgen de las Rocas”. Fueron deficiencias puntuales, puesto que el genio toscano buscó la excelsitud incluso en los detalles más insignificantes. Dejar aquel rostro sin cejas, prueba que Da Vinci encontró un pretexto verosímil para seguir retocando “su Gioconda” mientras pudo. Es evidente que nunca dejó de mejorarla. Tal es su mayor mérito. Parece ser que las damas que posaron para él  anteriores retratos, eran más bellas que la Mona Lisa, pero sucedió que Leonardo se enamoró platónicamente de la joven esposa de su rico cliente Bernardo del Giocondo.

El genial toscano no fue el único artista que tuvo una musa. En la misma Florencia, recordemos a la, también joven, Beatriz, cantada por el poeta Dante. Y es que la edad importa poco, y la belleza siempre es relativa. Todo está en la sensibilidad del ojo de quien la contempla. Lo que da un valor superior al retrato del museo de París, es que Leonardo tuviese una excusa para desear conservarlo. Y será así, aunque apareciesen más copias suyas hechas con materiales aún más caros.

Una “no sonrisa”, también llamada “inalcanzable”, es un efecto que sucede cuando, al mirar solo la boca de la dama, ésta parece sonreír; mientras que, si fijamos nuestra vista en sus ojos, o en cualquier otra parte de su cara, da la impresión de estar seria. Es un efecto que se produce en cuadros como “La Gioconda”, consiguiendo que una boca esté sonriente, o triste, dependiendo del ángulo desde el que sea observada. Respecto a las comisuras de sus labios, tienen mucha importancia, porque su débil color rojo: se desvanece, hasta confundirse con la carne de sus mejillas. Es un truco visual, muy ingenioso, basado en el sfumato; una técnica artística que engaña a nuestro cerebro, y ante “la Gioconda” revela un fulgor interior en la mente de la retratada. Ni ella, ni su querido Leonardo, podían exteriorizar sus sentimientos, porque su amor era imposible.

Fue un amor de verdad, porque ninguno podía tener esperanzas ni de revelarlo, y menos de consumarlo. Los pintores manieristas posteriores quedaron hechizados por sus labios y sus ojos. Así fue como Leonardo conseguiría su tan ansiada simbiosis de una persona con la naturaleza, viéndose reforzado por el fondo de la panorámicade sus temas sobre “La Gioconda”. La distinta profundidad de los paisajes a ambos lados de la cara, y las sombras de su alrededor, expresan interioridad; además de contribuir a identificar a ciertas personas, porque puedo demostrar que las veremos ocultas dentro de un paisaje. Paisaje, que ahora sabemos que es, inconfundiblemente, la montana de Montserrat.

SUS PRESUNTAS ENFERMEDADES

Son incontables los médicos que también han tenido algo que decir de la salud de la joven Doña Lisa, debido a que, siendo una obra enigmática, e icónica, para el propio Leonardo, es uno de los retratos más famosos de la historia. Tanto científicos, como publicistas, han utilizado como trampolín esa joya de gran calado cultural. La ausencia, de cejas y de pestañas, sus manos grandes, y la humedad de sus ojos, y, sobre todo es impactante, el extraño fulgor de una incipiente sonrisa aflorando de sus finos labios. Se diría que realmente nos observa, siendo hasta capaz de pensar hace que parezca ser una persona viva; todo lo cual, hace que en todo el mundo sea una elección publicitaria garantizada.

En el gráfico, publicado en “La Gioconda Descodificada” (1918), del autor Cristian Gálvez (p.308/309), se muestran los doce posibles síntomas médicos, entre los cuales aquella joven era: “asmática, sorda, borracha, desdentegada, embarazada, es una ilusión óptica lo que hace que parezca que “La Gioconda” sonría. Por otra parte, al psicoanalista Sigmund Freud, en “Un recuerdo infantil…” (1909-p.11), citó a Muther, quien la calificó de: ”sonrisa” demoníaca. (…) Cientos de poetas y literatos han escrito sobre esta mujer que ora sonríe seductora, ora parece petrificarse en una ausencia fría y sin alma, y nadie ha desentrañado su “sonrisa”, nadie ha interpretado lo que ella piensa. Otros, cuando han intentado explicar su extraña “no sonrisa”, supusieron que no tenía dientes, o quizá: Su dentadura estaría ennegrecida por un supuesto tratamiento mercurial contra la sífilis.

Al ser una pintura estudiada durante varios siglos, entre los médicos se produjo un curioso fenómeno viral: Trataron de establecer un diagnóstico visual. Lo planteó por primera vez Mandeep R. Mehra (1.959), de la Universidad de Harvard, explicando que: “El enigma de la Mona Lisa, puede resolverse mediante un simple diagnóstico de una enfermedad relacionada con el hipotiroidismo. (…) En muchos sentidos, es el atractivo de las imperfecciones de la enfermedad lo que le da a esta obra maestra su misteriosa realidad y encanto. (…) Más de un tercio de las pinturas y esculturas de la época representaban a individuos con esos problemas (… ). La inclinación de su boca, el cuello hinchado y la línea del cabello, son evidencias notorias sobre dicha condición. Las presunciones médicas de “La Gioconda”, no se terminarán nunca.

Se han realizado hasta cuarenta y cuatro diagnósticos, que abarcan, desde su embarazo, a una parálisis facial, pasando por su debilidad mental. K. Adour, creyó (1.989), que:La mueca de “La Gioconda”, se debía a una contractura muscular, causada por una “Parálisis de Bell”, solo parcialmente recuperada. Nadie tuvo en cuenta que Doña Lisa conservó su “no sonrisa”, y la etiquetaron con un reguero de tecnicismos, tantos como permite la imaginación de los galenos. Martínez García, le ha sumado los adjetivos: «Gravídica, desdentada, sifilítica, bruxista, etílica, distónica, oligofrénica y paralítica. Hay muy pocas posibilidades de que ella no estuviese enferma. (Publicó en “ABC”). El neurólogo Luis Lay-Son, dedujo del cuadro, que: “La Gioconda tenía gran dificultad para mantener la concentración;… lo cual, unido al desplazamiento asimétrico de sus labios por el lado izquierdo, sería un reflejo del síndrome de Gilles de la Tourette.

Fijándose en su cabello, y ausencia de cejas y pestañas, los doctores afirmaron que Doña Lisa: Llevaba peluca debido a una alopecia, a causa de su gran estrés emocional. Los oftalmólogos opinaron: Lisa Gherardini tuvo un lipoma (tumor benigno) en su ojo derecho, y un xantelasma en el izquierdo. En 2.004 varios reumatólogos y endocrinólogos le achacaron: (…) un trastorno lipídico, y una enfermedad cardíaca. En un encuentro organizado por la Universidad Pública de Navarra (UPNA), el doctor Florencio Monje opinó que: Lisa Gherardini, falleció al empeorar el pequeño bulto de su lagrimal izquierdo, además de otro de unos tres centímetros de largo, debajo del dedo índice, en el dorso de su mano derecha. (…) El enigma de la La Gioconda”puede resolverse mediante un diagnóstico médico de una enfermedad relacionada con el hipotiroidismo. (…) La dieta de los italianos, durante el Renacimiento, era escasa en iodo (…) por eso era habitual desarrollar hipotiroidismo, como se ve en muchas pinturas y esculturas de la época. (…) En muchos sentidos, es el atractivo de las imperfecciones de la enfermedad lo que le da a esta obra maestra (“La Gioconda”) su misteriosa realidad y encanto“. Al fin, lo corroboraron unos científicos de Boston (EUA): “La sonrisa etrusca de sus enigmáticos labios, habría sido provocada porque la glándula de la tiroides estaba poco activa. Además, se sugirió que: el tono amarillo de su piel podría ser un síntoma del incremento en los niveles dérmicos de carotinoides totales.

EL “TESTAMENTO VITAL” DE LEONARDO DA VINCI

Una hija de la retratada doña Lisa del Giocondo, murió en 1.499; supuestamente, cuatro años antes de que Leonardo Da Vinci comenzase a pintar a Doña Lisa su retrato. De ser así, el velo negro que vistió, sería por llevar luto. El muy honorable artista, aquí nos recuerda que: Bajo la superficial calma de las personas, se acumulan fuerzas terribles que nos pueden llegar a destruir tanto como un cataclismo. Probablemente, se nos avisa de que había otro mensaje en la forma como Leonardo Da Vinci presenta el cabello de “La Gioconda”. En la Italia del siglo XVI se consideraba frívolo que una mujer llevase el cabello suelto, cayendo sobre sus hombros, pues significaba tener una moral relajada.

No sería extraño que, el marido de la florentina Doña Lisa Gherardini, después de haberle encargado el famoso retrato, al entregárselo, él no lo aceptase, porque le parecería inapropiada la forma como Leonardo Da Vinci representó a su mujer llevando el cabello sin recoger… y además rizado!. Dicha inaceptable frivolidad, yo la descubrí en mi niñez, observando los hábitos de mis abuelas al meterse en cama. Entonces comprendí que, dar libertad al cabello femenino, indicaba tener una moral relajada. Así lo entienden, aún hoy, los países islámicos, por ejemplo.

El retrato “La Gioconda”, representó el testamento vital de Leonardo Da Vinci, y muy probablemente fue la pintura más mística del artista. La verdad es que su prestigio ha igualado la “Venus del Milo”. Ante Doña Lisa, Leonardo se mostró como un pintor reticente, pues al pintarla, “dice sin decir”. Se ha especulado que: Los mejores cuadros son aquellos que solo unos pocos pueden entender. Pues bien, a su “La Gioconda”, no la entendió nadie, porque Leonardo Da Vinci quiso incluir, aparte de su pasión más íntima, las dimensiones: filosófica, esotérica, teológica y religiosa y matemática.

En el afable rostro de “La Gioconda”, se combinan la geometría con el número, para ser expresada con una sublime proporción. Contiene la «Relación Phi» (de valor 1:1.618, también conocida como «Golden Ratio» y «Golden Mean»). Es una relación espacial, la cual se encuentra en todas partes de la naturaleza, por ser una energía inherente en la “Secuencia de Fibonacci”:»Se la concentra, se enfoca a un sitio, generando implosión cuando se intensifica. Se manifiesta pasando de lo invisible a lo visible». Es algo que también procura hacerse en el Museo del Prado, cuando, en las fechas que escribo esta trilogía, están conmemorando sus doscientos años de existencia. Se ignora cómo llegó a España el cuadro “La Gioconda”, aunque ya lo tenían catalogado en 1.666.

De la bulliciosa mente de Leonardo Da Vinci, brotaban continuamente máximas, pudiendo entenderlo como si fuese la encarnación de sus sabios “Aforismos”. Esta era su parte más atractiva, pero hay que valorarlo por muchísimas más aportaciones, y no solo por sus reflexiones fragmentadas. El muy ilustre Leonardo realizó incontables proyectos, obras de todo tipo, e incluso a veces también profetizó. Dado que, sobre todo, era muy experto observador, quiso ocultar códigos en sus obras, sospechándose que en sus pinturas subyaciesen sus íntimas creencias.

Debió transmitirlas muy discretamente, porque remiten a opciones heréticas de cuando,  los cátaros del Sur de Francia, durante los siglos XII y XIV, no admitían que Jesús de Nazaret hubiese muerto en la cruz; y menos aún, que hubiese sido engendrado de forma increíble. La llamada “Iglesia de María” tampoco admitía tal “carnalidad”, motivo por el cual, el papa Pio IX debió institucionalizar aquel “misterio” mediante la advocación: Inmaculada Concepción (8/12/1854). No hubo más remedio, cuando los cristianos no cesaban de erigir templos, incluso en los lugares más remotos, dedicados (aparentemente) a la veneración de la Virgen María.

LETRAS EN LAS PUPILAS DE “LA GIOCONDA”

El experto en obras de Leonardo, Silvano Vinceti, funcionario del Comité Nacional del Patrimonio Cultural de Italia, el año 2.010, inicialmente descubrió las letras: L y V (Leonardo Da Vinci), de color verde-marrón, en la pupila de “La Gioconda” de París. Todo parece indicar que, obviamente, las habría escrito el propio Da Vinci en el ojo derecho de la “La Gioconda”. Pero además, el genio toscano también ocultó una “L” y una “S” en el interior de su ojo izquierdo. Leonardo -que no firmaba sus cuadros-, sería lógico que al menos hubiese escondido secretas claves pictóricas que, lo identificaran. Con objeto de no quedar jamás desvinculado de La Gioconda”, ni después de muerto, Da Vinci, ocultó en el interior del ojo de “La Gioconda”, un miniaturizado retrato suyo.

Según el experto Silvano Vinceti: “Los nuevos símbolos no aparecen a simple vista (…) son muy pequeños, fueron pintados con un pincel diminuto y sufrieron los embates del tiempo (…) Leonardo no hacía nada al azar (…) Quería dejar expresados sus últimos pensamientos sobre su visión del universo. Por mi parte, al sospechar que pudo ser una habilidad de otros pintores miniaturistas posteriores, dejó el descubrimiento de Vinceti al criterio de sus lectores.

Leonardo, es cierto que utilizó símbolos y códigos para enviar mensajes, a fin de que identificásemos sus obras. A su modo de ver, eran una verdadera vía de comunicación; de modo que, fijándonos en los ojos de la retratada joven, nos abrirían la “puerta del alma”. Para analizarlos, los científicos obtuvieron imágenes escaneadas, en alta definición por Lumiere Technology, de París, que está especializada en copias digitales de obras de arte. En Italia, un laboratorio romano borró digitalmente los reflejos, y otros colores de los ojos, para aislar y destacar las miniaturizadas letras. Vinceti también advirtió de otra pista en “La Gioconda”: “El número 149, además de otro número, que fue borrado, que indicaría, que Leonardo la pintó en la década de 1.49”. Según explicó Vinceti: (…) El “72” apareció oculto en el arco del puente a la derecha de la figura central. Está situado a la altura del hombro de “La Gioconda”, y Leonardo lo escribió en miniatura (suma de 36+36, con lo cual evocó dualidad).

Otros han opinado que, el 72, alude a las palabras de Jesucristo, que representó en su cuadro “Salvator Mundi”. Existen muchas explicaciones alternativas, pero para el genial científico toscano, el nº 72 demuestra, no tanto su interés por la religión, o la cábala judía, sino el recuerdo del grupo que, acompañando a santa María Magdalena y a santa Sara (ésta, muy venerada por el pueblo romaní), desembarcaron en una playa de La Camarga (Fr.). Tanto si el nº 72, lo escribió el genial toscano, como si lo pintó su discípulo Francesco de Melzi, el 72: «Quiso remitir a la idea de la maternidad femenina, al referirse a los descendientes de Noé vía el libro “Génesis” (cap. X)«.

FOTO: SU PATRÓN BÁSICO PARA LOS RETRATOS

A veces Leonardo pintó sin necesidad de un modelo, pues cualquier pintor puede tener un muñeco sustitutorio. En el caso del genial toscano, siguió unas proporciones geométricas precisas, motivo por el cual, los rostros de sus retratadas, muestran un cierto parecido. Hay muchos misterios en las obras de Leonardo, y en “La Gioconda” se empezaron a descubrir cuando fue expuesta a los Rayos X, apareciendo los rasgos de un auto-retrato de Leonardo Da Vinci. Es más, según argumentaron Lillian Swartz y Gerald Holzman (1987) tras “La Gioconda” se ocultaba el propio Leonardo: “(…) Puestos ambos cuadros uno al lado de otro, se funde perfectamente con las proporciones de “La Gioconda”.

Lo confirmó Alexander Vezzosi, director del “Museo Ideal de Leonardo Da Vinci”, después de superponer muchos rostros. En efecto, la distribución de ojos, nariz y boca, en ambas caras se corresponden exactamente. Pero Leonardo Da Vinci no expresó así su idea de “reflejar la unidad del hombre y de la mujer”, sino que aplicó un canon preestablecido. Da Vinci, siempre era muy práctico al unificar las proporciones de sus retratos, ya que los adaptó a un mismo esquema normativo.

El muy honorable Leonardo utilizó el mismo patrón piramidal en todos los retratos que pintó, incluyendo sus autorretratos. Se auto-dibujó su propio rostro cuando ya estaba muy enfermo, aplicando el mismo canon con el que pintó la más famosa de sus modelos, por lo que se creyó que quiso dotarlo de los mismos rasgos que vemos en “La Gioconda”. Ciertamente, hay las mismas líneas básicas que se detectan en otros de sus cuadros, por lo que su rostro no es único ni irrepetible. No olvidemos que fue un polímata por excelencia, pues todo lo enfocaba desde un punto de vista práctico.

LA GRAN EXPOSICIÓN DEL “MUSEO DEL LOUVRE”

Después de la exitosa experiencia de examinar “La Virgen y el Niño con Santa Ana y San Juan Bautista”, utilizando reflectografía infrarroja, los responsables del Louvre de París, decidieron inaugurar una exposición para mostrar el cuadro a finales de marzo de 2.012. La magna exposición de “La Gioconda”, en el Museo del Louvre, en honor a Leonardo Da Vinci, dispusieron que, simbólicamente, fuese la fecha 9-10-2019, por ser números reversibles. Al cuadro, se lo protegió con un nuevo tipo de cristal anti-reflejante, por lo cual estuvo tres meses sin ser expuesto. La exposición reunió las de Leonardo Da Vinci, de la colección del Louvre, incluyendo “La Virgen de las Rocas” y “La Belle Ferronnière”. No obstante, “La Gioconda”, protagonista de aquella exposición, continuó en la sala de la colección permanente.  Colgada de la pared del gran museo parisino, parecía como si se burlase de la zozobra de sus admiradores, pues cada uno la verá como si se mirase a sí mismo en un espejo. Se dice que: «Para unos parece sonreír, y para otros está triste«.En “La Gioconda” se esconden secretas claves pictóricas, enormemente enigmáticas.

El quinto centenario de la muerte del genial maestro toscano, fue una gran oportunidad para que el Museo del Louvre reuniese las pinturas que ahora se atribuyen a Leonardo Da Vinci repartidas por el mundo, para unirse a las cinco pinturas del propio museo de París. Los responsables de la exposición, pasaron una década escrutando y ordenando gran cantidad de notas, estudios, experimentos, reflexiones y teorías de Leonardo Da Vinci, a fin de demostrar que su escritura y sus dibujos continuaban unidos. En 2.015, el científico Pascal Cotté, amplió un examen semejante de la tabla de “La Gioconda” del Museo del Prado de Madrid.

Aplicó luz rasante, reflectante, sobre el fondo oscuro, alrededor de la retratada, como si fuese una negra noche, revelándose la existencia de otra pintura debajo del fondo de “La Gioconda”. Fue como si se quitasen capas de la piel de una cebolla, de modo que primero se perfiló a otra mujer; y además, todavía se pudo distinguir trazos de una Virgen, luciendo un tocado de perlas. Se comparó la reflectografía, obtenida del cuadro de Leonardo Da Vinci, con la de 2.004, confirmándose que el dibujo subyacente era similar en ambas obras, así como las correcciones que aparecen en la pintura original, también se repetían en la copia.

Silvano Vicenti, concluyó que: “Habían rasgos del “San Juan bautista” en la sonrisa de “La Gioconda”. (…) Para Leonardo Da Vinci, la persona perfecta es una combinación de hombre y mujer. (…) Él fue un precursor del interés por lo andrógino. Su ideal de belleza sería medio masculino y medio femenino; un concepto bien conocido en el arte clásico de la antigua Grecia. La dicha opinión, fue apoyada por la conjetura de Lillian F. Schwartz, al escribir que:“ (…) en “La Gioconda” son identificables rasgos masculinos. El “Autorretrato” de Leonardo (Bibl. Nac. de Turín) fue sometido a más análisis, con una nueva técnica de la policía científica, avisando que la persona de tiza roja de debajo: “Podía no ser Leonardo Da Vinci.

Además de confirmar que Leonardo tuvo un canon para pintar retratos, explicó que sus ideas quisieron transmitir, mediante el pincel, que: “El amor es la mayor fuerza del cosmos, y que no solo mantiene a las estrellas en su sitio, sino que lo penetra todo, igual que lo hace la luz frente a la oscuridad. En efecto, mi biografiado escribió: (…) Uno no tiene derecho a amar u odiar algo, si no ha adquirido un conocimiento profundo de su naturaleza. El gran amor surge del gran conocimiento del objeto amado, y si lo conoces muy poco, podrás amarlo solo un poco o nada.

FOTO: EL OVALADO ROSTRO DE “LA GIOCONDA”

La composición general del retrato “La Gioconda” se considera que es triangular. Leonardo Da Vinci resaltó la parte alta de su frente, que nos la presenta tan despejada como si fuese la parte superior de un semicírculo. El primer trazo, o la primera línea, de todos los retratos es la principal, aunque si nos limitamos a su rostro, en “La Gioconda” es un semicírculo, casi perfecto. La intencionalidad de Leonardo la resaltó, por ser la zona donde dicho círculo mayor -si fuese completo-, sobre-montaría, inter-seccionando el círculo inferior, que limita su barbilla. Es el límite de la zona instintiva. Como entre ambos círculos forman un rostro ovalado descompensado, Da Vinci nos avisó de que, la retratada, era una dama de gran espiritualidad. El bosquejo de su rostro es tan afable, que solo puede configurarlo un óvalo, denotando que es una joven inteligente y capaz de controlar sus emociones. Entre los cabellos y su frente, apenas se distingue una fina línea del velo, que remite al misterioso “Velo de la diosa Isis”. Descubrirlo en el famoso cuadro “La Gioconda”, ha sido y será, un reto, porque es un misterio que se alimenta de sí mismo.

Observando “La Gioconda” comprobamos que es un rostro átono, porque de su natural es de carácter pasivo, siendo un sujeto fácilmente sugestionable. La ciencia de la Sinergología, que estudia la comunicación corporal, responde a la fluctuación de la mente del sujeto que emerge en sus gestos. Los micro-movimientos estáticos revelan siempre la actitud interior de una determinada persona, de forma que, al escrutar un rostro, también aportará información de sus neuronas mentales, llamadas “espejo”, las cuales afloran inconscientemente. El canon de mi biografiado Da Vinci, le fue copiado por muchos pintores contemporáneos, y otros posteriores. Leonardo, en este retrato a Doña Lisa, combinó la geometría con el número, para ser expresada con una sublime proporción.

DESCUBRIMIENTO DE OTRA “GIOCONDA” EN EL MUSEO DEL PRADO DE MADRID

El relativamente reciente hallazgo de otro cuadro “La Gioconda”, en el Museo del Prado, de Madrid, volvió a poner en boca de todo el mundo al genial, y polifacético toscano, Leonardo Da Vinci. Parece ser que el cuadro estuvo olvidado en los sótanos del museo madrileño, conservando un fondo sobre-pintado con color negro. Así pues, dado que el retrato carecía de paisaje, se quitó todo el barnizado añadido que cubría aquel cuadro. Fue una limpieza que, todavía hoy, no se atreven a efectuar en “La Gioconda” de París. En contra de lo que se pensaba, una vez limpiado, “La Gioconda” de Madrid, resultó que también tenía paisaje. El repintado fondo negro, le había sido añadido en el siglo XVIII, y después siguió conservando los deprimentes gustos de una época pretérita.

Hubo que superar la opinión conocida de Leonardo: ”Un pintor debe comenzar cada lienzo con un baño de negro, porque todas las cosas en la naturaleza son oscuras, excepto cuando están expuestas por la luz. Pero el color negro no era el original, sino que era un fondo añadido. Aquel retrato de “La Gioconda” tenía otro fondo, y –como se verá en su momento- mucho más elocuente que el tenido por original. Es más, en “La Gioconda” de Madrid, Doña Lisa, no es independiente del paisaje, sino que forma parte del mismo. Leonardo también lo pintó consciente de que formaba parte de su propia alma. Diluyendo los trazos, entre el rostro y las montañas, se esconde el deseo de superar el mundo cruel, cuyas mentalidades sanguinarias amenazan cotidianamente a cada individuo en particular.

En los sótanos del Museo del Prado, aquel cuadro fue escaneado previamente con rayos infrarrojos, pero el color negro resistía la radiación. La investigadora de la pinacoteca madrileña, Ana Gómez Mozo, a pesar de su perseverancia, le costó un año de trabajo poder descubrir los paisajes montañosos  debajo de cada lado de la  famosa cara. La experta restauradora se sorprendió; y más aún después de haberlo limpiado aplicando disolventes. Poco a poco, fueron apareciendo coincidencias con el cuadro de París, y hasta se detectaron los apuntes previos dibujados por Da Vinci. Doña Almudena Sánchez, explicó: “Una reflectografía mostró que el dibujo era muy rico en detalles, algo impropio de una copia (…) Se comparó con el dibujo subyacente de “La Gioconda” y vimos que ambos tenían las mismas correcciones en los mismos lugares. (…) Los dos se habían pintado al mismo tiempo, en el mismo lugar y utilizando la misma modelo. Realicé un calco mientras restauraba la obra, y el contorno de ambas cabezas es exactamente igual (…) En cambio, cuando se las compara, algo no encaja. Y la respuesta está en la frente (…) La pintura de (París) es más alta, buscaba un rostro más esbelto. Con este mismo propósito, el artista florentino pintó un horizonte algo más bajo.

Todo lo dicho –y el hecho de que la tabla de Madrid sea tres centímetros más baja, y cuatro más ancha-, proporciona a “La Gioconda” de París una mayor airosidad. A partir de aquella revelación, la dimensión cultural de “La Gioconda” de Madrid se agigantó, llegando a poner en entredicho la originalidad de la copia del Museo del Louvre París. En conclusion, ”la Gioconda” en sus veintidos primaveras, no solo su rostro se habria dulcificado debido a la maternidad, sino que se habría ensanchado.

LA LIMPIEZA DE “LA GIOCONDA” DE MADRID

En un congreso, celebrado en Londres sobre la pintura del Renacimiento, expertos y restauradores, concluyeron que: “La Gioconda” del Museo del Prado, es contemporánea de la del Louvre, y se habría pintado en el estudio de Leonardo, entre 1.503 y 1.506. Es un cuadro más luminoso que la obra considerada la original de Leo, y sus medidas son muy similares. El original de la “La Gioconda” de Madrid, es aún poco conocido, pero espero contribuir a restablecer la verdad. Como espero que, con el paso del tiempo, este escrito lo leerán gentes que tendrán dificultad para distinguir ambos cuadros, me referiré a ellos nombrando solo los respectivos museos: la de Madrid, y la de París. Son dos capitales que seguramente todos conocerán. “La Gioconda”, del encargo original, por fin se exhibe en el Museo del Prado, de Madrid, siendo llamada: La gemela de “La Gioconda”.

En sus dependencias se almacenan casi ocho mil obras, y otras tres mil más están eventualmente depositadas en otros museos, cuyo fondo es llamado “El Prado Disperso”. De sus numerosos cuadros, me referiré especialmente a “La gemela de La Gioconda”, por ser la más famosa de las numerosas copias existentes en el Museo del Louvre de París, donde durante cuatro meses se exhibieron juntas. Vaya por delante, que al respecto de “La Gioconda”, nada de lo planteado por los especialistas es comprobable, más allá de lo expuesto en estas páginas. Y referente a la de Madrid, hasta 2.012, se creía que era: una versión más de las muchas que existen del cuadro de Leonardo da Vinci. Pero no es una copia. Es, el mejor intento de materialización de un rostro humano luminoso. Particularmente, veo en este nuevo rostro, una emoción que no sé concretar, a pesar de mi experiencia y esfuerzos semánticos, pues de todas las pinturas de Leonardo es la más luminosa y, sutilmente, más intimista.

Opinó Alberto Otero, del Museo del Prado: La reflecto-grafía mostró los arrepentimientos propios de una obra original (…) Leonardo creó su Gioconda codo con codo con el colaborador que ejecutó la que tenemos en Madrid (…) Escaneándolo, pasamos de tener una copia a una obra original del taller de Leonardo. Por su parte, la restauradora del Museo del Prado de Madrid, dijo que Leonardo: ”Buscaba una belleza idealizada, abstracta. También opinó del cuadro (siempre antes considerado una copia): “Es un rostro identificable, un verdadero retrato. Lo remarco, porque mi convencimiento es que, realmente, es el retrato que Da Vinci debió de pensar entregar. Los expertos en arte pictórico supusieron que, mientras la modelo Mona Lisa posaba, y Leonardo la pintaba, algún discípulo habría ejecutado su propia versión del mismo retrato.

Las varias correcciones, que Leonardo hizo en su obra, fueron también fielmente reproducidas. En mi opinión, tanta exactitud solo pudo ser debida, a que el propio Da Vinci siempre los terminaba de pintar personalmente. Si intervinieron sus alumnos -ni que fuesen los más expertos-, solo le llenarían de pintura la estructura triangular del sujeto retratado. siendo Leonardo quien lo ultimaba en momentos de inspiración. No habría permitido que otros lo desacreditasen.

Quien quiera presentar alguna anomalía, que la busque en el aforismo” nº 309 de su libro: “(…) Sólo la pintura se mantiene en su nobleza y honra a su autor. Es preciosa y única, y no pare hijos iguales a sí misma (… ). Eso que escribió el genial toscano, sí que es una contradicción. Una más, de las muchas que se le conocen, porque, de su misma escuela de pintores, salieron varias copias de “La Gioconda”. Solo en el Louvre, tiene un centenar de catalogadas, pero la de Madrid, según opinó el especialista francés Vincent Delieuvin: (…) la del Prado, siendo más dura y más precisa, es la menos parecida al original (de París). Y eso lo escribió cuando la vio embrutecida, y con una grieta importante que amenaza la propia tabla.

FOTO: DIFERENCIA ENTRE LAS DOS PINTURAS

Actualmente, al ver limpiado el original de Madrid, si lo comparo con la copia de París, yo tengo la sensación de que son los retratos de una hija y de su madre, respectivamente. Pero la decisión, antes de proceder a limpiarla, necesitó de un fuerte estímulo cultural. “La Gioconda” de Madrid, fue sometida a un proceso de restauración, solo después de que el cuadro les fuese solicitado para ser exhibido en una magna exposición del Museo del Louvre. La pedían para que formara parte de la exposición “L’ultime chef-d’oeuvre de Léonard Da Vinci, la Sainte Anne”, prevista para marzo del 2.012. El Prado reaccionó. Si salía de casa, mejor asearla un poco para la ocasión. Los trabajos previos a la restauración supusieron toda una revelación.

Lo primero que se reveló, fue que su soporte (de cuatro centímetros de grosor) era de nogal, y de máxima calidad, utilizada habitualmente por los artistas florentinos de comienzos del siglo XVI. Es decir, no era de roble, tal como habían supuesto. Para mayor conmoción de los expertos, en sus manos tenían una obra pintada con los pigmentos más valorados de la época, entre los que destacan una laca roja. El cielo, los lagos y el río, todos fueron pintados en azul marino, a partir del lapislázuli, costosamente importados del Afganistán. Demasiado gasto, para que un discípulo practicase, siguiendo los pasos de su maestro. Los materiales empleados en ”La Gioconda” de Madrid, son de primera categoría, porque correspondían al verdadero encargo,… aunque tampoco este cuadro Da Vinci lo vendió.

Para Almudena Sánchez, la restauradora del Museo del Prado, que deseaba limpiar “La Gioconda” de Madrid, guardada en su almacén (cosa que finalmente consiguió), el delicado estado del cuadro, no era una excusa: «Es una obra emblemática y da miedo tocarla, porque se produciría un cambio enorme (…) La Gioconda de Madrid tiene mejores materiales y “es un verdadero retrato”, con sus cejas y pestañas y su frente más baja, mientras que Leonardo se dedicó a ejecutar un ideal de belleza (… ). Da Vinci no fue un pintor, sino un maestro de la simetría, y un experto en ocultar códigos en sus obras, y sigue siendo un reto para los expertos que buscamos descubrir sus mensajes«. Gracias al feliz descubrimiento en el Museo del Prado, de Madrid, los expertos del Louvre, de París, cambiaron la datación de su “La Gioconda”.

Antes figuraba en torno a 1.507, y se varió al 1.519, el mismo año de la muerte del genial artista toscano. Las damas retratadas, la de París y la de Madrid, resulta que no son calcadas, aunque puedan parecerlo. Su tan alabada “no sonrisa”, tampoco es exactamente igual en ambos cuadros. Al compararlas, existen varias diferencias, y a mí personalmente me gusta más la de Madrid. Una vez limpiada, obviamente es más nítida, luminosa, alta y alegre; y el rosado rostro de la joven incluye cejas y pestañas. Lo de menos es que le falte una pulsera. Para un profano, la mayor de las diferencias, es que, en la de Madrid, el semicircular tercio superior de su rostro, tiene menos altura que en la de París, y más baja la línea del peinado. En efecto, la tabla de Madrid, al ser tres centímetros más baja, y cuatro más ancha, proporciona a “La Gioconda” una mayor airosidad.

FOTO: COMPARANDO LAS DOS MEJORES “GIOCONDAS

En la versión de Madrid todo es menos sutil, dando la sensación de que es una persona más real. El cuello es más largo, y el cabello está más cerca de los ojos. En cuanto al velo de “La Gioconda” de París, es de color negro; mientras que en la de Madrid es blanco, pareciendo que flota sobre el pelo color castaño rojizo. En la de París, el velo es amarillento, aparentando ser más pesado. “La Gioconda” del Prado, tiene cejas y pestañas; en cambio, la de París carece de ambas, así como tiene un punto blanquecino en su barbilla, y una verruga en cada una de las comisuras de sus párpados. Son mujeres distintas, una en posición erguida, y la otra recostada. Una parece estar cómoda, y la otra no. La del Madrid, parece ingenua; y la de París, sardónica, de cara más pícara y más ancha.

La mayor diferencia, podría pensarse que está en que la joven retratada aparece enmarcada entre dos columnas laterales; lo que recordaría el acceso a las columnas del Templo de Salomón (en Jerusalén), en tiempos del rey Herodes. Pero, realmente la diferencia está en que, la retratada del cuadro del Madrid, carece del sfumato, la técnica pictórica inventada por Leonardo. Es como una niebla, que diluye los gruesos trazos negros de la pintura medieval, para mostrar las cosas tal como las vemos. No obstante, el sfumato fue propio de la última época de Da Vinci. Es decir; cuando pintó “La Gioconda” de Madrid, Leonardo todavía no lo aplicaba. El genial sabio toscano se llevó su cuadro a Francia, y siguió retocándolo, de ahí que pudiera incorporarle el sfumato. El resultado es que, la de Madrid aparece como una bella y señorial joven, y la de París parece ser una idealización.

Al analizar la tabla de nogal (la más cara), se supo que “La Gioconda” de Madrid procedía de la escuela italiana. El viaje desde Italia a Madrid, pudo haber estropeado el cuadro, pero no fue así, y actualmente su estado de conservación muy superior al de París. La retratada está rejuvenecida. El del Louvre, sigue estando oscurecido por el barniz, lo que hace que el aspecto de la muchacha del cuadro parezca el de una mujer de mediana edad, mientras que la retratada de Madrid, cobró el aspecto de una chica joven.

La llegada a España del famoso cuadro -cuando se cría que el único existente era el de París-, se supuso que habría sido por mediación del escultor del rey Felipe II, Pompeo Leoni, quien, al visitar Italia, lo debió de adquirir (a Salai, que lo heredó), junto a varios “Cuadernos de Notas” de Leonardo Da Vinci. (Previamente, quizá se tituló “Mujer de Mano, de Leonardo Abince”). Al investigarse, descubrieron que había llegado a la Corte Española, procedente de Milán, por herencia del rey Carlos V, cuando gobernaba aquella capital. Los dos cuadros de “La Gioconda”, fueron separados al salir Leonardo de Milán, con destino al castillo del rey de Francia (Valle del Loira-Fr.). En Milán permaneció el retrato que se exhibe en el Museo del Prado, de Madrid.

El artista florentino Giorgio Vasari escribió acerca de la “La Gioconda” en 1.550, cuando tituló, por primera vez, el cuadro como “Mona Lisa”, describiendo unas cejas y unas pestañas que no existían en el cuadro de París. Lo comentó así la restauradora del Museo del Prado de Madrid: “Ahora nos tenemos que plantear qué “Gioconda” describe Vasari, (…) la de Leonardo no la pudo ver, porque se la llevó consigo a Francia, en cambio la del taller seguramente se quedó en Florencia. (…) “La Gioconda” de Madrid tiene los mejores materiales, siendo la que debía responder al encargo. (…) Es un verdadero retrato con sus cejas y pestañas y su frente más baja (… ). Posteriormente, en 1.584 G.P. Lomazo, se refirió a dicha obra indistintamente con los nombres Mona Lisa y La Gioconda. En el siglo XX, la norma inicial fue: llamar “Mona Lisa”, al cuadro del Museo del Prado; y “La Gioconda”, al del Museo del Louvre.

A mediados del siglo XVII ya estaba inventariado, pues detrás tiene escrito “666” (¿1.666?), habiéndose guardado en la primitiva pinacoteca de la Galería del Mediodía, del desaparecido Real Alcazar de Madrid (incendiado en 1734), del cual “La Gioconda” pudo ser salvado. A causa del incendio, en Madrid, quedaron pocas obras de Leonardo. Después, fue guardado en el Museo del Prado, de donde no había vuelto a salir; si bien, forma parte de los fondos del museo desde su inauguración, en 1819. A pesar de tener un fondo absolutamente negro, y catalogarse “La Gioconda” como una copia (atribuida a un artista flamenco), en realidad ya se destacaba, pues “La Gioconda” de Madrid, fue uno de los pocos cuadros que a finales del siglo XIX ya tuvo su propia postal, como los insignes Velázquez, Goya y el Greco. Tal estrategia, fue copiada del Museo del Louvre, donde “La Gioconda”, fue su primera iniciativa publicitaria, promocionándola en todos los países. Su cara se envió impresa en postales, y para poder contemplarla, llegaron a París multitudes en peregrinación.

FOTO: DIFERENCIAS ENTRE LAS DOS “GIOCONDAS” 

Lo más significativo de toda la investigación, es que el cuadro de “La Gioconda” de Madrid carece del famosa técnica pictórica del difuminado (“sfumato”), experimentada tardíamente por osado y genial Leonardo. Explicaba A. Sánchez: “El sfumato es propio de su última época (…) La obra de Madrid nos muestra el momento en que se separaron Leonardo y su colaborador (…) Él maestro se lleva “La Gioconda” y sigue trabajando en el cuadro, de ahí que pudiera incorporar después el sfumato. Esta técnica consiste en difuminar el contorno de los objetos y personas, lográndose una mayor profundidad y más realismo. El propio Leonardo lo definió: sin líneas o bordes. Claramente quería presentar obras opuestas al estilo Románico, anterior al Renacimiento.

Leonardo Da Vinci difundió la dicha técnica a través de sus numerosos viajes por diferentes regiones de Italia, influyendo en los jóvenes pintores del siglo XVI.Por todo lo explicado, es de toda lógica que, también el Museo del Prado, de Madrid, en 2.019 se sumó a las exposiciones conmemorativas del nacimiento en la Toscana del mayor genio del mundo. Fue distribuida en dos sedes: el “Palacio de las Alhajas”, y la “Biblioteca Nacional de Madrid”. Colaboraron, entre otras instituciones, el “Ayuntamiento de Madrid” y la ”Comune de Firenze”, reconociéndola como la única exposición que tenía el aval del “Leonardo Da Vinci DNA Project”, que reúne a los mejores y más expertos analizadores del inolvidable Leonardo.

En el Museo del Prado de Madrid, después de haber estudiado el cuadro de “La Gioconda” durante un año, aplicándole tecnología 3D, o sea, con escaneado triple de la tabla de nogal, su descubridor detectó en 2.004, que debajo existía un dibujo previo. En 2.006 otros especialistas de la pinacoteca del Museo del Louvre determinaron que había sido pintada en 1.503, después de que Doña Lisa hubiese dado a luz al segundo de sus cinco hijos, motivo por el cual Leonardo la retrató llevando una velo en su frente.

Para muchos otros de sus admiradores, su proverbial “no sonrisa” evoca distanciamiento, al mismo tiempo que atención y respeto, hacia quien la estaba retratando. Los especuladores, en cambio, interpretaron la más bella sonrisa  del mundo, como una parálisis facial; y todavía hay que recordar a quienes creen que sonríe porque sería un efebo disimulado con rasgos femeninos. La información más realista, fue que, para retratarla en aquel cuadro, se habrían necesitado diez mil horas de minúsculas pinceladas, algo que fue muy de agradecer por los devotos de la “Joya del Louvre”.

FOTO: COMPARACIONES DE ROSTROS, Y DIFERENTES “NO SONRISAS

Según Silvano Vicenti, director del “Comité Nacional de Italia para la Promoción del Patrimonio Histórico y Cultural”: Da Vinci utilizó otro modelo, además de Lisa Gherardini(…) En un primer estrato», vemos que no hay sonrisa, sino que aparece triste y melancólica”. Da Vinci, en busca de una “La Gioconda” más complaciente, pintó otra boca, y –en su opinión- las comparaciones con este segundo modelo, confirmarían que la de París sea un retrato idealizado, y el de Madrid una joven normal. La poderosa simbiosis entre la retratada y la naturaleza, sería, al fin, conseguida por “el mago de los pinceles”, el más hermético del Renacimiento italiano. Metódicamente, Leonardo buscó que cada una de sus obras, tuviese un calado que le recordase su permanente idilio con la belleza de la Madre-Naturaleza… Y si creía poder superarlo, lo hacía; incluso al precio de sustituir algunos elementos de un cuadro, aunque lo hubiese pintado muchos años antes. Creyó rotundamente, que era su privilegio de artista creador.

LEONARDO PINTÓ VARIAS GIOCONDAS, Y LA “LISA DESNUDA”

La famosa “Esfinge de Occidente” inicialmente tuvo dos retratos, uno con cejas y otro sin ellas, para poder conservar siempre a su lado el segundo citado. Con el paso de los años, la retocó, siendo la de París, mucho más elaborada. En cuanto a la descubierta en 2.012, en Madrid, recordemos que el genio toscano empleó materiales muy caros. Dado que nunca firmó sus obras, solo tres de sus cuadros ha podido ser probado que los tuvo en sus manos. Uno de ellos “La Gioconda”; el otro “La Virgen y el Niño, con San José”, pues también es seguro que la pintó Leonardo. Es una escena parecida al “Pesebre” que, ya en su tiempo, montaban cada Navidad en Lombardía.

La tercera obra con la huella de Leonardo sobre la pintura, según demostró el galerista y restaurador David Bull, fue “Ginevra Benci“. También afirmó que dicho cuadro fue el primero que Leonardo frotó los bordes con sus dedos para suavizarlos. El hallazgo le produjo tanta emoción, que llamó al FBI para que fuese estudiada dicha huella mediante una cámara de infrarrojos (reflectología). Gracias a ello también se pudo establecer con seguridad que tanto el fondo montañoso de dicho cuadro, como el más sugerente de “la Gioconda”, habrían sido ambos variadas sus  panorámicos respecto a sus fondos originales; lo cual en el siguiente capítulo explicaré el por qué para mi tiene mucha importancia.

Ginevra Benci era una joven florentina, nacida en 1.457, hija de un acaudalado banquero al servicio de los Médici. Ella fue la primera dama retratada cuando Leonardo era un simple artesano trabajando por un sueldo. Su retrato (38 cm. de alto) es el único que salió de Europa para permanecer expuesto en la National Gallery of Art de Washington, DC.. La bella y muy rica joven, de la que se dice que además era ingeniosa y escribía melancólicas poesías, se nos presenta mirando al frente, con sus dos manos sobre el pecho. Ella quiso que Leonardo la pintase como una Venus. El cuadro no tenía connotación sexual, a pesar de que el artista como buen adulador, le dio un aire seductor, como recordando el amor que las personas sienten por Dios. La realidad es que se evoca el mismo amor platónico que hizo a Botticelli pintar a Simonetta Catanei Vespucci.

FOTO: REPETICIONES FAMOSAS (CON UNA RARA MONTAÑA AL FONDO)

Los discípulos de Leonardo pintaron nuevas “Giocondas” después de 1.503, ya que el Maestro siempre estuvo muy interesado en aquella composición. Existen muchas copias de “La Gioconda” en el mundo, pero en muy pocas hay indicios del pincel de Leonardo. Un par de ellas se conservan en el museo Hermitage de San Petersburgo, y en el Museo Da Vinci de Toscana (Italia). Otras halladas en Suiza, en Inglaterra y en Praga, llegaron al Museo Condé, al hacerse allí una gran exposición. Una copia más oscura, y con fondo diferente, fue descubierta en Rusia; pudiendo darse el caso que si la restaurasen sucediese como en “La Gioconda” de Madrid. Otra “Gioconda de Landsdowre” pasa por ser la más clara, y de fondo tiene las inconfundibles montañas de Montserrat. También citaré por último la “Gioconda de Yarnwinder” (1.501), que incluyó al Niño Jesús en su regazo.

FOTO: LA DIVERTIDA “GIOCONDA DESNUDA”

Da Vinci también pintó una “Lisa Desnuda”, que aparece de medio cuerpo, pero con una expresión facial diferente, y cuyo peinado da forma almendrada a su frente. Aunque costó de atribuírsela Leonardo, “La Lisa Desnuda” reveló, bajo el microscopio, haber sido pintada por un zurdo durante la vida del mi biografiado. Ha sucedido varias veces que el sombreado del rostro y la garganta han permitido saber que Leo participó en algunos cuadros de Verrocchio, como es el caso de “San Donato“, actualmente en el Museo de New York.

Para que no se tuviesen dudas de su autoría, el bromista, que siempre fue Leonardo Da Vinci, incluyó en su “Lisa Desnuda” el perfil de un varón “narizotas”, embobado mirándola. Según sostiene el experto crítico Mathieu Deldicque: “La copia del palacio de Chantilly (al norte de París), fue pintada al final de la vida del genio toscano, cuando la edad había hecho mella en su salud, y estaba parcialmente paralítico. Leonardo pintaba menos y lo hacía de forma muy lenta. (…) decidió desnudarla, porque para él representaba la belleza universal y, al desnudarla, quiso hacer una alegoría del amor, de la seducción«.

Dicho crítico aseguró que se trata de un dibujo preparatorio, de guach y tinta, para “La Gioconda”, que -como era costumbre en la época- se hacía previamente sobre un gran cartón. «Los análisis muestran que la obra fue pintada en el taller de Leonardo con la muy probable participación del propio maestro«. Hay que decir que, también de ésta, se hicieron copias.

FOTO: FALSAS “GIOCONDAS”, Y OTRAS OBRAS DE LEONARDO

De hecho, la admiración que Leonardo disfrutó, se la debe a veinticinco cuadros que pintó a lo largo de su vida; razón de más para que sean obras tan famosas y apreciadas. Actualmente son consideradas grandes obras maestras del patrimonio universal; ya sean auténticas, o aunque tan solo le sean atribuidas. En el Museo del Louvre tienen catalogadas más de un centenar de copias de “La Gioconda”, siendo la más famosa de ellas “La Gioconda de Isleworth”, vestida más sencilla que la super famosa del dicho museo. Probablemente sea la que escribió haber visto Giorgio Vasari. Entre los expertos, fue muy discutido cual había sido la copia de “La Gioconda”, a la que se refirió, pero no llegaron a ningún acuerdo. Entonces, para mayor confusión, fue descubierta la llamada “La Gioconda de Isleworth”, más joven, pintada sobre una tabla que tiene unos centímetros de más.

Para la mayoría fue considerada la primera de las pintadas por Leonardo Da Vinci. Al no tener todavía ningún fondo, se concluyó que las demás “Giocondas” eran todas posteriores. Para sus dueños de Isleworth, la retratada era la verdadera esposa del Giocondo, de Florencia; aunque tampoco se descartó que fuese un retrato de Caterina, la propia madre de Leonardo. Otros creyeron que era Constanza d’Ávalos. A pesar de la incertidumbre, en 1.962 fue adquirida por el escritor Henry F. Pulitzer. Actualmente, el cuadro pertenece a un consorcio privado de Zurich (Suiza). De Leonardo casi todo es discutible; y yo sintetizo solo lo más relevante.

Hay que insistir en que, del propio estudio de pintura de Leonardo, salieron varias copias. Una de ellas parece ser que sería la encargada por el Giocondo (un banquero y comerciante napolitano), y otra para Giuliano de Médici. En cuanto a las réplicas falsificadas de “La Gioconda”, una salió a la venta por más de un millón de euros (según “Ag. EFE”). En otra copia, en el interior de una de las pupilas de “La Gioconda” se pintó una réplica en miniatura (mide menos de un milímetro cuadrado), con tanto éxito, que es previsible que se exponga también en Nueva York y en Rusia.

Por otra parte, técnicos de la firma Samsung lograron hacer moverse, e incluso hablar, a “La Gioconda”, con un impresionante nivel de realismo. Generaron vídeos falsos, a través de una imagen fija de ordenador, siendo el último logro de la inteligencia artificial. “La Gioconda”, pintada y conservada, por Leonardo, expresa en imágenes lo contrario de lo que sus interlocutores piensan (técnica Deepfakes). A continuación, voy a referirme brevemente a algunas de las consideradas auténticas.

LA “MONA VANA

Al hablar de seducción, hay que recordar la existencia de la “Mona Vana”, del Museo del Hermitage (San Petesburgo- Rusia). Se trata de una versión grisácea de “La Gioconda”, procedente de una colección privada. Fue pintada a lápiz, probablemente en vida de Leonardo, sin descartar que fuese un dibujo preparatorio. El crítico Mathieu Deldicque, del Palacio de Chantilly de París, opinó que   era «cautivadora, pero morbosa. Comparte con “La Gioconda” de París, su “pose”, su gesto, así como su “no sonrisa”. La “Mona Vana”, está enmarcada entre columnas, igual que “La Gioconda” de Madrid». (“La Gioconda” de París, no las incluyó nunca).

El año 2.015, en Rusia, apareció otra “La Gioconda”, también entre dos columnas. La “Mona Vana”, inicialmente fue atribuida a su discípulo Andrea Salaino (Salai), porque parecía impropia de Leonardo, pero una vez demostrada su autoría, solo queda advertir que no era la misma modelo, y su cara mira descaradamente, al que tenía enfrente, admirando sus atributos. La mitad izquierda de su cara está algo contraída, comprobándose que la dotó de una potente y recta barbilla. Sus pechos desnudos no están nivelados.

La Anunciación” y la “Virgen del Clavel” (ambos están repintados, mostrando la montaña de Montserrat al fondo), reflejan la transición de Leonardo de la escultura a la pintura en 1.470. En general, se cree que es la primera obra completa existente de Leonardo, aunque posteriormente la habría retocado. Los Rayos X revelaron (trazos subyacentes en su lado derecho) un paisaje típicamente toscano. En “La Anunciación”, Leonardo Da Vinci – igual que su maestro Verrocchio-, se rindió a las innovaciones llegadas a Florencia por pintores flamencos. Apodado con ironía “La Virgen Tres Piernas” (debido a los pliegues del vestido), también le fue criticado que la Virgen: No mirase al arcángel Gabriel; como si no lo viese. En realidad hicieron una larga lista de incompetencias, empezando por tener su brazo demasiado largo.

 “LA ANUNCIACIÓN”

Según Carlo Vecce: Todo parece querer resaltar el paisaje del fondo. Lo volveré a comentar, al tratar los viajes de Leonardo a Cataluña, porque en el nebuloso fondo, sobresale la insólita altura de los peñascos de la montaña de Montserrat. En la miniaturización de Barcelona, pintó referencias arquitectónicas (las torres y el faro del puerto), que no son italianas. El experto Alesandro Vesozzi, identificó la torre hexagonal, truncada, ubicada cerca del puerto de Barcelona, como la iglesia de Santa María del Pi. Lo confirman los arcos en el muelle que, por su posición, serían las atalayas más elevadas de la iglesia de Santa María del Mar (entonces muy cerca de la playa).

FOTO: “LA VIRGEN DEL GATO”

Había pintado “La Madonna del Gato” entre 1.481 y 1.483, donde se ve que el Jesusito lo aprieta para conseguir retener al animal incómodo. Dado que Leonardo previamente dibujó varios bocetos de gatos, alguno mostrándolo enfadado. (Br. Mus. Londres), se puede deducir que para él simbolizaban a la Iglesia cátara (CAT), que siglos antes había rechazado tener tratos con la Iglesia católica. El original de la “Virgen del Gato” se perdió, pero se conservan tres cuadros en los cuales repitió el mismo tema (Londres, Oxford  Windsor). Por otra parte, el tema se conoce por sus bocetos, y además hubo un gran estímulo para que fuese reproducido por otros pintores. Ha surgido alguna copia que pretende ser auténtica, pero al fin se dejó de lado.

En sus “Vírgenes con Niño”, éste sostiene un gato casi siempre queriendo soltarse, simbolizando la Iglesia cátara con respecto al dogma católico, el cual rechazaron ariesgándose a perder sus vidas. Leonardo pintó muchas veces al gato doméstico, porque los librepensadores cátaros, con el dicho felino simbolizaron la “Luz interior”. Da Vinci  estudió los ojos de los gatos mejor que nadie, por lo cual pudo escribir:«Si de noche fijas la vista entre la luz y el ojo de un gato, verás que sus ojos parecen arder«. Las referencias de Leonardo al felino, quizá tenga relación con las ideas que hicieron que los egipcios los venerasen con el nombre de Bastet, momificándolos a miles, porque creyeron en la metempsicosis, o sea, la transmigración de las almas humanas en cuerpos de animales. En idioma sánscrito,  al cielo lo llaman “akasa”, de donde nació el nombre del depósito de “conocimiento akasico” o memoria universal, sintonizada aporta soluciones con la mente relajada.

De cuantas obras Leonardo pintó, “La Madonna del Gato” es quizá la que mejor refuerza la visita de Leonardo al monasterio de Montserrat, en Cataluña; así como también la relación de sus ideas más íntimas con las creencias de sus antepasados librepensadores. J. L. Espejo ofrece las variantes de dónde procede el prefijo “Cat”, ya que remite a los cátaros del Languedoc. Así mismo, nos recuerda que en los alrededores de la montaña de Montserrat, existe el topónimo Collbató (antiguamente “coll-gató”), que se traduce por “collado del gato”. En Occitania abundan los apellidos que incluyen “cat”, porque incluso en la Edad Media fue llamado “País del Gato”.

En 1939, Don Francisco Vidal de Noya, secretario del rey Fernando II “El Católico” (de quien entre 1.482 y 1.483, fue embajador en Italia), reclamó la propiedad de un cuadro de “La Madonna del Gato”. Lo heredó Carlo Noya, de Savona, que logró que el Ministerio de Cultura Italiano lo considerase auténtico. J. L. Espejo lo creyó un regalo de Leonardo al dicho secretario real, residente en Barcelona. Por lo dicho, Espejo dedujo que el cuadro pudo aparecer en Milán, en casa de su descendiente. Noya, es un apellido muy común en Cataluña, donde incluso existe una comarca llamada Anoia, cerca de Montserrat. El caso es, que, en 1.990, se perdió el interés por la “Virgen del Gato”.

FOTO: SU “VIRGEN CON NIÑO”, Y OTROS TEMAS

A continuación haré un resumen de sus obras del “Periodo Florentino”, desde el primer dibujo del joven Leonardo Da Vinci: “Paesaggio”, cuando tenía veintiún año (“Paisaje de Santa María de la Nieve”-1.473). A partir de entonces, siendo aprendiz en el taller de Verrocchio, arrancó, profesionalmente, al recibir encargos de la nobleza y el clero de Florencia. Existe una escultura de terracota, hecha por el mismo, titulada”La Virgen con el Niño Riendo” (Victoria & Albert Museum, de Londres). Según argumentó Francesco Caglioti, profesor de Historia de la Universidad Federico II, de Nápoles, se nota más en:  «(…) la ropa, las manos, el cabello, y especialmente las sonrisas de la Virgen y el pequeño Jesús«. Los siguientes cuadros de Da Vinci, fueron: la “Virgen de la Flor” (1.475-1.476), y el “Retrato de Ginevra de Benci” (1.476-1.478).

Por mediacion de su padre ser Piero Da Vinci, a Leonardo le fue encargado el tema de la “Adoración de los Reyes Magos” (1.481) por los monjes de Santo Donato de Scopeto,Al inicio de la década de 1.480, cuando tenia 29 años de edad, se autoretrato en el tema de «La Adoración«, que no pasó de ser un boceto pues lo dejó inacabado al viajar a Milán (15-4-82).  En él se puede admirar la creatividad de Leonardo Da Vinci, a pesar de haberlo encontrado cubierto de un feo barniz que le aplicaron después de haberlo pintado. Hoy se puede ver un templo claramente con su sagrados símbolos. Estos son la prueba de que hurgó en los secretos de la geometría sagrada, única que abría una vía a los secretos del cosmos. No ignoró que el símbolo muy complicado y a la vez simple de la «Flor de la Vida» se la descubre decorando piedras desde la prehistoria en todas partes del mundo.

Ya en su etapa florentina, Leonardo pintó sus primeras obras maestras, en las cuales se refleja su transición desde la escultura, a la pintura al óleo. Tanto Leonardo, como Verrocchio, ambos estuvieron influidos por las técnicas innovadoras que llegaban a Florencia. Los pintores flamencos, hacían retratos en posición de “tres-cuartos”, y los pintaban mezclando aceite a la pintura (al óleo). Inicialmente Leonardo pintó en colaboración con Verrocchio: “La Anunciación”, el “Bautismo de Cristo, y la “Virgen del Clavel” (1.478-1.480). Éste es un óleo sobre tabla, donde aparece en el fondo la montaña de Montserrat en toda su extensión (Museo de Munich). Da Vinci mismo escribió haber pintando dos cuadros de la Virgen, una de ellas es la “Madonna Benois” (1.479-1.480), y la otra debió de ser “Madonna Litta” (Museo de Stalingrado).

Otra “Virgen con Niño” de Leonardo, muy parecida, es la “Madonna de la Rueca”, un óleo, del que se pintaron tres copias. Una de ellas pertenece a un coleccionista de Nueva York. Del resto de su “catálogo”, los más famosos cuadros fueron: “La Dama del “Armiño” (1.485-1.486 y 1.489-1.490), “San Jerónimo” (1.485-1.486), “Retrato de un Músico” (1.485-1.496), “La Última Cena” (1.495-1.498), “La Belle Ferronnière” (1.496-1.497), y la “Decoración de la Sala delle Asse” (1.498-1.499). Otras obras, como: bocetos, dibujos y cartones de los discípulos de Leonardo, en muchas pinturas revelaron tener incluidas las peculiares pinceladas del zurdo Maestro, que son como un “sello” (Por ejemplo en: “San Jorge y el Dragón”; “El Descenso a los Infiernos”; “La Medusa”; etc.).

ENTRE SUS CUADROS, “LA VIRGEN DE LAS ROCAS” ES UN CASO APARTE

El primer cuadro que Da Vinci pintó en Milán, fue “La Virgen de las Rocas”. Inicialmente lo imaginó como una sátira ambigua. Hizo dos versiones (1.483-1.484 y 1.495-1.508), y en ambas, pintó un parecido fondo con la montaña de Montserrat. Es un tema rocoso, puesto que evoca el bíblico episodio de “La Huida a Egipto”, según el “Evangelio de Santiago” (apócrifo): Antes de la matanza de inocentes, santa Isabel, prima de la Virgen María, decidió refugiarse con su hijo Juan (futuro “Precursor”) en la montaña. (…) La montaña se abrió, y se refugiaron en una milagrosa cueva, donde, entre una gran luz, se les apareció el Jesusito y el ángel Uriel.

Situando la dicha escena dentro de una cueva iniciática, Da Vinci nos sugirió la desolación de los “sanjuanistas”. Dado que al genial toscano le interesaban las creencias agnósticas, hizo una llamada de atención, para evidenciar sus conocimientos herméticos. En la pintura de Leonardo, al no distinguirse bien cuál de los dos niños era san Juan Evangelista, dicho tema fue considerado el más herético de cuantos pintó Leonardo Da Vinci. Obviamente, al resaltar la importancia del pequeño Juan “el Bautista”, disminuía la de Jesús, tal como predicaban los herejes cátaros.

FOTO: UNA “CRUZ YACENTE” SUBLIMINAL

La «Virgen de las Rocas» (National Gallery«) evidencia al buen observador tener un algo oculto, pues los cuidadores están cambiados respecto a Jesús (que tiene al ángel Uriel a su lado), y al pequeño san Juan. Hace relativamente poco que se han trazado dos líneas rectas, vertical y horizontal) entre las cuatro manos extendidas y el resultado obtenido fue una forma de cruz yacente. El ángel Uriel simboliza en dicho cuadro su íntimo pensamiento oculto.

El pintor Ambrogio De Predis pintó una de las dos tablas laterales del tríptico “Virgen de las Rocas”, que eran más pequeñas, y su hermano Evangelista De Predis, que era miniaturista, decoró el marco dejando la parte central (1,20 de ancho) a cargo de Leonardo. La versión más triste y austera se exhibe en Londres a donde llegó vía Innsbruck. La versión de París  es la primera y más herética por ser el ángel Uriel protector del niño que representa a  san Juan. Están ambos cambiados de lugar puesto que parece que el Jesusito está arrodillado ante “el Precursor”. Dicha transposición de personajes, primero la habrían “inventado” los herejes cátaros del Languedoc, siendo aceptada por los frailes con espada, que fueron los Pobres Caballeros de la Orden del Temple de Jerusalén, pues su “Cordero de Dios” portando una cruz  -después tan famoso– era protagonizado por el Bautista en lugar de Jesús.

El lector comprenderá, en el momento oportuno, que a mí me interese más el fondo montañoso, porque Leonardo hizo sobresalir un enorme falo que va hacia el cielo, incluyendo subliminalmente dos testículos formados por las rocas de la panorámica por encima de la cabeza de la Virgen María. Yo pinté un cuadro metafórico de la montaña santa de Montserrat, en Cataluña, donde expuse -encubiertamente- un falo erecto en el centro mismo de la escena que lleva por título “Montserrat Ganga del Grial” (1.999, porque en mi juventud indagué el origen de las Leyendas Artúricas, a fin de devolverlas a su verdadero origen sureño. Por mi experiencia personal entiendo bien el proceder de Leonardo.

Adrede escondió una alegoría sobre la persecución de herejes: Tras la figura de un jabalí (inquisidor), y un perro (domini + canis). Con ello, Da Vinci se convirtió en profeta: «Acusaba la corrupción del papado de su época«. Es evidente que lo pintó al regreso de visitar a sus antepasados. En recuerdo de sus últimas, y muy excitantes, experiencias vividas, las obras de Da Vinci a partir de entonces, revelan dar un giro estético. No obstante, mi biografiado, al mismo tiempo que lo pintaba, emprendía diversos retos; tal como se comprueba en sus nuevos “Cuadernos de Notas” (1.484). Al estar dotado de un asombroso ímpetu, al haber regresado a Milán, además de los trabajos diurnos, de noche realizaba estudios anatómicos.

FOTO: TRES CIMAS JUNTAS: “LOGO” DE MONTSERRAT

Técnicamente, su arte pictórico se magnificó en “La Virgen de las Rocas”, tomando más señorío. Le fue  encargado por la cofradía de la Inmaculada Concepción (23-4-1.483), para decorar la capilla San Francesco el Grande, de Milán. Según se lee en el contrato:« Debía pintar un cuadro de la” Virgen María, Cristo, san Juan y un Arcángel«. Pero sucedió que, una vez finalizado, se vio obligado a repetir por no ajustarse al contenido canónico acordado. Leonardo debió atender al descontento de los cofrades, por decisión judicial, ya que no se ajustaba a lo estipulado en el contrato. Definitivamente, Jesús nació en un establo, y el Mesías no podía ser confundido con el “Precursor”.

Los poderosos amigos de Da Vinci trataron, en vano, de hacer revocar aquella sentencia, pero al fin, mi biografiado debió pintar la escena bastante más “canónica”. No obstante, como él fue un verdadero sabio, supo sacar ventajas de la desgracia. Leonardo decidió pintar no sólo dos, sino varias copias de aquella obra, motivo por el cual, en total existen seis versiones (conocidas) del mismo tema. Las más famosas de ellas están en el Museo del Louvre, de París, y la Royal Galery, de Londres.

Las variantes entre las dos versiones incluyen opciones de color e iluminación; así como también varió detalles de su composición. La del Museo del Louvre, por su envolvente atmósfera borrosa, es más oscura que el de la Royal Galery, de Londres. En ésta, el Jesusito está coronado, y San Juan lleva un báculo. A los pies de los niños, siempre pintó flores autóctonas de la montaña de Montserrat. Transcribo de J. L. Espejo: (…) En 1860, John Stuart Mill señala como las dos plantas más representativas de Montserrat las siguientes: Sus diversos narcisos: Narcissus assoanus, (…) Narcisus tazetta (…) y Ramonda myconi. “But the plant most associated with Montserrat is Ramondia pyrenaica, (…) under the name Verbascum myconi  as a Montserrat plant; these excepted it has, I believe, no other known habitat”.

Y continua: (…) Recuérdese que la denominación científica actual de esta especie, Ramonda myconi, deriva del nombre del naturalista que la catalogó, Francesc Micó (…) botánico nació diez años después de la muerte de Leonardo; en concreto, en 1528. Así pues, esta planta ya era conocida –y reconocida- en el entorno del monasterio a comienzos del siglo XVI. Si Leonardo hubiera estado allí en esas fechas, muy posiblemente se le habría mostrado como característica y representativa del lugar (…) la Ramonda crece en los ambientes rocosos; precisamente el paisaje representativo de la Virgen de las Rocas de Leonardo. En conclusión, Leonardo dejó pistas del escenario donde lo había podido ver y las incluyó en sus dos más conocidas versiones de la “Virgen de las Rocas”.

LA “MADONNA LITTA”

Se representa a una madre vestida de azul, sentada, que amamanta a su hijo desnudo, que mira al espectador, mientras apoya su manita en el seno que le ofrece la Virgen. Con su otra mano, el Niño sostiene un pinzón dorado. (Da Vinci hizo dos versiones).

LA “MADONNA BENOIS

La “Madonna Benois” es parecida a la “Madonna Litta”, pero, tanto la Madre como el Niño llevan unos finos aros de color amarillo sobre sus cabezas. El Jesusito, en esta ocasión aparece sostenido a la derecha. Ambos juguetean con algo que tienen en sus manos. Las ventanas, en esta pintura tienen forma de letra eme (“M”), por su doble arcuación gótica.

LA “ VIRGEN DE LA BALANZA”

Otro cuadro del mismo tema, es su “Virgen de la Balanza”. Está ambientado dentro de una gran gruta, y la Virgen y el Niño aparecen con el arcángel san Miguel. Éste les está ofreciendo una balanza, que el Niño toca con su manita. A la izquierda está incluida santa Isabel, que acaricia al pequeño san Juan, el “Precursor” que juguetea con un corderito. Alguien incluyó una larga cruz en los brazos de éste último, para distinguirlo, ya que Leonardo no pintó cruces -ni dientes-, surgió la duda acerca de cual de los dos niños fue es el verdadero Jesús.

FOTO: JESUCRISTO “SALVADOR DEL MUNDO

EL SALVATOR MUNDI Y SEÑOR DEL COSMOS

Los biógrafos de Leonardo Da Vinci reconocen que su vida está llena de lagunas; y sucede lo mismo casi en cada una de sus obras. Anticiparé, no obstante que, a nivel popular, todo lo suyo se venderá siempre muy bien. Recientemente en la galería Christie’s, de Nueva York, fue subastado y vendido el cuadro: «Jesús Salvador del Mundo y Señor del Cosmos» (66 x 45cm.). Aparece vestido con ropa renacentista sin la habitual actitud majestuosa, puesto que ni siquiera se sienta en un trono. Fue presentado por primera vez en la exposición «Leonardo da Vinci: Pintor en la Corte de Milán», en la Galería Nacional de Londres el año en 2.011, siendo a partir de entonces que empezó a estudiarse por ocho expertos.

Dicha obra de Leonardo da Vinci, fue creciendo en valor y quedó plasmado al concluir la subasta. Se pagaron 450.312.500 millones de dólares, a pesar de existir serias dudas sobre su autoría, pues un experto lo atribuyó a un alumno suyo que dominó la técnica del «sfumato» en el año 1.520. Tanta fama, y después de la subasta récord de 15-11-2.017 en New York, se perdió el rastro del cuadro. Decían que lo pagó Badr bin Abdullah bin Mohammed bin Farhan Al Saud, actuando en nombre de el príncipe Mohammed bin Salman, heredero al trono saudi. Tras ser exhibida en Nueva York, Christie’s la presentó como «La Mona Lisa Masculina». Pasado un tiempo, por fin, su  comprador dejó de ser anónimo, pues el cuadro apareció colgado en el súper yate del príncipe heredero de la corona saudí. Hace poco que al «Jesús Salvador del Mundo” le salió un competidor (ver la primera foto del presente escrito, a la izquierda en línea inferior).

Por tal motivo, diez años antes los grandes museos estadounidenses rechazaron comprarlo por solo 100 millones de dólares, alegando que era una pieza demasiado restaurada. La galería lo había promocionado como: «El Último Leonardo», apostillando: «Una Reliquia Sagrada», llegando a etiquetarla «La Mona Lisa Masculina». Es una de las veinte copias conocidas del mismo tema, hechas por discípulos de Leonardo, la cual apareció en Nueva Orleans (EUA) en 2.005, después de trescientos cincuenta años de ignorarse quien era su propietario. Siempre existieron dudas dudas de si lo pintó algún discípulo de Leonardo da Vinci.

Lo que interesa aquí es recordar que mayoría de los ocho expertos opinaron que el «Salvador del Mundo» fue copiado de un cuadro de otro autor. Lo cual yo creo poder demostrar que es rigurosamente exacto. La postura de Jesucristo tampoco es acorde con las innovaciones típicas de Leonardo -como: la torsión del busto y del rostro-, por lo cual chocarían con la extraordinaria cultura científica de mi biografiado. Argumentan que si Leonardo quiso representar el cosmos como una bola de cristal, no es aceptable que Jesucristo la sostuviese en su mano izquierda… pero olvidan que para el catarismo, con el que da Vinci simpatizó, el mundo habría sido creado por un dios bueno y otro malo, de ahí que se etiquetase de «dualista» al movimiento herético que hizo emigrar del sur de Francia a sus ancestros.

Después de una década, finalmente fueron publicados los detalles de los análisis realizados durante la restauración, removidos de las capas de pintura descolorida y sobrepintados, para esclarecer su pintura. El mes de abril de 2.020 fueron presentados y detallados oficialmente en un estudio titulado «Salvator Mundi: una Investigación de los Materiales y Técnicas de la Pintura», publicado por «Heritage Science», aunque en realidad, podrían escribirse varios libros sobre ello.

Gracias a los más diversos y vanguardistas métodos de análisis y de aplicación, se han reconocido y caracterizado algunos pigmentos, siendo típicos de Leonardo da Vinci, comenzando por su preparación del panel con una primera capa elaborada con un medio proteico -probablemente cola de conejo-. La primera capa de pintura, la efectuó con huesos y humo para conseguir el color negro, lo cual recuerda la creada por Leonardo en su cuadro inacabado «La Adoración de los Magos». A mi entender, lo más novedoso sería utilizar vidrio para conseguir dar translucidez a la escena, pues además hay que decir que también es útil como secante. Otras diversas técnicas vanguardistas hicieron posible que el genial artista lograse plasmar unos tan sofisticados efectos visuales.

Ahora bien, la premisa del genial maestro toscano sobre la alianza entre la terrenal y lo celestial, estuvo ausente en las obras de sus discípulos. Quizá Leonardo lo tituló “Salvator Mundi”, por ser el día de la festividad de San Salvador, del año 1.494, cuando los Médici fueron expulsados de Florencia. Su “Salvator Mundi”, fue promocionado como «El último Leonardo»; para los expertos se destaca por su misterio y ambigüedad. Representa a Jesús de medio cuerpo, y con una corta barba partida. Está mirando serenamente al frente, muy circunspecto, y hace el gesto de bendecir, con su mano derecha, mientras que, con la izquierda, sostiene un recipiente de vidrio, cuya transparencia óptica resulta difícil de justificar, dada la gran meticulosidad que presentan sus obras.

Tan “misterioso” detalle del dicho recipiente esferoidal, sostenido por de Jesús, Leonardo lo retuvo desde el día que admiró la “Santa Cena” (Sant Sopar), que vio en Santa María de Montserrat. Esas vasijas esféricas ya se incluían entre de ajuares mortuorios del Antiguo Egipto, conteniendo alimentos para sustentarse en el “Más Allá”. Sería una razón para justificar que, el muy ilustre Leonardo, desease pintarlo en la mano de su “Salvator Mundi”; pero no medio lleno de vino, tal como había visto que Jesús sostenía con su mano izquierda. Aparte de su ambigüedad física, el “Salvator Mundi”, artísticamente, es uno de los cuadros de Leonardo mejor pintados, al hacer que brille la figura central de Jesús. Para extasiarnos, al contemplarlo, lo pintó con colores más fuertes que en el resto de sus obras. Actualmente se exhibe en el Museo Lázaro Galdeano, de Madrid.

Creo que Leonardo se había guardado la idea esbozando en su cuaderno una copa de vidrio casi esférica, que vio en la descrita escena bíblica decorando el monasterio de  Santa María de Montserrat, para, llegado el día, pintarla en su cuadro “Salvator Mundi”. Optó por presentarla esférica y el recipiente de vidrio absolutamente vacío y transparente. En la exposición “Leonardo da Vinci” (22-10-2019), del Museo del Louvre, fue muy loada por Francois Guillot (AFP), quien leyó un artículo referente a la intriga que rodea el cuadro «Salvator Mundi»: (…) Es por la falta de reflexión, que presenta la superficie del orbe transparente del cuadro, lo cual siempre le ha dado un plus de interés. Quizá por ello es la obra de arte más cara de la historia de la pintura.

Por la dicha sutileza, el cuadro fue motivo de controversias, y en lo único que los expertos estuvieron de acuerdo, fue reconocer que: Hay tres puntos blancos que parecen flotar en su interior. Si no reflejasen tres luces de la estancia, evocarían la estabilidad de un triángulo rectángulo. Después de todo, las tres patas de una mesa garantizan su estabilidad; es un número que incluso debió de ser imprescindible para La Creación. El cielo estrellado así lo confirma. Somos hijos del aire (sin respirar, morimos), pero lo verdaderamente mágico, es nuestro omnipresente equilibrio. Es lo más imprescindible, desde los huesos “martillo, yunque y estribo”, de la oreja interna, hasta los dedos de nuestros pies.

Los tres puntos blancos formando triángulo sobre, o dentro, del orde esférico que el Salvator Mundi» sostiene en su mano, lo comparo a los tres puntos que, según la mitología del Antiguo Egipto, conectaban con el dios Orión en el cosmos. Entre los budistas tienen la figura del Bodisatma, quien lleva el mismo orde de piedra Gintamani en la mano, y creen aún que con ella se otorgan deseos a los feligreses. Las creencias son libres, pero ante este símbolo de Leonardo debemos creer que se inspiró en el cuadro el «Sant Sopar», del Museo Diocesano y Comarcal de Solsona Lérida, y no recurrir a algún alienígena. Lo demostraré antes de concluir.

El triángulo equilátero -mientras no se rompa su equilibrio- sujeta el alma al cuerpo, como si metafóricamente fuese el “Nudo Gordiano” (Para otros será: un “chip” de memoria, del cristal de cuarzo). Nadie escapa de la magia del número tres. Quien pretenda ir más allá, buscando “especialización”, verá que es como regresar al inicio. En resumen, la sutil enseñanza, que mi biografiado incluyó dentro del cristalino recipiente de vidrio, sería: Busca el equilibrio de tu alma dentro de ti mismo. Da Vinci quiso transmitir, sutilmente, dicha enigmática enseñanza mediante su “Salvator Mundi”, y hoy es más necesaria que nunca: La adición de las personas a los combustibles fósiles acelera al deterioro del escudo protector que es la atmósfera, haciendo peligrar la supervivencia de quienes nos precederán. Antes se ignoraba, pero a partir del siglo XX los empresarios que sigan ignorándolo habrán de arrastrar la ignominia de ser antisociales,… por decirlo eufemísticamente.

Volviendo a la similitud esferoidal entre su cuadro y el que mi biografiado vio en Montserrat –y que se lo debió haber inspirado-, todavía hay que mencionar, en ambas escenas, el inexpresivo rostro de Jesús, quien tiene su mirada congelada y su barba está recortada con la misma perilla, de doble punta. Es una “coquetería”, seguramente de moda entonces.

MARÍA MAGDALENA: LA “DISCÍPULA / NOVIA / ESPOSA”  DE JESÚS

Las interpretaciones de la vida de Jesús son numerosas, empezando por reconocer que los primeros cristianos no tenían unidad, ni reglas, ni símbolos. Es obvio que existiesen contradicciones, incluso en los “Cuatro Evangelios Canónicos” autorizados (de agnósticos hay treinta y cinco). Pero sucede, que hubo cristianos que no creyeron que Cristo hubiese muerto en la cruz. Su propio hermano gemelo, Tomás-Dídimo, necesitó introducir su dedo en la herida de lanza de Longinos. Los muy fanáticos esenios, que escribieron los “Manuscritos del Mar Muerto”, tuvieron una “fuente secreta” de las enseñanzas de Cristo. Es decir, hubo dos vías; una de ellas exclusivamente para los iniciados. Nos llegaron a través de los “sanjuanistas”, que tenían al Precursor como Mesías. Leonardo, influido por las corrientes gnósticas, incluso los representó mediante la letra “Y”, del mismo modo que la letra “M” (o “MM”), hacía referencia a María Magdalena.

Antes que en Italia, aquella herejía se había expandido en la llamada Cataluña Norte (hoy Languedoc francés). El primer precedente lo registró el  obispo Félix de Urgel. En realidad mucho antes -siglo IV-, en la Península Ibérica lo había predicado el obispo Prisciliano. La religión dualista de los esenios, la recogieron los bogomiles en el siglo X (cátaros de Bosnia), y los borgoñeses del País Galo en el siglo XI. Posteriormente sería adoptado, aunque mitigada, por los Templarios y Rosacruces. Triunfó el cristianismo de raíz “Paulina”, pero la información sobre los Evangelios Agnósticos ya se había divulgado, desde muchos años antes de descubrirse -durante el siglo XX- varios nuevos evangelios apócrifos, como el “Evangelio de san Felipe”, un papiro escrito en copto (hallado en 2.003), donde consta que a María Magdalena: Jesús le besaba la boca. Lo confirmaron, los escritos de “Nag Hammadi” (el más importante, hallado en 1.945); el “Documento “Q”, que habla de una relación espiritual;  el “Evangelio de Judas”; etc., todos ellos aportando un nuevo enfoque a la persona de Jesús.

Aquellas creencias gnóstico-dualistas, que dignificaban “lo femenino”, hizo que, contra los convencionalismos, surgiese una tradición alternativa para igualar los sexos, tal como hicieron los cátaros; ya que tanto podían ser “Puros”, las mujeres como los hombres. Un criterio que se representó en María Magdalena, “compañera / novia / esposa” de Jesús. Sin duda que María Magdalena fue el principal discípulo y apóstol de Jesucristo. Ella, alentó a los demás cuando estaban desfallecidos tras la Crucifixión,…donde ella estuvo presente. También fue ella, de entre todos los apóstoles, la única a la que Jesús habló cuando se le apareció resucitado ante el sepulcro. Ella fue la “Apóstol” de los apóstoles, según decretó finalmente el propio Papa de Roma.

A pesar de todo, a María Magdalena se la sigue marginando, en la literatura y las superproducciones cinematográficas sobre la vida de Jesús, o la vida de san Pedro  (salvo específicas excepciones). En los estudios biográficos que le han dedicado, no se puede ignorar que, en numerosas pinturas alto-medievales, santa María Magdalena aparece visiblemente embarazada, arrodillada a los pies de Cristo crucificado en el Gólgota. Actualmente es la patrona de los pintores y los farmacéuticos, porque, desde que bañó los pies de Jesús, con sus lágrimas, representó a la ciencia alquímica de la Edad Media.

FOTO: CENTRAL “MARÍA MAGDALENA” DE LEONARDO DA VINCI

La animadversión que Pedro sintió por María Magdalena, era debida a que ella lo contradecía, tal como quedó reflejado en las páginas del gnóstico “Pistis Sofía” (“Fe en la Sabiduría”). No era un asunto banal, pues María Magdalena, cuando se embarcó para emigrar, no huía de los romanos, ni de los judíos (que también), sino que huyeron de los detractores, igualmente cristianos, que dieron lugar a terribles matanzas entre los propios bautizados. María Magdalena, como perdedora, fue perseguida por la facción “petrina” vencedora, y, no le quedó más remedio que huir de Palestina. En total eran setenta y dos fieles cristianos. Desembarcaron en Saintes-Maries-de-la-Mer (en el Mediterráneo occidental), exactamente en una tranquila playa de La Camarga, en el Sur de Francia, lindando con la Provenza francesa.

En el punto de desembarco, se erigió una iglesia fortificada, dedicada a su veneración. María Magdalena, su hija Sara, y sus acompañantes, predicaron la “Buena Nueva” (el Evangelio) también en las regiones vecinas. A todos ellos se les recuerda por haber dado sus nombres a las muchas localidades, entre las más famosas: Saint-Tropez, Sain Maximín-la-Sainte Baume, etc.. En ésta última localidad, en la cripta de la catedral, fue donde -sin esperármelo- vi la clavera de María Magdalena dentro de una capucha-relicario metálico dorado, dentro de una capilla protegida con una gruesa reja. (Fue en el curso de mi investigación, que titulé “Anavana”, sobre la historia de la abadía cisterciense “Le Thoronet” (Var, en los Alpes Marítimos).

LA YACENTE “MAGDALENA LEGGENTE” DE BARCELONA

Leonardo Da Vinci, pintó la “Magdalena Leggente” dos veces tumbada; otras dos la pintó desnuda y de frente. María Magadalena está leyendo un libro, que, de no ser el “Apocalipsis” de San Juan, podría ser su propio “Evangelio”; o el del propio  Jesús (que también existe). Dicho libro está abierto, y en el suelo, junto a una calavera, que no puede ser otra que la de Jesucristo. Son dos detalles comprometedores en grado sumo: Por poner en entredicho la divinidad del Resucitado, así como por divulgar que la Santa María Magdalena había escrito su propia versión, como está demostrado que alguien lo escribió por ella. La más conocida pintura dedicada a la mal llamada “Penitente Arrepentida”, la realizó Carrogio en 1.522, la cual se guardó en Dresde, hasta que desapareció durante la Segunda Guerra Mundial.

Otra “Magdalena Leggente” de Leonardo, habría estado enterrada en el convento de Sant Úrsula de Florencia, siendo dada a conocer por Carlo Pedretti, director del Centro Armand Amer, de Los Ángeles (California). La que se descubrió en Barcelona, adopta la misma postura que todas las “Magdalena Leggente”: Viste falda larga, yaciendo estirada boca abajo, aunque sus senos están ostensiblemente descubiertas. Existe un bajorrelieve esculpido de la Magdalena Leggente, en la localidad de L´Ollería, en el Vall D’Albaida (Valencia). Fue presentada en estado de avanzada gestación por Jacoppo Fiorentino (+1.526); un conocido de Leonardo. Se realizó después del año 1.522 (antes de que Correggio pintara el tan famoso tema), lo cual, cronológicamente, sitúa la “Magdalena Leggente de L’Olleira”, en un tercer lugar del original tema, después de la “Magdalena de la Sainte Baume”, de Van Haren; y de la “Magdalena Leggente”, de Leonardo.

Para mejor identificación, el bello rostro de la Magdalena se encuadra con los muchos que caracterizan los demás pintados por Leonardo,…y tampoco tiene cejas. Es más, la flora coincide con la que pintó en su cuadro “Baco”. La veneración de Da Vinci por María Magdalena, no puede extrañar, sabiendo que está representada, muy bellamente, en una talla policromada en la pica bautismal de la iglesia de Santa Croce, Da Vinci, población donde Leonardo fue bautizado. Pero eso nunca justificaría su viaje hasta el Sur de Francia. El secreto está en que la consideró un “Templo viviente” de la Naturaleza; e igualmente capaz de reproducirse. Leonardo había recibido información de una muy especial geografía, en Cataluña, donde María Magdalena era muy venerada, junto con el también eremita san Jerónimo. Cada uno tenía su propia cueva en la “Montaña Milagro”, relativamente cerca de Barcelona.

Leonardo DaVinci, en su primer viaje a la montaña de Montserrat, presuntamente, habría hecho amistad con un miembro de la familia Olivella, con fama de expertos metalúrgicos, al cual el genial florentino le contaría su interés por pintura gótica del monasterio de Santa María de Montserrat, siendo debidamente informado. Con la ayuda de algún miembro de los Olivella (Solivella, en catalán antiguo), Leonardo practicó, la nueva técnica pintando, al fuego, su “Magdalena Leggente”, descubierta en Barcelona. La pintura lleva una inscripción, con el mismo tipo de letras que Leonardo escribió en el mapa de Val de Chiana (confeccionado para Cesar Borgia en 1.502).

J. L. Espejo, que en sus varios libros (y páginas web, gratuitas) aporta imágenes de todo cuanto defiende, escribió que: «la “Magdalena Leggente” de Barcelona, pudo ser una obra de Leonardo, de cuando aprendió dicha técnica de endurecer la pintura con fuego«. Es de suponer que, cuando la dominó, la obra finalizada fuese un regalo de gratitud de Leonardo Da Vinci para sus amigos forjadores. Tener la mano derecha paralizada a un zurdo no le impidió nunca pintar.

Es bien conocida la veneración de los cátaros por María Magdalena: Si dividimos el día (22) por el mes (julio, es decir, el 7), obtenemos el número 3,1416. Éste representa el número “Pi”, el cual sería la vía para resolver la “cuadratura del círculo” (propósito de Leonardo a lo largo de su vida). Así pues, si Da Vinci tuvo que escoger un santo para practicar en su nuevo aprendizaje, no le costó decidir el tema. Porque dicha María Magdalena, pintada sobre un soporte metálico, realmente existe. Explicó J. L. Espejo que, después de haber sido entrevistado en “la Vanguardia Digital”, en 2.009 contactó con él una persona que, por lo que había comentado: Sospechaba que en su casa podría tener, sin haberlo sabido antes, el extraviado cuadro de Leonardo titulado Magdalena Leggente”.

Es una representación extraña en Italia, pero no en el Sur de Francia y España. La peculiaridad de la obra hallada en Barcelona, está en ser una pintura al óleo, sobre una pequeña  lámina rectangular de cobre (12,5 cm.). Es un trabajo vitrificado, en el cual dominan los colores claros, incluyendo un bello azul ultramar, obtenido a través del lapislázuli. Escribió Leonardo en sus “Aforismos” (nº428): La escultura, cuando se ejecuta sobre una lámina de cobre gruesa, recubierta de esmalte blanco, empleando colores también de esmalte, y exponiéndolo todo al fuego (…) dicha pintura aventaja a la escultura en duración. (…) tiene análoga resistencia.

FOTO: ESCRITAS: “S” Y “L-V” EN UNA CALAVERA

El minucioso análisis efectuado por J. L. Espejo, permitió descubrir simbolos pintados en el árbol cercano, así como por el paisaje del fondo del cuadro metálico. Pero lo sobresaliente, son las letras “JesuX” en miniatura, escritas encima de la mandíbula de la calavera -junto a la Magdalena-, ya que parecen insinuar que Jesucristo: Fue solo un mortal “cercano a Dios”, tal como creyeron los cátaros. Otras letras descubiertas: VEO AVES, son analizadas por Espejo en su libro “Los Mensajes Ocultos…” (p.242-243), por tener la misma grafía que Leonardo utilizó en sus mapas que dibujó para Cesar Borgia, así como una “S” en el agujero del ojo.

Curiosamente, aparecieron más signos en la roca rectangular del fondo: 3M (como en “La Gioconda” de Madrid), quizá refiriéndose a las “Tres Marías” bíblicas, que evocan la “Divina Relación” de la Magdalena, al ser cuando se celebra su aniversario. Además, en el paisaje celeste de la “Magdalena Leggente”, hay escrito el número 76, y un triángulo que podrían relacionarse (a través de los números Pi y Fi) con las medidas de la gran pirámide de Giza. Espejo también descubrió: Tres números: 3, 6 y 8, en distribución triangular. Multiplicados los dichos números, dan la posición 12 de Fibonacci; o sea, 144 (12×12), quizá evocar “dos docenas” (siempre aflora el dualismo).

Leonardo repitió las letras “LdV”, en miniatura, descubiertas en la pupila de “La Gioconda”, en la vitrificada “Magdalena Leggente” de Barcelona, siendo posteriormente borradas. En cuanto a la minúscula letra «d», con un trazo horizontal a su izquierda, el historiador J. L. Espejo lo asoció a la letra «d», escrita en el dibujo de “Santa Cecilia”, una imagen venerada en la iglesia románica, a media falda de Montserrat.

Según opinó J. L. Espejo: (…) Nótese especialmente la «d», con un trazo en banderola a su izquierda, como sucede con la «d» en la leyenda del dibujo de Santa Cecilia.(…)la semejanza certifica que las escribió la misma persona que lo dibujó. (…) Estos hechos habrían tenido lugar hacia el 1.482, lo cual sitúa cronológicamente el relato. En estas fechas, un falso peregrino, supuestamente Leo, fue aceptado por la comunidad, a instancias de Llorenç Marull (quizás por indicación de Giuliano della Rovere, italiano como Leonardo). (…)  Tal vez, el mencionado peregrino realizó la estatua de Santa Cecilia (nótese sus iniciales encima del dibujo), y cuando preguntó por la biblioteca se interesó asimismo por el laboratorio alquímico del monasterio. Lo que parece claro, es que nunca obtendremos la “prueba definitiva” de su estancia (de Leonardo Da Vinci) en el monasterio, a la vista de que algunas personas de Montserrat (Benet Ribas, archivero) y de la Corte de Madrid (Francisco de Zamora), se han preocupado de hacerla desaparecer.

Lo transcrito, está en relación con la probable presencia de Leonardo en Cataluña, posiblemente durante un año, cuando actuaría como espía; a lo cual me referiré más adelante. En lo referente a Don Francisco de Zamora, al ser funcionario de la Corte del Fernando “el Católico”, fue quien tuvo la iniciativa de hacer pintar de negro el fondo del cuadro de “La Gioconda” de Madrid, precisamente porque el rostro del dicho rey quedó perfectamente dibujado en el fondo del cuadro.

“EL MÚSICO” DE DA VINCI

Leonardo pintó “El Músico” (1.485), donde aparece un elegante varón adulto, de perfil y solo de medio cuerpo. La también llamada “Pintura del Músico”, presenta un busto masculino muy elegante visto de perfil, pero no se conoce su verdadera identidad. Se lo llama así, porque se descubrió que el papel que sostiene en su mano, es una partitura musical completamente indescifrable. Ya comenté que tuvo amistades que se dedicaban a la música, tal como en otros años  él había practicado. De hecho, desde que, siendo un niño tuvo su primera flauta, siempre después le agradó la música.

Por cierto, yo he visto documentales donde suenan melodías obtenidas reproduciendo las notas musicales de un imaginario pentagrama escrito por Leonardo Da Vinci. En él, se reparten unas marcas -indicadas en determinados puntos- de la parte baja del cuadro “La Virgen de las Rocas”. Si ello parece demasiado difícil, recordaré que estoy presentando a una mente tan despierta, que fue capaz de diseñar un piano-viola automático. Su afición a los acertijos y a los juegos de palabras le hizo incluir un pictograma musical. Son las dos sílabas “Cat”y “An”, que probablemente tengan relación con algún antifonario, parecido al titulado “Mariam Matrem” (1.399). J. L. Espejo sugirió: «Cat(alán) Ant(ifona)».

EL DUALISMO EN “SAN JUAN”/ “BACO”

Hay mucho que decir de su cuadro “San Juan Bautista” (1.501; versión del Museo del Louvre). La compleja narrativa de las obras de Leonardo, es debida a que ocultan mensajes subliminales, y esta obra evoca más que una bisexualidad.Al ser Leonardo Da Vinci bisexual, el hombre y la mujer, los vería espiritualmente “dos en uno”; pues cultivó su mitad -sentimental- femenina mejor que nadie. (Es por  ello que el rostro de su “Santa Ana”, tiene la misma expresión misteriosa que el de “La Gioconda”).

La pintura de su “San Juan Bautista” ofrece un risueño personaje (Salai, le sirvió de modelo), cómodamente recostado sobre una peña. Hay otra famosa versión de su “San Juan Bautista” (Cartón de Burlington House; mide 1,60x1m.), que Leonardo pintó, durante sus estancias en Milán y en Roma, siendo de sus obras más tardías (1.510-1.513),…y polémicas, pues lo presentó marcadamente femenino.

Se ha vinculado la sonrisa de su “San Juan” con la de “La Gioconda”, aunque la del “San Juan” se tildó de una “sonrisa equivocada”, por el hecho de que no inspira a la devoción. Leonardo lo presentó con una sensual expresión, que no conviene al “Bautista”. Precisamente por ello, fue considerada una de las pintura más misteriosas de Leonardo Da Vinci. Su discípulo Salai, se burló pictóricamente de ello. No obstante, viendo su dibujo satírico del “San Juan” titulado “Langelo Incarnato”, se puede sospechar que Leonardo fue muy indulgente con Salai.

FOTO: IMPÚDICO ESCARNIO AL “SAN JUAN” DE LEONARDO

Consta en el “Anónimo Gaddiano”, que Leonardo pintó un “San Juan Evangelista” (1.513-1.516). Lo presentó siempre de medio cuerpo, y extraordinariamente bien peinado, con largas trenzas, muy sonriente -como enfrentándose al que pintaba-, y con el gesto de señalar “aquello que no se puede ver” (aposkopein). Con ello Leonardo, según opinaron los psiquiatras, nos informaba de que él: «Padecía una neurosis, y necesitaba una catarsis para purificarse, después de haber soportado tantos años su sexualizado pensamiento«.

Es lógico que sus antiguos recuerdos lo atormentasen. Mi biografiado, llegó a una edad, cuando tuvo fuerzas para expurgarlos de su mente. Después de haber expuesto –como terapia-, sus antiguas flaquezas en los cuadros del precursor san Juan, se sintió purificado. El “Precursor” solamente levanta un brazo para señalar al cielo, pero, siendo un gesto de concepción tan simple, es muy hermético. Leonardo -y muchos otros, durante la segunda mitad del siglo XV-, lo copiaron del pintor Ghirlandalo, para evocar algo invisible.

En realidad, Leonardo; tan solo puso aquel gesto de “moda”. Asimismo, la influencia de Leonardo da Vinci, resulta evidente en las obras de arte creadas por sus contemporáneos. Rafael, e incluso su eterno rival Miguel Ángel, en algún momento adoptaron su técnica para producir figuras anatómicamente realistas, y con posturas semejantes a las de mi genial biografiado. Sus innovadores saltos, por encima de los estándares artísticos de su época, guiaron a muchas generaciones de artistas posteriores.

Hay una escultura en la capilla de San Juan Bautista, en la iglesia del seminario de Saint Sulpice, de París, donde Juan Bautista, casi desnudo, hace el dicho gesto. El alma de Da Vinci buscó la divinidad a través del gnosticismo de los seguidores del “Precursor” (mandeanos), también porque los maniqueos le fascinaba que hubiesen tenido un gran respeto por el sexo femenino. Aquellas ideas hoy resurgen, y quiero pensar que se impondrán, por ser justas.

Creyeron los librepensadores cátaros, que el mundo había sido creado por un Dios bueno y otro malo. En el doble tema de “San Juan Bautista”, Leonardo, decididamente, anunció a la opinión pública, que: Había dejado de ser víctima de las tentaciones. Lo presentó señalando al cielo con su brazo levantado, y con el otro indicando el suelo, porque Leonardo, veladamente, insistió en recordar unas ideas dualistas, o sea, aquellas personas verdaderamente espirituales que no quisieron transformar el mito del Mesías en el Hijo de Dios. Esa fue la línea que, en cambio, fascinó a san Pablo, el creador de la desunión entre cristianos, ya que escribió sus “Epístolas”, antes de los “Cuatro Evangelios”. Así comenzó la transformación de un mito a unos hechos supuestamente históricos.

El gesto de señalar al cielo – mal llamado «gesto de San Juan»- yo puedo afirmar que, quien lo inventó, tuvo la misma visión que tuve yo cuando descubrí que los nervios de piedra que soportan las bóvedas góticas: configuran la forma de rostro de varón, que no puede ser otro que el de Jesucristo. Dicho gesto lo vemos en los cuadros de Leonardo: «San Juan», «Baco», «La Adoración de los Magos», la «Última Cena», y en el cuadro de «Santa Ana». Apuntar al cielo con el brazo en ángulo no tiene que ver con una relación extraterrestre, como hoy está de moda, pero hay quien ha desdoblado la mitad del rostro para copiarlo y volverlo a unir invertido y del cuadro de «San Juan» se obtiene el «rostro de pera» de un alienígena convencional. En Leonardo todo es posible porque antes de un tema lo estudiaba desde todos los puntos de vista para esconder o resaltar detalles. Era un espíritu libre, y ello no significa ser religioso, sino íntimamente espiritual.

El «San Juan» de Da Vinci evoca una bisexualidad, contrastando su musculatura con su rostro femenino, resultando ser un andrógino que afirma la superación del espíritu sobre la carne. La prueba de su esfuerzo lo corrobora el que Leonardo, comprensivamente, se siguió mostrando indolente ante las obscenidades de Salai, quien nunca supo hacer una semejante «penitencia».

Salai, en plan de burla, también quiso dibujar para la posteridad un bochornoso autorretrato al carboncillo, dibujado sobre un papel azul, mostrándose en la misma posición que el «Precursor» pintado por Leonardo. Se lo conoce como «Ángel Incarnato». Fue descubierto en Alemania el año 1.991, siendo expuesto al gran público aquel mismo año en Nueva York. El apóstol aparece señalando al cielo con una sonrisa burlona. Lo patético, es que Salai aparece desnudo en perspectiva frontal, habiendo exagerando sus atributos masculinos en erección evidenciando una muy ostentosa desvergüenza.

No ignoro que muchos autores consideran de Leonardo mismo el tal dibujo, aunque lo escrito más arriba ya dejó claro que a él le repugnaba el sexo. Leonardo incluso mantuvo prejuicios negativos, pues en sus obras es evidente que pretendió ridicularizarlo. Lo razonaba así: «Una relación carente de amor produciría hijos irritables«. La prueba la tuvo en sus hermanastros mas jóvenes que él, los cuales no habrían nacido de una sincera e irrefutable pasión. Es decir, mi querido biografiado en sus genes sí que se pudo creer superior, pudiendo considerarse un verdadero «Hijo del amor». Al respecto escribió en 1.507: «Hijos así concebidos, tendrán gran inteligencia, siendo agudos, vivaces y encantadores».

FOTO: EL “JESÚS DE TRECE AÑOS”  

Me permito titularlo así, porque nunca hubo unanimidad para clasificarlo. Dicho retrato alternó varias veces sus títulos de “Cristo Joven”, con el de “San Juan Bautista”, pero también tuvo otros. Se identifica su expresión en aquel momento bíblico cuando, los preocupados padres de Jesús -ya que se había perdido en Jerusalén-, por fin lo encontraron. Jesús, al escuchar sus reproches, les dijo:-¿Por qué me buscáis? (Lc. 2;49). El busto está pintado sobre una tabla da haya (25’5 x 18’5cm.), representando una bonita cara, casi femenina, vista de frente, cuya expresión es de sensualidad, a la vez que de resentimiento. Acertadamente, opinó André Chatel: “Es un Leonardo autógrafo (…) lleva el Copyright de Leonardo“. Su rocambolesca historia merece la pena ser recordada, y también por haber sido pintado, básicamente, por el discípulo de Leonardo llamado Boltraffio, aquel que presenté intentando volar -sin permiso – y que resultó tullido. Boltraffio también fue autor de “Madonna de la Rosa” (Museo Poldi Pezzoli, Milán), pero en sus obras se nota que Leonardo supervisó el efecto final.

Según opinó Ruben Dario, en 1.899: “Es un maravilloso andrógino (…) de fisonomía dolorosa. Vio el cuadro en casa de José Lázaro Galdiano, de Madrid, el año 1.902, cuando éste hizo imprimir postales con el título: “La Hija de Verrocchio”. Lo tuvo colgado en su casa-museo, y explicaba que procedía de un convento de Valladolid. Había sido: (…) Vendido por el Estado a un particular, de cuyo dueño él había sido administrador durante muchos años. Al ser presentada la obra al director del Museo del Prado, no se interesaron en comprarla, a pesar de reconocer que tenía similitudes con “La Gioconda”, pero no la quisieron adquirir ni tan solo 1.500 pesetas. El señor Lázaro, al fin, la compró por ochocientas pesetas, que pagó a plazos. Poco tiempo después, dicho coleccionista había cambiado de opinión, pues no se lo quiso vender a un alemán que le ofreció más de ciento cincuenta mil francos.

Por otra parte, Leonardo ocultó su propio perfil (entonces inédito) en uno de los dibujos del códice Atlántico. Lo demostró una joven investigadora italiana, quién, gráficamente, presentó que sus rasgos, están relacionados con “La Gioconda”, su gran obra maestra.Así pues, el inigualable genio de Da Vinci, vuelve a asombrarnos con un nuevo misterio acerca de su arte y de su rocambolesca personalidad. Y es que, todo secreto relacionado con mi admirado genio del arte, su ciencia y sus inventos, implica la aparición de un nuevo interrogante.

FOTO: LA “TAVOLA LUCANA” AUTO-RETRATO DE LEONARDO

Esta obra fue encontrada por Nicola Barbatelli, el año 2.009. Es la única pintura que reúne todas las condiciones para ser un auto-retrato de Leonardo Da Vinci. El artista supremo, tal vez quiso mostrarnos su aspecto entre 1.505 y 1.510. Esta obra está pintada al temple sobre una tabla de madera (60x40cm.), utilizada como base de otros varios grabados, cubiertos por el dicho auto-retratos del insigne gran maestro toscano. A mí me parece muy poco espacio para representar, casi de perfil, su genio creador, tan inconmensurable, que desborda cualquier tipo de clasificación. Se exhibe en la “Biblioteca Real de Turín”.

DAMA CON ARMIÑO BLANCO”

Leonardo, entre 1.489 y 1.491, pintó un retrato de Cecilia Gallerani, una joven de la Corte, que fue amante del Duque. Es la “Dama con Armiño Blanco”, por ser el animal emblemático de aquel ducal linaje, al cual Leonardo añadió para adular a su mecenas. Por esta obra, a Da Vinci le fue concedido el mítico título de “Apeles Florentino”, solo reservado a los grandes pintores. Se ignora el por qué a la dicha dama (que parece girarse, porque la hayan llamado), le pintó el cuello y los dedos de la mano exageradamente largos.

En mi opinión, como todos los retratistas, Leonardo también pecó de adulador. Los conozco bien, porque tengo amigos profesionales de los pinceles. El primer día que presenté mí esposa al retratista Eladi Duch, él se tapó los oídos, y, sin mediar palabra, empezó a hacerle un retrato al carboncillo,… y ello, habiéndole advertido que nosotros teníamos prisa. Después nos lo regaló, y la sorpresa fue que le había pintado un “cuello de cisne”.

FOTO: “LEDDA Y EL CISNE”

Con este tema, que pintó después de “La Gioconda”, Leonardo quiso mostrar la gran atracción que sintió por mezclar en sus cuadros lo sagrado y lo profano. Al igual que la “Mona Vana”, y su “Madonna con Gato”, su “Ledda y el Cisne”,” también desapareció; pero otros pintores ya habían hecho copias de sus bocetos, fue posible conocer algunos de los cuadros del Leonardo que se perdieron. No se conocen dibujos de “Ledda” (su tema recurrente) que sea anterior al ao 1.504, fue conocido gracias a una copia (Museo de Salisbury–UK), realizada por su discípulo Cesar de Sesto, después de 1.504. Fue conocido gracias a que el pintor Rafael, titulándola “Galatea”, la copió en su versión de pie.

Se trata de una idealización, libre, de un pasaje de la mitología griega, en el cual pintó a una impúdica figura femenina, desnuda de cuerpo entero (a veces de pie, y otras estando con una rodilla en tierra), enamorada de un cisne de cuello larguísimo. Su modelo fue una prostituta llamada María Cremonese, que conoció en 1.508. Se conocen nueve versiones de “Ledda y el Cisne”, siendo la última que hizo (130 x 77’5 cm.) la que triunfó, quizá también por la extraordinaria complejidad de su peinado. Las copias que se conocen huelga decir que no evidencian la destreza ni la mentalidad mágica del muy honorable toscano.

El profundo significado de las obras de Leonardo Da Vinci, solo podrá ser desvelado cuando se haya logrado entender su complejo pensamiento. Su insistencia en pintar el mismo tema, lo justifica el simbolismo que se evoca: El mitológico amor imposible (forzosamente platónico) entre el dios Júpiter, metamorfoseado en cisne, y la muy exuberante fémina desnuda, simbolizan la procreación y el milagro de la vida. Recordaré que estamos hablando el más prolífico y más misterioso de todos los artistas del Renacimiento, que por sobrados méritos llegó a ser un inmortal genio, el cual, justo en la última década en que escribo, empieza a sernos revelado. Yo, por mi parte, aportare desconocidos aspectos íntimos de su existencia.

En todos los dibujos y cuadros que Leonardo hizo de «Ledda» a partir de 1.505, cuando ya tenía 53 años, el motivo dominante no es tanto sexual como genético. Quienes lo copiaron sí pintaron variantes subidas de tono, puesto que en el fondo se trató de representar los deseos del dios Júpiter por poseer a una escultural princesa espartana. La picardía de seducirla disfrazado de cisne, no oculta su deseo pues se propicia un coito contra-natura.

Mi biografiado siempre albergó en su mente el interés por el vuelo de los pájaros, y al trabajar el tema de «Ledda», que puede parecer erótico, tan solo pensó en el simbolismo del mito griego al transmitir un jeroglífico de la fertilidad y la fecundidad. Es decir, esa exuberante figura femenina ante todo era su ideal de esposa y madre,… aunque conociendo bien a Leonardo, evocarían: la materia y el espíritu.

Con el mismo título, hizo dibujos donde la lozana joven Ledda está medio arrodillada. Tales de Mileto había escrito que: El agua es el origen de todas las cosas naturales;… así lo habían aprendido de los ritos egipcios, donde todo lo hacían provenir del  poder del elemento primigenio. En sus templos ofrendaban, con solemnidad, recipientes llenos de agua. Para ello, se postran en el suelo dando gracias a los dioses por haber creado el líquido elemento. (Vitruvio, “Prefacio” del Libro VIII “De Architectura”; Roma, s.I a.C.). El mismo autor, también escribió que: La Luz desciende sobre la tierra en forma triangular. Sin duda, influyó mucho en Leonardo.

El “Juego de la Oca”, atribuido a los caballeros templarios medievales, debió de inventarse después de muy profundas reflexiones acerca de la doctrina dualista de los cátaros, con los que dicha Orden monástico-militar empatizaron. El cuadro “Ledda y el Cisne” (animal que remite a la simbólica oca), evocó creencias paganas y agnósticas, como el catarismo, dado que entendieron que: El mundo fue creado por dos divinidades complementarias, Buena y Mala.

Leonardo, al repetir “Ledda y el Cisne”, pretendería popularizar el iniciático juego de sobremesa llamado “Juego de la Oca”, como reivindicación de la “Lengua de los pájaros” (Langue-d’Oc; País d’Oc). Mediante el encasillado de imágenes, aquellos librepensadores que se habían refugiado en Italia y en Cataluña (donde aún se recuerdan las encasilladas “Aucas”), popularizaron una moraleja sobre el poder del amor, pero también la idea de que: El diablo era el co-fundador del mundo. Tal como proclamaron los herejes cátaros masacrados.

FOTO: EL “ATLAS” DE LEONARDO

Da Vinci pintó, al carboncillo, hercúleos varones desnudos, vistos de espaldas, con alguna excepción,como el “Martirio de San Sebastián”; un soldado romano del siglo III, que fue atado a un árbol, y asaeteado, por haberse convertido al cristianismo. Era un tema que dibujaron muchos otros artistas de su tiempo, quizá porque salió con vida del dicho tormento. En 1.482, cuando Da Vinci fue a vivir en Milán, también terminó el retrato que pintó a su amigo Atalante, el cual todavía sigue estando perdido.

El nombre Atalante, no tiene relación con el dibujo de Leonardo titulado “Atlas”, o los “Atlantes”, donde muestra a un coloso encorvado, muy musculoso, cargando el mundo sobre su espalda, tal como escribieron los griegos. Atalante, significa: talentoso, condotes naturales. A partir de aquel año, mi biografiado realizó otros dos temas mitológicos: “Las Bacantes”, y “El Triunfo de Neptuno”. Algunas obras, no las relaciono aquí, porque no me merecen crédito; y en lo referente a las fechas de sus cuadros, son muchas veces aproximativas, salvo algunas excepciones.

EL MURAL DE LA “VILLA MELZI”

De entre todas las paredes de “Villa Melzi”, en Vaprio d’Adda, que Leonardo pintó, merece destacarse el gran mural de la capilla del palacio. Lo iniciaría los primeros días que entró en la residencia de sus -después muy queridos-, amigos, primero el padre, y después su hijo. La cabeza de la Madre mide seis palmos de altura, y la del divino Hijo, solo cuatro. Finalmente, su colorido se difuminó, por haber soportado el calor de las hogueras que encendieron los militares, a sus pies, en el curso de varios siglos.

LA “SANTA ANA”, DE LEONARDO

El cuadro fue pintado por el genial toscano en su taller de Florencia en febrero del año 1.500. Siete años después repitió el mismo tema. Las peñas del fondo de la panorámica están envueltas en la bruma, pero son tratadas con sentido poético. Es una obra en completo contraste con “La Virgen de las Rocas”, pero sucede que los extremos aquí se tocan de verdad. La pintura escenificada por Leonardo, logra ser eclipsada por la conmovedora poesía del conjunto. No es normal que una escena tan simple, haga aflorar sentimientos tan enternecedores. Existen varios bosquejos previos de Leonardo de la “Madre de la Madre”, así como también pintó varias copias; una de ellas, está en la Real Academia, de Londres, y otra en el Museo del Louvre de París. Su estado de conservación es regular, habiendo sufrido severas restauraciones.

 “LA BATALLA DE ANGHIARI”

Dicho fresco ya lo comenté, incluyendo su foto, en la “Primera Parte” de esta trilogía. Fue realizado sobre yeso negro, pluma y tinta, que estuvo pintado por encima con acuarelas (54,2   × 63,7 cm.). Estuvo decorando, durante mucho tiempo el Salón de los Quinientos, de La Signoria de Florencia. Fue documentado por Giorgio Vasari, y por el pintor Rafael Sanzio de Urbino, quien copió la parte central en un dibujo. La copia más famosa la hizo Pedro Pablo Rubens. Actualmente, el original ha desaparecido, o quizá esté ya destruido.

LA “VIRGEN DE LOS USOS”(FUS)

En el cuadro “La Virgen del Huso (o del Fus)”  apareció por vez primera de fondo montañoso de la montaña de Montserrat, mostrando a una señora con su hijo. El siguiente cuadro con un fondo semejante, se tituló “Santa Ana”, donde todos pudieron preguntarse cuáles montañas eran las de aquel paisaje nevado del fondo.

pintado en 1.510, cuando Leonardo residía en la Villa Adriana (Tívoli – Roma), trabajando en la un encargo de Florimond Robertet, el secretario de estado de Luis XII de Francia. La pintura nos confirma el caracter “juguetón” de Leonardo. La Madre sostiene, relajadamente, al Jesusito. Leonardo no era engreido, y para él, pintar dicho tema, pudo ser otra forma, inventada, para tratar de comprenderse a si mismo. En 1999, fue robado en Glasgow (Escocia); durante la visita turística al castillo de Drumlaring.Se lo llevarondos hombres, a punta de pistola, siendo recuperado el mes de septiembre del mismo año, por la policía británica. Entonces estaba valorado en treinta y seis millones de dólares.

FOTO: LA “ADORACIÓN DE LOS REYES MAGOS

Es uno de los más intrigantes cuadros inacabados de Leonardo Da Vinci. Le fue encargado por el Convento de San Donato, en Scopeto, aunque el artista lo escenificó alterando los cánones dogmáticos. En el contrato se estipulaba: Leonardo di ser Piero da Vinci se ha comprometido a pintar un retablo para el altar mayor con fecha de marzo de 1.481, el cual deberá ser terminadodentro de 24 meses o, todo lo más, 30 meses. En el caso de que no lo hubiese terminado, perderá cuanto hubiese hecho y nosotros [lacomunidad religiosa de frailes] quedaremos libres de todo compromiso y en condiciones de hacer lo que nos plazca. (Archivio di Stato. Corporazioni religiose soppresse dal governofrancese, 1.40, 3, f. 74r.). Al terminarlo, los monjes le enviaron a su domicilio una carga de grano y otra de vino.

De entrada, es interesante porque incluye al propio Leonardo, cuando era un joven artista, si bien -como siempre-, él está de espaldas al protagonista central, que son la Virgen y el Niño”, en disposición triangular. Por otra parte, es la única obra donde Leonardo presentó a tres músicos, tocando trompetas alargadas, de gran sonoridad (en el ángulo superior derecho). Es una obra descolorida y muy deprimente; casi “infernal”, porque predomina la desesperación, distribuida alrededor de la Virgen y su divino Hijo, que parecen estar ajenos al drama de su entorno. Leonardo parece estar clamando contra la injusticia de un mundo, “dejado de la mano de Dios”.

La escena está dominada por un árbol, alto e inhiesto, que María y el Niño tienen detrás suyo, simbolizando la futura cruz del martirio de Jesús. Entre los fieles que se abrazan al tronco, uno de ellos hace el gesto de señalar al cielo, lo cual remite a una espiritualidad alternativa del artista. Entretanto, el Jesusito coge el pomo de la tapa de un cáliz, que le es ofrendado. El gesto se repite, pues en el otro lado de la Virgen, un serio varón con barba partida, asoma su cabeza llevando otra copa, la cual parece querer regalar al Divino Niño.

En el extremo superior derecho del cuadro, Leonardo pintó unas rocas, de muy caprichosas formas. Junto a ellas, hay toda una evocación que recuerda la montaña de Montserrat: «Unos jinetes con perros acosan a los que, presuntamente, simbolizaron a los herejes cátaros«. Lo corrobora (aunque se ve muy mal), que en el fondo de la derecha, Da Vinci incluyo la quema de varias personas. Presuntamente, debió recordar la quema de librepensadores como lo fue él. Se guarda en la Galería de los Uffizi de Florencia (desde 1670), uno de los museos más visitados del mundo (2.500 obras expuestas, y otras 2.000 en el almacén).

EL CUADRO DE “SAN JERÓNIMO” DE SANTA MARIA DE MONTSERRAT

San Jerónimo debió ser un anacoreta muy admirado por Leonardo, y su cuadro lo comentaré extensamente al presentar la defensa -de J. L. Espejo- del viaje del genial toscano a Montserrat (Cataluña-España). Anticipo solo, que: “Leonardo: (…) dejó inacabado su San Jerónimo”. La dificultad reside en que mi admirado personaje, pintó varias veces este mismo tema. Al menos le interesó desde sus inicios como artista, pues ya lo pintó durante su primera etapa florentina (hoy en el Museo Vaticano).

De entre todas, destaca el cuadro donde, el cadavérico santo, lleva un fino círculo a modo de corona, y tiene mayor luminosidad. “San Jerónimo”, es el dibujo de un penitente, que se presenta medio arrodillado, rezando muy devotamente, mientras está mirando un crucifijo. Desde su cueva, el anacoreta puede ver un monasterio lejano, en la misma montaña, gracias a un gran agujero en la roca. A través de la entrada de su cueva, la panorámica del fondo, es una cresta de picos alineados.

Dado que el cuadro de Leonardo se guardó en el dicho monasterio benediction catalán, habría que averiguar quien le había encargado dicho cuadro a Leonardo. San Jerónimo se consolidó como el “patrón masculino” de unas insólitas cumbres… “como de otro planeta”. En efecto, la persona de san Jerónimo aún hoy sigue siendo tan representative en Montserrat, como pueda serlo san Basilio para los moscovitas. Por cierto, la catedral que lleva su nombre en la Plaza Roja de Moscú fue construida aplicando interiormente la estructuración arquitectónica de Leonardo Da Vinci.

FOTO: LA “DAMA CON ESTOLA”

Es el retrato de medio cuerpo de una agraciada joven, de mirada complaciente y labios bellamente arqueados, que luce una estola de piel. Es una obra cuya autoría atribuyeron a Leonardo los mejores especialistas, como Silvano Vinceti, y Carlo Pedretti; éste último, un gran experto en la vida y obras de Leonardo (otros mantienen reticencias). Esta pintura, a mi parecer, es auténtica de Leonardo. Antiguamente, perteció a pontífices, a cardenales, aristócratas, etc., hasta que desapareció.

Pasado un tiempo, cuando fueron superados diversos avatares (pues volvió a desaparecer), apareció de nuevo. Desde entonces, se guarda en la caja fuerte de un banco suizo desde 1975, porque pertenece a una colección privada. Es de esperar que pueda seguir dando sorpresas, como las que presento en la verticalización del paisaje.

En la amarillenta foto de la derecha, anticipo un fenómeno muy prolífico, en ambos los fondos de los principales cuadros de “La Gioconda”, el cual desarrollaré extensamente en la “Tercera Parte” de esta trilogía.

“LA MEDUSA”, O LA “FIGURA INFERNAL”

Su afán investigador, le hizo reproducir fielmente detalles florales mínimos, también en el lienzo “Medusa”. Es otra obra de Leonardo que se perdió, después de haber formado parte de la colección de Cósimo de Médici, cuando lo titularon “Cuadro con Figura Infernal, al estilo del Vinci”.

SU “HOMBRE DE VITRUVIO”

Leonardo lo dibujó recogiendo inspiraciones muy antiguas, siempre interrelacionando varias figuras: “Un hombre desnudo, abierto de brazos y piernas, toca con sus extremidades el borde del círculo y un cuadrado“. El círculo, simboliza el cielo, y el cuadrado: la ignorancia humana, y la imperfección del mundo que habitamos. Se trata de una alegoría de lo imposible, en lo referente a las matemáticas. Sin embargo, para Leonardo (que creyó en el poder de la superación personal), buscar el resultado de multiplicar el segundo diámetro de un círculo -para obtener la mitad de su circunferencia-, le interesaba menos que su elevado sentido alegórico-filosófico. Debió de creer en la posibilidad de saber dar “el salto” trabajando. No olvidemos que: La mayoría de la gente tan sólo existimos; pero el talentoso creador, Leonardo Da Vinci -al menos para mí- todavía está muy vivo.

El alegórico dibujo, fue encontrado en uno de sus cuadernos, y se conserva en la Galería de la Academia, de Venecia, desde 1822; siendo demasiado frágil para estar incluido en la exposición permanente. Buscó plasmar una armonía estética, capaz de la relacionar la ciencia y el arte con una persona: “Es un gráfico de la “Divina Proporción” de un hombre, con el mundo que le rodea. Su dibujo final, fue llamado «Hombre de Vitruvio», sirviéndole de método esclarecedor, aplicable a las proporciones del cuerpo humano. (En principio fue erróneamente interpretado como un “medidor” del mundo).

Da Vinci disfrutaba estudiando la belleza y su proporcionalidad, a fin de elevar -en el arte pictórico-, el cuerpo humano a la perfección. Su dibujo del «Hombre de Vitruvio», responde a la imposibilidad de describir, con palabras, todas las facetas de una persona; y puede ilustrarlo mediante a un hombre desnudo, porque:La pasión intelectual expulsa la sensualidad. (…) Simplicidad es la máxima sofisticación. (…) Y tú que deseas representar por medio de palabras la forma del hombre y todos los aspectos de su membrificación, renuncia a esa idea. Porque cuanto más minuciosamente describas, más limitarás la mente del lector, y más lo mantendrás alejado del conocimiento de lo descrito. Y entonces es necesario dibujar (… ).

La lista de tareas pendientes de Leonardo Da Vinci (alrededor de 1.490) es genial. Mi biografiado trabajó de firme para hallar la «Proporción Áurea», y también para demostrar la posibilidad de la «Cuadratura del Círculo». Ante el aviso de Leonardo de haberla conseguido en determinada fecha de importancia litúrgica, en mejor momento desarrollaré el motivo por el cual lo escribió con tanto entusiasmo. Deseaba enlazarlo todo con su «Hombre de Vitruvio» (1.490). Este dibujo (34,4  x  25,5 cm.), cuya lámina a pluma y tinta incluye muy bellas líneas caligráficas, combinándose con tres elementos superpuestos, son el conjunto de medidas aplicadas estándar, cuyas proporciones se apoyan en la «Sección Áurea», a la que se refieren los geómetras clásicos.

Leonardo lo estudió en 1.509, advirtiendo que estaba basado en la Razón Dorada (Proporción de oro, de Pitágoras) remite a dicha energía natural, la cual se «manifiesta» en espiral, donde la energía libre va tejiendo realidades canalizadas por una espiral de acceso y retorno. Todo el cosmos, desde el ADN del feto, hasta la rotación de cada galaxia, todo se crea y evoluciona mediante fuerzas vivas. Es la energía por implosión, o sea natural (fuerzas centrífugas y centrípetas, Pi y Phi, etc.).

Las proporciones virtuales de la Proporción Áurea, o Dorada, son también conocida como: Proporción Divina, Regla Dorada, Número de Oro, Número Dorado, Razón Áurea, o Medida Áurea, Rectángulo Dorado» y la «Pirámide Dorada». Todos dichos conceptos se desarrollan en simetría regida por el número (1/1,618), que es un modelo común. Tal vez en la Gioconda le servían de marco, y luego le fueron quitadas, puesto que con su 1.450 m. el famoso cuadro se acerca mucho al «Rectángulo dorado». Basándose en la proporción obtenida entre los lados más largos y más cortos de un rectángulo, Leonardo Da Vinci quedó fascinado al repasar los trabajos científicos de los pitagóricos, porque atribuyeron una explicación matemática a la naturaleza, igual como pretendía hacer él.

Los conceptos citados trató de enlazarlos con el antiguo diseño y las elegantes matemáticas del «Hombre de Vitruvio», dado que, a través del lenguaje gráfico, representa la sublime expresión del pensamiento científico y filosófico, percibido como una experiencia poética. Es poco conocido que en 1.490 le intrigaba tanto la harmonía del cuerpo humano que en compensación al Hombre de Vitruvio pintó figuras de cabezas con rostros deformes y expresiones grotescas. Todo formaba parte de un libro que se titularía Sobre la Figura Humana. Dejo descripciones rudimentarias (2-4-1.482) siendo su utilidad práctica: localizar dónde reside el sentido común de los humanos.

La Proporción Divina, en el cuerpo existe en cada parte, incluso en cada uno de los dedos de la mano. Le Corbuis, en el siglo XX, dijo que primero la experimentó Viturvio eaplicándola a la arquitectura. Leonardo la idealizó al dibujar su famoso Orante (ver  las monedas de Italia) por mostrar con sus brazos extendidos una relación aurea perfecta. El valor alquímico del «Hombre de Vitruvio» es enorme, pudiendo comparase al símbolo del “Ying” y el “Yang”, de los orientales que remite, gráficamente, al dualismo omnipresente: El día y la noche; la función respiratoria; y un largo etcétera. Es la complementación de los contrarios, con los que se podrá alcanzar el “Cielo filosofal”. (Es lo que acabó resolviendo el fraile mallorquín Ramón Llull). Nuestro mundo exterior, de acción, se refleja en nuestro mundo interior, de los sentimientos. Es el poder de éstos, lo que hace que sean efectivas nuestras oraciones.

FOTO: “EL HOMBRE DE VITRUVIO”, DE ANCESTRAL DISEÑO

Tales medidas «ideales», ya habían sido inicialmente propuestas en las pinturas rupestres. Idealizadamente, encierran a una persona dentro de un círculo solar (pretensión del ídolo “Indalo”, de Almería-Sur de España). El sabio arquitecto romano, llamado Marco Vitruvio Polion (siglo I) aplicó la “Razón Áurea”, en los rostros, en la cabeza, las manos, los pies, los dedos, etc… El propósito siempre fue el de: Conseguir una armonía estética, capaz de manifestar la relación que existe entre la ciencia y el arte. Al evolucionar las ciencias, fue conocida como “Propiedad Divina”, que Mark Barr, en 1900, designó con la letra griega “Fi”, en honor al escultor griego Fidias. La obra de Marco Vitruvio, “Architectura”, se divulgó en la Roma Imperial; y en 1.486 fue conocida en Venecia, donde la leyó Leonardo. La concepción “Leonardiana”, tuvo en cuenta la veneración del diseño recogido por los herejes cátaros de Occitania.

Da Vinci lo presentó simbolizando la imagen del hombre del Renacimiento “como un Todo”. No obstante, ni siendo el más famoso de sus bocetos, en su época no pasó de servir para ilustrar la portada del libro de su amigo, el matemático Pazioli. Éste, al ser también fraile, seguro que comprendía bien a Leonardo, cuando le sintetizaba sus puntos de vista: “El artista ve lo que otros solo intuyen. (…) Haz que tu trabajo se ajuste a tu propósito. (…) El pintor tiene el Universo en su mente y en sus manos. El dilema, que refleja el ánimo de perfección, superando las dificultades, tuvo muchos antecedentes gráficos parecidos, pero Leonardo dibujó el mejor esquema artístico, no el más simple, precisamente porque escribió: “Quien piensa poco, se equivoca mucho. Como buen geómetra que fue, se imponía estudiarlo todo desde diferentes puntos de vista.

Da Vinci dibujó varios bocetos previos del «Hombre de Vitruvio», en base a los que ya habían sido divulgados, a lo largo de la historia, con una forma semejante. Entre los creyentes católicos, desde los primeros siglos se mostró gráficamente, para manifestar el poder de los sentimientos sobre las células del cuerpo. Tal protección llegó a triunfar en el Arte Románico. Es muy poderosa la forma anular que envuelve al “Orant de Pedret”, expuesto en el “Museu Diocessà i Comarcal de Solsona”.

Por su diseño naïf, el “Orante” invita a pensar que los fieles de los primeros siglos rezaron en grupo, formando un círculo. Esta idea llegó a condicionar la forma de los templos de planta circular de los caballeros templarios. Les recordaba la planta de su sede inicial bajo la Cúpula de la Roca, de la ciudad de Jerusalén, por lo que edificaron muchos otros parecidos en las ciudades europeas en periodos cercanos al dicho naïf dibujo (900 aC.). De su prodigiosa inspiración, también salieron algunos de varones  desnudos. Son famosos su “Atlas”, “San Sebastián”, y “el Hombre de Vitruvio”, este último, en Italia, fue elegido para figurar en la moneda de un euro.

UN MISTERIOSO ANDROGINO QUE NADIE SABE DESCIFRAR

No quiero omitir un dibujo de Leonardo de gran significado. Se trata de un androgino, o sea, una hombre y una mujer unidos por su espalda. No ayuda aresolver su significado la leyenda al pie que reza “El Placer y el Dolor son como dos gemmelos, que el uno nunca existe sin el otro, como si estuviesen pegados.

EL CUADRO “LA ÚLTIMA CENA”

Mientras Leonardo estuvo al servicio del duque Ludovico Sforza, ejecutó “La Última Cena”, obra que le otorgó entonces un gran reconocimiento. Llamada en italiano: “Il Cenacolo”, es una gran pintura mural, que Leonardo da Vinci inició después de concluir la decoración de los “Camerini” de la familia Sforza. “La Última Cena”de Milán fue ejecutada con la técnica del Temple, al óleo, entre 1.495 y 1.497, después que aquel refrectorio fuese restaurado, incluyendo la bóveda y su cubierta. Leonardo tuvo que contractar personal capacitado y de todos ellos constan los salarios que cobraron, pues dedicó dos hojas a especificar los diferentes importes de cada colaborador. Tuvieron que revocar toda la pared para aplanar la superficie. Encima las capas de estuco y cuando todo estuvo secado fueron colocando encima los cartones con los esbozos debiendo juntarlos como un puzle para que los agujeros fueran dando la mismas lineas principales del cuadro. Después, ya sin cartones, se unian las incisionescon lineas, y finalmente se pintaba la escena proyectada.

En ella, con el paso de los siglos vemos que no tan solo cuenta lo que se ve en los 9 x 4 m. de impecable distribución de personajes del banquete bíblico. Ya es un alarde de los exegetas haber sabido que la «Cana Eucarística» solo fue una de las tres que celebraron aquella noche. En efecto, la «cena común» y la “cena tradicional» no tenían que ver con la que se inttituyó la Eucaristía. Pues bien, Leonardo quiso que claramente una mujer estuviese al lado de Jesús, pero a la vez separada para formar una letra «V», que en realidad sería parte de una «M», y todo para referirse a María Magdalena, que para los cátaros del Languedo era la esposa de Jesús. Lo confirmaba pintando con los mismos colores los vestidos de ambos.

No fue el único código que mi biografiado introdujo, pues observando atentamente la posición de las manos de los apóstoles reunidos, se han podido descubrir un pentagrama y algunas notas musicales. El resultado lo escuché en un documental de TV y las vibraciones resultantes el comentarista aseguraba que podían condución a una iluminación tanto como lo consiguen los mantres hindús. No agotaré la paciencia del lector mencionando todo cuanto se está descubriendo, sea verdadero a dudoso, pero tampoco dejaré de comentar que me interesó enormemente la visión que Leonardo incluyó en la «Última Cena». Me refiero a sublimar la categoria mística del Santo Grial. Es una idea muy difundida el hecho de que el Santo Grial medieval -finalmente fue tan famoso que fue incluido en la Santa Misa- Leonardo, al no incluirlo en aquella mesa, quiso evidenciar que el “Cáliz de Redención” era el vientre de María Magdalena, porque entonces estaría encinta. Es ella la que podía realmente conseguir el milagro que representa el Santo Grial.

SUS DISEÑOS DE MÁQUINAS Y OTROS ARTILUGIOS

Tuvo el sueño de construir, o al menos diseñar, todo tipo de máquinas a base de coordinar ruedas dentadas, engranajes, manivelas, etc. Algunas fueron factibles (me ocupé en la “Primera Parte“), y sorprende saber que logró construir el primer automóvil de la historia. Fue un prototipo hecho de madera, y se ignora si lo encargó a un carpintero o, siendo tan hábil, Leonardo Da Vinci supo construirlo él mismo. Por su diseño y explicaciones al margen, parece que lo utilizó para mover partes de sus decorados en la escena de sus espectáculos. Para lograr hacerlo funcionar automáticamente (como corresponde al “rey de la tramoya” escénica), introdujo dos gruesos muelles dentro de dos tambores cilíndricos de madera, y los comprimió. Al liberarse gradualmente de la presión, se fueron recuperando mediante un sistema de engranajes y palancas y muelles (en lo que era tan experto, que quizá fuese de forma automática).

Es interesante el artículo de Mark Rosheim, porque lo demostró, siguiendo una iniciativa de Mario Tadei y Eduardo Zanón, que reprodujeron con éxito un prototipo en una maqueta 3D. Es decir, que probablemente Leonardo lo pudo haber utilizado para mover efectos especiales, sobre el escenario, en algunas de sus sorprendentes escenografías. Lo que Leonardo no podía imaginarse, es que quinientos años después, aquel auto de su invención, fuese millones de veces reproducido en todo el mundo, siendo impulsados con electricidad y fabricados con livianas láminas de aluminio. Entre las más de trescientas máquinas que Leonardo inventó pudo haber beneficiado a casi todas las disciplinas laborales, en especial su larga serie de máquinas para hilar, pues después de sus aportaciones dejaron de ser trabajos domésticos para dar trabajo a dieciocho personas simultáneamente.

EL SANTO SUDARIO DE LA CATEDRAL DE TURÍN (LA SÍNDONE)

En este capítulo voy a pecar de los mismo que critico a los biógrafos de Leonardo da Vinci. Muchos de ellos a la más mínima se van por la tangente; es decir, que son dispersos. A continuación yo me veo obligado a hacer lo mismo porque, algunos han querido presentar el rostro de Leonardo de Vinci en la Sábana Santa de Turín, el cual, por más que se empeñen en desacreditarlo, presenta impresa milagrosamente la huella de la persona de Jesucristo flagelado y crucificado.

Con el mismo ánimo yo voy desmentir dicha especulación, porque se ha agigantado sin que los que compran sus libros se pregunten: si la dicha sabana santa de Turín existía antes de nacer Leonardo. Por ahí hay que empezar, pues la primera noticia de su existencia se remonta al año 1353, mucho antes de nacer el genial florentino. Es más, no existe prueba alguna de que Leonardo la hubiese visto personalmente cuando, en 1.464, Louis de Saboya la compró por 50 francos oro. Es que ni el sumo pontífice del Vaticano la pudo ver.

Sixto IV (+ 1.484), pertenecía a la familia Della Rovere, pasando a la historia por haber encarnado la mayor constatación de la maldad humana. Su pésima fama no la borraría el pontífice Julio II, de la misma familia, cuando posteriormente fue Papa (+1.513). Al último citado se le recuerda por haber encargado a Miguel Ángel las bellísimas pinturas de la Capilla Sixtina, pero entretanto el mismo capitaneaba los ejércitos pontificios. No le sirvió de nada haber estudiado en el monasterio de Santa María de Ripoll, y posteriormente ser el cardenal beneficiario de Sant María de Montserrat, ambas comunidades en el NE. de España.

Asociar la fotografía de la Sabana Santa con Leonardo -quien nunca se refirió al Santo Sudario de Turín, ni llamándolo Síndone, o con otros nombres-, ha sido una idea que han abrazado naciones enteras, como por ejemplo Japón, y tiene su justificación porque se considera a Leonardo Da Vinci el primer inventor de la fotografía (1.492). Así y todo, es muy diferente que fuese capaz de manipular un lienzo tan enorme para incluir su propio rostro, como queriendo usurpar el protagonismo de Jesucristo,… y todo con una técnica actualmente todavía ignorada. Reconozco que si alguien hubiese podido conseguirlo habría sido Leonardo,

puesto que nadie en Italia y Francia de su tiempo reunía conocimientos ni suficiente  capacidad artística. Leonardo en efecto escribió su convencimiento de que se podría “capturar una imagen sobre un tejido muy fino, a condición de acercarla mucho al agujero de la caja por donde entraba la luz”. La dificultad estuvo en que ni los alquimistas de entonces disponían de productos sensibles a la luz, como después fue posible gracias a las sales de plata para el positivado. Es muy cierto que a Leonardo le interesó la alquimia cuando aún tenía el prestigio de la química. Igualmente lo es que posteriormente la menospreció abiertamente. Los que insisten en que Leonardo utilizó zumo de limón, para conseguir el efecto deseado de un negativo de película (e incluso orina, por contener amoníaco) explican que lo habría conseguido mezclando clara de huevo, cola y tintes vegetales. Él habría pintado sobre un cristal: el cuerpo de un hombre crucificado, desnudo por delante y por la parte trasera (dorsal), dejándolo el  retrato expuesto por la parte contraria a la luz del sol, de forma que se “imprimiría”.